Disclaimer: Ninguno de los personajes de Naruto me pertenecen.
15/15
¡Hola a todos! Acá esta el último capítulo. El final de la historia y como tal es el más largo de todos los capítulos. Espero que les guste y si no es mucho pedir me gustará que me hicieran saber que les pareció el final y la historia en general. Perdón por ser pesada pero ya dije lo valiosa que es su opinión para mí. Y como éste es el último capítulo quería agradecerles a todos y cada uno de ustedes por seguirme en esto. Mil gracias por sus reviews, por leer y por todos los consejos y comentarios sinceros que me dejaron y que de verdad me ayudarn muchísimo. Por eso mil ¡Gracias! ¡¡Gracias a todos!! y espero que lo disfruten y les haya gustado...
¡¡Saluditos!!
Sentimientos silentes
XV
"Sentimientos silentes"
—Ino, si te digo todo esto, si no te oculto nada es porque te quiero. Por que me importas, eres mi amiga y no espero de ti una respuesta. Sólo quería que supieras….
La muchacha lo miró a los ojos y sintió su corazón latir violentamente contra su pecho. Sus manos sudaban y su cuerpo temblaba. Entonces empezó a balbucear nerviosa, sabía que tenía la atención de Shikamaru— Yo….
Pero simplemente las palabras no salieron y Shikamaru se sintió decepcionado, lo supo por su expresión.
Era verdad que él no exigía de ella una respuesta, no la esperaba tampoco pero por un momento se había llegado a ilusionar de pensar que Ino le contestaría. Aunque fuera para rechazarlo. Triste ilusión que ahora se hacía añicos ante aquel muro conocido como el silencio. Ino bajó la mirada, Shikamaru se puso de pié.
—No importa —susurró, Ino no lo veía pero supo que él ya no estaba junto a ella por la cama, de pronto el colchón ya no estaba más hundido. El lugar que Shikamaru había ocupado estaba tibio, pero vacío. Volvió a oír su voz, sonaba quebrado y triste. Más también avergonzado— Mejor será que me vaya Ino. Nos vemos mañana en Barbacoa Q, con siempre. No te preocupes, puedo fingir que nunca sucedió hasta que realmente lo crea. Entonces todo volverá a la normalidad —y volviendo a sumirse en el silencio, suspiró, ya no quería estar allí.
Se giró para marcharse, para alejarse de aquella habitación, para alejare de Ino, dio unos cortos pasos pero entonces algo lo detuvo por la muñeca. Los dedos de la chica enroscados alrededor de su piel jalándolo hacia ella. El sencillo roce de pieles lo estremeció, al parecer esto Ino también lo noto porque al instante aclaró su garganta y empezó a hablarle con la voz suave, como él jamás la había escuchado.
—Shika, no te vayas —volvió a quedar frente a ella, volvió a irremediablemente perderse en aquel inmenso océano azul que eran sus ojos.
—¿Por qué Ino? —necesitaba un motivo, que ella le pidiera que se quedara. Que no lo dejara ir, que no soltara su mano. Otra vez silencio.
—No sé que decirte —Shikamaru quiso apartar su mano pero ella lo impidió— No estoy segura que siento en estos momentos. No lo sé.
—Está bien Ino, en serio, no importa no necesito una respuesta —ahora empezaba a invadirlo el inevitable temor al rechazo.
—No quieras huir Shikamaru —le dijo enseriando de repente, el chico se sorprendió ¿Tan transparente era ante sus ojos? ¿Tan fácil de leer?—. Quiero darte una respuesta. Si quiero pero no estoy segura. Yo… —empezó nuevamente a balbucear, ahora por un motivo que él desconocía las mejillas de la rubia se habían tornado de un leve tono carmesí. Podía sentirla dudar, era como si aquel ínfimo contacto que ambos compartían le permitiera a Shikamaru sentir en piel propia los sentimientos y emociones que su compañera sentía—. Estoy dispuesta a averiguarlo.
—¿Averiguarlo? —preguntó confundido, no podía comprender. Entonces Ino apretó más el agarre.
