El diario de Haruhi

Capítulo 3 "Manual del anfitrión: De promedio a chico de ensueños (parte 1)"


Buenos días queridos hosts:

Primeramente, les agradezco por su colaboración, será un placer trabajar con ustedes. Dicho esto, paso al siguiente punto; les suplico se presenten en la cuarta sala de lectura a las catorce treinta horas.

Sin más que decirles por el momento,

H. H.

(Jefa del club de comunicaciones)


A las ocho horas (aproximadamente), todos los host encontraron una misteriosa nota pegada en las puertas de sus habitaciones. Todos la abrieron y la leyeron cuidadosamente. ¿Quién sería la misteriosa H. H.? Obviamente, era la jefa de comunicaciones pero eso no les decía demasiado acerca de ella… por alguna extraña razón, algo dentro de ellos les decía que H. H. no era una chica convencional. El reloj principal marcó las dos de la tarde y con ello indicaba que las clases habían finalizado por aquel día; lo cual les recordaba que cada vez estaban más cerca de conocer a la persona que había monopolizado sus pensamientos toda la mañana… todos los hosts llegaron a la sala quince minutos antes de la hora establecida.

–Buenas tardes queridos hosts, mi nombre es Hitomi Hiwatari, disculpen por el retrazo –dijo una voz desde la puerta mientras veía su reloj, faltaban cinco minutos para las dos y media de la tarde– bueno, como ya les dije yo soy la jefa del club de comunicaciones –hizo una pequeña pausa para tomar aire y tragar la saliva acumulada por la rapidez con la que hablaba. –Pasemos al punto principal: su colaboración... Su participación en el programa consiste en crear un manual en el que se expliquen detalladamente algunas de sus técnicas de seducción, estilo, modales, clase y sofisticación –anunció una chica de tez blanca, un poco pálida, de ojos negros y cabello del mismo color. Sus facciones eran finas; su nariz estaba respingada de la punta y sus labios eran delgados y rosas. A decir verdad, era bastante atractiva; lo único que opacaba su belleza era la formalidad con la que se comportaba.

–Yo tengo una duda señorita Hiwatari, ¿puedo decirle Hito-chan? –inquirió Honey un poco apenado. La chica asintió con la cabeza y le dedicó una dulce sonrisa al host.

–Estoy conciente que las grabaciones iniciaban el día de hoy pero tengo una proposición que hacerles –mencionó la chica al tiempo que entraba a la sala y se acercaba a ellos. "Bien, ahora comienza el juego"; pensó mientras trataba de disimular el placer que le producía la idea de lograr su objetivo. Hitomi agachó una centésima de segundo la cabeza y tomó una bocanada de aire; tenía que prepararse para la fase uno del plan.

–Para agilizar las grabaciones y hacerlos perder el menor tiempo posible, me parece que podrían considerar la opción de acudir todo el fin de semana a una casa de campo perteneciente a mi familia; podríamos realizar las grabaciones allá… –dijo desinteresadamente o al menos esa impresión quería dar. –No es mi intención presionarlos, así que podrían pensarlo y discu… –comenzó a decir pero el rey de las sombras no le permitió terminar la frase.

–No tenemos nada que discutir; nos sentimos honrados con la invitación y la aceptamos encantados –contestó Kyouya mientras hacía una especie de reverencia. Sabía que Hitomi tramaba algo, la conocía demasiado y tenía la certeza que no era una inocente proposición; había algo más… pero era más fuerte e interesante la idea de jugar un poco con las circunstancias que la precaución… ¿qué podía perder? No tenía nada que perder y todo que ganar o al menos, eso creía…

"Como siempre, el rey de las sombras nos toma en cuenta para tomar una determinación"; Haruhi se dijo a sí misma sardónicamente.

–Les agradezco su comprensión. Nos vemos mañana a las ocho horas frente a la puerta principal del instituto. Estaré esperándolos para irnos juntos –dijo la chica amablemente. "Fase uno completada"; se dijo muy satisfecha a sí misma.

