Disclaimer A ver si ahora si captan. J. K. Rowling, autora de Harry Potter, yo NO autora, yo solo autora de fanfics.

Gracias por perder el tiempo leyendo este disclaimer. Se los agradece Blackwell.

Summary AU (Universo Alterno) ¿Nunca se han preguntado porqué Harry no habló con serpientes hasta que tuvo 11 años? ¿Qué habría pasado si hubiera hablado con las serpientes antes de aquel día en el serpentario? Viviendo una vida de maltratos ¿acaso no preferirías ir con aquel que mostrara interés en ti, aun y cuando ese aquel fuera una serpiente?


A la gente que me lee (o sea, que sabe reconocer 'lo bueno', jajaja):

No se si terminaré de escribir este capítulo para las dos semanas; por si no lo han notado (sí, ya se que solo van dos capítulos) subo mis documentos cada dos semanas. Lo que pasa es que me he hecho la promesa de que subiré cada dos semanas los capítulos. Y es que no quiero ser como esas personas que hacen sus fanfics y los actualizan casi cada año; se lo desesperante que es el estar esperando el capítulo siguiente de tu fanfic favorito y que luego de casi seis meses siga sin haber un capítulo nuevo, yo aún sigo esperando un capítulo de uno de mis fanfics favoritos que me parece que es el favorito de mucha gente.

Si no cumplo con subir los capítulos cada dos semanas trataré de que no pase mucho tiempo antes de que los suba.

Pero no puedo prometer nada porque (aunque me duele admitirlo) a veces se me hace un poquitititiiito tarde para ciertas cosas como ir a la escuela o cosas así. Una vez me dijeron que llegaría tarde a mi propio funeral, no es que me queje pero espero que el día de mi funeral se encuentre muy lejano. Aún hay muchas personas que todavía no les he jodido en la vida con mi hermosa presencia.

Jejejejejejeje.

Sin más que decir por el momento, teniendo que estudiar para exámenes de ciertas materias a las que nunca puse atención y con un montón de trabajos que jamás traté de hacer a tiempo, se despide de ustedes cordialmente.

Blackwell

Pdtt.

Alguno de ustedes ha escuchado alguna vez la palabra:

¿Postergación?

Yo sí.

Y por ella he estado en algunos problemas.

(Tómese con medida, no en exceso)


'El príncipe de las Serpientes'

Por Blackwell


Capítulo 3

(Cuando lo termine y decida el nombre lo pondré aquí)

…Finalmente he decidido un nombre…


Capítulo 3

La luz brillante


Entonces se encaminó hacia casa de sus tíos preguntándose si en verdad tenía un segundo nombre.

James.

Lupin lo había llamado con ese nombre.

Y lo más importante, ¿Tenía él, un segundo nombre?

James.

¿Sería ese su otro nombre?

Ese había sido el nombre de su padre, James Potter.

Harry James Potter.

Se escuchaba bien.

'Realmente bien' pensó.


Harry no había recibido un castigo por llegar tarde.

Tía Petunia había estado haciendo un gran revuelo porque no encontraba a su 'Dulce Pichoncito' en ninguna parte de la casa.

Su mochila de la escuela no estaba.

Dudley no había vuelto a casa.

Por fortuna para Harry, su Tía había estado tan ocupada preocupándose en pensar si algún 'Asesino-psicópata-caníbal' había secuestrado a su 'Adorable Bombón' mientras sostenía una pistola o un enorme cuchillo afilado en sus manos, como para preocuparse de que Harry hubiese llegado unos minutos tarde.

Tía Petunia había llamado a la oficina de Tío Vernon, donde Amelia Reigen, su secretaria, solo había podido decirle que su esposo había salido hacia una hora para comer con un cliente. Al principio se había programado una junta, pero después de unos veinte minutos de haber empezado habían decidido salir a comer algo. Así que Tío Vernon había salido sin decir a dónde iba exactamente. Cuando Tía Petunia, enfadada, había reprendido a Amelia, la vieja mujer sólo se había podido defender diciendo que 'no era de su incumbencia preguntar el lugar exacto a donde iba su jefe'.