—Con un beso —explicó ella temerosa ante la reacción de él, el moreno se paralizó— Sé lo que tú sientes por mí y no me parecería justo besarte así porque sí. Sentiría que estoy jugando con tus sentimientos y eso es lo último que quiero Shika. Pero para saberlo necesito hacerlo y tú sabes que cabe la posibilidad de que yo no sienta nada. Por eso quería preguntarte ¿Me dejarías besarte?
La miró estupefacto, no podía salir de su estado de ensimismamiento. Sentía su corazón latir a mil, su respiración parecía irregular más no le importó. Ahora toda su atención se concentraba en la proposición de la rubia y sus ojos miraban deseosos los labios de ella. Quería sentirla, quería probarla pero temía salir herido ¿Y si Ino no sentía nada por él? Su amistad estaría arruinada, un beso no era cosa menor y sabía que no habría vuelta atrás después de tomada su decisión. Pero estaba decidido.
—Sí —en respuesta la muchacha levantó la mirada hacia su amigo que aún permanecía de pie frente a ella y con sinceridad le devolvió el gesto con una sonrisa.
E inmediatamente tiró con fuerza de la mano del chico, que aún sostenía con firmeza entre las suyas, atrayéndolo. Tomando desprevenido a Shikamaru quien inmediatamente se tambaleó y perdió el equilibrio cayendo sobre ella, ambos se encontraban ahora en la cama. Tendidos, uno sobre el otro, sintiendo la proximidad de sus cuerpos, el calor que ambos se proferían.
—¿Ino? —murmuró nervioso Shikamaru ante la cercanía de ambos pero Ino sólo le sonrió y acariciándole con suavidad la mejilla intentó tranquilizarlo, más el contacto de su piel ocasionaba el efecto opuesto.
—Tranquilo, no te voy a hacer nada —bromeó la chica y él bufó fastidiado. Aquello era tan típico de su amiga.
—Problemática.
Entonces se sorprendió de sentirla a ella rodeándole la cintura con las piernas, se aferro a él y sin dudarlo un segundo lo besó. Primero con lentitud y torpeza, un brusco roce de labios que aún en el más desesperado de los besos le sabían dulces. Como siempre se había imaginado que serían. Ino simplemente lo enloquecía y ahora las piernas comenzaban a fallarle y el cuerpo le temblaba. Rogaba que aquel momento nunca pasara, rogaba porque la eternidad se afianzara en aquellos escasos segundos de felicidad, pero sabía que de un momento a otro Ino interrumpiría el beso y todo habría terminado, pero eso no sucedió. Entonces él se separó.
—¿Ino? —la observó detenidamente, jamás la había visto tan hermosa, sonrojada, sus rubios cabellos revueltos y el efecto que él había producido en ella le agregaba una belleza única a la muchacha y al momento. Contempló cada línea de su rostro, sus ojos azules, sus labios hinchados y enrojecidos por la pasión de los besos. Su respiración agitada, su suave y sincera sonrisa. En ese momento lo supo; Shikamaru estaba perdido.
—¿Te quedarás ahí mirándome o me besarás? —lo cuestionó con cierta picardía latente en sus palabras logrando sonsacarle un sonrisa al muchacho. Él se inclinó y otra vez sus labios se encontraron. Esta vez el beso fue más apasionado.
La besaba con deseo, poniendo su alma en cada contacto, en cada roce y ella parecía corresponder gustosa. La humedad de los besos los llevaba al límite del delirio, sin embargo cuando Shikamaru profundizó introduciendo su lengua en la boca de ella ambos sintieron cruzar el límite de la locura. Ino soltó un suave gemido de placer y Shikamaru se aprisionó más contra el frágil cuerpo de la chica, hundiéndola en el colchón.
Pronto con cautela, lenta y pausadamente fue descendiendo entre besos por la línea de la mandíbula hasta llegar al cuello de ella donde besó, lamió y mordisqueó a su antojo la delicada piel, produciendo en Ino un efecto de completo descontrol. Podía sentirla temblar debajo de él, moverse nerviosa contra su cuerpo en un desesperado intento de acortar la distancia, casi inexistente, entre ella y el muchacho. Esto a Shikamaru lo enloquecía. Y le hacía desearla más, a límites insospechados.