–Disculpa, ¿qué clima hace en ese lugar? –inquirieron los gemelos

–Bien… está dentro de un bosque. Yo calculo que estaremos expuestos a temperaturas entre quince y veinte grados centígrados –contestó la muchacha; sabía que lo mejor era marcharse, no quería contestar más preguntas. –Me parece que eso es todo; disculpen la mala educación pero me paso a retirar. Tengo que afinar algunos detalles. Hasta mañana. –agregó mientras cruzaba el dintel de la puerta y la cerraba. "Comienza la fase dos"; pensó con una maliciosa sonrisa.

–Bueno, ya escucharon a su madre. Él ha aceptado la invitación. –anunció Tamaki severamente

–Claro papá… pero vamos a necesitar ropa nueva. No querrás que tus hijos pasen frío o ¿sí? –dijeron los gemelos

–Por supuesto que no. A ningún hijo mío le faltará algo –contestó el rey de manera teatral.

–Gracias papá, por eso te queremos –dijeron los gemelos mientras lo abrazaban fuertemente.

–Ya sé que me quieren pero… calmados hijos, me están abrazando demasiado… –

– ¿No quieres que te abracemos papá? –

–No, no es eso lo que sucede es… –comenzó a decir el rey pero sus hijos lo interrumpieron. Lo abrazaron aún más fuerte. Tamaki no podía respirar bien pero no quería herir a sus amigos.

– ¿Sabes papá? Ahora que recuerdo, tengo un abrigo nuevo –mencionó Hikaru mientras soltaba al rey –y yo un coordinado de suéter, bufanda y guantes –agregó Kaoru. –Mm… mejor vamos a ver qué tenemos en nuestro armario y si nos falta algo te avisamos. Adiós papá, adiós mamá, adiós Honey-sempai, hasta luego Mori-sempai... nos vemos mascota –expresaron los gemelos mientras salían corriendo de la sala.

"Aquí hay gato encerrado; los gemelos traman algo…"; pensó Haruhi. " ¿mascota? Cuanto detesto que me llamen así..."

– ¿Has visto la alegría en los rostros de nuestros amados hijos mamá? –preguntó el rey muy emocionado. Kyouya contestó afirmativamente con un movimiento lento con la cabeza.

El reloj principal dio las tres de la tarde, es decir, la hora de la comida; razón por la que los hosts se dirigieron al gigantesco comedor escolar.

– ¿Qué día es hoy Tama-chan? –inquirió el más dulce de los hosts

–Hoy es viernes Honey-sempai –contestó el aludido.

– ¡Wiiiii! Hoy es viernes, ¿saben qué significa? –ninguno de los host reconoció qué hacía especial aquel día, así que no contestaron palabra alguna.

– ¿No saben que significa? –corroboró el host muy sorprendido –Hoy hay buffet, como todos los viernes. Hoy es uno de esos días en los que hay postres ilimitados: pastel de fresas y moras, gelatina de chocolate, pay de queso, tarta de manzana, malvaviscos cubiertos de chocolate y nuez moscada… (¡Postre, postre, postre! D Aw, ya me quedé con el antojo ( )

"Me sorprende, ¿acaso sólo piensa en comer? ¿Dónde le cabrá tanta comida?"; se preguntó Haruhi mientras Honey continuaba enumerando postres.

Al llegar al comedor, se percataron de que nadie estaba comiendo. Todos estaban sentados frente a las mesas vacías. Al parecer, no había meseros o alguna clase de servidumbre que se encargara de seleccionar y traer sus alimentos; tenían que hacerlo por ellos mismos.

–Esto es tan poco común, es tan… como decirlo –comenzó a decir el rey.

–Creo que el término que busca es: ordinario o relativo al mundo de los plebeyos –dijo el rey de las sombras en un susurro, de manera que sólo Haruhi lo escuchó.

"Ya van a comenzar con sus observaciones clasistas"; pensó Haruhi un poco enfadada

–Haruhi, tú ya tienes experiencia en esto. Por favor muéstranos cómo hacerlo –pidió cortésmente Tamaki.

–Pues es bastante simple. Se va al extremo derecho o izquierdo de la mesa que contiene los alimentos, dependiendo del caso; se toma una charola; después se van tomando los platillos que se deseen y listo. Cualquiera puede hacerlo, no es algo que requiera de mucha ciencia –contestó la chica. –Mm…creo que no me han comprendido, bueno… sólo vean como lo hago yo ¿vale?