Tía Petunia había colgado el teléfono exasperadamente.

Pero no se dio por vencida y llamó al teléfono celular de su esposo, que estaba apagado.

Harry había notado la aparición de un tic en la mano derecha de su Tía. La abría y la cerraba continuamente.

Así estuvo por unos minutos hasta que dijo a Harry en una voz muy calmada (tal vez demasiado calmada), que saliera de nuevo a buscar a Dudley.

Harry así lo había hecho. Pero no lo había encontrado ni en la escuela, el parque, la tienda o el campo de fútbol

Y después, la lluvia que Harry había sentido venir aquel día por fin había aparecido. Y en minutos, se había convertido en un fuerte nubarrón.

Cuando Harry volvió a la casa, su Tía había parecía estar a punto de estallar mientras hablaba por teléfono con la policía, donde le dijeron que las personas desaparecidas se reportaban hasta 24 horas de ausencia. Con una furia contenida, su Tía entonces los había llamado con palabras que los castos oídos de Harry nunca habían escuchado. Luego, con un movimiento brusco había colgado con enojo el teléfono, rompiendo un lindo florero transparente que se encontraba en la mesilla del teléfono.

El tiempo pasó estáticamente.

Su Tía dando vueltas por la casa como león enjaulado, y Harry tratando de mantenerse fuera de su camino.

Casi una hora más tarde, su Tía rompió a llorar de alegría cuando Tío Vernon (quién hasta entonces había estado ilocalizable) había vuelto a casa con su hijo.

Al parecer Dudley había decidido ir a comer algunos pastelillos a casa de un nuevo chico que acababa de conocer, Piers Polkiss. Según Dudley, cuando ya se disponía a ir de vuelta a casa, la lluvia ya se mostraba muy fuerte. La mamá de Piers, la Sra. Dora Polkiss, había sugerido que llamara a sus padres para que pasaran a recogerlo, consejo que Dudley había seguido llamando así a la oficina de Tío Vernon (porque traía una tarjeta del trabajo de su padre donde estaba el teléfono de la oficina y porque nunca se había aprendido el teléfono de su propia casa), y dejando un mensaje a la secretaria de su padre.

Cómo su Tía Petunia no había dicho a Amelia que no encontraba a su hijo cuando había llamado buscando a su esposo, la vieja secretaria sólo había pasado a Tío Vernon el mensaje de su hijo y le había mencionado que su esposa había llamado buscándolo; cuando éste, camino a Privet Drive había llamado para pedir a Amelia que le enviara unos documentos vía fax a su casa.

Cuando por fin Tío Vernon había recogido a su hijo en casa de aquel chico, Piers Polkiss, habían tardado un poco más de tiempo debido a la lluvia y al tráfico ocasionado por la misma.

Ese día había sido extraño y un tanto estresante, más para Tía Petunia que para cualquiera.

Cuando sus tíos habían pedido a su hijo una explicación, este había comenzado a llorar (bueno, fingir que lloraba, como Harry bien sabía) y había comenzado a decir con distintas palabras y en lloriqueos entrecortados lo mucho que lo sentía y como nunca, jamás, volvería a serlo.

Harry no le creyó ni un ápice.

Tío Vernon y Tía Petunia adularon a su hijo por toda la noche diciendo lo felices que se sentían de tener un niño tan maduro, responsable y bien portado como su hijo.

'Claro, no como aquel maldito e inútil hijo de mi hermana' había dicho Tía Petunia.

Harry no había hecho comentario alguno y se había ido a dormir a su alacena sin cenar.

Para él no había podido haber nada mejor que ser hijo de su madre.

Después de todo 'Prefiero mil veces ser hijo de una mujer que no conocí a ser un hijo tuyo y de tío Vernon, y además, hermano de Dudley' había pensado Harry para sí.