Volvió a besar nervioso su cuello, deseoso de su piel. Necesitaba saborearla, llenar de pasión cada centímetro de la chica. Hacerle saber cuanto había deseado que aquello sucediera. Hacerle saber que en aquel momento no existía nadie más para él que ella. Y poco a poco fue descendiendo, pasando por la clavícula donde se detuvo unos instantes, para llegar así al límite fronterizo que la ropa proporcionaba, privándolo de las partes más secretas del cuerpo de Ino. Entonces comprendió la magnitud de sus actos y se detuvo.
—Ino ¿Qué estamos haciendo? —aún intentaba normalizar su respiración y los latidos de su corazón, pero nada parecía funcionar. La rubia frunció el seño y Shikamaru comprendió que no le había entendido, entonces aclaró—. Digo ¿No crees que la situación se nos está escapando de las manos?
La muchacha lo miró sonrojada pero sin soltarse ni apartarse, entonces para sorpresa del moreno le sonrió. Pero aquella no era una sonrisa pícara o exaltada sino tímida y cohibida.
—Shika ¿Tú quieres que la situación se nos escape de las manos? —Ino realmente parecía seria en el asunto ¿En verdad estaba dispuesta a llegar hasta el final con él? No quería tomárselo a la ligera, no quería que luego ella se arrepintiera. Tampoco quería que se sintiera presionada a hacerlo con él, aquello no el parecía correcto.
—¿Tú si? Ino quiero que entiendas que no debes sentirte presionada, quiero que estés segura de tu respuesta. Necesito la certeza de que luego no te arrepentirás. No quiero que lo hagas por complacerme.
—Shika ¿Por qué simplemente, y por una vez, no te dejas llevar por el momento? Digo, no todo tiene que ser evaluado racionalmente ¿Sabes? Además ¿Cuándo he hecho algo que no quería? Si te digo que quiero es porque en verdad lo siento —y aunque parecía sincera su voz temblaba.
—No lo sé….
—Shika ¿Necesitas escucharlo? —preguntó avergonzada a más no poder por la situación del momento—. Porque si es así puedo decírtelo —e inclinándose unos centímetros desde debajo de él alcanzó su oído y con sensualidad y algo de vergüenza le susurró— Shikamaru quiero que me hagas el amor —el cálido aliento de Ino chocó contra su piel robándole el aliento.
Sintió un estremecimiento recorrerlo y pronto las piernas empezaron a temblarle, las palabras de ella acababan de desarmarlo por completo y ahora todo resto de cordura y autocontrol acababa de perderse entre las líneas que ella había pronunciado. Ya no podría detenerse.
Volvió a besarla, con más ímpetu y pasión. Presionaba fuertemente sus labios contra la piel de ella provocando que de su boca escaparan furtivos y espontáneos jadeos. Ino concentró todas sus sensaciones en el contacto, los labios de él rodaban libertinos por su piel quemándola, devorándola con voracidad. Se aferró con todas sus fuerzas a Shikamaru, le rodeó el cuello con los brazos mientras que hacía más firme el agarre de sus piernas. Por un instante sus partes más íntimas rozaron por sobre la ropa e Ino no pudo evitar sentir los signos de excitación de él sobre ella. Se asustó ¿Realmente estaba lista?
—Ino ¿Qué sucede? —la cuestionó el moreno separándose tras notar que ella ya no correspondía sus besos. Temió lo peor.
—Nada —pero no lo miraba, algo andaba mal.
—No me mientas —le susurró al oído mientras que con la mano acariciaba delicadamente su cabello.
—¿Tu me cuidarás Shika? ¿Serás gentil conmigo? —preguntó temerosa, él le devolvía una sonrisa en respuesta. En su expresión pudo notarlo, parecía conmovido.
—¿Alguna vez no lo he hecho? —ahora era ella quien sentía ternura por el chico. Como reacción besó fugazmente su mejilla, Shikamaru se sorprendió.
—Tienes razón. Lo siento.
