Disclaimer: Se que lo he dicho varias veces antes, pero recuerden que mi grandioso ingenio y habilidad no creó a Harry Potter. La autora es J. K. Rowling. (Sí, wanna, wanna, nos postramos a tus pies. Jeje.)
Gracias por perder el tiempo leyendo este disclaimer. Se los agradece Blackwell.
A la gente que me lea:
Dios. Tengo exámenes toda esta próxima semana. Del Lunes 18 al Viernes 22. Tengo que tener buenas calificaciones…
¿Recuerdan que dije que había sacado 33 en Fisiología de los Microorganismos?
Bueno, por eso tengo que estudiar. Y para acabarla también tengo que presentar un examen de Anatomía que, dicen las malas lenguas (y normalmente no se equivocan), que va estar de la '…$&...', y por eso tengo que estudiar.
El hecho de que haya estado dormida la mayoría de las clases no ayuda en mucho…
Ni modo. Me toca darle. O bueno, siquiera intentarlo.
Luego les digo que saqué.
Atte. Blackwell
Pdtt. Supongo que esto debe ser algo confuso. La sección de aquí arriba la escribo cuando comienzo a escribir el capítulo. Cuando lo termino pongo unas palabras al final.
Gracias.
'El príncipe de las Serpientes'
Por Blackwell
Capítulo 4
Muchas cosas, poco tiempo.
Un ruido extraño rompió su cadena de pensamientos.
Entonces sucedió.
Harry captó un movimiento a su derecha.
Entre los cubos y unas ropas, dos brillantes ojos le devolvían la mirada.
Harry trató de no hacer ningún movimiento. Incluso dejó de respirar.
¿Qué era eso que estaba ahí?
Lo que fuera esa cosa, con esos… ¿eran ojos? …podría atacarlo en cualquier momento.
El moverse no se le antojaba como una buena idea.
Sí, no moverse sería mejor.
Harry comenzó a rebuscar en su cerebro por algo de información útil. En un minuto había encontrado lo que quería.
Podía recordar uno de aquellos días en que los Dursleys, hastiados de su presencia le habían permitido mirar el programa que quisiera en el televisor.
Había escogido un canal que pasaba un documental sobre los hábitos de los leones. Para él, era un programa interesante, con buenas imágenes y poco sonido. Le gustaban esos programas.
Casi al final del programa, el narrador había comenzado a dar recomendaciones sobre como escapar de los leones (Harry no creía que algún día fuera a necesitar esa información pero le pareció que no le haría mal el saberla) o en su defecto, de cualquier animal peligroso.
El narrador había dicho algo como…
'…cuando se esté al frente de un animal peligroso o de cualquier animal es de preferencia no hacer ningún sonido o movimiento que pueda poner en guardia al animal con el que se enfrenta. Los movimientos fuertes y bruscos molestan la quietud del animal y estropean su entorno.
Nunca, y cuando lo digo quiero decir nunca, es bueno mirar a los ojos de un animal peligroso; el animal tomaría esa acción como muestra de un reto o amenaza. Al mirar a sus ojos se le da a entender que estamos listos para tomar cualquier acción necesaria. Siempre es preferible no mirar a los ojos, mantener una actitud sumisa y serena, sin demostrar temor alguno. Generalmente, los animales no suelen ser curiosos, mirarán solo una vez y si no ven la representación de un peligro se alejarán para seguir su camino. En el caso de que se llegue a encontrar con animales peligrosos de la familia de los felinos o de alguna otra familia, el camuflaje será siempre lo preferible. No moverse, respirar o pestañear. Es preferible tomar una actitud pasiva y alejarse hasta que el animal ya se haya ido del lugar.
De ser necesario algún movimiento al encontrarse frente al animal, ya sea para tomar algún tranquilizante con que disparar al animal o moverse en cierta dirección, esos movimientos deberán hacerse con la mayor cautela posible. Deberán ser movimientos suaves y lentos. No mecánicos.'
