Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertencen.

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¡Hola todos! Acá estoy de nuevo actualizando esta nueva historia, como prometí que iba hacer. En fin, quería agradecerles a todos los que me dejaron sus reviews. Realmente me puso muy contenta leer que la historia les interesa. Así que gracias por hacerme saber su opinión. También quería agradecerle a todos los lectores, ya que toman parte de su tiempo sólo para leer mi fic y eso no es poca cosa. Todo lo contrario. Por eso gracias y ya no los entrentengo más, espero que lo disfruten. ¡Ah! y también gracias a quienes me corrigieron lo de los dialogos, sin ustedes seguramente no me hubiese dado cuenta. Gracias. Nos vemos


Sentimientos silentes

II

"¿Quién comprende el amor?"

Ahora los tres integrantes del antiguo equipo 10 se encontraban caminando tranquilamente por las calles de Konoha, Ino charlaba alegre con Chouji sobre la última misión que la chica había tenido mientras que Shikamaru caminaba en silencio, con las manos en los bolsillos, contemplando las nubes. Simplemente adoraba observarlas, tan bonitas, tan libres, tan despreocupadas y ajenas a todo lo que acontecía en el mundo. A veces deseaba ser como ellas.

Volvió a mirar de reojo a sus amigos que caminaban junto a él, entonces Ino se percató de que los estaba observando.

—¿Qué sucede Shikamaru? —Chouji también se giró para observar al moreno.

—Nada —pero ahora que lo pensaba no recordaba que Ino estuviera saliendo con alguien.

—¿Seguro? —volvió a insistir la rubia.

Simplemente movió la cabeza de arriba abajo en señal de afirmación y siguió desplazándose junto a ambos. Arrastrando los pies cansinamente, la postura de su cuerpo lo hacía ver más perezoso que de costumbre.

—¡Bien! ¿Qué les parece si antes de ir a comer pasamos por la casa de Kurenai para saludarla y de paso vemos al pequeño Asuma?.

—Tengo hambre —exclamó, fastidiado de esperar, mientras aún intentaba contener los ruidos provenientes de su vientre.

—Chouji no seas gor… —pero se detuvo al ver la mirada que Shikamaru le dirigía, sabía que no debía llamar a su amigo así—. Será solo un momento.

—Bien ¡Pero luego iremos directo a comer y pediré un poco de todo lo que haya en el menú!.

Ino negó con la cabeza y el Nara simplemente sonrió. Había cosas que simplemente nunca cambiarían.

Continuaron caminando por las bulliciosas calles de la aldea hacia la casa de Kurenai, hacía demasiado que no la visitaban y sentían que debían ver como se encontraban tanto ella como el bebé.

Finalmente llegaron al lugar y una vez frente al umbral de la casa golpearon la puerta con sutileza, lo suficientemente fuerte como para que se oyera pero no tanto como para despertar al bebé en caso de que éste estuviera dormido. Pero entonces un llanto resonó desde el interior haciéndoles saber que el pequeño no descansaba.

Escucharon un ruido, la puerta rechinó al abrirse y tras ella apareció una mujer de largos cabellos negros e intensos ojos rojos cargando un bebé en sus brazos.

—¡Hola! —exclamó alegre ante la sorpresiva visita de los tres—. No esperaba verlos por aquí, pasen.

Haciendo caso a la invitación de ella ingresaron al hogar y una vez todos adentro Kurenai cerró la puerta. Con un suave gesto de la mano la mujer les indicó que la siguieran.

Los tres caminaban despreocupados contemplando el lugar que conocían tan bien siguiendo a la mujer que los guiaba ahora hacia la cocina.

—Estaba intentando darle de comer —se excusó, una ligera sensación de vergüenza reflejada en su rostro, al ver la mirada que los jóvenes dirigían a la prácticamente devastada cocina. Algunos objetos volteados y comida esparcida por todas partes, incluidas las paredes y el techo— pero ya saben como se pone ¡Asuma! —gritó enfadada, el niño ahora le jalaba divertido el cabello a su madre.

—¿Necesitas ayuda? —se ofreció la rubia, Kurenai desesperada le entregó al bebé y se dispuso a empezar a limpiar el desorden que su hijo había hecho.

—¿Por qué él puede comer y yo no?. ¡Oye niño no juegues con la comida! —le espetó molesto, haciendo al pequeño llorar en los brazos de la chica.

—¡Chouji!. ¿Viste lo que hiciste?. Es un bebé, él no sabe que no debe arrojar la comida.

—Dámelo —habló sorpresivamente Shikamaru con su habitual tono despreocupado, la rubia lo observó con desconfianza por unos segundos pero cansada ya de oírlo llorar y retorcerse en sus brazos se lo entregó.

—¡Shikau! ­—balbuceó el bebé alegre al sentirse cargado por el moreno, Ino simplemente rió conmovida por la ternura de la escena.

—¿De que te ríes? —preguntó confundido pues no entendía la gracia en el asunto, el pequeño ahora había dejado de llorar completamente y jugaba alegre en los brazos del chico. Algo alejada Kurenai observaba la escena con una amplia sonrisa en su rostro, los alumnos de Asuma habían sido realmente una bendición para ella. Siempre junto a ella, ayudándola en todo lo que necesitaba.

—De ti Shikau —respondió entre risas imitando la voz del bebé al decir su nombre mal pronunciado. Chouji junto a ella también reía divertido.

—Problemática.

—Papá Shikamaru —agregó en tono de burla la muchacha—. No sabía que tuvieras habilidades con los niños —admitió sonriente pero aún con un dejo de ironía en la voz. Verlo así de avergonzado le recordaba a aquella vez cuando Shikamaru se había convertido en chunin.

