Buenas! Por fin nos metemos en la trama que da nombre a es te fic!! (se supone que todo lo anterior iba a ser un "pequeña" introducción ¬¬U)
El caso. Para todos aquellso que no me hicisteis caso en mo aviso en CC de que no mirarais mas imagenes de mi galleria en DA y os habies spoilereado (eso existe?) de Encanto (y de BS, si habeis bsucado mas)... comprendeis ahora porque digo que voy a ser cruel en esta historia, ju, ju, ju...
Para el descanso de la mayoria, esto ES un Yullen. Solo que voy a hacerles sufrir un poco a ambos. (sobretodo a Kanda, que siempre que leo un Yullen es Allen el que lo pasa peor o el que no es correspondido al principio)
Sin mas, daros las gracias a todos los que me seguis (en especial a los que me dejais reviews casi desde el pric¡npio de la historia )
Que fic deberia actualizar ahora?
DGM no me pertenece
- Oye, te has enterado?-
- De que?-
- Del resultado de la apuesta!!-
-Que apuesta?-
- Oye, en serio que no has estado viviendo bajo la tierra? Todo el mundo habla de ello!!-
- De qué?-
- Pues de la apuesta sobre quien lograría hacerse con la chica en la última misión del trío de jóvenes exorcistas!-
- Ah, eso! Pues no, no tengo ni idea de cómo acabó. Quién ganó al final? Lavi, no?-
- No!! No te lo vas a creer, pero ganó Allen!!-
- Allen!? Que sorpresa!! Aunque, claro, con esa carita cualquiera se le resiste, no?-
- Je, je, tienes razón! Conseguir a Allen es todo un sueño… Lástima que sea un chico…-
- Siempre se pueden hacer excepciones, no?-
BAM!
Una puerta se abrió de sopetón en frente de aquel grupo con tal fuerza que logró callarlos al instante, como si se hubiera llevado el aire del pasillo.
Un muy malhumorado japonés, que irradiaba una enorme aura asesina, salió de ella y atravesó con su gélida mirada al grupo de buscadores que habían empezado a rezar mentalmente todo lo que sabían.
No muchas veces se ve a un Kanda tan sumamente cabreado y se vive para contarlo. (Existe la leyenda de un tipo que sobrevivió a uno de los ataques de ira de Kanda. Ahora se refugia en las montañas, viviendo tranquilamente con las partes de su cuerpo que aún le quedan intactas)
- Se puede saber – el tono tranquilo de Kanda solo hizo que aumentar el nerviosismo entre aquel grupo. Ahora estaban seguros de que morirían.- qué se supone que estáis haciendo, parloteando cosas si sentido delante de MI habitación?-
Mierda! Como se les pudo olvidar que estaban pasando por delante de la habitación del japonés?
- L-lo sen-sentimos….-
- Largo de aquí.- la voz de Kanda sonó tan amenazadora que la mayoría palideció. Y un par de ellos necesitaría un cambio de ropa en cuanto llegaran a su habitación. Viendo la oportunidad de sus vidas para escapar, salieron corriendo como alma que llevaba el diablo. – Tsk!- chasqueó la lengua y entró de nuevo en su habitación, cerrando la puerta de un portazo.
Desde que el trío de chicos había vuelto de la misión, hacía unas pocas semanas, se había notado un cambio radical en la forma de actuar de un par de ellos.
Lavi, el siempre animado e hiperactivo aprendiz de Bookman, estaba extrañamente tranquilo. Es más, ahora se podían contar con los dedos de una mano las veces que se atrevía a burlarse del japonés.
Aunque nadie se lo echaba en cara. Kanda era el que más había cambiado. Bueno, más que cambiar lo que hizo fue empeorar. Al parecer el joven estaba molesto con el mundo, pues ya nadie se le podía acercar sin pedir a cualquiera que fuese la divinidad en la que creyera pillar a Kanda en un buen momento. Dichos momentos se habían reducido drásticamente, pues siempre que se le veía estaba malhumorado, irritable y cerrado en banda (mucho más que de costumbre)
Ni siquiera Lenalee era capaz de acercarse a él con tanta naturalidad como antes.
Cada vez que el japonés salía de la Orden (ya sea por una misión o para entrenar) se notaba como la tensión en la Orden disminuía, mientras que, cuando volvía, el ambiente que reinaba en el edificio era tan insoportable que muchos optaban por encerrarse en sus habitaciones o distraerse con lo que se pudieran (nunca antes se había adelantado tanto trabajo en la sección científica)
La hipótesis general de ese empeoramiento de carácter, obviamente, era la de que había sido una herida en su orgullo el fallar en la anterior misión, perdiendo a su vez la apuesta ante su mayor rival en toda la Orden. Nadie sabía los detalles exactos de lo ocurrido salvo Komui (Lenalee también, gracias a su hermano) y los involucrados, aunque solo dos de ellos sabían el verdadero motivo por el cual Kanda estaba deprimido.
