Hola de nuevo!! Lamento el retraso y todo eso, pero es que ahora empieza la época de exámenes en la Uni y no tengo apenas tiempo, por lo que no podré actualizar mis historias como he venido haciendo hasta ahora. Sin embargo, haré todo lo posible por no dejarlas demasiado tiempo colgadas cada una de ellas (son 3, así que iré alternando)

Otra cosa, habeis leido el 159 de DGM? Para mi que HK se lee los fic!! No puede ser que en un mismo capitulo haya cumplido 3 de mis fantasias (y de casi todo el mundo) 1. Allen con pelo largo, 2. Kanda y Lavi de pequeños, 3.Momento de angustia para Allen realcionado con Mana (si, soy una persona cruel, y que?)

A ver, referente al capitulo anterior: algunos me habeis preguntado por que Allen vomitó. Si, fue porque besó a Realla. Allen vomitó por dos motivos: el primero lo explicará él mismo en el proximo capitulo. El otro tendra que esperar un poco mas

Muchas gracais por los reviews Riznao, Cold-Sesshy, Hikari Rahel, Shiori-Hichigo, Yami RosenkreuZ, Kyoko Himura, Mireya Humbolt y Mishuky.

DGM no me pertenece

Solo había una palabra para describir con justicia la noche que había pasado: Horrible.

No solo le habían tomado el pelo de mala manera, sino que había fallado estrepitosamente en su misión, sin posibilidad de otra oportunidad, claro está. Y, para colmo de males, nada más llegar a la habitación que compartía con sus compañeros en busca de refugio, se topa con un Kanda realmente malhumorado, sentado sobre la cama, casi echando chispas.

- Vaya, Yuu, a que viene esa cara de malas pulgas?-

El japonés se limitó a lanzarle una mirada de desagrado de reojo antes de contestarle:

- Metete en tus propios asuntos, imbécil!-

- Realmente eres el alma de la fiesta, sabes?- dijo Lavi, antes de desplomarse sobre la cama, sin preocuparse si quiera de desvestirse.

Kanda contempló con desgana como el pelirrojo yacía boca abajo contra la almohada. Si no le hubiese conocido mejor, habría jurado que se estaba intentando ahogar con ella.

- Oi. – llamó Kanda, sin obtener respuesta.- Oi, Lavi!- lo mismo. Kanda empezó a mosquearse. Puede que, después de todo, no conociera tan bien a su compañero. La poca paciencia que tenía se le acabó, y optó por lanzarle (con bastante fuerza) la almohada a la cabeza.

- Maldita sea, Yuu!! Estoy intentando dormir!!- el estallido de Lavi pilló por sorpresa a Kanda, que optó por girarse para estar frente a frente con él.

- Te ha ido mal el plan, casanova?- se atrevió a preguntarle, con una ligera mueca de superioridad.

- Y a ti que más te da?- murmuró Lavi, que había optado por abrazar la almohada con la que le había golpeado Kanda, hundiendo la cabeza en el suave tejido.

Kanda arqueó las cejas. Lavi, por raro que pareciese, estaba de mal humor… Algo no andaba bien ahí. Lavi, la persona más animada, hiperactiva, risueña y molesta que conocía, estaba de mal humor, y evitaba hablar en todo lo posible.

Por otro lado estaba él, Kanda, el tipo más frío y antisocial, tratando de mantener una conversación. No es que estuviera preocupado por el motivo del enfado de su amigo, ni se le ocurriría pensar algo así. Era solo mera curiosidad.

Aún así, había algo que seguía sin encajar del todo.

Dejando escapar una exhalación de impaciencia, centró su atención en el pelirrojo que, al notar la mirada del mayor, miró ligeramente por encima de la almohada de Kanda. Estuvieron sosteniéndose la mirada en silencio durante unos minutos hasta que Lavi suspiró, derrotado.

