Disclaimer: Este Disclaimer no cambia. Si cambiara os daríais cuenta de que los dos últimos libros se transformarían drásticamente. Pero mientras Harry Potter le sigue perteneciendo a JK.

Capitulo 7: El testamento de Dumbledore

La resaca de la boda del día anterior se hizo latente en el desayuno. Los bostezos y las caras largas, en busca de horas de sueño, predominaban en la cocina, mientras Molly Weasley servía a su familia y a Harry y Hermione un desayuno ligero, paupérrimo en comparación con sus desayunos normales, pero que los sentados en la mesa tomaron sin protestar, sabedores de que la más mínima protesta sería respondida con fiereza por los gritos de Molly.

Harry estaba bastante contento a pesar del cansancio. Había pasado un magnífico día en la boda y para variar un poco su suerte, no había ocurrido nada. Ni mortífagos, ni Voldemort, ni nadie ni nada le molesto en esta ocasión. No podía evitar pensar que era un simple oasis en medio de un desierto, un desierto largo y duro que le quedaba por recorrer.

Harry fue despertado de sus pensamientos por unas patas que se posaron sobre su hombro y le colocaron algo sobre las manos, concretamente una carta, con el sello de Hogwarts.

-Mirad las cartas de Hogwarts- dijo Hermione, ilusionada. Harry la comprendía. Hermione tenía muchísimo deseos de terminar sus estudios en Hogwarts, y después del funeral de Dumbledore esta había perdido bastantes esperanzas de conseguirlo.

Hablando de Dumbledore, en unos días tendría que ir a la lectura del testamento. Si había algo en ese momento que le molestaba a Harry era tener que ir al ministerio, del que tenía tan malos recuerdos de hace dos años.

Desechando esos pensamientos, Harry cogió la carta y la leyó. Nada nuevo, lo de siempre. Los libros, las normas etc. Sin embargo algo más se deslizo sobre sus manos. Algo con forma de insignia.

-Hermione¿no es esa la insignia de premio anual?- comentó la señora Weasley, que miraba atentamente a una atónita Hermione.

La cara de Hermione no podía ser más expresiva. Estaba entusiasmada. Harry sabía que uno de los mayores sueños de Hermione nada mas llegar a Hogwarts sería haber sido premio anual. Y ahora lo había conseguido. Sin embargo, en su caso, no le alegraba tanto la insignia que tenía en su mano.

-Espera un momento. Harry ¿Qué es eso que tienes ahí en la mano?- comentó Fred, mirando a Harry.

Evidentemente, Fred no pudo hablar en voz baja, así que ya todos sabían que Harry también iba a ser premio anual. Este miró a Hermione sorprendido. Podría haber tenido muchas aventuras y haber sido el héroe del mundo mágico, cosa que no creía, pero precisamente en lo referente a las reglas no es que hubiera sido su mayor seguidor, cosa que él creía fundamental para ser premio anual. Hermione se encogió de hombros, como respondiendo a su pregunta. Como siempre Hermione adivinaba sus pensamientos solo con mirarle.

La reacción de los demás fue la esperada. Felicitaciones, abrazos… Y para sorpresa de Harry, la alegría de Ron, de quien Harry no esperaba tan buena reacción.

Pero la carta de Hogwarts no solo traía insignias para Harry y Hermione, sino también la consabida visita al callejón Diagon para comprar los libros. Para facilitar las cosas habían quedado en que los irían a comprar el día quince y así Harry aprovecharía e iría al ministerio.

Cuando ya Harry se levantaba de la mesa llegó otra lechuza: el profeta. Lo cogió y le echó un vistazo. Esta vez el titular no estaba relacionado con el mundo mágico, pero era el más preocupante de cuantos había leído durante el verano: los muggles habían entrado en guerra y según decía el diario y evidentemente sabía Harry, todo apuntaba a que el causante era Voldemort.

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La noticia de que los muggles habían entrado en guerra no tardó en hacerse notar en el mundo mágico. A pesar de que los magos siempre dijeran que no, dependían de los muggles en muchísimos aspectos.

En los días siguientes las noticias que llegaban del profeta no podían ser más desalentadoras. Los muggles no solo habían entrado en guerra, sino que su guerra se estaba convirtiendo en una autentica masacre. Bastantes magos habían muerto ya por los ataques franceses en Inglaterra.

