Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling y a la Warner (Bros), no escribo con ánimo de lucro, pero eso no significa que puedas publicarlo en cualquier parte sin mi permiso. Me reservo cualquier derecho sobre el fic (he dicho).
CONTROL
El despacho del Director de Hogwarts está lleno de cachivaches y la luz fría de un otoño inglés se cuela por los ventanales de la pieza.
Es lunes, principio de semana, el dueño del despacho le observa desde detrás de un escritorio repleto de papeles, botes de tinta y un par de campanillas tintineantes, y Remus se sienta en una butaca con estampado floreado, comiendo uno de los caramelos (de naranja esta vez) que Dubledore le ha ofrecido.
-Le he llamado aquí, señor Lupin, para hablar con usted sobre su renuncia al cargo de prefecto como ya podrá suponer -Albus Dumbledore le mira por encima de la montura de sus gafas, con esa sonrisilla suya siempre presente-. Me gustaría saber exactamente -siempre que sea posible, por supuesto-, el por qué de tal decisión.
Remus le devuelve una sonrisa desganada y pasea la mirada por la habitación durante unos instantes.
-Verá, señor Director... -coge aire-. La verdad es que no me siento capacitado para hacer frente a la responsabilidad que conlleva tal puesto -obviamente, llevaba la respuesta preparada de antemano-, puesto que mis compañías son... más o menos del tipo de las que un prefecto debe controlar.
-Precisamente por eso creo que es usted la persona idónea, muchacho. Usted puede refrenar a sus amigos desde el lado de la amistad, a la que seguro que respetan más que la autoridad.
-Pero es que señor Director, de la amistad se espera complicidad -contesta apresuradamente-. Ellos no verían eso como amistad, sino como... una alianza con el enemigo.
Dumbledore deja escapar una risa suave y le mira con algo de diversión chispeando en los ojos azules.
-¿Así que el enemigo, eh?
-Bueno -mira hacia al suelo-, es simplemente una forma de decirlo. Quiero decir -se le atascan un poco las palabras, nervioso-, estoy seguro de que no le consideran a usted como tal.
-Por supuesto, por supuesto muchacho -sigue sonriendo y ese algo de Lobo que hay en Remus se empieza a irritar-, aunque la verdad es que sigo pensando que es usted el más apto para el cargo. No creo que sus amigos se vayan a enfadar con usted por aceptar la prefectura si es eso lo que le preocupa.
-No, si no es eso, es sólo que...
-Pues entonces, problema solucionado. Usted ayudará a sus amigos guiándoles por el camino de la rectitud -hasta los cuadros notan el levísimo tono de sorna que Dumbledore ha colado en la frase-, y a la vez aceptará el cargo que, de no ser por sus amigos, ni siquiera se hubiese planteado rechazar.
El viejo director sonríe como un niño con zapatos nuevos, y Remus hace un último intento de negarse.
-Pero...
-Confío en que podrá controlarlos lo más correctamente que alguien puede hacerlo en este castillo, señor Lupin, no hay nadie más adecuado que usted-el viejo Albus Dumbledore sonríe afablemente, como queriendo atenuar la enormidad de la tarea que le ha encomendado.
(Un último intento que es rechazado por una defensa impecable).
Al ver que no dice ya nada más y asiente con la cabeza, vencido, el anciano vuelve a sonreír, se levanta y le despide asintiendo con la cabeza-. Buenas tardes pues, ya que estamos de acuerdo. Ha sido un placer hablar con usted, como siempre.
Cuando las escaleras desaparecen detrás de su espalda y la gárgola vuelve a colocarse en su sitio, Remus sólo puede pensar en lo fácil que le ha sido a Dumbledore desmoronar una defensa preparada durante todo un verano y, un poco más tarde, preguntarse si él también estuvo preparando el contraataque durante alguna de esas tardes calurosas de agosto.