Y una vez más sus labios se encontraron, pero esta vez la sensación que Ino tuvo fue distinta. Al principio sólo había habido pasión, lujuria quizá pero ahora había algo extraño en la forma en que él la besaba que le provocaba una cálida sensación en el pecho. Que la invadía rápidamente y la llenaba. Se sentía amada, protegida. Por primera vez. Obviamente el fuego entre ellos no había desaparecido y aún se besaban con deseo pero en esos instantes todo era sencillamente diferente.
Decidida aunque con pulso tembloroso tomó entre sus dedos el borde inferior de la remera de él y lentamente fue jalando hacia arriba, deslizando la tela sobre la bronceada piel de Shikamaru hasta finalmente quitársela. Lo contempló por unos segundos, embelesada por la visión que el torso desnudo de él le propiciaba. Shikamaru simplemente sonrió, aunque algo sonrojado, ante la reacción de la chica. Entonces la tomó por el mentón forzándola a mirarlo a los ojos y con suavidad volvió a rozar sus labios con los de ella.
Imitando la acción de ella comenzó a deslizar el top púrpura de Ino hasta removérselo por completo, como reacción llevó las manos a su pecho como intentando cubrir su desnudez. Pero él la tomó por las muñecas y la contempló fascinado, Ino se sonrojó y cubrió su rostro de la vergüenza. Ningún hombre la había visto desnuda antes, y la sola idea de que Shikamaru fuera el primero le producía una indescriptible sensación, donde el pudor y el deseo se fusionaban.
—Shika…
—No sé porque te cubres Ino, me gusta verte así —le susurró al oído mientras que con las manos intentaba desabotonar la falda de ella.
—Me da vergüenza Shikamaru —murmuró sonrojada ante el poco sutil comentario de su compañero.
—No debería —finalmente había soltado el botón y ahora se disponía a quitársela pero las manos de ella lo detuvieron.
Entendió que quizá la chica necesitara más tiempo para sentirse cómoda estando desnuda frente a él por lo que no insistió. En cambio volvió a besar su cuello, lentamente descendiendo hasta sus ahora descubiertos pechos. Ino no lo detuvo, entonces continuó.
—Aaahhh —gimió la rubia al sentir la lengua de él trazando círculos sobre la aureola rosada de su pecho, luego dibujando espirales hasta finalmente llegar al centro. Una vez allí atrapó el delicado pezón entre sus dientes, mordisqueándolo con suavidad para no dañarla. Ino volvió a gemir y con desesperación oprimió la cabeza de él contra ella.
Su otro pecho desnudo inmediatamente reaccionó ante la nueva sensación que el calor de los dedos del chico le provocaba. Shikamaru lo masajeaba lentamente sintiendo la suavidad de ella en su mano.
Ino por su parte sentía placenteros espasmos recorrer su cuerpo, el toque de él, áspero pero intenso parecía que le quemaba la piel a su paso, marcándola de una forma que nunca antes nadie lo había hecho. Y estaba feliz, que Shikamaru fuera el primero en tocarla de aquella forma.
Entonces la notó lo suficientemente excitada y aprovechando el momento de éxtasis en el que ambos estaban envueltos le quitó la falda, dejándola prácticamente desnuda ante él. Lo único que la cubría ahora era aquella pequeña y delicada prenda de color negro que cubría sus partes más íntimas. Shikamaru suspiró, lo tenía completamente perdido.
Pero la rubia no se quedó atrás y notando que él le había quitado prácticamente toda su ropa se apresuró a removerle el pantalón. Accidentalmente rozó con sus nudillos la entrepierna de él y Shikamaru gimió, para deleite de Ino. Nunca lo había visto así, pero le gustaba.
Entonces Shikamaru la besó en la boca, con dulzura y pasión, con amor y deseo. Como si fuera la última vez. Y lentamente comenzó a deslizarle la última prenda por los muslos, podía sentirla temblar bajo su toque, contemplando la ahora expuesta piel. Saboreando el momento de ver cada secreto del cuerpo de Ino revelado ante él y sólo para él. Ella lo imitó y en cuestión de segundos ambos estaban desnudos, el uno sobre el otro.