Debido a la situación del mundo muggle, la única forma de ir al callejón Diagón era por la red flu ya que no era seguro ir por la zona muggle. Harry tenía bastantes malos recuerdos de este medio.

Pero a pesar de sus malos recuerdos, todo salió bien y llegaron al callejón sin ningún problema.

El aspecto del callejón era totalmente distinto a como Harry lo recordaba. De aquel callejón bullicioso y alegre que recordaba Harry de años anteriores no quedaba nada. La soledad inundaba el callejón y la mayoría de las tiendas estaban cerradas. Solo las más importantes como Flourish y Blotts, Madame Malkin y Gringotts estaban abiertas y la gente que salía y entraba de las tiendas lo hacía lo más rápido que podía intentado evitar estar mucho tiempo en la calle.

Su primera parada fue Flourish y Blotts, a comprar los libros. Con gran velocidad les atendieron y salieron hacia Madame Malkin.

En un tiempo record en el callejón Diagón, terminaron todas las compras. Pero todavía tenían que hacer una visita. La única que tenían ganas de hacer: Sortilegios Weasley.

La tienda de los gemelos Weasley en la situación actual del callejón parecía estar fuera de lugar. Pero en opinión de Harry no podía estar mejor. Ahora mas que nunca necesitaban diversión.

Entraron en la tienda todos juntos, intentado no chocar con la gente que llenaba el local, no tanta como hace un año pero bastante gente. En el año que había pasado desde su última visita, Harry pudo comprobar que la tienda había mejorado bastante. Mas estantes, mas productos (nuevos surtidos saltaclases, mas productos de protección…). A los gemelos les iba muy bien el negocio.

-Mira Fred tenemos visita- la voz de George les recibió mientras sonreía.

La mañana se les pasó volando en las tienda de los gemelos. Los nuevos productos de los gemelos eran muy buenos. Sobre todo a parte de los surtidos saltaclases habían actualizado bastante su línea seria.

-¿Qué es esto?- preguntó Harry, agarrando una pulsera de plástico.

-Eso, Harry, son las nuevas pulseras de protección- le comentó George.

-Una vez que te la pones se vuelve invisible y te ofrece una protección corta, pero bastante resistente. Durante este tiempo hemos hecho lo mismo con numerosos objetos: collares, anillos, ropas- explicó Fred, mientras le enseñaba una caja con los objetos que le había mencionado

-Llévate los que quieras.

-No puedo. Mejor os lo pago.

-Harry, esta conversación ya la tuvimos el año pasado. Sin ti no hubiéramos podido abrir esto así que puedes llevarte lo que quieras- le dijo George mientras le daba la caja para que cogiera.

-Eso me recuerda, George…

-Ah verdad. Ven Harry, que te queremos enseñar una cosa.

Los gemelos llevaron a Harry a un cuarto bastante oscuro de la tienda que no estaba abierto al público. Por el aspecto que tenía, lleno de aparatos extraños, y bastante desordenado, parecía el cuarto de pruebas de los gemelos.

-Este es nuestra sala de invenciones, como nos gusta llamarla. Aquí es donde inventamos, probamos, mejoramos… todas nuestras creaciones- comenzó Fred.

-Exacto. Y hemos venido aquí porque queremos enseñarte nuestras últimas invenciones.

Fred fue a coger una cosa del armario que se encontraba en la esquina de la habitación. Cuando volvió llevaba en su mano una caja bastante grande.

-Aquí tienes nuestros nuevos inventos.

-Te los vamos a presentar uno a uno- comenzó George. El primero que sacó de la caja parecía ser un cuchillo- Con esta navaja te aseguro que podrás cortar todo, desde matorrales hasta metal. Pero eso no es todo. Le hemos incluido un hechizo para que mientras la cojas tengas una protección, no muy grande pero suficiente para defenderte mientras cortas lo que sea. Esta es para ti. Tu turno Fred.

-Lo segundo lo cogimos de una idea muggle. Entre uno de los aparatos que tiene mi padre entre sus trastos muggles encontramos una especie de transistores que servían para hablar entre nosotros. Taki Weki creo.

-Walkie-Talkie- le corrigió Harry.

-Eso. El caso es que eso nos dio una idea. ¿Y si creáramos algo parecido, pero con un alcance, digamos, mundial, y con una duración ilimitada? Y así surgieron los comunicadores Weasley. Con ellos podrás comunicarte con quien quieras y donde quieras - Fred le enseño unos relojes- Simplemente pulsas este botón, di el nombre de la persona con quien quieras hablar y te comunicaras con todo aquel que tenga otro como el. Estos tres relojes son tuyos, uno para ti y los otros para Ron y Hermione.

