Nas! Siento el retraso pero es que he tenido que ponerme al día con otro manga (prueba a leerte 205 capitulos de seguido... y más cuando los primeros 50 te resultan un tostón)

Weno, pues nuevo capi de Encanto! En el próximo se desvelará el secreto de Allen (aunque algunos ya os lo habeis imaginado) y una interración con el "tercer pretendiente" (que si mirais el resumen de lahistoria lo digo, joo, que nadie parece saber quien es TT-TT)

Muchas gracias a .kilian., Yami RosenkreuZ, Kini-Ainotsuki, SeikaDragon, Shiji, Chibi-Hinata, Cold-Sesshy, x Souseiseki x, Kimi to Deatte Kara, Riznao, Kyoko Himura, Itoko Miyazawa, aisha yyyyyyyyy Mireya Humbolt (y a todos lso que me leeis, claro esta!)

DGM no me pertenece


El paisaje se difuminaba a través de la ventana, provocando que fuese incapaz de percibirse poco más que un borrón de colores al mirar por ella. Sin embargo, desde el mismo instante que puso un pie en el compartimento, el japonés no había desviado la mirada del borroso paisaje.

Sus dos compañeros no podían reprochárselo. Ellos también estaban aún procesando la nueva información que habían recibido sobre Allen hacía unos pocos días. Ninguno se había atrevido a expresar su opinión en voz alta, por lo que el viaje se desarrollaba hasta ahora en un profundo silencio.

- Que creéis… que estará haciendo ahora Allen?- preguntó, vacilante, Lenalee. Se sentía incómoda abordando este tema, pero tampoco era un plato de buen gusto seguir con aquel ambiente tan tenso.

No obstante, ninguno de los otros dos le respondió. Como mucho, logró que Lavi la mirara.

- Q-quiero decir… habrá comido ya? O-o… bueno… cuantas personas pensáis que habrán sido necesarias para llevarle la comida?- dijo, esbozando una sonrisa. Se dirigió a los dos chicos con una mirada casi anhelante.

- No lo sé- oyó decir a Kanda, mas este no apartó la vista de la ventana.

- P-pero podemos intentar deducirlo… o algo por el estilo…-

- Déjalo, Lenalee.- le aconsejó Lavi.

La joven calló y los otros dos la imitaron. Nunca antes se habían sentido tan incómodos estando los tres juntos desde que se conocían. Enfados, sí. Molestos, siempre. Pero esta era la primera vez que temían hablar los unos con los otros.

Lenalee no podía soportarlo. Ya era bastante que Allen les hubiera ocultado algo tan gordo como para encima también estar de malas con dos personas tan importantes para ella como lo eran Kanda y Lavi. Eran su familia, y la familia debe estar unida.

Llevándose las rodillas al pecho, suspiró. Comprendía el enfado de los otros dos. Ella también estaba enfadada! Sentía como si hubieran traicionado su confianza. Pero esta situación era ridícula!!

- Escuchad… yo creo que no deberíamos tenérselo en cuenta a Allen.- un gruñido que parecía decir "si, claro!" le informó de que Kanda estaba escuchándola.- Lo digo en serio. Venga, es Allen! Es imposible que le ignoremos hasta que se nos pase el cabreo!-

- No es tan fácil, Lenalee.- le contestó Lavi, quién se había decidido por mirarse las manos.- Es difícil aceptar que la persona que conocíamos (que veíamos) como Allen no sea real. Nos ha estado engañando durante todo este tiempo.-

- Como si tú fueras sincero todo el tiempo!!- le espetó Lenalee. Enseguida se arrepintió de sus palabras, al ver la cara de dolor de Lavi.- L-lo siento… es solo que… Agh! No puedo concebir la idea de ignorar a Allen por esto! Es Allen, por Dios! Tiene que haber una muy buena razón para que nos lo haya ocultado! Además, Allen es Allen y siempre lo será! Da igual el aspecto que tenga!-

- Si creer eso te hace más feliz…- comentó cínicamente Kanda.

Lenalee le fulminó con la mirada.