La mano de él empezó a descender, lentamente por sus pechos, acariciando su vientre y llegando finalmente a su entrepierna. El roce de la punta de sus dedos la hacía estremecerse y cuando lo sintió tocarla, allí donde ningún hombre jamás la había tocado, gritó. Definitivamente Shikamaru sabía encontrar los puntos estratégicos de su cuerpo, sabía cuales eran sus debilidades, donde debía estimular para hacerle sentir el mayor de los placeres. Y eso era efectivamente lo que Ino estaba sintiendo.
—Shi… ka —intentó pronunciar pero las palabras se perdieron entre los desesperados jadeos que escapaban involuntarios de su boca. Su cuerpo se retorcía sin ella quererlo, su espalda se arqueaba ante la invasión de tal sensación placentera. No podía controlarse, cada músculo de su cuerpo se tensaba. Cada centímetro de su cuerpo imploraba por más.
Shikamaru entonces sintió su mano humedecer ante el último suspiro de la muchacha y supo así que Ino estaba lista. La miró a los ojos, perdiéndose una vez más en el profundo azul de su intensa mirada. La rubia lo miraba suplicante mientras que con sus manos acariciaba la espalda desnuda de él.
—¿Estás lista? —le preguntó con ternura mientras que apartaba con la mano el cabello del rostro de la chica, acariciando su mejilla al pasar. La muchacha asintió temerosa, su corazón parecía querer escapar de su pecho.
A él las piernas le temblaban, todo su cuerpo se agitaba nervioso ante la expectativa del momento. Quería hacerlo sin dañarla demasiado. Con cuidado separó con sus rodillas las piernas de ella y se ubicó en medio, listo para invadirla.
—Puede que duela un poco.
—Lo sé Shika, no te preocupes. Sólo abrázame —le pidió devolviéndole las caricias. Recorriendo con sus delicadas manos la piel de él. Podía sentirlo temblar, sabía que estaba tan nervioso como ella. Sabía que también era su primera vez. Se sintió especial.
Y en el impulso de aferrarse a ella se introdujo lentamente en el cuerpo de Ino. Con delicadeza se acomodó y de a poco fue penetrándola más y más hasta toparse con la barrera de su virginidad, entonces se detuvo. La besó intentando confortarla y luego arremetió. Un débil grito de dolor se escuchó escapar de los labios de la muchacha.
—Lo siento Ino —se disculpó limpiando con su pulgar una furtiva lágrima que escapaba ahora de uno de los celestinos ojos de su compañera.
—No te preocupes —respondió intentando acostumbrarse a la intromisión de él. Pronto el dolor desapareció e Ino se lo hizo saber— Ya estoy bien Shika.
Empezó a embestir contra el cuerpo de ella, al principio con lentitud para que no sintiera dolor y luego, al oír los gemidos de la rubia, aceleró sus movimientos. Entrando y saliendo de ella a su antojo, en un continuo vaivén de caderas que los hacía delirar. A Ino el golpeteo de sus cuerpos la enloquecía, a Shikamaru los gritos de ella lo hacían desearla más. Continuó embistiendo, con más fuerza, con más rapidez. Ambos cuerpos fundidos en uno, perladas gotas de sudor empapaban su desnudez, ambos descubriendo nuevas sensaciones jamás sentidas. En los brazos del otro, latentes sentimientos a flor de piel. No había duda, para ellos aquel momento era perfecto.
—¡Shi… ka… maru! ¡Shika! —gritaba ella, su cabeza inclinada hacia atrás, su boca levemente entreabierta y sus ojos completamente cerrados. Él besaba con desesperación su cuello mientras volvía a embestirla una y otra vez, intentando ahogar gemidos de placer. Entonces sintió las uñas de ella clavándose violentamente contra su espalda, rasgando su piel, y supo que Ino estaba llegando al límite del éxtasis. Ella en un último suspiro sintió su cuerpo relajarse y se desplomó. Al cabo de unos segundos él también había caído rendido sobre ella. Jadeando, sus corazones latían a velocidades inimaginadas. Sus ritmos cardíacos al unísono.
Con cuidado se apartó de encima y se recostó a su lado. Contemplándola maravillado, jamás la había visto de aquella manera. Ni siquiera en la ceremonia de las alianzas había visto a Ino tan hermosa.
