Hola!! Muchas gracias a todos por vuestros comentarios!! (especial agradecimiento a Yami RosenkreuZ, Riznao, Mireya Humbolt, Kimi to Deatte Kara, Shiori-Hichigo, Hikari Rahel, Mandragorapurple, Cold-Sesshy, Mishuky y Niel) Me han gustado mucho vuestras razones para elegir el nick (algunas realmente interesantes)
Si he de sincerarme, no tenía pensado hacer a Realla tan "mala" (tenía pensada otra palabra, pero no me apetecía cambiar el rating por ello XDD) Allen es un poco OC en este capi (no mucho) pero tiene sus razones.
DGM no me pertenece
-Vale, por donde se supone que debo empezar?-
Allen miraba pasivamente a su alrededor, mientras bebía un poco más de su copa (sin alcohol). La verdad, no se sentía nada animado para llevar a cabo esa misión. Por más que buscara y buscara, no encontraba a ninguna mujer que sobresaliera de las demás (es que eran todas demasiado parecidas!! Incluso en sus vestidos…)
Allen suspiró. No debía haber aceptado la apuesta. Esto no era lo suyo pero, claro, el boacazas-walker tuvo que pavonearse delante de Kanda.
Volvió a dejar escapar un suspiro y se fijó en su "objetivo", que acababa de levantarse de su mesa, seguramente en busca de algo de compañía.
Como se supone que iba a conquistar a una mujer que ni siquiera le atraía?
Y no porque no fuese atractiva (vaya sí lo era) pero, aún así…
Allen trató de no darle más vueltas. Esto era algo que tenían que hacer para el bienestar de la humanidad, aunque para ello tuviera que tragarse el orgullo y olvidarse de la moral.
Era hora de poner en práctica todas las enseñanzas de su maestro.
Antes de decidir levantarse, Allen estuvo analizando el comportamiento de Realla, a la vez que recordando acerca de la información que tenían sobre ella, para planear una buena estrategia de "acercamiento" (la de Lavi, de ir directamente a por ella, no iba con él)
Mientras divagaba, vio como un par de tipos (con intenciones bastante claras) se acercaban a la mesa donde se sentaban las amigas, ahora olvidadas, de Realla.
Eso también podía servirle.
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- Oid, preciosas, no estáis aquí muy solas? – preguntó, comiéndose con la mirada a las alarmadas jovencitas, un rubiales que se había acercado a la mesa.
- Eso, eso. Por que no os venís a pasar un buen rato con nosotros? – añadió otro moreno, con una mirada igual de lasciva que su compañero.
- E-estamos bien aquí… gracias.- respondió tímidamente una de ellas, claramente rechazando todo lo educadamente que podía a los "caballeros"
- Si he dicho que os vengáis con nosotros, os venís! No os hagáis las estrechas.- el rubiales agarró con fuerza la muñeca de la chica que tenía más cerca, e intentaba levantarla contra su voluntad.
- No! Suéltame!!- la chica se resistía como podía, pero su fuerza no tenía comparación con la de aquél muchacho.
Nadie acudía en la ayuda de la chica, pues estaban demasiado distraídos en la sala de baile. Y el resto de chicas se sentía tan indefensas que se bloquearon, sin saber qué hacer.
- No te hagas la tímida ahora, bonita! Yo siempre consigo lo que quiero…- el chico acercó su cara a la de la chica, intentado robarle un beso. La chica se resistía cuanto podía, Cuando estuvo a punto de rozar sus labios con los de la chica, notó como algo helado cayó sobre su cabeza y se empezaba a extender por su espalda.
El chico se giró, para encontrarse con un albino que sostenía a la altura de su cabeza lo que, sin duda alguna, había sido una bebida con cubitos de hielo hasta hace un segundo.
- La dama te ha pedido que la sueltes- comentó Allen, sin mostrar ningún tipo de nerviosismo en la voz. Más bien parecía como si estuviera hablando del tiempo con un amigo.