- Y tú de qué se supone que vas? Eres al que menos entiendo! Que Lavi o yo nos sintamos molestos por todo este asunto, vale, ya que somos sus amigos.- empezó a gritarle la joven al japonés, sin hacer caso de las sutiles miradas de advertencia del pelirrojo.- Pero tú? Que derecho tienes tú para sentirte molesto? Que yo sepa nunca te ha importado Allen! Ni lo más mínimo!! Y siempre te has enorgullecido de este hecho. A qué viene ahora esta actitud? Si no te conociera bien diría que en realidad SÍ que te importa Allen!-

Kanda apartó la mirada de la ventana para fulminar a Lenalee con la suya. Lenalee se echó un poco para atrás en su asiento, asustada. Nunca antes había sido ella el objetivo de las miradas asesinas de Kanda (y ahora comprendía por qué la mayoría de la Orden le temía)

Ante esa reacción, Kanda se limitó a chasquear la lengua y a volver a mirar por la ventana. Su mirada se perdía en el horizonte.

- Qué sabrás tú.- se le escapó en un susurro. Para su suerte, fue tan suave que nadie más lo oyó.

La noche se cernió sobre ellos, haciendo que el paisaje se apreciara aún menos si cabía. Lo único que si se veía con claridad era la luna. Una brillante luna plateada.

Kanda apartó la mirada y la desvió al suelo, frunciendo el ceño. Maldita sea, era incapaz de mirar a la luna sin acordarse del peliblanco!

En esos momentos se sentía muy frustrado. Su cabeza era todo un caos. Lo que más le dolía era que Lenalee tenía razón: él nunca había significado nada para Allen (él mismo se lo había buscado) y el propio Allen había dejado claro que no quería intimar nunca con el japonés. Así que, por qué se sentía tan sumamente desengañado?

Kanda no tenía claro que era lo que más le molestaba, si el hecho de que el Moyashi no era quién decía ser o que él, ni nadie, supiera nada de eso. Es que acaso Allen no confiaba en ellos? Tras esa máscara de felicidad y alegre ingenuidad que siempre llevaba se ocultaba alguien desconfiado? Alguien incapaz de compartir sus secretos con los demás, aislándose de ellos?

-"Maldito Moyashi! Por qué no nos has dicho nada? Qué es lo que ocultas tan celosamente? Qué es… lo que no me has querido contar?".- Kanda entrecerró los ojos y apretó fuertemente sus puños.

- "Durante cuanto tiempo has tenido que sufrir con ello tú solo?"-

KYUKYUKYUKYU

Cualquiera que no hubiera estado en la Orden en las últimas semanas habría dicho que nunca en su historia esta había estado tan tranquila, sin apenas un ruido en los pasillos, alguna que otra conversación en voz baja en la cafetería y el sonido de los trabajos de la sección científica.

Tanta calma llegaba incluso a resultar tétrica a aquellos que estaban acostumbrados al habitual follón que inundaban el edificio.

La causa ya era bien conocida por la mayoría: Allen Walker.

En las primeras horas desde que se pusieron las nuevas medidas sobre Allen, la Orden estalló en un gran revuelo. No solo todos estaban preocupados del hecho de que estas obligaban al joven a quedarse recluido en su cuarto, sino que también ansiaban saber cuales eran sus motivos. Al fin de cuentas, todos en la Orden apreciaban al chaval, con su alegría y optimismo que tanto contagiaba.

El que mayor shock se llevó fue, sin duda alguna, Jerry, que no concebía la idea de que le negaran la presencia de aquella criatura tan mona que alegraba sus días cada vez que iba al comedor y le hacía sus característicos pedidos más propios para un regimiento que para un adolescente. Llegó hasta el punto de amenazar con dejar de preparar la comida para el resto de la Orden si no le permitían ver a su querido Allen.

Tras muchas horas de negociación, lograron convencerle de que no dejara su empleo, pero eso tampoco había arreglado las cosas porque, a partir de entonces, Jerry se había mostrado deprimido (hasta en sus platos se podía notar la falta de entusiasmo)

El resto de trabajadores también se notaban algo desanimados. Nadie se había dado cuenta de lo mucho que hacían las sonrisas de aquel joven para subir el ánimo a la gente hasta que se quedaron sin ellas.

Los que peor lo estaban pasando eran aquellos que conocían mejor al exorcista, como Komui, Reever, etc. Uno de aquello días Johnny había vuelto medio llorando a uno de los laboratorios. Cuando por fin se calmó logró explicarles a todos que, cuando caminaba por el pasillo, se topó con Allen, en uno de aquellos raros momentos en los que abandonaba su habitación para ir al servicio. Entre lágrimas relató como, tras intentar entablar conversación con él, este salió corriendo, escapándose del lugar donde Johnny estaba, siendo lo último que este vio el movimiento de su larga y oscura túnica.