- Si tantas ganas tienes de saberlo: sí. La he cagado, contento? Ahora déjame dormir…-

- Cuando me devuelvas mi almohada.- Kanda notó el estado depresivo de Lavi, por lo que no quiso profundizar más en el problema. Ya se lo aclararía todo por la mañana.

Además, él estaba preocupado pensando en otras cosas. Como por ejemplo: dónde demonios estaba Allen a las 2 de la mañana?

Kanda no había logrado conciliar el sueño desde que había vuelto a la habitación, y no porque no estuviera cansado. Ya hacía más de una hora y media desde que había salido de aquel local, y el estúpido Moyashi no había vuelto a dar señales de vida.

Acaso seguiría en aquel bar, bromeando y riendo rodeado de mujeres, tal y como le dejó antes de irse?

Tan entretenidas eran esas chicas como para pasarse toda la noche con ellas?

Kanda no podía más que evitar maldecir a todas y cada una de las chicas que estaban pasando la noche con Allen, que tampoco se libraba de la ira del japonés. Pero a que se supone que estaba jugando? Es que le había subestimado y en realidad era aún más ligón que el propio Lavi?

Todos esos pensamientos, dudas, enfado y celos, no hacían más que cabrear a Kanda. Cabrearle y proporcionarle un buen dolor de cabeza que le impedía dormir.

Se tumbó en la cama mirando hacia el techo, con las manos entrelazadas bajo su nuca.

Como sería pasar una noche en la agradable compañía de Allen, tal y como estaban haciendo esas chicas en esos momentos?

Alguna vez logrará que el joven exorcista le dedique a él, y solo a él, una de esas sonrisas tan adorables?

Kanda cerró los ojos, intentando que el sueño se apoderara de él, mientras se olvidaba de la fuerte opresión que sentía en el pecho en aquellos momentos.

Justo y cuando comenzaba a perder la consciencia, un fuerte timbre le hizo saltar de la cama. Alarmado, con Mugen en mano, comenzó a rastrear con la mirada la habitación en busca del origen de aquel ruido, sin bajar la guardia en ningún momento.

Soltó a Mugen al comprobar que no se trataba más que del gólem de Lavi, que estaba sonando ruidosamente alrededor de la cabeza de este.

- Es que no voy a conseguir dormir ni un solo segundo!?- gruñó Lavi, antes de levantarse él también y conectar el gólem a la red telefónica.

La risueña cara de Komui fue recibida por la de los dos exorcistas adormilados (y cabreados)

- Hola!! Que tal están mis tres chicos favoritos?-

- Komui, te das cuenta de la hora que es?- le espetó Lavi, que era el que más cerca estaba del teléfono, pues Kanda ni se había movido de la cama. Se contentaba con seguir la conversación sentado en ella.

- Pues no… Que hora es allí?-

- Cerca de las 2 y media de la mañana-

- Ah, perdona, perdona. Aquí acaba de empezar a anochecer. – Komui tomó un trago de café antes de continuar.- Y, bueno… Que tal os va? Algún progreso?-

- Aún no, plasta!- le respondió Kanda. El tono cantarín de Komui le sacaba de quicio.

- Vaya, vaya, Kanda, me esperaba más de ti… Siempre he pensado que no tendrías problemas con las mujeres.- el supervisor dejó escapar un suspiró de decepción.

- Pero que demon…!!-

- Y tú que tal, Lavi? – cortó Komui, antes de que Kanda comenzara a maldecir a todos los presentes.

-Mal. En mi caso más bien habría que hablar de retroceso.- sonrió amargamente.

- Y eso?- el tono jovial de Komui cambió ligeramente, al notar la ironía del pelirrojo.

- Digamos que la señorita Realla me ha dejado claro que no soy su tipo…- a pesar de que dijo todo eso en voz baja, tanto Komui como Kanda le oyeron perfectamente. Durante unos instantes, reinó un incómodo silencio en la habitación.

- Vamos, que te han dado calabazas- Kanda rompió el silencio con tanta delicadeza como un sacacorchos.

