1. Recuerdos y sentimientos encontrados

-Ehy doc, ¿dónde has guardado la comida?-le pregunte frustrada de no encontrarla.

-En el estante de arriba, Bella-me respondió el doctor Andreu desde el salón.

Ya habían pasado siete años desde que me fui de Forks y vine a vivir a esta acogedora mansión. Él tiempo pasaba extremadamente rápido. Aún me acordaba como fue mi primer día, como si ese día hubiese sido ayer mismo.

Flash back

Entré en la mansión guiada por el doctor. Era gigantesca y especialmente hermosa. Me enseño mi cuarto, que al verlo me quede sorprendida con los ojos como platos. Era gigantesco. No parecía una habitación, sino un salón. Me dejo que deshiciera la maleta y pusiera todas mis pertenecías en la habitación. Lo hice gustosa. Acabé en una hora y rápidamente bajé a inspeccionar.

-¿A dónde vas con tanta prisa?-me pregunto una voz grave a mi espalda.

-Pues…-dije avergonzada. Tal vez al doctor no le gustaba que la gente le quitara su intimidad.

-No te preocupes, ven te enseñare algo-dijo él sonriente, bajando las escaleras de mármol.

Al instante le seguí picada por la curiosidad. Me guio fuera de la mansión, a su parte trasera.

-Ves eso de ahí-me señalo un objeto brillante apoyado en un árbol- es tuya.

Entrecerré los ojos. Estaba demasiado lejos para ver que era. Me fui acercando poco a poco, intentando ver de qué se trataba. Al acercarme lo suficiente, lo vi. Una flamante moto negra y plateada, estaba apoyada en un árbol a la espera de que alguien la usara. Se me cortó la respiración.

-¿No estará hablando enserio?-le dije temerosa a su respuesta. Jacob no terminó de enseñarme a montar y desde luego las veces que monté fueron desastrosas.

-Oh, habló muy enserio Isabella. Es tuya y esto forma parte del tratamiento-dijo como si se lo estuviera explicando a una niña de cinco años.

-¿Ah usted se le fue la cabeza? ¡Es que quiere que me mate!

-Para nada, ¿a caso Charlie no te ha contado nada?-me preguntó con los ojos abiertos de par en par por la inesperada sorpresa.

-¿Decirme qué?



-Bella, yo no suelo a aceptar a mucha gente en mi casa. Tú eres la primera desde hace ya casi veinte años. Tu padre no solo te trajo aquí para que superases tu depresión, sino también para que formases parte de la empresa familiar-me comenzó a explicar. Sin embargo yo estaba confundida. ¿De qué diantres hablaba?

-No le sigo doc.

-Veras, cuando un joven demoníaco crecía hasta cumplir los diecinueve años, se le entrenaba, ya que se había desarrollado completamente. Y tu Bella los acabas de cumplir.

-Ahora sí que me perdí-dije soltando una risa histérica- ¿me está diciendo que soy un demonio? No puede estar hablando enserio doc. Creó que es usted el que necesita tratamiento no yo-le espeté sudando un sudor frío.

-Si existen los vampiros y licántropos, ¿Por qué no otras criaturas?-me dijo alzando una ceja.

-Usted lo sabe… ¿cómo lo sabe?-le dije temblando, aterrada, de que supiese toda la verdad.

- Por supuesto que lo sé, por algo nuestra empresa, Crepúsculo, se dedica a exterminar a los seres hostiles como los vampiros carnívoros. Al menos compruebo que tú ya sabías la existencia de vampiros y hombres lobo.

-Haber, ¿me está diciendo que soy un demonio, diablo o lo que sea, que voy a trabajar como exterminadora de seres hostiles y que esto no es una terapia normal?

-Lo has pillado al vuelo-me dijo sonriéndome.

Estaba congelada en el sitio, con el cuerpo tenso y de nuevo aquella sensación de adrenalina por mis venas.

-Relájate aquí no hace falta que estés así de tensa.