Haruhi se separó de los host; se acercó al extremo izquierdo de la barra que contenía la comida, tomó una charola y comenzó a caminar en línea recta. Había sushi, teriyaki, donburi, okonomiyaki, etc. (la verdad no sé demasiado de comida japonesa, así que mejor me brinco esa parte) Todo se veía delicioso pero demasiado sofisticado, así que Haruhi buscó lo más "normal" de todos los platillos; decidió que los mejor sería comer algo de sushi, por lo que tomó un plato. Caminó hasta el final de la barra y se topó con una nevera llena de bebidas de todo tipo, agarró lo primero que vio: una botella de agua. Junto a la nevera se encontraba una mujer algo regordeta frente a una máquina registradora. Haruhi pagó su comida; se volteó y comenzó a avanzar en dirección a la mesa donde se encontraban sus amigos. Se sentó frente a Kyouya y junto de Honey, entonces empezó a comer. Todos la miraban estupefactos.

"No comprendo qué tanto me ven, ni que fuera tan difícil. Ahora resulta que jamás han visto a alguien comer… No entiendo por qué la gente rica es tan dependiente, ¿acaso no se cansan de delegar sus obligaciones a los demás?" pensó la chica mientras se limpiaba la boca.

–Ya entendí Haru-chan, gracias –dijo Honey mientras se levantaba de su asiento y se dirigía a la comida; la imitó a la perfección, la única diferencia era que él se había ido directamente a la sección de los postres, omitiendo la comida salada.

– ¡Se ve divertido! ¡Yo quiero hacerlo! –dijo una chica muy emocionada mientras se levantaba. Súbitamente, algunos los estudiantes de la mesa más próxima comenzaron a hacer lo mismo. Todos parecían sorprendidos pero a la vez complacidos con la nueva sensación que experimentaban.

"Supongo que la autosuficiencia no es tan mala después de todo"; Haruhi se comentó a sí misma; la simple idea de ver a aquellos chicos maravillados con algo tan cotidiano para ella le hacía mucha gracia.

Honey, Mori y Kyouya regresaron con sus charolas casi repletas de comida, la excepción era Tamaki, quién sólo traía un plato con manzana picada y un jugo de naranja.

– ¿Eso es todo lo que vas a comer Tama-chan? ¿Te sientes mal? ¿Estás enfermito? –Honey lo bombardeó de preguntas al ver su charola casi vacía.

–No Honey-sempai, lo que sucede es no tengo demasiado hambre por el momento –mintió el rey con una sonrisa

"¿El rey estará a régimen? Ay no, eso sería el colmo de la vanidad… Pobrecillo, debe tener mucha hambre, ¿por qué no come algo más? Me preocupa, tantas horas sin comer algo sustancioso podrían hacerle daño"; pensó Haruhi mientras lo observaba discretamente.

–Haruhi, ¿en qué piensas? ¿Acaso alguien te preocupa...? –inquirió Kyouya serenamente. Él conocía la respuesta a aquella pregunta así que no tenía la necesidad de formularla pero por alguna extraña razón que aún no comprendía (o aceptaba), le agradaba ver el rubor que aparecía cada vez que ponía la en esa posición.

–No, nadie… –contestó la chica mientras trataba de encontrar un tema para cambiar la conversación.

–Ah, comprendo –comenzó a decir el rey de las sombras pero antes de que ella pudiera decir algo agregó: –estabas pensando en los gemelos… eso es lo que te aflige ¿cierto? –cuestionó Kyouya. Al escuchar eso, Tamaki puso más atención a la conversación, le interesaba saber lo que Haruhi pensaba.

–No, claro que no. Yo no estaba pensando en ellos, yo estaba pensando en… –Haruhi estaba a punto revelar lo que pensaba en realidad.

"Vamos dilo, ambos sabemos lo que sientes"; pensó Kyouya mientras la veía fijamente a los ojos.