Cuatro días habían pasado desde que Harry tuviese esa conversación con Lupin a la salida de clases.

Ahora era un oscuro sábado por la tarde.

Y la lluvia aún continuaba, y mucho más que antes.

Los días, se habían continuado uno tras otro de manera monótona para los residentes de Privet Drive.

Una fuerte e imprevista serie de lluvias había azotado a la población de Surrey y sus alrededores; era casi innecesario decir que Little Whinginng también se había visto bastante afectado por aquellas incesantes lluvias.

Mientras en todas partes de Surrey se tomaban medidas de seguridad para evitar que el número de accidentes que ya habían ocurrido se incrementaran; en los suburbios como Privet Drive, las personas sólo se habían limitado a permanecer dentro de sus lindas y aseadas casas.

Como era de esperarse de personas que consideraban a los pequeños niños que no eran sus hijos como esclavos mal pagados, la fuerte lluvia no había detenido a los Dursley de dar tareas a Harry, de hecho, por alguna enfermiza forma parecían disfrutar el darle tareas que tuvieran que ser hechas al aire libre. Lo que significaba que Harry debía salir en mitad de la lluvia para realizarlas si quería tener la poca comida que recibía al día.

Así que Harry había tenido que hacer sus quehaceres como lo había hecho en los días anteriores, con unas cuantas tareas de más que se realizaban al aire libre como la que hacía en esos momentos.

Ese sábado por la mañana su tía Petunia se había levantado con un excepcional mal humor (estaba claro que el incidente de la nunca-desaparición de su hijo la había afectado) y lo había mantenido ocupado de una tarea a otra.

¡Limpia aquí y allá, tonto! ¿Qué ya lo limpiaste ayer? ¡Pues eso fue ayer! ¡Acaso crees que no se ensucia en un día! ¡Dios, que dirían los vecinos cuando vean esta suciedad que tú llamas limpieza! ¡¡Llamas a eso limpiar!! ¡¡Cualquier maldito perro callejero lo haría mejor!! decía tía Petunia.

No le gritaba.

Ninguno de sus tíos le gritaba demasiado alto, y no era que no quisieran hacerlo sino que temían lo que los vecinos pudiesen pensar de su 'unida y armoniosa familia' si llegaban a escuchar gritos provenir del interior de la casa.

Así que después de estar varias horas escuchando las críticas de su tía, Harry había dado gracias al cielo cuando lo habían enviado a cortar el césped del jardín.

- Las paredes son altas y esta oscuro. Nadie lo verá- había dicho tío Vernon cuando le comentó a su esposa de sacar al muchacho de la casa por un rato aunque estuviera lloviendo al completo. Parecía enfermo de ver a Harry constantemente.

Así que ahora ahí estaba.

Limpiando el jardín.

Y, tardándose el mayor tiempo posible en hacerlo.

No había en el cielo ni un solo rastro del sol que se ocultaba detrás de la enorme capa de nubes y aquella lluvia incesante.

El cielo se veía tan oscuro que el color azul era casi imposible de distinguir, Harry había escuchado al Sr. Mendley, vecino del Número seis, mencionar que el color del cielo era 'un maldito azul índigo', pero aún así Harry no estaba seguro del color que tenía, ni de si el 'maldito azul índigo' era un color en verdad.

Pero las nubes eran otra cosa. Hacían un hermoso contraste con el cielo, se veían de un color gris metálico y había tantas de ellas que Harry ya se había cansado de intentar contarlas.

Eran incontables, como las estrellas de un cielo nocturno despejado.

Y después del cielo y las nubes, estaban el aire y la lluvia. Ambos refrescantes y llenos de vida.

Para Harry, todo ese conjunto era perfecto.

Y mientras fingía recortar la hierba mala de entre el pequeño jardín de rosas de su tía, Harry pensó que esa tarea que tiempo atrás le habría parecido sofocante, ahora, no la sentía tan pesada como en días anteriores.