En resumen, no moverse o respirar. Tratar de que la cosa que sea que esté ahí mirándolo se vaya primero.
Bueno, al menos Harry estaba tratando de hacer algo parecido…
El retener el aire nunca había sido su fuerte, tampoco los deporte o el trabajo en equipo, pero no era momento de pensar en eso porque se le estaba acabando el aire, y además ya sentía como el color de su rostro comenzaba a tornarse de un pálido azul y parecía que su cabeza estaba palpitando
No podía pensar con claridad.
Todo borroso se veía tan extraño. Las paredes tomaban formas alargadas y graciosas. Y cuando giraba su cabeza a la derecha…
No era nada bueno.
Antes de que pudiera pensar siquiera en respirar ya lo estaba haciendo. Sus pulmones habían gritado desesperadamente por algo de oxígeno, y sin el consentimiento del cerebro de Harry habían obtenido lo que querían.
El pequeño Harry aspiró ruidosamente una gran bocanada de aire.
Ya no estaba pensando en las consecuencias de lo que podría hacerle ese animal, o lo que fueran esos dos ojos brillantes (si, estaba seguro de que debían ser ojos), si se movía.
Solo pensaba en que todo el aire del mundo estaría mejor dentro que fuera de sus pulmones.
Tomó todo el aire que necesitaba esperando que su garganta dejara de doler.
Respiró.
Y siguió respirando.
Lo que fuera que estaba escondido junto a esas ropas ya debía de saber que él estaba ahí.
De todas formas no hubiera podido pasarse toda la vida esperando que el animal ese se fuera. ¿Y si no se hubiera ido nunca?
De acuerdo, era hora de ir al grano del problema.
Había un animal con ojos brillantes escondido, y él. Eso no lo llevaba a ninguna parte.
De acuerdo, ¿De que tamaño sería? Seguro no era tan grande como un león, sino no hubiera podido esconderse entre un espacio tan pequeño como el que había entre los botes y las ropas.
Lo que le llevaba a deducir que no debía ser una animal que digamos de tamaño preocupante.
¡Ni siquiera un perro de tamaño normal cabría en ese espacio!
Pero ¿Y un cachorro?
Bien podría caber ahí.
El saber que el tamaño del animal no era tan grande como había sido su impresión inicial ayudó a minimizar su preocupación de ser comido por partes.
¿Y ahora que se suponía que debía hacer?
Estaba seguro de que no debía empeorar las cosas acercándose al dueño de aquellos ojos.
¿Cierto?
En cierto modo era cierto.
Pero a pesar del peligro la curiosidad permanecía en su mente.
¿Qué habría entre esos cubos y ese montón de ropa?
Si no era un animal tan grande entonces no podría hacerle un daño razonable.
Si solo se acercara unos cuantos centímetros no estaría en mínimo peligro…
¿Qué tipo de animal sería?
Tal vez un gatito pequeño con forma de peluche con el que pudiera jugar lanzándole bolas de papel o un cachorro que pudiera morder a Dudley con solo una orden suya. O si pudiera ser un animal que cupiera con el en la alacena…tal vez podría tenerlo ahí sin que los Dursley se enteraran.
Sería su primer amigo.
Sí, si solo se acercara un poco más sabría lo que había en ese lugar.
Nada le pasaría si se acercaba un poco más a ese animal.
Pero…
Si me acerco ya no habrá marcha atrás. Puedo sentirlo.
Más allá había algo que no conocía.
Algo que se veía como un ligero camino que poseía algo grande al final.
Algo con lo que nunca se había topado de frente.
Y estaba unos centímetros adelante.
Solo debía dar unos pasos para tomar ese destino.
Pero ¿Y que si lo llevaba a un destino horrible y peligroso? ¿Y si se acercaba y se encaminaba a un destino peor que el que habría tenido con los Dursley?