—Yo… yo… —intentó articular pero aún se le dificultaba demasiado hablar, jadeaba alterado y sus latidos aún no se había apaciguado. Simplemente la acarició, para demostrarle todo lo que aquello había significado, para hacerle saber lo importante que ella era para él—. Aún no puedo creer que esto haya pasado —confesó mirándola directamente a los ojos, Ino sonrió e inmediatamente lo pellizcó—. ¡Ouch! ¡¿Ino para que demonios hiciste eso?! —refunfuño molesto tocándose el brazo.
—Para que veas que es verdad —bromeó.
—¡Mujer problemática! ¿No podías ser más suave? —entonces para su sorpresa lo besó, con suavidad dejando en cada roce un fragmento de su alma, en cada toque la esencia de sus sentimientos. Aquellos que por tanto tiempo no pudo pronunciar.
—¿Así esta mejor? —murmuró feliz, él simplemente asintió fascinado—. Shika… me preguntaba ¿Quieres quedarte a dormir conmigo?
—Pero… ¿Y tus padres?
—No deberían volver hasta mañana al medio día. Además aún está lloviendo.
—Es verdad… —murmuró sorprendido contemplando el exterior a través de aquella pequeña ventana junto a ellos. Por un par de horas había olvidado todo lo que acontecía a su alrededor. Por un momento todo excepto ellos había desaparecido; la habitación, los problemas, el ruido de la lluvia caer, todo. El mundo había enmudecido ante ellos, todos los males habían sucumbido en aquel rincón íntimo donde sólo habían permanecido en silencio, dos almas unidas, entregándose la una a la otra en cada suspiro. Sólo ellos, y la más dulce de las melodías; el ruido de los cuerpos chocando, los jadeos y gemidos llenos de sentido, todo armonizado. No necesitaban palabras, las miradas bastaban, las caricias sobraban.
—Me encantaría Ino… —susurró Shikamaru a la rubia, la cual inmediatamente se acurrucó entre sus brazos y dándole un dulce beso en los labios, se dispuso a dormir. Él la observó detenidamente por un breve instante y luego sonrió.
No necesitaba oírlo de los labios de ella, la muchacha tampoco necesitaba escucharlo de él porque ambos lo sabían. Aquellos sentimientos silentes que jamás habían sido puestos en palabras, aquella noche, habían sido pronunciados. Estaban escritos por todos lados, en la piel del otro. Como signos evanescentes de la unión eterna, signos que sólo ellos podían leer. Por la complicidad que el acto conllevaba, por los sentimientos que ahora los entrelazaba. Y Shikamaru no necesitaba más, sólo Ino.
—¿Sabes? —agregó notando que aún ella no había sido atrapada por el sueño sino que lo miraba de reojo con una amplia sonrisa en sus rosados labios.
—¿Qué? —preguntó curiosa.
—Podría pasar toda mi vida así, aquí contigo —se sentía tan bien, su calor, su presencia, su cuerpo junto al de él—. Después de todo, no es nada problemático —decía mientras contemplaba el techo, rememorando cada escena de la noche.
—Yo también Shika, yo también.
Finalmente lo había comprendido, el significado de aquel enigmático sentimiento que desde niña había añorado. Nunca había sido capaz de conceptualizarlo, siempre creyendo que el amor era magnífico pero sin poder dar cuenta de él. Nunca pudiendo concebir la diferencia entre el capricho, el querer y el amar. Pero ahora lo sabía, había encontrado el amor y sólo en su mente Shikamaru era el equivalente.
Por su parte, Shikamaru no volvió a soñar más que se ahogaba en aquel inmenso azul. Ninguna pesadilla volvió a perturbar su descanso. Porque ahora la tenía a ella, si quería podía perderse en Ino. En el profundo cobalto de sus ojos. Después de todo, aquello era lo que él más había deseado. El sueño sólo había representado su anhelo más secreto, que él se había empeñado en negar por tanto tiempo. Por ende las fantasías no dejaban de pujar, hasta que él lo hubiera aceptado. Y felizmente lo había logrado, ahora Ino estaba con él.
FIN