Porque de eso se trataba. Kanda Yuu estaba deprimido desde el mismo momento que entró en la Orden y vio como todo el mundo se acercaba al Moyashi, interrogándolo sobre sus "métodos de seducción", obligando al japonés a recordar una y otra vez esa desagradable sensación en su pecho, como si le atravesaran con un objeto punzante y al rojo vivo.
Pronto se supo en toda al Orden que preguntar a Allen por lo sucedido con Realla era tabú pues, si Kanda lo oía (cosa que solía pasar, pues tenía buen oído) el desdichado sujeto que hubiera sacado el tema tendría una visita gratuita directa a la enfermería, ya sea por daño físico o psíquico.
Todos comprendieron la gravedad del asunto cuando la víctima de la ira de Kanda no fue otro que Jerry, que había estado picando a Allen para que compartiera con él sus "recursos para ligar". Comprobando que el humor del japonés era tan sumamente sensible como para sacrificar varios días de su comida favorita, pronto se dejó de hablar del tema.
Aunque había ignorantes, como ese grupo de buscadores, que aún lo recordaban. Y en voz alta, no más!
Kanda se tumbó en su cama de nuevo, boca abajo. Esa posición no era propia de él, pero poco le importaba.
Hundió su cara en la almohada hasta que empezó a sentir la necesidad de aire. Después de unos instantes decidió girarla lo suficiente para que el aire volviera a entrar en sus pulmones. Tampoco estaba tan desesperado, no es así?
- Maldición!-
Ya sabía de antemano que sus posibilidades con Allen eran mínimas. Era casi imposible que dos personas como ellos acabaran juntos. Para empezar eran completos opuestos. En todo! Y luego estaba el hecho de que ambos eran hombres y, aunque había quedado claro que Allen no era homofóbico, era pedir demasiado que fuese también homosexual, como él. Y que encima le correspondiese precisamente a él…
Sin embargo, aquellas últimas palabras de Allen, habían terminado por destrozar las más pequeñas esperanzas que podría tener.
"Yo nunca flirtearía con Kanda."
Que estúpido era. Apenas unas pocas palabras podían afectar tanto a alguien como él? El tipo conocido como "hombre de hielo"!?
"Yo NUNCA flirtearía con KANDA"
Maldita sea. Estaba claro que dolía. Dolía tanto que parecía que el corazón se desangraba por dentro y gritaba con todas sus fuerzas, pidiendo salir de su cuerpo y no volver jamás. La agonía era tan sofocante que comprendió por qué había decidido no enamorarse nunca en un primer momento.
Pero claro, tuvo que venir el Moyashi y convertir en un auténtico caos toda su existencia, como siempre.
Kanda notó como se le hacía un nudo en la garganta con el simple hecho de recordar al peliblanco. También notaba la ardiente sensación en sus ojos, con decenas de lágrimas acumuladas que no tenían permiso para derramarse. Eso era lo último. El día en que Kanda Yuu llorase por alguien sería el día en el que estuviese completamente destrozado y sin vuelta atrás.
Lamentablemente para él, parecía como si aguantarse las lágrimas fuese una tarea cada vez más y más difícil.
Oyó uno ligeros golpes en su puerta, que optó por ignorar. No estaba de humor para visitas. Llevaba varios días sin estar humor siquiera para aguantar la presencia de otras personas.
Lo único que quería era estar solo.
Los golpes continuaban, incesantes, hasta que Kanda respondió.
- Pasa de una vez, maldito conejo!-
No era difícil de averiguar de quien se trataba pues solamente Lavi había seguido con sus intentonas de acercarse al japonés. Kanda se lo había permitido pues él era el único que realmente conocía los motivos de su comportamiento. Solo él sabía que Kanda estaba deprimido, y que no tenía nada que ver con aquella estupidez de estar herido en el orgullo por fallar una misión. Como si una herida en el orgullo pudiese doler tanto!
Pero mejor así. Cuanto menos se supiese de su debilidad mejor.
- Yuu, en serio, deberías tratar de airear tu habitación. Tiene un aire demasiado tétrico.- Kanda se permitió mirarle de reojo a través del espacio que le dejaban su almohada y su pelo.- Y esa imagen no ayuda para nada.- añadió Lavi, apuntándole.