Seguro era ese hermoso clima que ocultaba al sol que en ocasiones llegaba a disgustar a Harry por su excesivo calor, o tal vez...

Era porque ahora el conocía a alguien.

Ahora sabía que el dolor no estaba solo en él.

Más gente sufría y el no era el único inconforme.

¿Lupin aún recordaría la conversación que tuvieron al salir de la escuela?

Habían pasado cuatro días.

Esos habían sido de los mejores días que Harry podía recordar.

Y eso, contando la vez que le dieron un pedazo de un pastel de chocolate que Dudley, en una rabieta por un nuevo juego de video que no le habían comprado, se había negado a comer el pastel; y cuando un vendedor había engañado a su tía al respecto del precio de una vajilla de cristal y ella ingenuamente había aceptado pagar (a pesar de las advertencias de Harry), claro, al llegar a casa descubrieron que algunas piezas de la vajilla estaban rotas, hablaron a la tienda, pero lo sentimos, no hay cambios ni devoluciones, que tengan un buen día les dijeron, y luego ya no aceptaron más llamados de su tía Petunia.

Era la primera vez que Harry había visto que la voluntad de su tía no se cumplía.

Pero en cierta forma, a pesar de que no había nada especial en esos días, eran diferentes para él.

Las cosas ya no estaban tan cargadas.

Las palabras ya no lastimaban tanto como antes (aunque aún dolía cuando hablaban de sus padres).

La vida se veía más fácil de sobrellevar ahora.

Todo gracias a Lupin. Bueno, a su Profesor.

Harry había dejado de llamarle Profesor cuando pensaba en él.

Ahora, era simplemente Lupin.

Lupin era lo más cercano a…bueno, a decir verdad era la persona a la que se había acercado más en su vida.

Y eso para Harry ya era algo.

Pero habían pasado ya cuatro días y en la escuela todo había seguido igual. De acuerdo, Lupin a veces le sonreía por más tiempo de lo normal, en algunas ocasiones Harry se había dado cuenta que Lupin lo seguía con la mirada o lo observaba intensamente por más tiempo del necesario. De hecho, Harry todavía se acordaba de la forma en que Lupin lo miró el primer día.

Pero eso no importaba.

Lupin aún le sonreía.

Y eso era todo lo que valía para él.

Por alguna razón Harry sentía que debía tener más que eso.

Era como una adicción. Ahora que ya había probado un poco, que ya se había sentido apreciado por alguien quería más que eso.

Pero la parte racional de la cabeza de Harry no paraba de repetirle que eso era realmente peligroso, que tenía que tener cuidado de no salir lastimado.

No estaba seguro que tanto resistiría su corazón.

Porque no sabía si estaba preparado para un nuevo rechazo. Como el de sus tíos y su primo.

Sólo rezaba porque Lupin no lo defraudara.

Bueno, por lo menos que no lo defraudara en los últimos días que lo vería.

Estaría con él por una semana más.

Aunque en realidad, si lo pensaba mejor…

Eran cinco días de clase de la próxima semana y luego comenzaba los exámenes finales que se llevaban a cabo en la última semana antes de las vacaciones de verano (al volver les daban sus resultados); en la semana de exámenes algunos Profesores venían de otras escuelas a aplicarles los exámenes, y los Profesores de la escuela de Harry iban a otra escuela a hacer lo mismo.

Estaba casi seguro que Lupin se iría en esos días.

Era por el motivo de algún arreglo extraño entre las escuelas. Un acuerdo de intercambio de Profesores o algo parecido.

Harry suponía que había una razón para que intercambiaran de Profesores, pero no sabía cual era.

Tal vez también calificaban a los maestros o algo así, ¿Tal vez la escuela?

Tenía el sentimiento de que así era.

- ¡Genial! –pensó sarcásticamente Harry mientras hacia acopio de todas sus fuerzas para extirpar una hierbas ponzoñosas del jardín- ¡Soy un fenómeno que tiene un extraño don para saber si las cosas que pienso sobre mi escuela son verdaderas!, pero…

No.