- De qué vas, rarito?-
- Sí, se puede saber quién te ha dado vela en este entierro?- el moreno del par se había encarado a Allen, mientras que el rubio seguía sosteniendo a la chica, aunque ahora su atención recaía en Allen.
Viéndoles de cerca, Allen pudo ver (y oler) la razón de su comportamiento: estaban borrachos.
Mejor, así no habría resentimientos.
Allen se limitó a sonreír, lo que pareció poner furioso al chico moreno, que le lanzó un puñetazo a la cara. Allen lo paró sin mucho esfuerzo (apenas levantó la mano). Con sus dedos, rodeó el puño de su atacante, sin dejar de sonreír.
- Vaya, esta claro que con palabras no lograré convenceros de que dejéis tranquilas a estas señoritas, no? –
- Quién te crees que eres para hablarnos así, criajo?- el rubio se había ofuscado, mientras que el moreno le lanzaba miradas asesinas… o lo intentaba (Kanda se habría sentido insultado si alguien comparara de algún modo esa mirada con alguna de las suyas)
- Yo?- contestó inocentemente Allen.- Simplemente soy un cliente al que le habéis chafado la noche, por?- Sin dejar de sonreír dulcemente, y sin que en su cara se reflejara el más mínimo esfuerzo, comenzó a apretar el puño que tenía entre sus dedos. Fuerte.
El moreno hacía todo lo posible por no dejar escapar ningún sonido ni de poner una mueca de dolor. Al principio se controló bastante bien pero, al cabo de unos segundos no aguantó más, y se cayó de rodillas, agarrándose la mano dolorida (y, seguramente, rota por varios sitios)
- Pero que? Venga tío, no me seas nenaza y levanta!!.- le gritó su compañero. Sin embargo, conociendo ahora la diferencia entre ellos, el moreno escapó de allí, maldiciendo por lo bajo.
El rubio, al quedarse sin compañero, no sabía muy bien qué hacer.
- Ahora que estas solo no te sientes tan valiente, eh?-
- Maldición… Nos la pagarás, enano!!- y, lanzando a la chica que sujetaba al suelo, salió corriendo del lugar, siguiendo a su compañero.
"Eso se verá" pensó Allen, que no le había quitado el ojo de encima hasta que se esfumó por completo. Sinceramente, aquellos tipos le volvían enfermo. Que se creían, que podían disponer de una mujer siempre que ellos quisieran?
Un pequeño llanto reprimido le hizo bajar la cabeza. La chica a la que habían acosado estaba sentada en el suelo, temblando. Allen se arrodilló a su lado y puso sus manos sobre los hombros de la chica.
- Estas bien?- el tono de voz que utilizó era tan suave y calmado que consiguió tranquilizar un poco a la chica, que asintió con la cabeza. Allen se levantó y le ofreció su mano para ayudarla a levantarse..- Lamento mucho el mal trago por el que habéis tenido que pasar. Me permitís que os invite a una copa para compensarlo?.- Allen se había dirigido a todas las chicas de la mesa, que parecían haberse quedado embobadas con sus buenos modales y su sonrisa. Una sonrisa encantadora e irresistible.
Las chicas aceptaron encantadas. Y, así, Allen formó parte del grupo que se sentaba en la mesa de Realla, charlando y bromeando.
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Ya habían pasado varios minutos desde que Allen se había unido a la mesa de las amigas de Realla, que no le quitaban los ojos de encima (sobretodo la chica a la que había salvado, que cada vez que le miraba parpadeaba tan rápido que a Allen le daba la sensación de que se le había metido algo en el ojo)
Su plan estaba saliendo a pedir de boca (aquellas chicas estaban más que complacidas con su presencia). Intercambiando anécdotas con las chicas podría ir obteniendo información sobre al personalidad de Realla poco a poco. No le importaba el tiempo que necesitara.
Echando un rápido vistazo a su alrededor, buscó a sus compañeros, para ver que tal les iba. Al primero que vio fue a Kanda. Le sorprendió ver que, no solo estaba muy lejos de la pista de baile, alejado de todo el mundo, sino que estaba flirteando con una mujer rubia preciosa. Fijándose bien, se dio cuenta de que muchas otras le estaban observando, sin atreverse a hablar con él.