Mientras que Fred le ofrecía los relojes, Harry les miraba con cara de asombro. ¿Hasta donde llegaba la capacidad de los gemelos para los inventos?

-Y por último y no por ello menos importante, es mas creemos que es lo mas importante, esta caja- esta vez el que habló fue George- Seguramente te preguntaras para que quieres una caja. Pero esta caja no es una caja cualquiera. A parte de que la puedes transformar al tamaño que quieras con solo pensarlo- mientras le decía esto, George iba cambiando la caja de tamaño- es una caja prácticamente sin fondo. En ella podrás guardar todo lo que quieras y encima para las personas que tú no quieras que cojan nada de ellas será una simple caja vacía.

-Pero eso es increíble- dijo Harry, lleno de admiración hacia los gemelos.

-Muchas gracias, Harry. Nos ha llevado bastante tiempo conseguirlo y hemos fallado innumerables ocasiones. Pero te podemos asegurar que esta funciona perfectamente.

-Así que como nuestro mayor accionista, tú serás el beneficiado de ella- concluyó Fred.

-No podría…

-No es que no puedes, es que vas a aceptarlo- le dijo Fred, mientras le daba la caja, convertida en una simple miniatura.

-Muchas gracias chicos.

-No nos las des Harry. Sin ti nada de esta habría sido posible.

Los gemelos se despidieron de Harry que fue al encuentro del señor Weasley. Había llegado la hora de ir al ministerio.

-¿Estas preparado?- le preguntó el señor Weasley, ya en el callejón y listo para desaparecerse

-Si señor Weasley.

Hermione y Ron le desearon suerte antes de que se desaparecieran del callejón. Una vez pasada las extrañas sensaciones de las primeras apariciones, a Harry le empezaba a gustar este medio de transporte.

Harry y el señor Weasley aparecieron en el centro del ministerio, allí donde hace dos años había una magnífica fuente que representaba la suntuosidad del ministerio y donde ahora el vacío auguraba malos tiempos.

-Tenemos que ir a la segunda planta.

El señor Weasley le llevó al ascensor, que estaba tal y como recordaba Harry, un poco menos transitado debido a la hora.

-Segunda planta, Departamento de Seguridad Mágica, que incluye la Oficina Contra el Uso Indebido de la Magia, el Cuartel General de Aurores, los Servicios Administrativos del Wizengamot y el Departamento de Interior del Ministerio de Magia.- la misma voz gélida de mujer de hace dos años. La verdad es que el ministerio no le traía buenos recuerdos a Harry.

El señor Weasley acompañó a Harry por el pasillo hasta una sala que tenía un letrero en el que ponía: Departamento de Interior del Ministerio de Magia.

-Entra Harry. Yo no te puedo acompañar.

El señor Weasley se despidió de Harry. Este entró en la sala. La sala le recordaba mucho a una oficina muggle. En la entrada un hombre parecía estar esperándolo.

-¿Harry James Potter?- le preguntó el hombre, ya entrado en años. Harry asintió- Venga conmigo.

El hombre desconocido le llevó al despacho que había al final de la sala. Una vez allí le dejo y le dijo que pasara. El despacho era bastante grande y estaba decorado con retratos de los que, supuso Harry, habían ocupado ese despacho antes. En este ya se encontraban dos personas. Una mujer, sentada al otro lado de la mesa que presidía la sala, con aspecto severo, que le recordaba a McGonagall y un hombre sentado en una de las dos sillas que había en frente de la esa y que tenía un curioso parecido con Dumbledore.

-Siéntese, señor Potter- la mujer utilizó, como Harry esperaba que utilizara por su aspecto, un tono bastante estricto- Ahora que ya estamos todos podemos empezar.

¿Solo dos personas eran los herederos de Dumbledore? Sabía que el nunca había dado muestras de tener amigos o mucha familia, pero esperaba que hubiera mas gente.

-Hoy día 15 de Agosto 1997 se procede a la lectura del testamento del señor Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, de 133 años al morir y cuyos únicos herederos son Aberforth Bilius Dumbledore, de 125 años y residente en Hogsmeade y Harry James Potter, de 17 años y residente en Londres. Testigo de la lectura, Minerva Jones, jefa del Departamento de Interior del Ministerio de Magia. Ahora comenzamos con la lectura.