Tenía muchas dudas…
¿Qué podría hacer?
Irse del cuarto trasero y no volver.
O acercarse unos pasos, descubrir la identidad de ese animal y ver lo que estaba escondido en ese final…
Una brisa atravesó las puertas de la habitación hasta acariciar el rostro del muchacho.
Fue entonces que el sonido del viento comenzó a tomar sentido para Harry.
Era una voz.
'Alguien' de alguna forma estaba hablando con él.
No le hablaba con palabras. Era más un sentimiento que cualquier otra cosa.
Decía que lo estaban esperando.
¿Quiénes?
Decía que no los hiciera esperar más tiempo.
¿Esperar para que?
Decía que no los dejara solos.
¿Pero a quienes?
Decía que no le fallara.
¿Fallar en que? ¡Pero si no le conocía! ¿Quién le hablaba? ¿Acaso debía hacer algo? Sería mejor que se lo dijera de una vez.
Silencio.
La voz se había ido. Y también los mensajes.
Harry se quedó quieto por un segundo.
Eso había sido…
Extraño.
No raro, sino 'extraño'.
Hasta ahora había sido un día muy extraño. Y estaba seguro que falta más por suceder.
¿Dónde había escuchado esa voz?
Estaba seguro de haberla escuchado antes.
¿Pero de quien sería esa voz?
No podía recordarlo.
Por segunda vez en los últimos minutos un sonido captó la atención de Harry.
Debía ser el animal escondido.
Casi se había olvidado que todavía estaba ahí.
Lo cual era razonable; con pesadillas, rayos bajados del cielo y brisas de verano que le hablaban ¿Quién podía concentrarse con tantas cosas en la mente?
Ya era hora de hacer algo.
Harry miró el suelo.
Estaba sucio y parecía que nadie había entrado desde hacía un buen tiempo.
Ese era el espacio que debía caminar para llegar a ese animal.
Ese era el espacio que al cruzar le daría un nuevo camino a su vida.
Ese era el espacio por el que ahora estaba caminando.
Vería ese animal aunque fuera lo último que hiciera.
Había tomado una decisión y no se retractaría.
Ya estaba cansado de estar esperando el momento de dejar a los Dursley; cualquier cosa a la que lo llevara la elección de ese camino la tomaría.
-Ven aquí, animalito –dijo Harry.
Se había agachado y estaba de rodillas tratando de ver algo del animal a pesar de la oscuridad.
Escuchó de nuevo el sonido que lo había hecho acercarse. Pero esta vez el sonido aquel era mas claro y Harry podía escucharlo perfectamente.
O más bien, entenderlo.
¡No podía creerlo!
Era una voz.
¡El animal podía hablar!
Wow.
El animal podía hablar.
¡¡Era impresionante!!
¿Podían los animales hablar? Se suponía que no. Estaba seguro que lo había leído en algún lugar; sus profesores también lo habían dicho.
Los humanos eran los únicos que podían hablar.
Los perros no podían. Ni los gatos. Ni las aves. Ni las vacas.
Sólo las personas.
'Pero este animal esta hablando' pensó Harry.
Entonces el mundo debía estar equivocado.
Algunos animales s podían hablar solo que la gente que lo investigó no debió haber tenido la paciencia para escuchar a todos los animales.
Tal vez a esos animales les caían mal los investigadores y no les habían querido hablar.
Seguro eso debió ser.
Y además ¿Cómo podría alguien hablar con todos los animales del mundo?
Eso era imposible. No había forma.
El que dijo que los animales no podían hablar estaba equivocado.
Sí podían.
Wow.
El animal estaba hablando.
¿De qué hablarían los animales?
Seguramente no de la escuela. Los animales no irían a la escuela ¿O sí?
Después de todo, si podían hablar entonces eran inteligentes.
¿Qué animal sería?