Estaba claro que Kanda era un hombre muy atractivo y era inevitable que le persiguiera una horda de mujeres. Seguramente, un tipo como él podría conseguir a la mujer que quisiese.
Notando un peso en el estómago desconocido para él, Allen siguió mirando la charla que mantenía con aquella chica.
"Que raro, no parece muy contento…" pensó, al ver que Kanda rechazaba a aquella mujer. "Pues si esa mujer no es su tipo, Kanda debe tener el listón muy alto… Y por qué estoy pensando yo en esto? A mí qué más me da lo que haga Bakanda!?" Sacudiendo ligeramente la cabeza para deshacerse de tales pensamientos, dirigió su mirada de nuevo a su compañero. Se sorprendió al descubrir que él también se había girado para verle, encontrándose sus miradas por un instante.
Desgraciadamente, aquel contacto ocular duró poco, pues una de sus compañeras de mesa llamó su atención para que le explicara de nuevo un truco con las cartas que les había enseñado antes. Cuando volvió a mirar hacia el lugar donde había estado Kanda, descubrió que el mayor ya se había ido.
Suspirando, decidió buscar entonces a Lavi, al que había perdido de vista casi desde que habían decidido lo de la apuesta. Lo que vio le sorprendió mucho. Lavi estaba bailando con Realla! Parece que a él le estaban yendo bien las cosas. Un sentimiento de esperanza comenzó a brillar en el interior de Allen. Quizá Lavi lo consiguiese y él se libraría de todo este problema.
Allen prefería cien veces tragarse su orgullo y ser el esclavo de Lavi durante el tiempo que hiciera falta a tener que seguir con esta farsa. Se volvió a centrar en su charla con las amigas de Realla, sin dejar de observar a la pareja más popular del lugar.
Tras unos minutos se alegró de comprobar que Lavi y Realla abandonaban el local, juntos. Disimuladamente, le lanzó una mirada a Timcampy, que se había pasado la noche revoloteando de un lado a otro en lo alto del edificio, para que nadie lo viera. Comprendiendo el mensaje de su maestro, Tim siguió a la pareja.
A Allen se le cayó el mundo a los pies cuando comprobó que, tras unos instantes, Realla había vuelto a entrar en el bar. Sola.
Que demonios podría haber pasado con Lavi? Con lo bien que le iba!!
Allen estaba tan enfrascado en sus pensamientos que no se dio cuenta de la nueva presencia que ahora había a sus espaldas.
- Perdone, pero ese sitio que está ocupando es el mío y…- Allen se giró en aquel preciso momento para encontrarse, cara a cara, con la culpable de su situación actual. La chica se había quedado sin palabras al verle, seguramente sorprendiéndose de que fuera un chico tan joven el dueño de aquel pelo blanquecino.
Allen notó como Realla le analizaba de arriba a bajo, y sonrió.
- Lo lamento. Me temo que me he beneficiado de la compañía de sus amigas por demasiado tiempo.- Aprovechando al oportunidad que le acababa de brindar aquella mujer, Allen se levantó, dispuesto a irse de allí. – Señoritas, ha sido todo un honor disfrutar de su compañía.- inclinó levemente la cabeza en gesto de respeto hacia aquellas muchachas. Sonriéndole una vez más, se alejó de Realla.
Necesitaba saber qué había pasado con Lavi. Además, si todo iba bien, no iba a estar solo por mucho tiempo.
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- Quien era ese?- preguntó Realla, sentándose con el resto de sus amigas, claramente interesada por el muchacho que le había estado guardando el sitio.
- Allen Walker, un chico realmente encantador! Nos invitó a varias copas-
- Y amable, y caballeroso. Nos ayudó a librarnos de un par de borrachos pervertidos, verdad?- todas a una, las chicas asintieron emocionadas.