Puedo.

Quitar.

Esta.

¡Tonta!

¡¡Hierba!!

'¡¡Ahhhggrrrr!!' exclamó Harry fuerte y dolorosamente al caer con un fuerte sentón al suelo mojado. Estaba con las manos apoyadas en el suelo, su puño derecho dolía, pero, al fin, tenía la hierba mala apretada fuertemente.

El pánico lo asaltó.

Ahora si la había hecho buena, había gritado y seguro que lo habían escuchado los Dursley.

Nervioso, el pequeño miró en dirección a la casa.

Nadie estaba ahí para decirle nada.

Pero…

Entonces, ¿Es que no habían escuchado su grito?

Un fuerte sonido resonó en el aire, sobre la cabeza de Harry.

Él miró hacia arriba y vió como una línea azul brillante descendía lenta y entrecortadamente desde una oscura nube, hacia él.

¡¿Eh?!

¡¡Eso iba directamente hacia él!!

¡¿Se había vuelto loco o era que estaba soñando?!

¡¡Los relámpagos no podían moverse tan lentamente como ése lo hacía en esos momentos!!

Nunca en su vida había visto algo como eso…

Ese relámpago, esa cosa, parecía que bajaba del cielo brincando sobre las nubes.

¿¿O…se deslizaba??

¡¡Por Dios!!

¡¡Seguía acercándose, eso no podía ser un sueño!!

La mente de Harry comenzó a trabajar furiosamente.

Y no hallaba una explicación lógica a esa situación.

No estaba realmente asustado; pero no es de todos los días que en una noche lluviosa la luz de un relámpago de pronto se acerque lentamente hacia ti.

'No importa lo que sea' pensó Harry 'Estaré más seguro dentro de la casa que aquí afuera'.

Y trató de echarse a correr.

Pero no pudo.

Sus piernas no respondían.

Trató de moverse, pero no pudo.

Harry sabía que ya no podría levantarse.

Era ahora ya muy tarde. Esa luz estaba casi alcanzaba.

Ahora.

Ya nada importaba.

Lo que fuera esa cosa, el daño que pudiese causarle sería su destino, tal vez incluso se lo merecía…

¡¡La luz…!!

¡¡Estaba cerca!! ¡¡Demasiado cerca!!

Harry ya no pudo pensar en ese momento porque aquella brillante luz azul estaba ahora frente a él, en la casa de los Dursley, e iluminando de una forma casi cegadora todo Privet Drive.

'Esa luz' pensó Harry.

Era tan brillante.

Y hermosa.

Era…tan cálida y vibrante.

Entonces la luz comenzó a cantar y todo perdió sentido...

Todo lo que importaba en ese momento para Harry era seguir admirando la luz.

Esa luz era tan magnífica.

Era perfecta.

De algún modo la luz era todo lo que Harry siempre había querido.

¿Cómo había podido pensar antes que quería cualquier otra cosa que no fuera la luz?

La luz era todo lo que necesitaba.

Y la luz lo quería a él.

La luz quería que fuera con él.

La luz lo quería a él y a nadie más.

¡¡A él!!

Dos brillantes luces azul profundo lo cegaron de frente.

Eran ojos.

Los ojos de la luz lo estaban mirando.

Lo miraban a él.

'Búscanos' decían los ojos.

Estamos esperando.

Hemos esperado tanto, y aún esperamos.

Debemos estar juntos.

Es nuestro destino.

Estamos aún aquí, esperando.

¿Vendrás?

…Búscanos…

La luz comenzó a dar vueltas muy despacio alrededor del pequeño cuerpo de Harry mientras cantaba aquella melodiosa canción y susurraba palabras dulces a su oído.

Pero detrás de las palabras y la canción había un solo mensaje.

Búscanos.

'Búscanos' decía.

Búscanos, Búscanos, Búscanos.

Una y otra vez lo repetía sin cansancio.

