Disclaimer: Todos los personajes de Harry Potter pertenecen a sus respectivos dueños
Capitulo 4: Una última oportunidad.
Se encontraba solo en la calle, cuando comenzó a llover. La lluvia caía con fuerza, así que tuvo que ir a refugiarse. Además cada vez se sentía menos seguro en la calle. Prefería la tranquilidad de aquella casa que estaba siendo su escondite. En cinco minutos llegó a la casa.
Entró y encendió la chimenea. Esperó a que la casa estuviera algo mas caliente para sentarse en el sofá.
Desde luego no estaba preparado para esa vida. Draco Malfoy no se acostumbraba a tener que hacer las cosas con las manos. Para que están los elfos domésticos…
Pero ojala fuera ese su problema. Una semana llevaba escondido en esa casa. Una semana en la que Draco se había dado cuenta de su realidad. Actualmente era un desecho del mundo mágico, perseguido por los dos bandos. No podía hacer nada relacionado con la magia y se veía obligado a actuar como un muggle. Estaba totalmente solo. Nadie, excepto su madre, le había ayudado. Y mucho se temía que su madre ya había ayudado por el lo máximo, dejando su vida por el.
En esta situación al joven le había dado tiempo a pensar. Pensar en todo lo mal que había hecho. ¿Por qué no había podido matar al viejo? Aún podía recordar sus palabras.
-Todavía no has cometido un crimen, ni le has causado un daño irreparable a alguien. Yo puedo ayudarte Draco… Pásate a nuestro bando… No eres tu el que tiene mi suerte en tus manos, sino yo la tuya.
No había podido. Nada mas de pensarlo le daba miedo. Y tenia que reconocer que Dumbledore estaba a punto de convencerle. Si no hubieran llegado los mortífagos justo en ese momento…
Pero habían llegado. Y ahora Draco tenía que enfrentarse a las consecuencias. Y las palabras de Dumbledore le habían calado hondo. A pesar de la situación en la que estaba, a pesar de que sabía todo el mal que había hecho, le había ofrecido su ayuda. Le había dado una oportunidad de salir de todo eso.
Y cada día que pasaba Draco se daba cuenta de que lo que le ofreció Dumbledore era lo mejor para él. Pero ahora era tarde. Dumbledore había muerto por su culpa, y nadie de su bando sería capaz de ayudarle, ni aunque les contara toda la verdad. Aunque quizás si hubiera alguien. Alguien que confiaba tanto en los demás, que en ciertos momentos parecía tonto. Quizás si a el le contara toda la verdad, le creyera…
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el ruido que le llego desde la puerta. Draco se levantó rápidamente y cogió su varita. La puerta se desplomó, y ante sus ojos apareció un hombre de nariz ganchuda y pelo grasiento: Severus Snape.
-Por fin te he encontrado, Draco- le dijo Snape y, en un gesto que sorprendió al muchacho, se guardó la varita.
-¿Qué quieres, Snape?- le espetó Draco al hombre con odio. Aquel hombre era uno de los causantes de su situación, por no decir el principal.
-Primero, que me trates con el respeto que me debes- le respondió Snape, pero utilizando un tono mucho más tranquilo del que Draco esperaba- Y segundo, que bajes esa varita. No he venido aquí a llevarte ni a matarte.
-¿Y por qué debería confiar en ti?
-Porque no se si te habrás dado cuenta- dijo Snape irónico- pero he guardado la varita nada mas llegar. No tengo intención de hacerte nada.
Draco bajo la varita lentamente y se la volvió a guardar. Espero por si Snape hacía algo raro, pero este no hizo nada.
-¿Qué hace aquí entonces?
-Sigues sin tratarme con respeto, Draco.
-No tengo porque tratarle con respeto.
-Bueno mejor lo dejamos. No he removido cielo y tierra para encontrarte y pelearme porque no me llames señor. Te aseguro, Draco, que no he venido por orden del señor Tenebroso. Tu madre me pidió que te protegiera y así lo haré.