- No lo digas así, Yuu!! Ha sido realmente humillante!! Y tú no te rías, Komui!!- Lavi se había puesto tan colorado, tanto por la vergüenza como por el enojo, que ya era difícil distinguir donde acababa el pelo y donde empezaba la cara.

Komui, por su parte, había empezado a reírse por lo bajo, pero Lavi le cazó.

- Lo siento, Lavi. Pero no me negarás que es irónico que al segundo mayor ligón de la historia de la Orden le hayan dado calabazas. Ha sido la primera vez que te ha ocurrido?-

- Si! O no… No se, no me acuerdo!! Aghh!! Dejarme en paz!!- al ver que la risa del supervisor no menguaba, Lavi se terminó de cabrear y se apartó del teléfono, en busca de nuevo del refugio de su cama y de su almohada, que se la puso alrededor de los oídos para amortiguar el ruido que provocaba Komui.

Viéndose obligado a relevar a Lavi en la conversación, Kanda se incorporó del todo y cogió el teléfono.

- Bueno, ahora que a Lavi se le ha hecho imposible cumplimentar la misión – ese cometario se ganó un gruñido ahogado por parte de Lavi.- me temo que todo queda en las manos de Allen y Kanda…. Ahh, y yo que había apostado por Lavi…

- Como? Habéis hecho una apuesta!?- preguntó inmediatamente Kanda. Lavi se incorporó al instante. Ese tema le interesaba.

Notando el tono amenazador de Kanda, Komui se acobardó un poco.

- No… bueno, puede que sí. Pero solo una pequeñita!! – se apresuró a añadir. Las ondas asesinas de Kanda se podían percibir incluso a través del teléfono. – Si te sirve de consuelo, la mayoría ha votado por ti, Kanda.-

- No, no me sirve de consuelo. A quien se le ha ocurrido esa estúpida idea?-

- Hmm… A mí? P-pero todo el mundo estaba de acuerdo con ello, verdad Reever?-

- A mi no me metas en tus barullos!!- se oyó decir a una voz por detrás de Komui.

- Por mí apostó mucha gente?- preguntó Lavi, llevado por la curiosidad.

- Pues sí. La verdad es que la mayor parte de las apuestas os la habéis repartido entre vosotros, dos… Únicamente Lenalee y Jerry votaron por Allen… - los dos jóvenes notaron como, al pronunciar el nombre de Lenalee y Allen en la misma frase, la voz de Komui se había puesto igual que cuando planeaba en construir otro Komurin para proteger a su inocente hermanita de los pervertidos.

Tanto Lavi como Kanda sintieron lástima por Allen. Seguramente cuando volvieran a casa, le esperaría alguna sorpresa desagradable.

- Por cierto, hablando del rey de Roma… Y Allen?- preguntó Komui.

-"Esa es una buena pregunta"- pensó Kanda.

- Se quedó en el bar un rato más- respondió Lavi, sin que se le escapara la seriedad de la cara de Kanda.

- Ah, bueno… Estará disfrutando de la juventud! – Kanda le lanzó una mirada asesina a través del teléfono. Quizá Komui la notó, pues las palabras se le empezaron a trabar.- B-bueno, pues me despido… Llamar si, bueno, si hay algún problema…. Je, je, y, veamos… saludar a Allen de mi parte… Adieu!!-

La comunicación se cortó de repente, dejando a los dos exorcistas observando el vaivén del cable del teléfono. Cuando Kanda ya tuvo más que suficiente, se dirigió de nuevo a la cama.

Lavi le siguió con la mirada. Ya que habían sacado el tema, habría que aprovechar. O no?

- Tú que crees que estará haciendo Allen, Yuu?-

- Ni lo sé ni me importa.-

- Venga, no seas así!! - Lavi hizo un puchero ante la indiferencia de Kanda. Se tiró en su cama y, como si de una colegiala se tratara, se cruzó de piernas y abrazó su almohada, mirando a Kanda. Este notó la mirada del pelirrojo y, cuando no pudo soportarlo más, abrió uno de sus ojos y le miró de reojo.