"No puede disimular; a leguas puede distinguirse que disfruta cada palabra… mas no le voy a dar esa satisfacción, no le diré en quién estaba pensando"; se dijo a sí misma mientras entrecerraba los ojos levemente.

Los demás hosts notaron que el ambiente estaba un poco tenso así que trataron de calmar los ánimos.

–Mm… ¡qué rico pastel! Vamos Haru-chan, prueba un pedazo –dijo Honey al tiempo que lo aproximaba a la host. Haruhi tomó un tenedor, lo clavó un poco y cortó un pedazo pequeño; en efecto, el pastel estaba delicioso. Kyouya no apartaba sus ojos de ella, su mirada era retadora.

Un teléfono celular comenzó a sonar, era el de Kyouya.

– ¿Acaso no vas a contestar mamá? – preguntó Haruhi con una sonrisa burlona, era la primera vez que lo llamaba de esa manera.

–En seguida contesto querida hija. Provecho –mencionó el host mientras se levantaba y se retiraba de la mesa.

–Pobre Kyo-chan, siempre está tan ocupado –agregó Honey mientras se levantaba por otra ronda de postres.

"Kyouya siempre se muestra distante y frío pero con Haruhi es diferente; siempre está pendiente de lo que piensa y hace. ¿Acaso…? No, no creo…"; pensó Tamaki mientras sacudía la cabeza.

--

A la mañana siguiente, todos los hosts se encontraban en el lugar y la hora acordada. Hitomi había cumplido su promesa; desde hacía cinco minutos antes de la hora convenida, la chica los esperaba.

–Espero hayan tenido una buena noche –mencionó la chica, a lo que todos asintieron. –Bueno, pasemos a lo siguiente –agregó mientras una gigantesca camioneta blanca, cuyos vidrios estaban completamente polarizados, se estacionaba frente a ellos.

–Espero no se sientan demasiado incómodos pero debido a la premura, no pude conseguir algo mejor. –se disculpó

"¿Algo mejor? ¿Incómodos? Esa camioneta es un tanque, dudo que alguien se sienta incómodo o apretado ahí dentro… ¿dónde está el chofer? No lo veo por ningún lado"; se dijo a sí misma la host natural al tiempo que buscaba algo con la mirada.

–No sé si has escuchado de él pero hay un aditamento, muy útil por cierto, llamado piloto automático. No me sorprende que no lo conozcas; me parece que los autos de los plebeyos no cuentan con él –susurró Kyouya al oído de Haruhi mientras esbozaba una cínica (y sexy) sonrisa.

"¿Acaso no tiene algo mejor que hacer que estarme fastidiando?"; pensó mientras se alejaba de él.

La cajuela se abrió súbitamente, así que Haruhi se acercó a ella y depositó su pequeña y modesta maleta.

– ¿Eso es todo lo que llevarás? –inquirieron los gemelos

–Sí, eso es todo lo que necesito. No veo porqué las personas llevan tantas cosas inútiles –contestó la chica.

–Ah… bueno –repusieron los gemelos mientras un hombre traía una especie de carro motorizado lleno de grandes maletines. –Ponga todo dentro de la camioneta –indicó Hikaru a un hombre menudo de edad avanzada.

El hombre estacionó el carro y se bajó de él. Rápidamente se dispuso a cargar las maletas, por el esfuerzo que realizaba podía inferirse que eran demasiado pesadas. Unas gotas de sudor surcaban su frente; era demasiado mayor para realizar aquella hazaña. Haruhi se apiadó de él, tomó una maleta, la cargó y la depositó dentro de la camioneta.

–No se moleste seño… –el hombre la observo fijamente, su rostro era demasiado femenino para ser un chico pero su ropa indicaba lo contrario, así que para no ofenderla agregó –no, no se moleste. Yo puedo solo

Haruhi hizo caso omiso de las palabras del señor y continuó con su labor hasta que sólo faltaba una maleta. Haruhi la tomó de un asa y el señor de otra; la subieron cuidadosamente y cerraron la cajuela. El hombre se retiró y agradeció con la mirada a la chica.

–Hito-chan, mi maleta ya no cupo dentro de la cajuela –dijo Honey mientras le mostraba su equipaje.

–La mía tampoco –agregó Mori.