- En serio? Y ha estado con vosotras todo este rato, desde que me fui?- sus amigas volvieron a asentir. – Que curioso… Mencionasteis que me conocíais en algún momento?- las chicas negaron con la cabeza.
- Que va!! Pero si hemos estado todo el rato bromeando y riendo!- la mayoría de ellas empezaron reír al recordar la velada con Allen, algunas ligeramente sonrojadas.
- Interesante…- Realla no podía ocultar su creciente interés por aquel chico. No solo era guapo, también parecía ser un buen tipo. Quizá fuese buen momento para mancillarle un poco.
Una de las amigas de Realla no reía, pues estaba observando el gesto de su amiga. Un gesto que conocía muy bien.
- Oye, Lisa… no… no pensarás en aprovecharte de Walker, verdad? Realmente ha sido muy agradable con nosotras. – le preguntó, casi en un ruego. El resto de chicas se callaron en ese momento. A ninguna le apetecía que Allen pasara un mal trago.
- Pero que cosas dices? Hacerle algo malo, yo? – su expresión no engañaba a ninguna de sus amigas.- Si me disculpáis, tengo que agradecerle su buen trato con vosotras.-
Sin decir más, Realla se levantó, en busca del joven peliblanco.
Sus amigas agacharon la cabeza, sintiendo lástima por aquel chico tan y tan encantador. Él no se merecía caer baja las garras de Realla.
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Apenas había estado buscando a Allen unos minutos cuando le vio apoyado en la barra. Se acicaló un poco, y se acercó a él, llamando su atención con una tierna caricia en el hombro.
- El señor Walker, me equivoco?- el chico le sonrió (como no) y se guardó algo dorado en el bolsillo.
- El mismo, señorita Realla.-
"Así que sabía quién era…" – Vaya, parece que jamás podré crear una primera impresión. Está visto que mi fama me precede.- bromeó, mientras aprovechaba para sentarse al lado de Allen, que no le quitaba la vista de encima en ningún momento.
- Es inevitable, para alguien tan importante como usted.-
- Háblame de tú, por favor. Al fin de cuentas no debes ser mucho más joven que yo. Que edad tienes?-
- 18 – mintió Allen. En aquel lugar era la edad mínima permitida para entrar en ese tipo de bares.
- Vaya, pensé que eras más joven.- Allen le sonrió ante esa afirmación. Realla pudo notar como el calor le subía a la cara. Definitivamente, este chico sería su compañero para esta noche. – Sabes, Walker? Estoy algo molesta contigo.- el chico le lanzó una mirada de ligera confusión, que provocó que la chica se riera dulcemente (mejor jugar a ser inocentona, con un tipo amable como este) – Invitas a mis amigas a una copa y a mí no?- terminó, con un leve puchero.
Allen sonrió de manera encantadora, antes de pedirle una copa al camarero.
- Gracias.- Realla le sonrió, con la copa en la mano.
- Cualquier cosa que desees.- ofreció amablemente Allen, a modo de contestación.
Realla no pudo evitar sonreír maliciosamente para sus adentros. Esto iba realmente bien.
- Eres realmente mono, sabías?-
- Podría decir lo mismo de ti, Realla.- la manera en la que pronunció su nombre, el sonido que surgía de su boca con cada letra, mandó un cosquilleó por toda la espalda de la chica. La penetrante mirada de aquel hermoso joven no ayudaba mucho a su autocontrol. Antes de que pudiera darse cuenta, su deseo por aquel joven aumentó hasta hacerse casi insoportable.
Cogiéndole del brazo, Realla se acercó más a Allen, quedando sus cara a escasos unos centímetros una de la otra. Justo cuando sus labios estaban a punto de rozarse, Allen habló.
- Creo que este no es el lugar apropiado. No me gusta estar rodeado de tantas miradas indiscretas.-
Sintiendo el aliento de Allen en sus labios, Realla suspiró, satisfecha.
- Pensé que no me lo ibas a pedir nunca. Sígueme.-
Y así, ambos jóvenes desaparecieron entre la multitud.