Aquella prenda de vestir que le obligaban a llevar solo hacía que añadirle un sentimiento más tétrico si cabía a toda aquella situación, ya que le daba un aspecto siniestro. Algunos de los más estúpidos rumores decían que Allen se había escapado y que debajo de la capa había un dios de la muerte buscando almas en pena… y eso solo porque oyeron extraños ruidos provenientes de él (entiéndase como momento en el que el estómago de Allen reclamaba atención) El caso era que ver a aquella figura encapuchada por los pasillos ponía los pelos de punta a más de uno.

Si Lavi hubiera estado en la Orden seguro que le habría encontrado el lado divertido a todo esto pero, para la mala suerte de todos, estaba en una misión junto con Lenalee, que también lograba alegrar a más de uno, y con Kanda, quien… bueno, que con sus amenazas se amenizaba un poco la rutina diaria.

Allen tampoco lo estaba pasando muy bien que digamos. Negado de cualquier tipo de contacto humano (incluso cuando le traían la comida pues, cuando abría la puerta ya no había nadie) se estaba empezando a aburrir y a sentirse muy pero que muy solo. Parecía como si hubiera aparecido un muro invisible que le desplazaba del resto del mundo. Era un sentimiento que conocía muy bien, debido a su aspecto, y nunca le había gustado.

En la soledad de su habitación solía quitarse aquella túnica (horrible, pesado y calurosa túnica) y se quedaba mirando su reflejo en el espejo. Observando su verdadero aspecto, brillando inocentemente sobre la pulida superficie del cristal, le daban ganas de vomitar. Odiaba su aspecto, odiaba su verdadero cuerpo, y odiaba lo que este le había hecho sufrir. Por qué no había nacido con un cuerpo normal, como el que le ayudaba a adoptar Cross? Por qué tenía que ser especial?

Siempre era lo mismo. Por qué, por qué, por qué… Pero nunca había respuestas para sus preguntas. Como mucho, le echaban la culpa al destino, pero eso a él no le ayudaba en lo más mínimo. Allen nunca pidió ser así…

Resignándose, se echó de nuevo la túnica por encima. Decidió volver a hacer una visita a los servicios, no porque lo necesitara, sino porque era la única manera de salir de su habitación y pasear un poco (si se alejaba demasiado siempre le podía echar la culpa a su sentido de la orientación)

En su breve y, previsiblemente aburrido, paseo, ocurrió algo que le sacó de improvisto de su deprimente rutina. Dos buscadores hablaban acaloradamente con varios miembros de la sección científica, entre los que estaba Reever. Dejándose llevar por la curiosidad, Allen se escondió en una de las salas cercanas, dejando la puerta entreabierta lo suficiente para escuchar sin ser detectado.

- Es horrible – oyó decir a uno.- Simplemente horrible. No dejan de atacar la ciudad.-

- Ni siquiera con dos unidades enteras hemos sido capaz de retenerles en lo más mínimo.- apoyó otro.- A este paso no quedará nadie con vida en toda la región.-

- Es cierto, si no hacemos algo pronto, toda esa gente morirá. Los akuma no nos han dado ni un respiro a los buscadores desde que empezó el ataque! Apenas hemos podido evacuar a la tercera parte de la población!!-

- Hay que actuar ya!-

- Ya os hemos dicho que eso es imposible!- exclamó uno de los científicos, exasperado.- No hay ningún exorcista habilitado para la misión. Todos están fuera!-

- Y que me dices de ese muchacho, Walker!! He oído que él está aquí!-

- Sí, por qué no mandáis a Walker!?-

- Walker no puede salir de la Orden y menos para ir a una misión. Debido a su estado actual le es imposible realizar ninguna.- respondió Reever.

- Y eso a qué se debe!?-

- Esa información no os incumbe. No tenéis el rango suficiente para conocerla. Lo único que podéis (y debéis) saber es que es una orden directa del General Cross, por lo que hay que acatarla!- ya estaba empezando a perder la paciencia, por lo que Reever dio por acabada la conversación y ambas partes se dispersaron.

- De qué le sirve tener Inocencia y hacerse llamar exorcista si luego resulta que ese tal Walker es un bueno para nada?- exclamó, enojado, uno de los buscadores mientras se iba. Su compañero asintió.

- Sí, no necesitamos inútiles como él en esta guerra. Nuestros compañeros están muriendo y él permanece aquí escondido! Es intolerable!-

Los dos buscadores se alejaron, aún soltando improperios contra Allen y toda la Orden por ser incapaz de salvar a sus camaradas y a una ciudad entera llena de gente inocente.

