Disclaimer: Los eprsonajes de Naruto no me pertenecen.

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¡Hola! Acá estoy de nuevo subiéndo el tercer capítulo de este, mi nuevo fic. Quería agradecerles profundamente a todos por los reviews que me dejaron, la verdad es que me ayuda muchísimo saber su opinión sobre la historia. Me animan mucho. Gracias. Y también gracias a todos los que se molestan en leer. ¡Mil gracias a todos! Y por favor sigan haciendome saber que piensan, porque para mi es importante. ¡Saluditos!


Sentimientos silentes

III

"El fantasma de un pasado sin futuro"

Dejó escapar un gentil suspiro al aire mientras con su celestina mirada contemplaba nostálgica la pequeña fotografía junto a ella; en la imagen se podían ver cuatro personas, sus rostros brillaban en una genuina sonrisa: Detrás de ellos se podía visualizar el rostro alegre de Asuma con su infaltable cigarrillo en la boca, al frente en el extremo izquierdo Chouji, en medio sonriente al igual que su sensei Shikamaru y a la derecha del Nara ella, Ino ¡Dios como extrañaba los viejos tiempo! Pasar todos los días con ellos, entrenando, haciendo misiones o simplemente comiendo en Barbacoa Q. Si, tenía que admitirlo que al principio no había estado muy conforme con el equipo que le habían asignado pero con el tiempo llegó a conocerlos y a descubrir en ellos verdaderos amigos. Ahora no quería dejarlos ir y por eso era que Ino atesoraba cada día que pasaban juntos, cada momento, hora, minuto y segundo en compañía de los dos muchachos.

Dejó reposar su rostro en la palma de sus manos, apoyando los codos en el frío mostrador mientras que observaba aburrida el lugar, como siempre tan alegre y colorido. Las distintas flores proporcionaban una viste realmente muy bonita y el aroma que se desprendía de los distintos brotes llenaba el ambiente de una agradable sensación de frescura y tranquilidad. El día había transcurrido lento y sin mucho que hacer, no habían ingresado muchos clientes por lo que la rubia no había tenido demasiado trabajo más que darle agua a las plantas y acomodar algún que otro ramo. Pero entonces algo la distrajo de sus pensamientos, el tintineo de la campana de entrada le informaba que alguien había ingresado a la tienda. Ino se volteó saludando cordialmente a la persona en cuestión pero cuando vio de quien se trataba se sorprendió.

—¿Sakura?

—¡Oh Hola Ino! —saludó sin prestar demasiada atención a la rubia, su mirada se concentraba entre las tantas flores en busca de la deseada.

—¿Qué buscas?

La pelirrosa le sonrió alegre mientras que con la otra mano seguía buscando entre flores, hojas y ramas aquello que tanto quería.

—Un narciso.

Y ante la respuesta de su amiga no pudo evitar sonreír, aquella flor le evocaba antiguos recuerdos, momentos donde ellas no eran amigas sino rivales; por el mismo chico, Sasuke. Que tonta había sido, pero por su lado Sakura tampoco había cedido y es que a veces ambas podían ser demasiado tercas.

—Un narciso… —repitió las palabras de la chica.

—Eso dije —respondió mirándola extrañada pero cuando notó la mirada soñadora de su amiga comprendió que era aquello que Ino estaba recordando y con cariño le sonrío serenamente. Había extrañado demasiado su amistad.

—¿Y para qué quieres un narciso frente de marquesina?.

—¡No me digas frente de marquesina, cerda! —pero la mirada de enfado de la chica desapareció al instante transformando sus delicadas facciones en una amplia sonrisa, Ino pudo ver la dicha detrás de ese gesto. No sabía que era pero estaba segura de que su amiga estaba muy feliz y por tanto no podía sino alegrarse por ella. Hacía demasiado que la pelirrosa no se mostraba así—. ¿Sabes qué Ino? —la voz le temblaba de tanta alegría contenida—. ¡Sasuke regresó!

—¿Sasuke?.

En ese momento sintió el tiempo detenerse, como si el mundo dejase de girar ante la simple y sutil mención del nombre del Uchiha. No supo reaccionar, no supo que sintió en ese instante, procesar la información de semejante noticia no le resultaba fácil y menos ahora que acababa de recuperar a su amiga. Pero aunque ella se había dicho todos los días que Sasuke no había sido más que un capricho infantil ahora no podía evitar sentirse confundida y completamente anonadada.

—Sí, regresó hace dos días. Cuando llegó estaba muy herido pero Tsunade dijo que estará bien y que en un par de días podrá salir del hospital ¿No crees que es maravilloso? —expresó aún más feliz que antes pero la rubia no parecía hacerle demasiado caso a las palabras de su amiga—. ¿Ino que sucede?

—No, nada.

—Está bien ¡Oh mira aquí está! —dijo tomando entre sus dedos la delicada flor intentando de no quebrarla ni dañarla—. Me llevo esta.

—Bien —tenía que preguntárselo, tenía que hacerlo pues no podía quedarse con aquella duda en su pecho ya que sabía que si la dejaba ser ésta crecería en su interior hasta carcomerla por completo.

Ambas caminaron hasta el mostrador, la Yamanaka lo rodeó colocándose detrás y Sakura frente a ella.

La pelirrosa observaba distraída algo junto al mostrador, al parecer era una vieja fotografía que Ino conservaba de lo que solía ser el equipo 10. Luego volvió a mirar a la rubia quien con cuidado envolvía el narciso en un brillante papel decorativo y otra vez sus ojos fueron a parar a la fotografía pero ésta vez al parecer en un punto en particular.