-¿Sabe algo de mi madre?
-¿Quieres saber la verdad?- Draco asintió. Snape tragó saliva antes de hablar- A tu madre la ha asesinado Bellatrix, Draco.
Draco dio un puñetazo a la pared y algunas lágrimas cayeron por su cara. Aunque ya se había echo a la idea, conocer que la noticia era verdad le dolió.
-¿Y entonces por qué me proteges, si mi madre está muerta, por qué no me llevas ante tus amigos los mortífagos para que me maten?
-Draco, ahora no te puedo contar los motivos que me hacen que no lo haga, pero lo que si te puedo decir es que yo nunca he estado realmente en ese bando.
-¡Pero si mataste a Dumbledore!
-Draco te insisto en que no te puedo contar mis motivos. Te aseguro que sería muy peligroso para ti saber la verdad.
-Pero es que entonces no tengo ninguna razón para confiar en ti.
-¿Estas seguro, Draco? El problema- Snape esta vez elevó el tono de voz, con impaciencia- es que no tienes otra salida. Da igual que confíes en mi o no. Yo te estoy ofreciendo mi ayuda, que es mucho más de lo que tenías hasta ahora.
-Si me dijera algo…
-Reacciona Draco- Snape casi estaba chillando- te estoy ofreciendo una oportunidad: o la tomas o la dejas, pero ya sabes que si la dejas no tendré motivos para no contar tu paradero.
-De acuerdo- Draco se resignó a aceptar- ¿Qué tengo que hacer?
-Sabía que aceptarías Draco. Como ya te he dicho, aunque la orden me persiga, sigo siendo fiel a ese bando, por motivos que no voy a contar. Pero a pesar de que la orden me persiga, hay una persona en ella en la que confío y que sabe mi historia, que a parte de Dumbledore, es la única persona que la sabe.
-¿Y?
-No seas insolente, Draco. Aun me puedo ir y dejarte.
-Lo siento.
-Continuando con lo que te decía- Snape pasó de las disculpas de Draco- esa persona será tu medio de salida. Ella se llama Jennifer Boots. Supongo que no la conocerás. Fuimos compañeros en Hogwarts y ha sido la única persona con la que he podido pasar los peores momentos. Te aseguro que puedes confiar en ella.
Snape paró un momento y se aclaró la garganta. Después de eso se sentó en el sofá.
-Te llevaré con ella. A Jennifer le contarás todo. Una vez lo hagas, te presentara a la orden y a ellos les contara la verdad sobre ti. Y es muy importante, Draco, que cuentes todo hasta lo que te dijo Dumbledore antes de morir. Si lo haces, estoy segura de que ella conseguirá que la orden te de protección.
-¿Y que haría la orden conmigo?
-Ella va a intentar que te oculten en Hogwarts. Allí además seguirías recibiendo clases.
-¿Y usted seguirá con los mortífagos mientras?
-Yo tengo una misión asignada por Dumbledore antes de morir. Y tengo que cumplirla. Y para ello ahora tengo que estar con los mortífagos- Snape hizo una pausa- Draco no te preocupes por mi. De lo que tienes que preocuparte ahora es de ti. No hagas que el sacrificio de tu madre sea en vano.
Draco miro a los ojos de Snape. Y vio algo que le sorprendió: Preocupación. Snape verdaderamente estaba preocupado por él. Era curioso que hace unas horas si se lo hubiera encontrado por la calle seguramente lo hubiera querido matar. Sin embargo ahora sabía que por lo menos tenia una salida. Tenia que hacerlo por su madre.
-Lo haré- dijo Draco con determinación, aunque en el fondo tenía miedo de que todo fallara, no se lo creyeran y lo retuvieran.
-Perfecto. Pues entonces ahora mismo te llevare con Jennifer. Supongo que mañana mismo si hoy se lo cuentas todo podrá convocar una reunión.