- Déjame en paz. Si vienes para subirme el ánimo o alguna chorrada por el estilo ya te puedes ir largando.-
- No, esa no es mi intención, Aunque nunca está de más intentarlo. Todo el mundo puede notar que te pasa algo, Yuu. Hasta Allen está preocupado por ti.- ante esto, Kanda dejó escapar un gruñido de incredulidad.- Si, Yuu, está preocupado, como todo el mundo.-
Exacto. Allen estaba preocupado "como todo el mundo". Para él no era más que un compañero, no es así?. Ni siquiera un amigo (aunque eso era en parte por culpa suya)
- Se puede meter esa "preocupación" suya por donde le quepa. –
- No seas así, Yuu. Solo porque no se preocupe por ti de la manera en la que tú quieres no tienes derecho a reprocharle nada. No puedes forzar tus sentimientos en él.-
Eso ya lo sabía Kanda de sobra. Sin embargo, era incapaz de evitar que eso le afectara. Daba asco tener un corazón humano.
- Lo siento.- oyó decir al pelirrojo. – Si no fuese porque yo piqué a Allen, él no habría dicho aquellas palabras. Por mi culpa te hirieron. Lo lamento.-
En todos los años desde que conocía a Lavi, jamás le había visto tan decaído. Estaba claro que se culpaba de los resultados de su pelea con el Moyashi y del actual estado emocional de su mejor amigo.
Kanda dejó escapar un resoplido y se incorporó. Genial, ahora también se sentía culpable por el bajón de los ánimos de su compañero.
- Olvídalo, Lavi. No fue culpa tuya.-
- Pero…-
- No fue culpa tuya! Es más, mejor así. Cuanto antes me desengañe mejor. Las cosas solo habrían empeorado con el tiempo.-
- Yuu…-
- Y bien? A que has venido?-
- Ah, si!! Por poco lo olvido! – Estaba claro que aquella afirmación era cierta, por la cara que había puesto al recordar el motivo de su visita.- Komui nos ha llamado a su despacho. Seguramente sea para una misión.-
- No es Lenalee la que se encarga de avisarme, normalmente? – aunque, ahora que recordaba, Kanda había notado que Lenalee ya no se acercaba a él como antes. Maldita aura asesina suya! Era imposible pasar desapercibido cuando no estaba de humor, no?
- Sí. Es más, Komui se lo encargó a ella. Pero yo le pedí que me dejara hacerlo a mí.-
- Y eso?-
- No vamos solos en esta misión, Yuu. También viene Lenalee…. Y Allen….-
El pelirrojo dijo el último nombre con miedo, atento a las reacciones de su amigo. La cara de Kanda se había ensombrecido notablemente.
- Si no te sientes a gusto, puedo decirle a Komui que no te encuentras bien, vale? Con tres exorcistas es más que suficiente, no?-
- No! Si no voy empezarán a preguntarse los motivos. Lo último que necesito es que toda la maldita Orden sepa de mi…. mi… del Moyashi.- terminó, bruscamente.
- Está bien. Pero quiero que sepas que estoy a tu lado, ok? Para lo que sea.-
Kanda gruñó, como solía hacer, ante unas palabras tan cursis para su gusto saliendo de la boca de Lavi. Este último se animó un poco al notar un comportamiento normal por parte de su amigo.
Ambos jóvenes salieron de aquella lúgrube habitación y se dirigieron hacia el despacho de Komui.
KYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYUKYU
Allen se dirigía rápidamente al despacho de Komui, pues Lenalee le había pillado desayunando en la cafetería. Al parecer tendrían una misión los cuatro juntos: Lenalee, Lavi, Kanda y él.
Que él recordara, nunca antes habían ido los cuatro a una misión juntos, por lo que debía de ser algo realmente importante.
Pero ese no era el único motivo por el cual se sentía feliz de poder salir de la Orden. Desde que había vuelto no habían dejado de recordarle una y otra vez sus "proeza" (como ellos decían) con Realla. Como demonios se atrevían a llamar logro a engañar y aprovecharse de una chica? (aunque se lo mereciese por hacer lo mismo con Lavi)
Para colmo de males, apenas había vuelto a ver a Kanda. Sabía que estaba de mal humor (como no enterarse cuando, por culpa de uno de sus ataques de ira, se quedó sin probar la deliciosa comida de Jerry por unos días)
Allen tenía la impresión de que le estaba evitando. Parecía que Kanda estaba realmente molesto con él, aunque desconocía el motivo.
Allen no era tan ingenuo como para pensar que tenía que ver con el hecho de que hubiese perdido la apuesta, pero era incapaz de imaginar que es lo que había hecho (porque estaba claro que había sido culpa suya) para enojar tanto al japonés.