Desconocido para ellos, el aludido lo había oído todo desde su lugar de escondite. Se le había helado la sangre que recorría sus venas. Todavía paralizado por lo que había escuchado, se dejó caer hasta el suelo, llevándose las manos a la cabeza y juntando sus rodillas a su pecho.

Estaba muriendo gente, mucha gente, y la única persona que podía hacer algo al respecto estaba encerrada en su habitación. Maldición! No era culpa suya que ahora no fuese la mejor idea del mundo el salir a la calle! No era culpa suya que todas aquellas personas estuvieran muriendo! No era culpa suya que todos aquellos akumas estuvieran sueltos, matando y evolucionando! No era culpa suya!!

Allen apretó fuertemente sus rodillas contra su pecho. Su camisa empezó a mojarse debido a las lágrimas que le resbalaban por la cara.

- Lo siento.- susurró, con la voz quebrada.- Lo siento mucho.

KYUKYUKYUKYUKYU

- Que ha sido todo ese alboroto, Reever?- preguntó Komui, una vez que este había entrado en la habitación.

- Nada.- pero Komui no se lo tragó y le lanzó una de aquellas escasas miradas llenas de seriedad.- Era solo un par de buscadores que han regresado de la misión en aquella ciudad de Alemania. Al parecer está siendo una auténtica matanza y nosotros solo podemos darles largas.- exclamó Reever, furioso con su propio sentimiento de impotencia en el asunto.

- Si, ya suponía que reaccionarían así. Pero no hay nada que podamos hacer…- dejando escapar un suspiro, Komui se frotó los ojos. Tenía el aspecto de estar muy cansado.

- Jefe, se encuentra bien?- preguntó Reever, notando el desanimo de su superior.

Este levanto la mirada y le dedicó una débil sonrisa.

- Me temo que no. He estado leyendo esto durante toda la noche.- le mostró una pila enorme de carpetas llenas de documentos.- Y sigo siendo incapaz de encontrar una manera de proteger esa ciudad.

- Y si mandamos más grupos de buscadores con talismanes? Quizá así podamos crear una defensa lo bastante resistente para que llegue un exorcista…- sugirió Reever.

- Eso es lo que hemos estado haciendo hasta ahora y no está dando resultado. Lo único que hemos conseguido es sacrificar más y más vidas.- Reever se mordió el labio de la frustración que sentía.- Además, los exorcistas más cercanos a la zona son el general Tiedoll y Marie, pero tardarían una semana o así en llegar. Para entonces no habrá nada que salvar…-

- Así que… realmente no podemos hacer nada… Somos unos inútiles…-

Komui no se vio capaz de corregirle, pues comprendía a la perfección la rabia de Reever. Al fin y al cabo él también se sentía así.

Un fuerte golpe les sobresaltó a los dos. Buscando su origen, ambos científicos se dieron cuenta de que se trataba de la puerta del despacho, que había sido abierta bruscamente por una figura encapuchada.

Reconociéndola, Komui se puso de pie.

- Allen? Que haces aquí? No deberías haber venido, no puedes alejarte de tu habitación!-

Allen se metió la mano en la túnica y, por un brevísimo instante, Komui pensó que sacaría un arma para atacarle. Para su fortuna solo se trataba de un pequeño cuaderno.

Tanto Reever como Komui aguardaron silencio mientras que veían como Allen escribía en el papel.

-"He oído lo de la misión en Alemania. Déjame ir"- leyó Komui, en voz alta. Después miró al muchacho, con cara de lástima t comprensión.- Lo siento, Allen, pero eso es imposible. Las órdenes son que te quedes dentro de la Orden sin importar que pase.-

Allen se puso a escribir con tanta fuerza y rapidez que a Komui le sorprendió que no rompiera el papel.

- "Está muriendo gente!" Si, eso ya lo sé, Allen, pero no hay nada que podamos hacer al respecto.-

- "Yo sí! Soy un exorcista, ese es mi deber!" Y nuestro deber es protegerte a ti, Allen.- intentó convencerle Komui.- En tu actual estado no podemos arriesgarnos a enviarte a una misión.-

- "No estoy inválido!- Komui miró fijamente al lugar donde creía que estaban los ojos de Allen.- Eso da igual, Allen, las órdenes son las órdenes. Si el general creyó conveniente que no salieras de la Orden sus buenos motivos tendría. Ahora, Allen, por favor, vuelve a tu cuarto.- le sugirió, mas el tono autoritario se le notó en la voz.