La luz dejó de dar vueltas y posó sus brillantes ojos en Harry, quien sabía lo que pasaría ahora.

La luz le hablaría.

Sabía que esa luz no era la verdadera luz. Esto era una especie de… ¿mensaje?

'¡La luz me dirá donde buscarla!, ¡Debo encontrarla!' pensó.

Podía sentir como su cuerpo se rodeaba con la calidez de la luz ¿o era acaso energía?

Y ahora que no se estaba moviendo…

¡Sí!

La figura de la luz era la d…

-¡¡Niño!! –Farfulló hoscamente su tío Vernon desde la puerta trasera de la casa-¡Qué demonios crees que haces en el suelo! ¡Ponte a trabajar!

Luego su Tío cerró la puerta mascullando cosas ininteligibles.

Harry se había congelado cuando la voz de su tío había interrumpido la canción de la luz, se había girado y mirado a su tío mientras le hablaba pero no le había puesto atención, cuando éste se fue volteó rápidamente la cabeza.

Pero la luz ya se había ido.

No había rastro de ella.

La luz se había ido, y con ella la las dulces palabras, la canción y la calidez que transmitía.

De nuevo Privet Drive se encontraba entre las sombras.

¿Acaso su tío no había visto la hermosa luz?

¿O era que solo él la había visto?

¡¡Pero si había iluminado a todo Privet Drive!!

¡¿Cómo era que nadie más la había visto?!

Harry se puso en pie ('Por fin podía moverse' pensó) y miró a las casas vecinas.

Nada se veía diferente. No había signo de que algo hubiese perturbado a sus habitantes.

¿Había sido todo un sueño?

¿Todo había sido fruto de su imaginación?

Si ese era el acaso, ahora sabía que tenía mucha imaginación ¿Cómo habría podido pensar en algo tan maravillosamente perfecto como esa luz?

De acuerdo.

La teoría de la imaginación no podía ser cierta.

Bueno, la teoría de que todo había sido producto de un sueño se descartaba por completo. Había sido demasiado real.

También estaba seguro de que lo que hubiera sido esa luz era algo fuera de lo normal, algo que no era de ese mundo; es decir, él sentía cuando cosas diferentes sucederían, ese día debía de haberse levantado sabiendo lo que ocurriría.

Él siempre sabía.

Sabía cuando le iban a pegar.

Sabía cuando le gritarían.

Sabía cuando la pandilla de Dudley lo perseguiría.

Había presentido la llegada de Lupin.

¡¡Pero por alguna razón no había sentido la llegada de aquella luz!!

¡¿Por qué?!

¿Por qué cosas tan extrañas tenían que sucederle a él? ¿Por qué no a Dudley ó a aquel chico de su clase con cabello rizado, Lucio Davieson, que siempre se quejaba de las aventuras que tendría si no estuviera en la escuela?

Parecía que todo le sucedía e él.

Y eso, ¿que le dejaba entonces?

Nada.

Absolutamente nada.

No tenía más teorías sobre 'la luz brillante' (que así era como la llamaría desde ahora) y además…

Aún tenía trabajo por hacer en el jardín.

Llevaba ya mucho tiempo allí afuera y no había hecho un solo avance en su trabajo. Debía hacer algo de trabajo notable antes de que su tía saliera para decirle que ya podía entrar a 'comer'.

Harry se acercó al jardín de rosas de su Tía para continuar con su trabajo, sabiendo que nunca en su vida olvidaría a la luz brillante que lo había mirado con tal calidez y le había dado el abrazo que tanto había deseado que Lupin le diera.

Se hincó frente al jardín de rosas a trabajar con un último pensamiento.

Si la luz hubiera tenido algo más de tiempo…

¿Le habría dicho donde encontrarla?


Harry se despertó inquieto al siguiente día.

Al principio pensó que había tenido un sueño sobre la luz brillante pero luego, lo recordó claramente.

De nuevo había tenido uno de 'esos' sueños.