Lo último que quería Allen era perder la más mínima oportunidad que tuviese para lograr llevarse bien con Kanda. Aunque jamás lo reconocería delante de él, admiraba al mayor, y nada le haría más feliz que recibir algo de reconocimiento por parte de este.
Dejando un suspiro de frustración, llegó a su destino.
La diosa de la fortuna quiso que lo hiciera en el mismo momento en el que Lavi y Kanda llegaron a la puerta del despacho de Komui, este último a punto de abrirla, pero se paró al notar la presencia del albino.
Durante unos instantes, la escena entera se congeló. Kanda y Allen se miraban, pero sin intercambiar sus comunes miradas asesinas o burlonas. Simplemente, se miraban.
Lavi era el único que no parecía una estatua, pues desviaba su mirada alternativamente a cada uno de sus amigos. Viendo que ninguno se atrevía a decir ni hacer nada (el que, si puede saberse!?) carraspeó, sacando a los dos chicos de su trance.
- Buenas, Allen!-
- Eh? A-ah, hola Lavi. K-Kanda.- saludó sin saber bien como comportarse ante el japonés. Y si volvía a meter la pata y solo hacía que empeorar las cosas?
Kanda salió de su trance momentáneo. Lavi le había advertido que se encontraría con Allen, pero eso no había sido suficiente para que, en el mismo momento de volver a verle, con esos grandes y resplandecientes ojos plateados, esa piel pálida, imitando la porcelana, y ese pelo brillante, que daba una falsa imagen de un aura alrededor suyo, sintiera el dolor más intenso que jamás había sentido en todo este tiempo.
La combinación de dolor de un corazón hecho pedazos, de la inutilidad y el rechazo de unos sentimientos tan fuertes, y el indescriptible anhelo que sentía por aquel joven le habían dejado congelado en el sitio. Incapaz de moverse ni pensar con claridad.
Gracias a la intervención de Lavi, fue capaz de volver en sí, justo en el momento preciso para notar la incomodidad de Allen, provocada (como no) por su persona.
Genial. Simplemente genial. Ahora ya ni siquiera podrán volver a tratarse como antes lo hacían?
- O-Oye, Kanda- oyó que le llamaba Allen. – S-si estas enfadado por algo que yo halla dicho o hecho, l-lo siento. De verdad. – para acentuar sus intenciones, hizo una ligera inclinación de la cabeza.
"No me lo pongas más difícil, maldito Moyashi"- pensó Kanda, mientras agarraba con más fuerza el pomo de la puerta. Hacía todo lo posible por controlar sus emociones. Todo lo posible por no correr al lado de Allen y abrazarlo. Hacerle suyo.
Pero eso era imposible. Allen lo había dejado claro. Y Kanda solo era un idiota que se negaba a dejar de hacerse ilusiones.
- Tsk. No digas bobadas, Moyashi. Acaso te crees tan importante como para afectarme de ese modo?-
Ante esto, Allen levantó la cabeza, sorprendido. Acaso no había sido culpa suya el cambio de humor de Kanda?
Lavi, por su parte, no le quitaba ojo a Kanda. Debía reconocer el mérito de este, para controlar sus emociones y gestos faciales, además de sonar de manera tan calmada y natural. Pero, para alguien tan observador como él, no se le escapaban ni los más mínimos detalles, como el creciente color blanquecino de los nudillos de la mano que aferraba el pomo con fuerza.
- Vamos, cuanto antes salgamos a esa estúpida misión, antes volveremos y os perderé de vista.- terminó Kanda, abriendo la puerta del despacho de Komui y entrando en él.
Allen dejó escapar un suspiro de alivio. Parecía que Kanda estaba mejor. Al fin de cuentas, volvía a insultarles como hacía anteriormente (por triste que sonara eso)
Al menos las cosas volvían al rumbo natural y eso era lo que importaba.
- Bienvenidooooos!! Cuánto habéis tardado, no?- les recibió Komui. – Ya sabéis apra que estáis aquí, no? Pero antes, debo advertiros que, como le pase algo a mi queridísisima Lenalee (en ese momento, Lenalee, que estaba cerca del pupitre de Komui, se llevaba una mano a la cabeza) o alguno de vosotros, BUITRES, os atreváis a ponerle las manos encima, OS JURO QUE OS CORTARÉ TODO LO QUE OS SOBRESALE DEL TORSO!!. Y cuando digo todo, ES TODO!! ENTEND-hmpf!
- Al grano- amenazó Kanda, quien, no aguantando tanta tontería, decidió callar a Komui de una patada (suavecita) en la cara.