Allen no lo podía creer. Le estaban negando la oportunidad de ayudar, de salvar a toda esa gente y a todas esas almas encarceladas. Todo su cuerpo temblaba de ira, estaba perdiendo el control. Sabía que se arrepentiría después, que Cross le castigaría severamente… Pero nada de eso importaba ahora.

Levantó la mirada para ver la espalda de Komui, que se retiraba a su asiento. Estaban únicamente Reever, Komui y él en aquella habitación, por lo que el daño sería mínimo.

Reuniendo toda su determinación, Allen abrió la boca.

-Komui, dame esa misión ahora mismo!-

Los dos científicos se quedaron paralizados al instante. Komui casi se cae de la silla mientras que a Reever se le cayeron todos los papeles que estaba sosteniendo. Ambos se giraron para quedarse mirando la figura de Allen, que se había alargado todo lo que su altura le permitía, dándole cierto aire imponente. Los dos estaban tan asombrados del sonido que acababa de llegar a sus oídos que no se dieron cuenta de que tenían las bocas abiertas.

- Komui!!- repitió Allen, esta vez cabreado. Eso pareció sacar de su ensimismamiento a Komui, aunque seguía con la cara de asombro.

- A-Allen… t-tú…-

- Komui, la misión.- demandó Allen, impaciente.

- N-no debo… E-es una orden de Cross…- repetía tozudamente Komui. Aún seguía en estado de shock tras haber oído la voz de Allen. Aquella voz… y todo lo que ello suponía!

Contra todo pronóstico, Allen empezó a rebuscar entre su ropa de nuevo, esta vez malhumorado. Cuando finalmente encontró lo que buscó, tomó aire, como si lo que iba a hacer fuese lo último que quería hacer en el mundo. Con gran expectación, ambos hombres vieron como Allen lanzaba con todas sus fuerzas algo al otro lado de la habitación.

Cuando Komui pudo fijarse bien y comprobar que, inequívocamente, era el lazo rojo que siempre llevaba Allen, ya era demasiado tarde. Allen se le había acercado tanto que, pese a no ser capaz de verle la cara, podía notar sus ojos clavados en la suya.

Allen volvió a hablar nuevamente, pero esta vez con un tono mucho más suave.

- Komui, dame esa misión. Ahora mismo-

Komui no sabía lo que le pasaba. Todo su cuerpo temblaba, las manos le sudaban y el pulso se le había acelerado sobremanera. Era incapaz de pensar correctamente. Qué demonios le estaba pasando? Y de donde demonios venía aquel aroma tan embriagador?

- Komui.- repitió Allen. Esta vez no se contentó solo con hablar, pues sus manos fueron a las del científico. Este notó una corriente eléctrica cuando sus manos se rozaron. Casi temiendo lo que podía pasarle, Komui cerró los ojos.

Pero nada pasó.

Cuando se aventuró a abrirlos de nuevo se encontró con que Allen le había cogido de las manos el cuaderno con toda la información acerca de la misión en Alemania. Atónitos, y sin saber bien qué decir o hacer, los dos adultos se quedaron mirando a Allen.

- Komui.- volvía a usar un tomo "normal" de voz.- Me voy. Si el maestro dice algo échame las culpas a mí sin dudarlo, de acuerdo?- y sin mediar más palabra, Allen salió del despacho, no sin antes recoger su lazo, y se dispuso a prepararse para la misión.

Cuando por fin se quedaron solos fue como si se hubieran encendido todas las luces de nuevo. Tanto Reever como Komui volvían a ser conscientes de lo que le rodeaba y a pensar con claridad. Aunque eso no fue un consuelo en aquel momento.

- J-jefe… esto de ahora…-

- La has oído?- preguntó Komui, seriamente, mientras se sentaba en su silla.

- Como?-

- Que si has oído su voz.-

- S-si… Y no creo haber oído nunca nada igual…-

- Yo tampoco…- Komui se quedó callado un momento, pensando, dándole vueltas a sus más recientes descubrimientos acerca de Allen. Llegando finalmente a una conclusión, suspiró.- Reever, haz el favor de contactar con Central.-

- C-con Central? –

- Sí. Diles que necesitamos urgentemente hablar con el general Cross. Dile que tiene que ver con Allen, eso le convencerá.-

- S-sí, enseguida!-

Mientras veía como su subordinado se marchaba de la sala, Komui no pudo evitar volver a suspirar. Mirando el lugar donde Allen le había rozado, su mirada se entristeció.

- Por qué, Cross…. Por qué le has hecho una cosa tan cruel?-