-¿Y qué pasa si falla¿Qué pasa si no nos creen?
-Estoy seguro de que Jennifer los convencerá. Por eso no te preocupes. Y si no también estoy seguro de que sabrá como sacarte. Y ahora si estas preparado agárrate a mi, que nos vamos a aparecer en su casa.
Draco se cogió de Snape, y en pocos segundos sintió la característica sensación de ser tirado de cuando una se aparecía.
Aparecieron en un salón más bien pequeño y en el que el desorden era claro. Estaba decorado con bastante gusto, con muebles antiguos que parecían bastante caros. Snape llevó a Draco por la casa hasta la cocina, en donde una mujer les estaba esperando.
La cocina se asimilaba mas a una cocina muggle que a una mágica, ya que incluso tenía algunos aparatos eléctricos. La mujer que les esperaba, como pudo ver Draco, tenía mas o menos la misma edad que Snape y era un pelín mas baja que el. El pelo lo tenia castaño, mas bien corto, y cuando la mujer se giro, pudo ver que tenia los ojos de color oscuro y que era bastante guapa.
-Que alegría verte, Severus- la mujer le dio un abrazo- Veo que por fin lo has conseguido- dijo Jennifer, en clara alusión a Draco.
-Si, ha costado, pero al final lo he encontrado.
-¿Te vas a quedar?
-No, me tengo que ir. Hoy hay reunión- le comentó Snape- Draco haz todo lo que te dije.
Después de hablar, Snape se fue. Draco se quedo mirando a la mujer fijamente.
-Supongo que Severus te habrá dicho todo. Se que no me conoces de nada y que seguramente no confíes en mi. Pero te aseguro que lo único que voy a hacer es ayudarte y que si me lo cuentas todo como es, la orden seguro que te dará protección.
Draco se quedo pensando un rato y siguió mirando a Jennifer. Ahora que había llegado a este punto no se iba a echar atrás.
-No he venido aquí para después no contar nada.
-Perfecto. Vente al salón conmigo y allí hablaremos más tranquilamente.
Cuando llegaron al salón Jennifer se sentó en el sofá y le ofreció un sitio. Draco empezó a hablar.
-Todo comenzó cuando mi padre falló en su misión de rescatar la profecía…
Draco le conto todo, sin quitar ningún detalle. Como el señor tenebroso le había mandado la misión de matar a Dumbledore, bajo amenaza de que si no la hacia mataría a su familia, como había realizado el plan, como había conseguido meter a los mortífagos en Hogwarts y como al final, cuando lo tenia todo a su favor, no la había podido matar. Y a medida que lo iba contando, Draco se sentía mas liberado. Se estaba quitando un peso de encima.
-Y cuando lo tenía acorralado, no pude hacerlo. Simplemente no pude. Me temblaba la mano y a cada palabra que me decía Dumbledore me sentía más nervioso, hasta que llegó Snape… y acabo el trabajo por mí- concluyó Draco.
Jennifer le miraba atentamente. Había prestado mucha atención a su relato y por como lo había contado sabia que no le había mentido.
-De acuerdo. Mañana convocaré una reunión de la Orden. Si todo lo que me has dicho es cierto, la orden tendrá que protegerte.
-Te aseguro que es cierto- le dijo Draco con firmeza.
-Y yo te creo, Draco. Pero con la orden no va a ser tan fácil. Muchos te querrán poner a prueba y tendrás que estar preparado. Así que para mañana tendrás que estar descansado. Ve a la habitación de ahí a la izquierda y descansa un poco.
-Gracias
-¿Por qué?
-Por haberme escuchado y creerme.
Mientras aquel joven se iba a la habitación, Jennifer se dio cuenta de que a pesar de ese aspecto tan arrogante y tan malvado que daba, y de todas las cosas que le había contado Severus sobre el, en el fondo no era tan malo.