Realmente Lavi se estaba comportando como una quinceañera, esperando una respuesta de Kanda con los ojos brillándole ante la expectación del cotilleo.

- Deja me mirarme así- amenazó Kanda.

- No hasta que me contestes!-

- A que?-

- A que crees que estará haciendo Allen, está claro!-

Kanda se llevó una mano a la cara. Como demonios iba él a saber eso? Ni que le estuviera espiando las 24 horas al día.

- No tengo ni idea. Seguramente pasando el rato con esas chicas- respondió con desgana.

- Y a ti eso te parece bien? –

Kanda se apartó las manos de la cara y miró directamente a Lavi a los ojos. Estaba claro que le había hecho esa pregunta en serio. Dejando escapar un suspiro, respondió.

- Eso da igual. Es su vida, y yo no tengo derecho a intervenir en ella.-

- Pues eso será por que no quieres, Yuu! – ese comentario se ganó una mirada asesina de Kanda, pero a Lavi no le importó. Se había decidido a ayudar a su amigo a darle un empujoncito en su vida amorosa.- Ya te lo dije antes, Yuu, si no haces algo, te quitarán a Allen.-

- Apenas es un crío-

- No, no lo es. El chaval ya tiene casi 16 años. Y, por si no te has dado cuenta, muchas de las miradas de las chicas del bar se centraban en él. Date cuenta de que no eres el único que se siente atraído por Allen.- Lavi se arrepintió de haber dicho esto último en el mismo instante en el que sintió como le atravesaba un aura gélida. Pero, al ver que su cabeza seguía donde estaba, continuó.- Q-Quiero decir, quién no se sentiría atraído por él, eh? Es amable, inocente e ingenuamente mono, y bastante atractivo, también. Y con esto no quiero decir que yo esté interesado en él, vale Yuu?- añadió, para intentar conservar su vida.

Para su sorpresa, Kanda no le respondió. Se limitó a girar la cara hacia el otro lado y emitir un ligero gruñido para dejar claro que le había estado escuchando.

Sintiendo que las ganas de continuar la conversación se habían desvanecido, Lavi también se recostó, intentado dormir.

Es cierto que era una estupidez pensar que nadie más se fijaría en Allen. A parte de todos los adjetivos que había dicho Lavi, estaba la extraña aura de pureza que siempre le rodeaba. La luz de Allen era tan brillante y encantadora que alguien tan frío como Kanda no podía evitar sentirse embelesado con ella, buscando alcanzar su calidez.

Al final será verdad eso de que los opuestos se atraen…

Sin embargo, no había que Kanda podía hacer. Ambos eran hombres y, aunque Lavi no parecía tener problema con ello, en la sociedad estaban mal vistas las relaciones entre personas del mismo sexo. Y para la Orden sería poco más que un crimen.

Por eso mismo él había renunciado a buscar el amor desde que era pequeño (y aún con mayor motivo al entrar en una organización religiosa como la Orden) Ya hacía tiempo que se había resignado a pasar el resto de su vida en soledad, centrándose únicamente en su misión como exorcista.

Claro está, todos sus planes se fueron al traste en el momento que su mirada se cruzó con la de Allen. Al sumergirse en aquellos ojos plateados, perdió toda la razón que podía tener. Por eso mismo había intentado alejarse del chico. No quería que destruyeran su tranquila y ordenada vida en soledad. Y la presencia de Allen había sido desde el principio una amenaza contaste para ello.

Pero Kanda no quería aplastar al pequeño con sus sentimientos, ni mucho menos obligarle a corresponderle. Además, eso si cabía la más mínima posibilidad de que a Allen le atrajeran los hombres, claro está. Lo cual era poco probable.

