Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling y a la Warner (Bros). La trama es mía, en cambio, no robes. No publiques en ningún sitio sin mi permiso expreso. No escribo con ánimo de lucro.

DESEO

Lo hacen contra la pared, agitadamente.

Embisten como locos, a trompicones y todo es más crudo que suave. Remus gime, aúlla en silencio, jadea desde lo más hondo, cuando resiguen la línea de su columna vertebral con la lengua. Una lengua áspera.

Remus se apoya en la pared, las manos contra la piedra fría y desigual que aguanta el castillo de Hogwarts y a todos sus habitantes. Gime quedamente. Se asombra de lo frío que está todo; el aire, la pared, el suelo. Lo único acorde a su temperatura es esa lengua viperina que no deja de moverse por su cuerpo. El cuello, la nuca, la espalda, el culo. Y otra vez el cuello. Y las pelotas, y la polla, y las caderas y los huesos de estas.

Al final acaba dejándose resbalar hasta el suelo, con los pantalones por los tobillos y las piernas abiertas, las rodillas flexionadas. Él se pone en medio de ellas y le besa, o más bien habría que decir que le muerde. Le lame. Invade su boca abriendo la suya al máximo, intentando comérselo de un sólo bocado, tragárselo entero.

Remus se dejaría, sinceramente, esto es demasiado agitado como para negarse, un caleidoscopio de colores que no deja de moverse, de girar a su alrededor. Una mano de dedos largos que le toca por todas partes y por ninguna, que le sacude, que le masturba y le llena el mundo, la visión, de puntos blancos. Y de colores. Otra vez el dichoso caleidoscopio.

Y empieza la cuenta atrás:

Diez -echa la cabeza hacia atrás-, nueve -se golpea contra la pared-, ocho -suelta un gemido de dolorplacer-, siete -se contiene para no volver a hacerlo-, seis -se muerde el labio-, cinco -aprieta más fuerte, parece que de un momento a otro le empezará a sangrar-, cuatro -jadea-, tres -jadea de nuevo-, dos -se tensa, desde el pelo a los dedos de los pies-, uno -echa la cabeza hacia atrás otra vez, se golpea, gime, jadea, se muerde el labio, sangra jadea, una, dos, tres y cuatro veces. Se tensa.

Cero.

Cuando al final se corre tiene que esperar un buen rato para que el cuerpo vuelva a responderle, para sentir los dedos nuevamente. Y con la boca pastosa, mueve la lengua ausentemente, las cuerdas vocales.

-Severus, esto no está bien -se gira, lánguidamente, el aludido frunce el ceño y se alarma ligeramente.

-¿Qué has dicho? -susurra, medio cabreado.

-Estamos en medio de un pasillo.

Y se deja resbalar otra vez, agotado. Ya no tiene edad para eso, piensa antes de notar que Severus sonríe contra su cuello, sudado y jadeando también.