—Hoy vi a Shikamaru —comentó despreocupada.

—Oh ¿Dónde?

—En la entrada de la aldea, me dijo que se iba a una misión —la rubia levantó la mirada preocupada.

—¿Chouji iba con él?.

—Si —la expresión de intranquilidad de la chica se incrementó—. No te preocupes Ino, estarán bien. Ambos son fuertes y buenos shinobi.

—Tienes razón —y aunque el punto de Sakura fuera válido ella bien sabía que por más que lo quisiera no podría dejar de preguntarse como estarían—. Frentona ¿Te molesta si te acompaño al hospital?

—¿Y la tienda?

—No hay problema, pondré el letrero de cerrado. Después de todo hoy no entró mucha gente a comprar flores.

—Está bien, puedes venir —y aunque muy dentro de ella supiera el porque su amiga quería acompañarla, no le importó. Tal vez Ino estuviera confundida pero Sakura no lo estaba, ni con respecto a lo que ella sentía ni con respecto a lo que su amiga sentía; por ella y por Sasuke.

Ino colgó su delantal en un pequeño gancho junto a ella y caminó hasta donde se encontraba Sakura, giró el cartel de entrada de "abierto" a "cerrado" y sin más nada que decir ambas salieron del lugar.

El camino al hospital fue silencioso y tranquilo, ninguna de las dos parecía reparar en que caminaba junto a alguien más sino que estaban sumidas en sus propios pensamientos.

¿Qué pasaría cuando viera a Sasuke? No entendía porque ahora dudaba pero sabía por encima de todo que no quería volver a perder la amistad de Sakura. Sus pies de detuvieron cuando finalmente llegaron a la entrada del lugar.

—Llegamos —susurró la pelirrosa mirando de reojo a Ino, ésta sólo se limitó a asentir levemente con la cabeza.

Ambas ingresaron mientras la muchacha sentía su corazón palpitar violento contra su pecho, temía volver a sentir algo por él, no quería porque aquello significaría volver a perder a su amiga pero sabía que en cuestiones del amor no se podía elegir.

Siguieron caminando lentamente por los amplios corredores del hospital, amplias paredes blancas estructuraban el edificio y un silencio sepulcral dominaba en todo el ambiente. Pero ignorando sus impetuosas palpitaciones siguió con lentitud los pasos de Sakura hasta donde, supuso, sería la habitación de Sasuke.

"107" Se leía en la puerta del cuarto, seguramente detrás de aquel umbral se encontraba el moreno.

—Sakura… —quiso detenerse pero se arrepintió, no podía acobardarse, no ahora, había llegado tan lejos y ahora simplemente no podía quedarse con la duda. Tenía que saberlo. Esperaba equivocarse —. Nada. Ven vamos.

La puerta crujió al abrirse y la luz ingresó al cuarto prácticamente en penumbras, junto a la ventana que permanecía cerrada se encontraba una cama de sábanas blancas y sobre ella el cuerpo inmóvil de un joven. Lo observó detenidamente como pudo a pesar de la oscuridad del lugar. Sus negros cabellos alborotados, sus facciones relajadas pero aún así formando una leve mueca de dolor, sus ojos cerrados, su pecho subía y bajaba agitado mientras en su boca una máscara lo ayudaba a respirar. Definitivamente era Sasuke, como siempre había sido, tal y como ella lo recordaba.

Se acercó cautelosa al borde del lecho, por un momento parecía haber olvidado que Sakura se encontraba allí con ella pues se acercó aún más al chico sentándose junto a él y por un breve instante contempló el vapor que se pegaba al cristal de la máscara por cada suspiro de Sasuke.

Sus ojos viajaban por su rostro delineando cada línea, cada contorno. Acercó su mano a la mejilla de él, Sakura simplemente la observa en silencio mientras la rubia lo acariciaba con sutileza.

Ino suspiró, aliviada.

—Nada.

—Ya sabía que no sentías nada por Sasuke Ino, desde hace demasiado que lo sé.

—¿Pero como?

—Pues —le sonrió a la confundida muchacha—. No lo sé, solo me alegra que podamos seguir siendo amigas ¿Crees que podrías devolverme el listón que me regalaste cuando éramos niñas?

La rubia se sintió aliviada y la felicidad la invadió de un segundo a otro forzándola a soltar alguna que otra pequeña lágrima de felicidad. Sakura también se sentía muy feliz.

—¡No te pongas sentimental cerda! —las risas hacían más agradable el ambiente en aquel sombrío lugar.

—Cállate frente de marquesina.

—En fin, me devolverás el listón —por un momento sintió como si fuera una niña otra vez y nada de aquello hubiera pasado. Como si Ino y ella jamás se hubiesen peleado, como si Sasuke jamás se hubiera marchado.

—Siempre fue tuyo. Nunca tuve intenciones de terminar nuestra amistad —ante el comentario Sakura no pudo evitar sentirse triste y a la vez culpable por haber sido quien infantilmente decidió romper aquellos lazos que la unían a la rubia—. Cuando te vuelva a ver te lo devolveré.

—Gracias Ino —una sensación de alivio le invadió el pecho, de pronto la cálida sensación había barrido con aquellos sentimientos angustiosos de soledad. Se volteó a ver a Sasuke quien aún parecía completamente dormido, debía ser horrible el dolor que el chico debía sentir pero Sakura no lo abandonaría—. Por todo.

—De nada —y sin decir más ni voltearse a verla salió de la habitación agitando la mano a su paso en señal de despedida. Estaba muy feliz, y sabía que nunca más se permitiría volver a perder a ningún amigo. Aquella era una promesa que defendería con su vida.