De repente con un movimiento de varita de Minerva Jones, empezó a resonar por la sala una voz amplificada: la voz de Dumbledore.

-A mi hermano Aberforth, antes de dejarle nada, me gustaría decirle algo. Se que en mi vida he tenido fallos y muchos de ellos han tenido que ver con mi familia. En muchos momentos he llegado a abandonar a mi familia, en busca de cosas que he creído importante. Ahora que soy mayor, los años me han hecho ver mis errores. Pero también me han hecho ser un cobarde, no expresar mis sentimientos y solo hacerlo en un testamento, que se oirá cuando yo ya este lejos, en ese mundo desconocido que llaman el mas allá. Lo siento. Siento haberos dejado en ciertos momentos. Siento no haber estado ahí. Se que a lo mejor una vez muerto esto no sirva de nada, pero lo siento. Espero que alguna vez consiga tu perdón Aberforth.

Aberforth parecía bastante tranquilo, aunque Harry pudo ver como su cara se emocionaba un poco al oír las palabras de su hermano. Además Harry estaba bastante sorprendido. No se esperaba que Dumbledore tuviera problemas familiares.

-Respecto a la herencia, dejo a mi hermano Aberforth todas las reliquias familiares de los Dumbledore, así como el contenido de las cámaras numero 3 y 726 del banco Gringotts- Aberforth asintió con la cabeza en señal de confirmación; mas o menos se imaginaba lo que le iba a dejar.

-Y ahora llega el turno al que será mi otro heredero, Harry. Suponiendo (y asegurando) que si estas oyendo esto significara que estoy muerto, tengo que decirte que si mi muerte te ha afectado tienes que seguir adelante. Que mi muerte no sea en balde. En estos últimos años hemos avanzado más que nadie en el fin de Voldemort- tanto Aberforth como Amelia dieron un respingo en sus asientos- así que ahora te toca a ti finalizar el trabajo. Se que puedo confiar en ti Harry y que el futuro del mundo mágico no podría estar en mejores manos.

A Harry le invadió un sentimiento de orgullo. La confianza de Dumbledore para el era muy importante.

-A Harry le dejo mi pensadero así como una colección de historias muggles que le recomiendo leer encarecidamente. También le dejo un álbum de fotos que perteneció a sus padres y que estos me pidieron que si les pasaba algo se lo diera cuando cumpliera la mayoría de edad. También me gustaría que estos objetos fueran entregados directamente al propio Harry.

Harry se pregunto para que le dejaría Dumbledore una colección de historias muggles. Aunque la verdad es que había notado cierto tono oculto en el encarecidamente que había dicho Dumbledore

-Por ultimo, durante todos estos años he tenido tiempo de cosechar algo de dinero. Como las personas que van a ser mis herederos no necesitarán dinero, me gustaría dejar el dinero para Hogwarts, para que la educación de los magos del futuro sea la mejor posible.

Dumbledore terminó de hablar y la voz se apagó. Habría tenido fallos, como bien había dicho durante el tiempo que le habían oído, pero el último gesto que había tenido le honraba al máximo y Harry supo que allí donde estuviera, estaría en el mejor lugar que pudiera.

-Aquí termina este testamento- dijo Amelia, después de que Dumbledore dejara de habar- Ahora procederé a la entrega de la herencia.

"Al señor Aberforth Dumbledore le hago entrega de las llaves de las cámaras 3 y 726 del banco Gringotts en donde se encuentra todo lo relacionado con su herencia".

"Al señor Harry Potter le hago entrega de los objetos que el señor Albus Dumbledore le ha dejado véase: su pensadero, una colección de historias muggles y un álbum de fotos".

Minerva Jones se acercó a Harry y le entregó lo que Dumbledore le había dejado.

-Espero que tengas mucha suerte en todo lo que hagas Potter- le dijo cuando le entregó las cosas.

-Muchas gracias señora.

Harry no veía a Minerva Jones como una mujer que fuera deseando suerte a todas las personas que veía, así que le gustó mucho que lo hiciera.

-Y con esto concluye la lectura de este testamento. Pueden irse.

Harry salió de la habitación y se fue al despacho del señor Weasley, en donde este le dijo que le iba a esperar cuando saliera.