- Que cruel eres Kanda!!- dijo Komui entre sollozos
- Quieres darnos los detalles de la maldita misión de una vez o no!!- bramó el japonés. La furia en los ojos de este fue suficiente para que Komui dejase de hacer el tonto y se pusiera en modo serio.
- Hemos recibido la información de que, en un pueblo apartado del sur de Grecia, han empezado a ocurrir fenómenos realmente muy extraños. El pueblo al que iréis es famoso porque todos y cada uno de sus habitantes ha tomado el voto de castidad casi de nacimiento.-
- Dios mío!! Sabía que la Inocencia provocaba sucesos extraños, pero esto es cruel!!- exclamó Lavi, ganándose unas miradas de reprobación por parte del resto de ocupantes de la sala.
- Ese no es el problema, Lavi. El problema es que, desde hace poco más de medio año, las mujeres han empezado a quedarse embarazadas.-
- Y que hay de raro en eso? Simplemente alguien fue demasiado débil para mantener el voto de castidad, no?- preguntó Kanda, sospechando que esta misión sería una completa pérdida de tiempo.
- Ahí es donde entramos nosotros. Los médicos que examinaron a las mujeres embarazadas dijeron que, todas y cada una de ellas, sin excepción, seguían siendo virgenes.-
Esta información hizo que el grupo se quedara en silencio, sorprendido.
- Obviamente, vuestra misión es ir allí y recobrar la Inocencia lo antes posible. No es bueno que la gente empiece a hablar de este suceso y comiencen a acudir hordas de personas en busca de un milagro. Eso solo haría que atraer más y más akumas.-
- Pero, por qué nos mandas a los cuatro? No parece que sea una misión tan difícil.- preguntó Allen.
- Lo cierto es que todavía no he decidido a quien mandar. – Ante esto, todos se le quedaron mirando con cara de incredulidad.- La verdad es que, alrededor del poblado, hay una especie barrera que impide entrar a cualquiera que no cumpla ciertos… requisitos.-
- Que requisitos?-
- Bueno, los buscadores ya han comprobado que, por alguna extraña razón, solo aquellos que sean… bueno, que nunca…. Bueno, que solo aquellos tan puros como MI Lenalee pueden entrar!!- dijo todo esto muy rápidamente, como si le diera vergüenza hablar de ese tema, sobretodo si su querida hermanita estaba por en medio.
Los cuatro jóvenes, que habían tardado un poco en comprender las palabras de Komui (algunos más que otros) empezaron a reaccionar, cada uno de diferente forma.
Mientras que Lenalee se había puesto colorada, tanto por el requisito necesario para la misión como por la manera de Komui de decirlo, Kanda solo tenía un ligero sonrojo en las mejillas, apenas notable.
Lavi estaba rojo como un tomate, y temblaba ligeramente por el… nerviosismo?
Por su parte, Allen se había quedado pálido.
- Bueno, ahora ya sabéis por que os he llamado a vosotros. De todos los exorcistas que hay ahora en la Orden, creo que sois los únicos capaces de cumplir los requisitos de esta misión (otra vez esa maldita palabra!!)-
- C-Como sabes eso?- preguntó Lavi, algo indignado.
- En tu caso, por Bookman. En el caso de los otros, bueno, solo me lo he supuesto.-
Lavi palideció al momento. Como podían haber indagado en sus asuntos personales de esa manera!? Acaso no sabían de lo que era la intimidad!? Las nubes negras volvieron, según Lavi se arrinconaba en una esquina para llorar sum ás que malherida, reputación como ligón.
- El caso, aquí tenéis el resto de detalles de la misión. Ir leyéndolos en el tren. Os reuniréis con el buscador correspondiente en la estación. Desde allí, él os indicará hacia dond… Allen, estás bien?-
Todos se giraron al ver al chico, que había pasado de un blanco mármol a un color rojizo impresionante. Lo más extraño es que parecía estar realmente incómodo con todo este asunto (más de lo humanamente posible, vamos). Evitaba mirar a cualquiera de los que estaban con él en la habitación. Y más ahora, que estaban pendiente de él.
- Allen-kun?-
- N-no… es solo que…- empezó a balbucear, sin apartar la vista del suelo, dejando que su largo flequillo ocultara su rostro.
- Hay algún problema, Allen?- pregunto Komui, levemente preocupado.
- E-Es que.. y-yo… yo no…-
- El chico no irá- bramó, de repente, una grave voz a sus espaldas.
Todos se giraron para encontrarse con nada más y nada menos que con el tipo más buscado del mundo: Cross Marian.
Si Allen creía que las cosas estaban tomando su rumbo natural, no podía estar más equivocado.