Cuando por fin llegaron a la habitación de la chica, Allen se sorprendió al descubrir que estaba solo un par de pisos por encima del bar. Además, el pasillo estaba lleno de guardaespaldas. Como si leyera su mente, Realla sonrió.
- Siempre me hospedo en una habitación cerca del bar más lujoso. Es más cómodo así. Y ellos me garantizan mi seguridad - Con una mirada sugerente, abrió la puerta, invitando a entrar a Allen.
Una vez dentro, Allen examinó la habitación, hasta que encontró lo que estaba buscando. Encima del tocador estaba el broche que tenían que investigar. En el mismo instante que lo vio supo que se trataba de Inocencia. No había ninguna piedra en el mundo que brillara de tal forma.
Para evitar ser descubierto, Allen centró su atención en un collar mucho más lujoso que había en una mesilla.
- Precioso, verdad?- Realla se había acercado por detrás. Abrazó a Allen, hundiendo su cara en su espalda.
Allen se giró, para mirar directamente a la cara a su pareja. Se llevó una mano a la cara, tapando su boca, con un gesto pensativo.
- Hmm, no tanto como su dueña.- murmuró a través de su mano, en un tono lo suficientemente audible como para que Realla lo oyera. La chica sonrió.
- Eres todo un caballero.-
Allen aprovechó ese momento para bajar su mano y sostener el rostro de Realla, que se había tornado un tanto sonrosado al contacto con su piel. Allen bajó su cabeza, hasta rozar sus labios con los de la chica.
- Las apariencias engañan.- sin decir más, besó apasionadamente a la chica, que no cabía en sí de gozo.
Las manos de Realla se aferraban fuertemente a su cuello, profundizando aún más el beso. Jamás le habían besado de esa manera. Gentil, suave y dulce por una parte y apasionada por otra. Pudo notar como un ligero ardor le bajaba por la garganta. Casi se sentía desfallecer.
Abrió los ojos para observar el gesto que había adaptado su pareja al besarse y se alarmó un poco al ver que Allen tenía los ojos abiertos. Y su mirada era fría como el hielo.
Realla rompió el beso con un gesto de clara confusión. Allen ni se inmutó.
- Pero que?- en ese momento las piernas le fallaron. La sensación de mareo le perduraba, por lo que no podía ser debida al beso. Su mirada cada vez estaba más nublada y se sentía desorientada.
De repente notó como unos brazos fuertes la elevaban y la ponían sobre la cama.
- Que me has hecho?- genial, hasta su voz sonaba debilitada!
- Te he drogado.- la voz de Allen era firme, sin ningún atisbo de remordimiento.- No te preocupes, estos somníferos son inofensivos.-
- Por que?-
- Porque hay algo que quiero que está en tu poder. Y dudo de que me lo hubieras dado por las buenas.-
- Capullo!!-
- Tú también eres toda un joya, sabías?- Allen podía notar la mirada de odio de la joven , según se dirigía a por el broche. Una vez guardado a salvo en su bolsillo, se volvió a dirigir a Realla, que luchaba por permanecer despierta. – La verdad es que pensaba haberte puesto la droga en la bebida, pero después de ver lo que le hiciste a mi amigo, no pude más que vengarme.-
Allen se inclinó sobre Realla y pasó un dedo por sus labios, limpiándolos. – No eres digna de besar a alguien como Lavi. Donde las dan las toman, no se olvide, señorita Realla.-
Pero ya no estaba seguro de si podía oírle, pues se había dormido. Allen se dirigió al balcón de la habitación (salir por la puerta estaba descartado, pues estaba lleno de guardias) así que abrió las puertas y saltó. Afortunadamente, no era mucha altura, por lo que el choque contra el suelo no fue muy fuerte.
Alejándose lo más rápido de aquel lugar como le fue posible, se dirigió hacia el hostal donde dormía con sus dos compañeros. Sin embargo, tuvo que pararse de golpe. Sintiendo que no aguantaría más, buscó el árbol más cercano y vomitó.
Aún así, no conseguía quitarse el mal sabor de boca.