Había visto de nuevo aquella luz verde que ya conocía muy bien por sus pesadillas anteriores.

Y los gritos.

Esos siempre eran los peores.

Primero eran los gritos y luego la luz verde.

Harry estaba seguro que su pesadilla era del día en que sus padres murieron.

Lo sentía.

Hacía tiempo Harry había supuesto que la luz verde era la luz que provenía del coche contra el que su familia había chocado y solo él (para su desgracia) había sobrevivido.

Pero ahora, estaba seguro de que esa luz no provenía de un coche.

La luz verde había estado demasiado cerca de él.

Incluso podía recordar vagamente haber sentido el calor que emanaba de ella.

Por esa razón, hacía casi un año que Harry estaba seguro de que sus padres no habían muerto en un accidente automovilístico.

Ellos simplemente no habían podido morir de aquella forma.

Se negaba a creerlo.


El día se había seguido normalmente, con la excepción de que ahora el cielo permitía una excelente vista del astro sol.

Las lluvias parecían haberse alejado de Privet Drive.

El ambiente aún se sentía ligero.

El aire húmedo y refrescante deba de lleno en el rostro de Harry, quien al igual que la noche anterior estaba en el jardín.

La diferencia era que ahora no estaba trabajando. Se encontraba cómodamente recostado al pie del árbol del jardín y gracias a la mesa de picnic que su Tía había instalado hacía casi un año, alejado de la vista de cualquiera que echase un vistazo por la puerta trasera de la casa.

Su Tía había salido a una junta del club de Señoras del barrio desde temprano y se había llevado a Dudley con ella. Por lo que decía su primo a Harry, esas juntas eran mortalmente aburridas, las Señoras, unas a veces tan viejas que no podían sostenerse en pie, no hacían más que hablar de lo que hacían y no hacían las personas del vecindario.

Todo era aburrido.

Hasta ver cómo tomaban el té era aburrido.

Según Dudley, si no fuera por los pedazos de pastel que las Señoras repartían entre los niños (algunas como su Tía llevaban a sus pequeños) seguro morirían de aburrimiento.

Y su Tío Vernon, como todo buen hombre de familia, se había sentado en su sillón preferido frente al televisor a observar un partido de fútbol americano; con sus provisiones de botanas, papas fritas y una hilera de cervezas para hacer crecer su ya de por sí enorme barriga.

Obviamente, Harry había estado de más en esa habitación y su Tío, al notar su presencia, sólo le había hecho un gesto con la mano para que el niño supiera que podía ir a cualquier parte de la casa excepto a ésa habitación.

Así, Harry se había perdido de la vista de Tío Vernon y se había recostado entre la hierba para disfrutar de uno de aquellos momentos de calma que solía tener en tan pocas ocasiones.

Harry se quitó los tenis, cerró sus ojos y escuchó con atención el sonido del viento.

El aire se movía lentamente acariciando su suave y terso rostro de niño.

Estaba completamente relajado.

No había sueños ni pesadillas.

No había alegría ni decepción.

No había odio ni amor.

No había nada de eso.

Sólo el viento.

Todo lo que existía era aquel sonido suave.

El dulce murmullo del viento.

Todo era perfecto.

Luego, una extraña luz apareció de ninguna parte.

Búscanos.

Encuéntralos…

Búscanos.

Es con ellos con quien tienes que estar…

Búscanos.

Es a ti a quien elegí...

Búscanos.

Por ti morí feliz…

Búscanos.

Sabía que llegarías…

Aquí.

Cuídalos a todos…

Estamos aquí.

Por favor, guíalos…

Levántate y ven con nosotros.

Eres el joven aprendiz que llegaría…

Ven ahora.

Eres el niño que nació viejo...

Anda.

Esperé en un sueño por ti…

Estamos aquí.

Todos hemos estado esperando…

Abre la puerta.

Ambos están listos para lo que viene…

Estamos aquí adentro.

No será fácil pero eres fuerte…

Ven con nosotros.