El señor Weasley había conseguido un ascenso. Ahora trabajaba en el Departamento de regulación mágica y su despacho había pasado de ser un pequeño cubículo a un despacho que podría llegar a dar envidia a los mejores directivos muggles.

Cuando Harry llego el señor Weasley no estaba. Seguramente habrá tenido que salir, pensó Harry. Se sentó en un butacón que tenia el despacho y se dispuso a mirar las cosas que le había dejado de Dumbledore.

El pensadero lo dejaría para después, para ver los recuerdos junto con Hermione y Ron. Lo que mas curiosidad tenía Harry era en ver para que Dumbledore le había dejado una colección de historias muggles.

Harry cogió el primer libro que vio. Este era también el más grande. Se llamaba Don Quijote de la Mancha. Si no recordaba mal los años que había estado en la escuela muggle, esa era la obra más importante de la literatura española. Abrió la primera página y desde luego no encontró lo que esperaba. El libro que antes de que lo abriera presentaba unas hojas finas y lisas al estilo de los libros muggles, al abrirlo estas tomaron el tacto de pergamino y apareció una letra inconfundible para Harry: la letra de Dumbledore. A medida que fue pasando páginas se dio cuenta de lo que era: Dumbledore había dejado todas sus investigaciones en esos libros.

Fue cogiendo cada libro (Hamlet, El Cantar de Mío Cid, Romeo y Julieta…) y en todos los libros se repetía el mismo proceso: al abrirlos se convertía en las investigaciones de Dumbledore, pero una vez que lo cerraba volvía a ser un libro normal. Harry supuso que solo él y tal vez Ron y Hermione pudieran ver el contenido, mientras que para los demás serían libros normales muggles. El ingenio de Dumbledore era increíble.

Decidiendo que sería mejor dedicarse a la lectura a fondo de las investigaciones de Dumbledore con sus amigos, sobre todo con Hermione, cogió el álbum de foto de sus padres. En la primera pagina había una foto de él cuando era bebe con sus padres en movimiento. Harry noto como las lágrimas le llegaban. Al pasar a la segunda página un sobre se deslizó entre las hojas. Harry se agachó a recogerlo y lo abrió.

Querido Harry:

Si estas leyendo esta carta quiere decir que algo no ha salido bien y que ahora no estamos acompañándote como quisiéramos. Esperamos que jamás tengas que leerla. Pero si ese momento llega queremos que sepas que tus padres te quisieron el tiempo que estuvieron contigo como a nadie lo hemos hecho en nuestra vida.

Seguramente ahora seas un chico mayor, tan guapo como tu padre (o tan inteligente como tu madre), y que tendrás unas magníficos amigos. Estarás cursando tu último año en Hogwarts. A lo mejor tendrás novia. Y esperamos que seas una persona muy feliz. Tu padre y yo es lo que mas deseamos en este mundo.

Escribirte esta carta pensando que a lo mejor no te podremos ver crecer se convierte en la tarea más difícil que hemos tenido que hacer. Pero son tiempos difíciles. Y queremos dejarte claro que allá donde estemos te estaremos protegiendo como mejor podamos. Como esta la situación no sabemos si podremos salvarnos o no, pero por si acaso queremos darte un mensaje ahora que eres mayor de edad.

En la vida no todo son alegrías y tu mejor que nadie lo sabrás si estas leyendo esta carta, ya que seguramente estés huérfano. Por eso te pedimos que si nosotros no estamos ahí disfrutes de la vida por tres: por ti y por nosotros. Que aproveches cada segundo de tiempo que tengas para sonreír. Que disfrutes de tus amigos. Que nunca recuerdes los malos momentos, que los que recuerdes sean los buenos que seguro que los hay hasta en los malos tiempos.

Recuerda Harry que tus padres desde el cielo estarán velando por ti.

Te quieren mucho y siempre te querrán:

Mamá y Papá.

La última arte de la carta estaba corrida por las lágrimas. Las de Harry se unieron a esas, mientras abrazaba la carta con toda su fuerza, como si ello hiciera que sus padres volvieran. Esta carta le había hecho el impulso necesario para tomar una decisión que tenía clara desde que salió de Hogwarts. Antes de volver al colegio tenía que visitar el valle de Godric.

Notas del autor Bueno otro capítulo mas. Espero que os vaya gustando a historia. Y ya sabéis críticas, halagos, dudas sugerencias: Reviews