Ese pensamiento no hizo más que provocarle un desagradable pinchazo en el pecho. La opresión que sentía en el estómago era tan inaguantable que casi estaba al borde de las lágrimas. Pero se negaba a dejarlas salir. Yuu Kanda no lloraba, y mucho menos por un algo tan tonto (e importante) como un problema en su vida amorosa.

- Estúpido Moyashi…-

- Es que hasta medio dormido no vas a dejar de insultarme?- preguntó una dulce (y ligeramente molesta) voz a sus espaldas.

Kanda se giró rápidamente para encontrase cara a cara con el objeto de sus preocupaciones, que le miraba con las cejas arqueadas y los brazos cruzados. Había estado tan absorto en sus pensamientos que no había oído el sonido de la puerta al abrirse.

De repente notó como la mirada de Allen seguía centrada en él. Dando gracias a la oscuridad por esconder el ligero rubor que le había provocado tanta atención, trató de tranquilizarse para poder enfrentarse al peliblanco. En ningún momento se le había olvidado su orgullo.

- Te dejaré de insultar cuando dejes de darme motivos para ello Donde se supone que has estado? Ya es muy tarde para que los niños pequeños estén fuera de al cama.- Kanda se alegró al comprobar que su voz tenía el mismo tono agresivo de siempre. Sin embargo, Allen le había ganado, pues al oír su réplica no pudo evitar hacer un leve puchero, dejando a Kanda completamente descolocado.

- Para que lo sepas, Bakanda, llego ahora porque he estado entretenido.- dijo Allen, mientras se movía por la habitación en busca de su cama que, para bien o para mal, estaba al lado de la de Kanda.

Kanda giró la cara, pidiendo a todas las divinidades que conocía que no le dejarán ver a Allen el color sonrosado de sus mejillas. Maldita sea! A quien se le ocurrió la estúpida idea de que Kanda durmiese en la cama del medio?

- Entretenido? En que? En coquetear con todas aquellas niñat… niñas…?- Kanda se reprimió mentalmente por aquel desliz. Estaba clarísimo que había dejado entrever sus celos con esa pregunta. Sin embargo, Allen no dio signos de haberlo pillado del todo, porque se limitaba a devolverle una mirada desafiante.

Kanda no pudo más que dar gracias por al ingenuidad del chaval.

- No seas imbécil! Lo que pasa es que he estado trabajando, no como vosotros.-

- A que te refieres?- Kanda por fin decidió mirar directamente a Allen, y casi al instante se arrepintió.

Allen mostró la pieza de joyería como respuesta. No tenía ni idea de cómo, pero Allen se había hecho con la Inocencia. Kanda debía mostrarse feliz por ello (habían cumplido su misión en tiempo récord) no obstante no pudo evitar entristecerse aún más. El hecho de que Allen tuviese aquella pieza entre sus manos significaba que él y Realla… bueno… que dejaba claros los gustos del joven…

- Al menos podrías felicitarme por haber hecho el trabajo, Bakanda- le recriminó Allen, ofendido por la falta de respuesta por parte del mayor.

- Lo que sea-

Notando que Kanda no estaba de muy buen humor (vete a saber tú por qué), Allen no quiso presionarle más.

- De todos modos, recoge tus cosas. Será mejor que nos vayamos cuanto antes.-

Kanda volvió a mirar a Allen, confundido. En ese momento reparó que durante todo este rato que había estado hablando con Allen, este había estado empaquetando sus cosas.

- No me mires así. Si no nos vamos antes de que Realla se despierte y se dé cuenta de lo ocurrido, nos meteremos en un buen lío! Yo voy a despertar a Lavi.-

Kanda le siguió con la mirada. Que se supone que había hecho con ella para que esta estuviese dormida y no se diera cuenta de que le estaban robando? Dándose cuenta de que Allen le estaba metiendo prisa, logró Salir de su ensimismamiento y empezó a recoger sus cosas, mientras que Allen intentaba inútilmente despertar a Lavi.

Acabándose su paciencia, Allen optó por relegar a Timcampy el trabajo de despertar al pelirrojo, que lo logró mediante métodos un tanto más crueles.