–Bien, les suplico las pongan en la cuarta fila de asientos. Disculpen las molestias –contestó la chica muy apenada. Los hosts hicieron lo que les fue pedido. Después de esto, Hitomi echó un vistazo a la camioneta y notó que el único y gran inconveniente de poner las maletas de esa manera era que el espacio interior del vehículo se reducía; en otras palabras, los asientos no eran suficientes para el número de pasajeros.

–Kyouya-sempai –se dirigió Hitomi al antes mencionado, el cual se limitó a voltear –como ya habrá notado, el espacio no es suficiente y bueno –titubeó un poco, pero Kyouya le dedico una leve sonrisa –disculpe, ¿usted podría llevar su auto?

–Claro, por mí no hay ningún inconveniente –contestó amablemente mientras sacaba de su bolsillo derecho las llaves de su auto; apretó un botón, el auto emitió un leve chirrido, se encendieron las luces interiores y se aproximó a donde todos se encontraban. El auto era lujoso, de color negro, convertible, deportivo y del año. En una palabra, era costoso. Súbitamente, éste se detuvo veinte centímetros detrás de la camioneta.

– ¿Mamá, este es tu auto? –inquirieron los gemelos a pesar de que ya conocían la respuesta a su pregunta – ¡nosotros nos iremos con mamá!

Los gemelos se acercaron al auto y notaron que sólo había dos asientos.

–Kaoru, tú ve con él… –dijo Hikaru mientras se alejaba de su hermano menor.

–No, Hikaru, detente. Mejor ve tú –contestó el menor mientras observaba a su hermano subirse a la camioneta. Kaoru dio dos pasos y alcanzó a tomar la mano del mayor. –Nunca te dejaré –agregó mientras estrechaba la mano del mayor entre las suyas.

–Kaoru, yo… –repuso mientras tomaba la barbilla de su gemelo y lo hacía subir a la camioneta.

–Te entiendo, no tienes que decirlo –contestó el menor mientras se sonrojaba y se sentaba en la segunda fila de asientos.

–Eso ha sido tan dramático, tan lleno de pasión… ¡no encuentro las palabras para describirlo! –dijo una voz femenina desgraciadamente conocida desde el asiento del copiloto.

– Mamá, papá, ¿Qué hace la otaku aquí? –preguntaron al unísono molestos los hosts traviesos. Tamaki volteó a ver a Kyouya, quien solo se encogió de hombros; aquella chica no estaba en sus planes… pero eso no significaba que no le fuera útil.

–Pero mamá tenemos que soportar sus ridiculeces y cursilerías todos los días; yo creí que al menos este fin de semana descansaríamos de ella –agregó Hikaru en voz alta, de manera que Renge lo escuchara claramente.

–Para tu mayor información, yo también formo parte del honorable Host club y mi función en él es muy importante; por no decir demasiado importante –repuso Renge con un tono extremadamente dramático al tiempo que Hikaru la imitaba en el asiento de atrás, cosa que para su fortuna, la muchacha no notó.

–Pues si a mí me lo preguntas, tu función es irrelevante e inútil –añadió Hikaru al tiempo que se recostaba cómodamente en el asiento y esbozaba una sonrisa burlona.

–Tú lo has dicho, si a ti te lo preguntan –contestó la chica enfadada mientras trataba de contener la furia que la invadía –pero, por si no te has dado cuenta, nadie lo ha hecho –agregó Renge mientras se volteaba para poder ver la cara de su interlocutor.

Hikaru había dejado de sonreír, tenía el ceño levemente fruncido y los puños apretados. Aquella respuesta lo había sorprendido, Renge lo había metido en un callejón sin salida; tenía que aceptarlo, cuando quería, aquella muchacha podía llegar a ser ingeniosa e inteligente… cosa que no le desagradaba del todo al hijo mayor de la familia Hitachiin.

–Te felicito esta es la primera y única vez que has hecho un comentario inteligente. No sé si lo notaste pero no es tan difícil –comentó Hikaru tratando de sonar indiferente mientras se aproximaba al rostro de la chica. No podía dejarla ganar tan fácilmente, tenía una mala reputación que cuidar y mantener.

