Disclaimer: El universo de Harry Potter no me pertenece a mí, sino a J.K. Rowling y a Warner Bros. Pero no es como si no lo supierais ¿verdad? La trama es mía, los Fab Four no. Qué pena.
FASTIDIAR
Cuando Sirius canta parece que su voz se escurra entre las corrientes del aire oprimido (encerrado, enclaustrado entre cuatro adolescentes que huelen a pies sucios y risas estruendosas) de la habitación.
Es algo gangosa, sube y baja agitadamente sin seguir demasiado la línea melódica inicial, y parece que se rompa en los agudos y crezca como las olas del mar en los graves.
Se mueve de un lado a otro de la habitación buscando unos jodidos calcetines, cada noche cambian de lugar, y va moviendo la cabeza. Como un chucho, peinando el aire con sus mechones despeinados, cantando (destrozando, modificando) a los Fab Four ya temprano, en una de esas mañanas frías antes de un desayuno de McGonagall formando parte de una mala receta con las tostadas y la mantequilla helada.
Cuando Sirius canta parece que el mundo cambie de color. Que la niebla no sea gris perla sino amarillo dorado, rojo manzana o verde Lily. Hace que todo parezca una alucinación estrambóticamente colorida, sonora, agitada, real y tangible.
Las palabras de la canción se apelotonan las unas encima de las otras, se mezclan y forman frases sin sentido que Sirius no duda en pronunciar como si fueran verdades universales. Todo cambia pareciendo lo mismo de siempre, y Sirius menea la cabeza llevándose las ideas de un plumazo.
Y es en mañanas como esta en las que Remus cuela la esperanza. La bulle y la marea hasta el punto de que parezca real. Y sonríe como si nada le vaya a convertir mañana en un siervo de la Luna. Sonríe tanto que hasta se le ven los colmillos, siempre escondidos desde que alguien le dijo que parecían de lobo. Sonríe tanto que no se acuerda de cerrar la boca para que Lunático no salga, con sus ideas brillantes y retorcidas, con ese espíritu salvaje que le hizo merodeador.
Que se prepare McGonagall, Gryffindor, Slytherin, Hogwarts, ¡el mundo!
Los Merodeadores tienen una nueva broma, conspiran entre risas en su habitación. Remus la ha cultivado con mimo y amor entre pócimas con Slughorn y pudding de carne durante la comida, y los demás la arrancan de sus raíces para darla conocer al mundo.