—No te rías —le respondió entre dientes, sus mejillas levemente rosadas y su mirada desviada hacia otro lado.

—¡Shikau! ¡Shikau! —volvió a repetir el bebé entre chillidos de felicidad haciendo que tanto Ino como Chouji y Kurenai rieran con más fuerzas.

—Niño problemático —bufó fastidiado y aún sutilmente sonrojado—. Tú no ayudas mucho ¿Sabes? —dijo dirigiéndose al bebé con el dedo alzado pero al instante que se lo acercó el pequeño lo tomó entre sus pequeñas manitos y empezó a jalarlo.

El parecido con su sensei era sorprendente. Para ser más precisos el pequeño era la viva imagen de su padre, a excepción de la barba y el cigarrillo, por supuesto, y del pequeño hecho de que el color de sus ojos no eran marrones como los de Asuma sino del color de los de Kurenai. Y al verlo Shikamaru no podía evitar sentir un dejo de nostalgia al recordarlo, pero luego aquella mueca de tristeza se mudaba en una discreta sonrisa al ver al bebé jugar con él. Sí, los niños eran problemáticos pero a pesar de eso Shikamaru había planificado su vida desde que era niño y en sus planes incluía el casarse y tener dos hijos (la primera sería una niña y el segundo un hijo).

—¡Papá Shikamaru!. Tengo hambre —exclamó Chouji entre risas. Ino se retorcía a carcajadas detrás de él.

—Deja de llamarme así —le espetó mientras dejaba escapar un ligero suspiro.

—No se porque te molesta tanto. A las mujeres les parece lindo que un hombre sea bueno con los niños —admitió con simpleza la rubia.

—¡Tsk! Las mujeres son tan problemáticas como los niños.

—Eres imposible.

—Y tú problemática.

Una vez que Asuma hubo comido (gracias a Shikamaru) los tres se despidieron alegres de la mujer, que ahora cargaba en brazos al pequeño dormido, y continuaron su camino hacia Barbacoa Q.

—Shikau —lo llamó la rubia en un tono meloso y burlón.

—¿Qué quieres Ino?. Te dije que dejaras de decirme así.

La rubia rió por lo bajo y aclarando su garganta volvió a llamarlo, esta vez en un tono normal y algo más serio.

—Me preguntaba… ¿Crees que Kurenai sea feliz?. Digo no debe ser fácil sin Asuma.

—Mmm… ¿Tú eres feliz? —Chouji lo miró confundido ante la extraña pregunta del moreno hacia su amiga.

—Supongo…

—Tú también perdiste a Asuma —la chica acababa de comprender el punto que su amigo quería aclarar pero aún así había objeciones con respecto al asunto.

—Pero es distinto, me refiero a que Kurenai lo amaba.

—No veo la diferencia, también era una persona importante para nosotros.

—¡Eso es porque no entiendes el amor! —respondió la chica alzando la voz.

Shikamaru simplemente la observó con la cabeza ladeada hacia la izquierda y notorio gesto de confusión mientras que Ino le devolvía la mirada con una sonrisa sincera lo cual hacía que se enredara aún más en el asunto.

—¿Y tú si?.

—No lo sé —le respondió con honestidad encogiéndose de hombros, antes pensaba que amor era lo que solía sentir por Sasuke pero ahora no estaba tan segura pues Ino no había reaccionado ante su partida como Sakura y eso demostraba que la pelirrosa realmente lo amaba y que lo de ella no había sido más que un simple y superficial capricho infantil— ¿Tú Chouji?.

—Quien sabe —respondió el muchacho alternando la mirada entre ella y Shikamaru—. ¡Miren llegamos! ¡Comida! —gritó señalando el gran letrero en el que se leía "Barbacoa Q"y sin detenerse a preguntarle a sus amigos ingresó al local corriendo dejando a ambos perplejos en medio de la calle.

Por un segundo Shikamaru permaneció inmóvil analizando la respuesta que su amiga le había dado, no parecía propio de ella dudar en lo que respectaba a la temática del amor. Ino siempre decía saber todo en ese campo pero ahora la muchacha parecía no estar segura de lo que pensaba sobre aquel enigmático sentimiento. O tal vez no era de aquello de lo que dudaba sino de lo que sentía, lo que sentía por ese alguien con quien compartía su cuerpo.

No lo entendía, no parecía muy propio de ella. En fin, era un hecho para él que jamás descifraría a las mujeres y por tanto las encontraría sumamente problemáticas, quizá, por el resto de su vida.

—Este Chouji no cambia nunca —comentó la rubia feliz mientras con el dedo señalaba la entrada del local que tantos recuerdos le traía. Tantos encuentros con Asuma después de los entrenamientos y tantos martes acontecidos desde hacía un poco más de dos años.

—¿Ino?

—¿Qué sucede?

Pero sus labios cesaron de moverse conteniéndose de preguntarle aquello que lo tenía confundido. A pesar de que eran amigos y se conocían desde hacía años no le parecía adecuado preguntarle algo tan indiscreto, después de todo era un tema personal de la muchacha y sería ella quien decidiera si contárselo o no. Además no resultaba asunto suyo con quien Ino se acostaba o dejaba de acostarse.

­—Nada.

—Está bien. Ven vamos —agregó dando unos pasos hacia la entrada del lugar—. O Chouji nos matará.

Shikamaru simplemente afirmó con un suave gesto de la cabeza y volviendo a colocar las manos dentro de sus bolsillos comenzó a seguirla perezosamente hacia el interior del local donde comerían, aunque a decir verdad no tenía mucho apetito.

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