–Gracias e igualmente –expresó la host dramática sin darle mucha importancia a su respuesta. Ya no tenía nada más que decir, por fin le había ganado a Hikaru Hitachiin. Se sentía satisfecha consigo misma aunque lo admitía; pelearse con Hikaru siempre era muy divertido. Especialmente por aquella mueca que hacía cada vez que discutían.

–Creo que lo mejor es irnos. –se apresuró a decir Hitomi al tiempo que se posicionaba en medio de los dos chicos. – ¿Qué les parece lo siguiente? Los gemelos van en la tercera fila; Honey y Mori-sempai en la segunda junto con Tamaki-kun; mientras Renge y yo, vamos como copiloto y conductor respectivamente. ¿Qué opinan?

–Perfecto –dijeron los dos chicos mientras se separaban. Hikaru se sentó junto a su hermano menor al tiempo que Renge se volteaba y abrochaba el cinturón de seguridad. Honey, Mori y Tamaki entraron a la camioneta e hicieron lo mismo que Renge.

"Creo que esto será más difícil de lo que creía"; pensó la jefa de comunicaciones mientras cerraba la puerta corrediza trasera y se acercaba al rey de las sombras.

–Kyouya-sempai, disculpe la molestia. Me disculpo de nuevo por hacerlo llevar su auto pero bueno; usted ya vio como están los ánimos ahí dentro –agregó mientras señalaba sutilmente la camioneta

–No se preocupe señorita Hiwatari. Todo sea por servirla –contestó Kyouya galantemente.

­–Bueno, gracias… –agradeció la chica mientras trataba de controlar el rubor que se dibujaba en sus mejillas. –Le suplico lleve a Haruhi con usted –pidió humildemente mientras veía a Haruhi ­–discúlpeme señor Fujioka pero no contaba con… bueno, creo que usted es un joven muy comprensivo.

–En eso tiene mucha razón –mencionó Kyouya mientras se acercaba a su auto

–Gracias a ambos, estoy muy apenada con ustedes –repitió la chica. ­–Bueno, le suplico me siga con su auto señor Ootori. El camino es un poco largo y debemos darnos prisa –dijo la chica mientras se acercaba a la camioneta. La chica se subió con mucha agilidad a pesar de llevar unos tacones bastante altos.

"Me impresiona; va a conducir una camioneta repleta de hosts, eso es sinónimo de problemas y por añadidura lleva tacones… Esta chica merece todo mi respeto"; pensó Haruhi seriamente.

–Fujioka, ¿a qué hora piensas subirte? ¿Acaso crees que voy a abrirte la puerta? –interrogó Kyouya en voz baja desde el interior de su auto. –Te recuerdo que eres un hombre –enfatizó el rey de las sombras.

"Por supuesto que no"; pensó Haruhi mientras abría la puerta de auto y se introducía en él.

Kyouya encendió el motor, éste rugía potentemente; Haruhi lo vio de reojo y en ese momento supo que le esperaba un largo viaje. Kyouya encendió el estéreo y conectó su Ipod al mini-jack. Después de unos momentos, la música comenzó a salir a través de las bocinas. Haruhi sabía que la única razón por la que estaba sentada en el asiento del copiloto del auto de Kyouya era la petición de Hitomi; lo cual representaba futuros beneficios para él. Aquella idea la entristeció un poco, no sabía porqué pero así era. Sin darse cuenta, la chica había abandonado el instituto... Le resultaba curiosa la sensación que experimentaba; estaba ligeramente nerviosa pero trataba de controlarse, no quería darle al rey de las sombras el pretexto perfecto para interrogarla en privado así que posó su mirada en la ventanilla del auto. El paisaje era hermoso, la carretera era recta y plana; a los costados de ésta había árboles y arbustos llenos de flores de todos colores. A Haruhi le relajaba ver la naturaleza, la distraía y le permitía pensar en todo aquello que quisiera. Sintió la mirada de Kyouya sobre ella más no volteó a verlo.

"Mh… este fin de semana será largo, fructífero e interesante"; se dijo a sí mismo mientras pensaba en su próxima estrategia. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios, cada vez estaba más cerca de lograr su cometido.