-¿Entonces tengo poderes? ¿Cómo correr a velocidad hipersónica o escuchar una conversación de unos kilómetros a la redonda?

-Parecido, ven te lo explicare mientras nos tomamos un té.

Aún soqueada lo seguí.

Fin del flash back

-Tenias razón doc-le dije agarrando varias de comida, depositándolas cuidadosamente al lado de mi mochila.

-Siempre la tengo-se mofó él a la vez que leía una de sus novelas amorosas.

-Ay doc, no sé cómo puedes leer esas cursilerías-me quejé poniendo cara de asco.



-Todo va según los gustos de la persona que lo lee-me respondió tranquilo.

Entonces mi móvil comenzó a sonar. Esa era la señal para salir de viaje.

-Hasta otra doc-le dije despidiéndome con la mano.

-Suerte Bella y que el lobo no te coma. Si hasta me salió en rima-comenzó a reírse de su propio chiste.

-Adiós-le dije saliendo por la puerta.

En un movimiento rápido cogí mi moto y salí disparada hacía la carretera.

En todos estos años había cambiado. Mi pelo ahora era corto de color negro rebelde. Mi vestimenta era totalmente distinta a la que usaba en Forks. La idea la saqué de la película de Underwold. Vestía el mismo traje que Selene. La verdad mi mejor amigo Adrian, decía que yo había salido del DVD para cargármelo por haber roto sin querer la carátula. Me reí ante esa idea suya. Aunque la verdad si me parecía a ella, no solo en el aspecto, sino en otras cosas también, pero no en el carácter. Yo era más alegre y vivaz que ella.

Ahora me tocaba hacer frente a mis propios demonios. Ya me daba igual si estaban hay o no, solo iba de visita a ver a Charlie. No lo veía desde Navidades y estaría más que contento de verme.

No lo pensé más. Aceleré hasta llegar a los cuatrocientos Km/h. Desde luego hice un buen arreglo con mi preciosa moto.

Llegué en poco tiempo al aeropuerto. Deje mi moto, para que la transportaran hacia Forks. Dejé mis maletas para que las llevaran al avión, por suerte no detectaron las armas y demás.

Me senté y comencé a recordar cómo era aquel pequeño pueblo, al que tanto añoraba.

Hace unos meses. En Forks…

-¡No está!-dijo un desesperado Edward en su antigua casa.

-Tranquilízate Edward. Tú la dejaste, ella se fue. Afróntalo. Todo fue por tu culpa- dijo sin piedad Rosalie a su hermano. Ella estaba resentida con su decisión de marcharnos y también con él. Todos lo estábamos, pero la única que lo demostraba abiertamente era ella. Rose ya consideraba a Bella su hermana, parte de su familia. Aunque nunca demostró apreció hacía ella, la quería como todos.

-¡Lo hice por su bienestar!-se defendió Edward-¡Ella no merecía este tipo de vida! ¡No merece perder su alma! ¿Es que no lo entendéis?-dijo sin parar de gritar en ningún momento. Definitivamente había colapsado.



-Lo entendemos Edward, pero ninguno de los dos deseabais esto-dijo una preocupada Esme abrazando a su hijo de pelo cobrizo, en un intento vano de tranquilizarle.

-¡No!-chilló Alice, cayendo de rodillas al suelo, cogiéndose la cabeza con sus manos.

-Alice, ¿Qué has visto?-le preguntó Carlisle preocupado por la reacción de la duendecilla.

-¿Bella está bien? ¿Has visto donde se encuentra?-preguntó Edward frustrado y angustiado. La mente de Alice estaba bloqueada por el shock.

-Ella…ella...-dijo sin parar de sollozar.

-Tranquila mi vida, dinos que es lo que has visto-dijo Jasper acunándola como si de un bebe se tratase.

-Bella…Charlie la mando a un psiquiátrico. La interno. ¡Dios mío, internaron a Bella hace siete años!-chilló sin poder contenerse.

En ese momento, Edward pudo ver la escena en que Charlie le contaba a Bella su decisión, como Bella lloraba y luego subía al avión. Luego nada más.