Lo sé muy bien…

Aquí.

Porque lo ví todo…

Abre los ojos.

En un sueño…

En un sueño…

Un sueeño…

Un sueeeeño…

Sueeeeeeeeeño…

…eeeeee…………ooooooooo…


Abrió sus ojos.

Todo estaba borroso pero las cosas comenzaron a tomar forma lentamente.

¿Acaso había dormido tanto?

Harry cerró los ojos nuevamente dejando escapar un largo bostezo y se llevó su mano izquierda para cubrir su boca.

Dio un paso adelante y casi pierde el equilibrio.

Miró hacia sus pies descalzos.

Era una escoba con lo que había tropezado y casi cae al suelo.

No deberían dejar esas cosas en el suelo, cualquiera podría…

Un momento.

¡¿Porqué rayos estaba de pie?!

¿Qué no estaba acostado bajo el árbol del jardín?

¿Cuándo se había puesto en pie?

Todo era algo confuso y el hecho de que todavía tuviera sueño no ayudaba para nada…

Harry alzó la mirada hacia el frente.

Estaba en la entrada de un cuarto que se encontraba en la semioscuridad.

Miró detrás de él, a su espalda había dos puertas abiertas de par en par. Las puertas daban al jardín.

¿Quién las había abierto?

¿Acaso había sido él mismo quien las había abierto?

Pero ¡¿Cuándo?!

No recordaba cómo había llegado hasta ahÍ.

Pero…

Creía recordar unos murmullos, ¿Habían sido palabras?

- ¡Ah!, este es… - dijo Harry con un aire de entendimiento.

Estaba en el cuarto trasero.

Era una pequeña habitación anexa al jardín. Los Dursley guardaban ahí todo lo que ya no necesitaban. Aparatos descompuestos, herramientas, latas de pintura, libreros ladeados, platos estrellados, ropas viejas…

Era como un almacén de cosas inservibles.

Cosas que los Dursley se negaban a tirar.

Los libros de la escuela de Harry habían ido a parar ahí.

Varias llantas de la bicicleta de Dudley y del coche del Tío Vernon.

El microondas que había explotado cuando Tío Vernon intentó calentar una taza de café con una cuchara adentro que causó un corto circuito.

La pequeña máquina de helados de Dudley.

El antiguo juego de sillas de la cocina, cuando Tía Petunia insistió a su esposo en que necesitaban comprar uno nuevo.

Infinidad de cosas habían ido a parar a ese lugar.

¿Habría fotos de sus padres en ese lugar?

Tal vez Tía Petunia había olvidado que las había guardado ahí hace mucho tiempo.

Tal vez.

¿Y si solo daba un pequeño vistazo a esas cajas que parecía que llevaban años en esa esquina de la izquierda?

Que daño podría causar.

¿Cuántas cosas malas le habían pasado a alguien por abrir una caja?

Tía Petunia solía pasar todo el día con el club de Señoras, y su Tío nunca saldría a buscarlo al jardín para ver si seguía ahí.

Si solo pudiera abrir una caja o dos sin ser visto…

Un ruido extraño rompió su cadena de pensamientos.

Entonces sucedió.

Harry captó un movimiento a su derecha. Entre los cubos y unas ropas, dos brillantes ojos le devolvían la mirada.


Tarde me he enterado de que cuando subo un capítulo algunas palabras se cortan, especialmente las que terminan con un acento. Y los signos de '´mayor que' y 'menor que' no aparecen.

¿Me he disculpado antes por los errores de ortografía?

Lo hago ahora.

Perdón.

Solo sigan leyendo.

Sugerencias, comentarios, maldiciones…ya saben donde encontrarme.

(¿Mencioné que cumplí años este 3 de Octubre? El mejor de mis regalos fue un precioso tablero de ajedrez que huele a nuevo…mhhmm…Pintura…Droga… ¿Escribí lo que pensé?)


Domingo, 10 de octubre, 00: 35 a.m.