– ¿Por qué sonríes Kyouya-sempai? –inquirió Haruhi curiosa sin verlo directamente.

–No lo sé a ciencia cierta; supongo que recordé algún momento gracioso –contestó el rey de las sombras mientras sujetaba el volante firmemente. Se veía muy concentrado en sus recuerdos, al parecer eran buenos o beneficiosos.

Haruhi no supo qué pensar así que opto por no entrometerse en la retorcida y compleja mente del conductor. Ambos permanecieron en silencio varios minutos, ninguno de los dos quería interrumpir los pensamientos del otro. Por primera vez en su vida, Kyouya no sabía lo que su acompañante estaba pensando... Tal vez Haruhi estaría recordando el breve acercamiento que habían tenido con Tamaki el otro día gracias a las fanáticas de éste, aquella idea lo molestó un poco así que la descartó.

–Supongo que debe ser un momento muy gracioso –dijo la chica mientras volteaba a verlo. El rey de las sombras la observaba detenidamente, parecía que quería guardar aquella imagen dentro de su mente. – ¿Qué sucede Kyouya-sempai? ¿Por qué me mira de esa manera? ¿He dicho algo que le moleste?

–No, ciertamente no –contestó sin quitar su mirada de ella.

– ¿Entonces? ¿Por qué me observa? –inquirió un poco apenada.

–No lo sé, supongo que es por la mancha roja que tienes en la mejilla –contestó mientras tocaba la mejilla izquierda de Haruhi.

–Ah, es eso –dijo la muchacha sin inmutarse. Al ver la reacción de Haruhi, Kyouya quedó sorprendido y quitó su dedo de la suave tez de la chica. Nunca le había sucedido algo así, él jamás hacía contacto físico con las personas con las que hablaba.

La camioneta que iba delante de ellos se detuvo frente a una de las tantas casetas de vigilancia que resguardaba la seguridad de una gran mansión blanca con tejados y herrería verde quemado. La jefa del club de comunicaciones bajó la ventanilla, se identificó con los vigilantes y les pidió amablemente que le permitieran entrar al auto detrás de ella. Como por arte de magia, la gran reja que protegía el lugar se abrió. La camioneta avanzó en línea recta hasta toparse con un viejo y frondoso pino, el cual bordeo con gran habilidad para después estacionarse justo en frente de la puerta principal. Hitomi bajó del vehículo y abrió las puertas traseras, uno a uno los host fueron saliendo de la camioneta. Kyouya aparcó detrás de ella; apagó el estéreo, desconectó su Ipod y bajo rápidamente del auto. Haruhi se disponía a abrir la puerta del auto pero ésta se abrió de repente. Aquel lugar era hermoso; no importaba a dónde se mirase, por doquier podían observarse grandes y verdes jardines llenos de pinos, arces, robles y oyameles. En el centro de cada jardín había una ancha vereda que conectaba la puerta principal con alguna fuente o estanque. A los lados de cada vereda había pequeños arbustos llenos de rosas blancas. El olor de las flores invadía el aire.

–Ahora que estamos todos juntos les doy la bienvenida, siéntanse como en casa –exclamó Hitomi muy emocionada. Todos entraron a la mansión.

Los rayos del Sol iluminaban la lujosa y elegante estancia. Eran las doce de la tarde, lo cual tranquilizaba a Hitomi; todavía tenía tiempo para comenzar con las grabaciones… Por lo visto aquella construcción no era muy utilizada por la familia Hiwatari, razón por la que tenía un leve olor a humedad. Hitomi abrió todas las ventanas del lugar y éste poco a poco se fue llenando con un perfume exquisito de rosas. Los amplios pasillos estaban vacíos, de manera que podían apreciarse todos los detalles: las amplias ventanas, los hermosos vitrales cuyas sombras de colores iluminaban el piso, los carísimos jarrones repletos de flores blancas y los limpios y relucientes pisos de mármol importado.