- Pero es que os habéis puesto de acuerdo para no dejarme dormir, o que!?- gruñó Lavi, mientras se tapaba la herida en forma de mordisco que adornaba ahora su oreja. Con lágrimas en los ojos, buscó a su atacante, para encontrarse con anda más y nada menos que el tema de conversación de aquella noche. – Allen!! Cuándo has vuelto?-

- Ahora mismo. Venga, recoge tus cosas que nos vamos.-

- Irnos, a donde?-

- A casa, estúpido. El Moyashi ha cumplido la misión.- le respondió Kanda, tirándole una bolsa con su ropa a la cara.

Ante la confusa mirada de Lavi, Allen le enseñó la Inocencia con orgullo.

Lavi no pudo evitar abrir la boca en un gesto de incredulidad.

- P-Pero como? Como demonios lo has hecho, Allen? Un momento!- Lavi detuvo a sus dos amigos, que se dirigían a la puerta, de manera exagerada. Se dirigió al más pequeño con mirada inquisitiva.- No habréis hecho nada… nada, no?-

- Q-Que tonterías dices, Lavi.- respondió Allen, con un ligero nerviosismo que no se le escapó a ninguno de sus compañeros.

- Noooo! Me ocultas algo, Allen-chan!! Venga, dímelo, dímelo, dímelo, dímelo!! –

Lavi se abalanzó sobre Allen, amenazando con no dejarle avanzar si no le respondía. Sinceramente, a veces era difícil saber quien era el más crío del grupo. En este tipo de ocasión es estaba clarísimo.

Allen, terco como él solo, decidió que era mejor salir de allí arrastrando a Lavi que quedarse un minuto más en aquella ciudad. Temía la venganza que tramaría la orgullosa chica nada más que se despertara.

- Vámonos ya de aquí, Lavi!!- gruñó Allen, mientras cargaba con el peso del mayor a sus espaldas.

La fuerza del agarre de Lavi era evidente, pues estaba empezando a ahogar a Allen y la cara de este estaba perdiendo el poco color que tenía. Sintiendo el peligro, Kanda decidió intervenir.

- Deja de comportarte como un crío, idiota, estás ahogando al Moyashi.-

Lavi dejó de quejarse y, cambiando su mirada de un Kanda mosqueado a un Allen a punto de desmayarse, decidió soltar al pequeño, riéndose tontamente a modo de disculpa por sus actos.

- Lo siento, lo siento. Pero me debes una historia, Allen, entendido?-

- Que sí. Os lo contaré todo en cuento lleguemos al tren, de acuerdo?-

Sin embargo, ahora que habían salido de la oscura habitación en la que e hospedaban, y la luz de los pasillos iluminaban por completo sus cuerpos, tanto Kanda como Lavi vieron algo que les cortó la respiración. Allen, que guiaba al grupo a la estación, se giró de nuevo, para comprobar el motivo del repentino silencio de sus amigos.

- Que?- obviamente, las asombradas caras de sus amigos le habían confundido por completo.

Entonces, Lavi levantó un dedo y le señaló a la cara. Parecía como si le costara encontrar las palabras necesarias, lo cual empezaba a poner nervioso a Allen.

- Que!?- repitió, cada vez más incómodo por la atención que estaba recibiendo.

- A-Allen, eso de ahí… es carmín?- logró preguntar Lavi.

Acto seguido, Allen buscó su reflejo. Efectivamente, sus labios estaban ligeramente manchados de una pintura rojiza que, indiscutiblemente, era carmín.

Avergonzado y con al cara como un tomate, se limpió tan deprisa como pudo con le puño de su camisa y apremió nerviosamente a sus dos compañeros para que le siguieran hasta el tren.

Sin embargo, Kanda tardó un poco más en reaccionar. Aquella mancha de carmín en los labios de Allen no había hecho más que afirmar sus sospechas.

Ya no estaba tan seguro de querer oír el relato de Allen.