Los gemelos se tomaron muy apecho las palabras de Hitomi, así que caminaron en línea recta a través de un amplio pasillo lleno de puertas. En las paredes podían verse los retratos de los ancestros de la dinastía Hiwatari, desde el periodo edo hasta la actualidad. Aquel lugar parecía ser parte de un cuento de hadas, todo era bello y estilizado. Hikaru vislumbró una luz al final del pasillo, comenzó correr hacia ella, dejando atrás a su hermano menor. (No, no me refiero a la típica escena de: "No, no vayas a la luz".) El hermano mayor se detuvo frente a unas suntuosas y enormes escaleras de madera. Sin pensarlo dos veces, Hikaru se dispuso a subirlas. Al llegar al primer descanso dobló a mano derecha hasta llegar a una pequeña sala roja.

–Kaoru, ven a ver esto –gritó el mayor para después sentarse en el sillón individual. Kaoru alcanzó a su hermano y ambos abrieron una puerta que se camuflajeaba con la pared.

Mientras tanto, en la estancia se encontraban los host restantes junto con la dueña de la casa.

–Hito-chan ¿cuál es el itinerario? –cuestionó Honey

–Bien, me gustaría comenzar con la asignación de sus habitaciones… pero no veo a los gemelos –expresó la chica mientras los buscaba con la mirada.

–Eso es común en mis hijos, aparecen y desaparecen cuando así lo desean –comentó Tamaki despreocupadamente.

–Papá, nos has decepcionado. Nos has demostrado que no te preocupa nuestra seguridad y lo peor es que ni siquiera porque la señorita Hiwatari está aquí has disimulado –dijeron los gemelos con resentimiento mientras se acercaban al rey. Aquella respuesta había tomado por sorpresa al líder de los hosts, así que no contestó nada; prefirió permanecer callado.

"Estos chicos son más extraños de lo que creía… perfecto, así tendré más material y estoy segura que con este reportaje el club de comunicaciones tendrá muchos adeptos"; se dijo así misma mientras observaba a los hosts.

"¿Qué tanto planeas? No estoy seguro de lo que sea; pero quiero participar… parece interesante"; pensó Kyouya al tiempo que veía a Hitomi. (No sé porqué pero me encanta que el rey de las sombras siempre sepa lo que va a pasar)

–Bueno, bueno chicos… –los llamó la chica en voz alta, así que todos voltearon a verla –tengo que hacerles un anuncio, lo que sucede es que los dormitorios son insuficientes; sólo contamos con siete y nosotros somos nueve personas –anunció la chica –por lo que creo que la solución más viable es compartir habitaciones.

–Pues no cuenten con nosotros –dijeron los gemelos. Todos los voltearon a ver estupefactos. –Sabemos lo que están pensando pero en vista de que pasaremos todo un fin de semana aquí, queremos descansar un poco de nuestra compartida e increíble belleza –agregaron con un ademán característico de Tamaki

–Ahora veo porqué son padre e hijos –pensó en voz alta la host natural. Honey comenzó a reír discretamente, Mori esbozó una sonrisa (o algo parecido), Kyouya emitió un leve y extraño sonido (el cual Haruhi interpretó como risa), los gemelos fruncieron el ceño levemente (tenían que aceptarlo, aquella chica aprendía rápido y de los mejores, es decir, ellos) y Tamaki rió un momento; su risa era musical y agradable. Haruhi no pudo evitar mirarlo y sentirse un poco hipnotizada por aquel bello sonido proveniente de la garganta del rey.

–Bueno, retomando el tema principal… ¿cómo nos organizaremos? –inquirió Hitomi. Un largo silencio fue su respuesta. –No quiero imponerles compañeros de habitación pero creo que no me queda otra opción… –agregó la señorita Hiwatari.

–Pues… –la interrumpió Kyouya ­–podríamos dejarlo al azar… "Este viaje cada vez se vuelve más interesante"; pensó con malicia.

–Por mí no hay problema, no sé por los demás –comentó Hitomi.

–No, ninguno – contestaron los demás host menos uno… el host natural.


Bueno, eso es todo. ¿Qué opinan? ¿Quién dormirá con quién? ¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Reclamos? ¿Ideas? Por favor, todo lo que quieran exprear, háganmelo llegar a través de un review.

Bueno, les agradezco su atención…

A. Masefield M.