Harry se agachó aún más. Su cabeza rozando el suelo y sus ojos esmeraldas con la vista fija en la oscuridad de donde provenía la voz del animal, atento a sus palabras.
Resultó que el extraño sonido, no era eso, sino que eran muchos extraños soniditos que parecían uno solo.
Harry se concentró en lo que decía el animal. Bueno, lo que creía que decía porque no podía entender todo bien con esos sollozos.
El animalito estaba llorando. Pobrecito.
¿Estaría triste?
-¡Que voy a hacer! –decía al animalito- Que voy a hacer. Que voy a hacer. ¡Ahora sí que la hice buena! ¡Za Y'ther, van a matarme! Claro, me mataran si primero logro salir viva de esta.
El animal hizo otro de esos extraños sonidos y continuó hablándole al aire.
- Y esa cría todavía esta buscándome. ¡Por favor! ¡Grandes, no dejen que me encuentre! Seré buena, lo prometo. De verdad, esta vez sí hablo en serio, ya no andaré por ahí sola y sin cuidado de nada. Escucharé a Y'Alunej, en serio que ahora sí lo haré. Ya no saldré a explorar ¡Lo prometo!
-¡Gran Za Y'ther! Ayúdame por favoooor. Por favor. Prometo darle mi colección de huesos a Jtar. Si tan solo me ayudas esta vez.
-¡Por favor, ya no volveré a pedir nada más! Sé que dije eso la otra vez en las piedras de I'leta, pero ahora sí hablo en serio. No quiero morir o que me metan en uno de esos espacios pequeños y cerrados donde otros dicen haber estado. ¡Por favor Gran Za Y'ter! Ayúdame esta vez y yo…
Una voz interrumpió el monólogo del animal.
- ¿Tienes una colección de huesos? Yo nunca he visto uno –dijo la voz.
- ¡¿Quién eres?! ¿Dónde estas? ¿Podrías ayudarme? La gran lluvia me hizo perderme cuando iba de regreso a casa, y tuve que refugiarme aquí. No se donde estoy ni como regresar. ¡Por favor, ayúdame!
-Pobrecito… ¿Estas perdido?
-¡Qué! ¡¿Porque me insultas de esa manera?! ¡Soy una niña no un niño!
- ¡Oh! Lo siento. Es que no puedo verte desde aquí.
- ¿Dónde estas?
-Estoy aquí afuera. Anda, sal. Así podremos hablar. ¿Cómo te llamas?
-Me nombraron Yalei… Entonces, ¿La cría se ha ido?
-¿La cría? Bueno, no he visto a nadie más desde que entré aquí. Tu nombre es bonito.
-Gracias, creo, nadie me había dicho eso antes. Pero ¿Estas seguro de que no está la cría?
-Segurísimo.
-Mhhmm ¿Cómo te nombraron a ti?
-Mi nombre es Harry.
-Que nombre tan extraño.
-Para mí es normal.
Hubo unos instantes de silencio. Luego Yalei habló de nuevo.
-De acuerdo, voy a salir.
Yalei salió despacio y se topó de frente con Harry.
Se dio la vuelta inmediatamente, con una expresión horrorizada que el niño no entendió, intentando volver de nuevo a su escondite. Pero Harry habló antes de que hubiera avanzado unos centímetros.
-¡No puedo creerlo! ¡¡Eres una serpiente!! ¡Genial!
Yalei se petrificó en su sitio. Se dio la vuelta lentamente hacía un pequeño Harry que le miraba con extrema curiosidad.
El niño estaba sentado en el suelo cruzado de brazos, con las piernas abiertas y extendidas.
-¿Harry? –preguntó una Yalei medio alucinada.
-Harry Potter. Mucho gusto – dijo el niño alzando la mano en forma de saludo.
La serpiente se mantuvo en silencio, sin moverse.
-¿Estas bien, Yalei? –preguntó Harry preocupado por su nueva amiga.
-¡Gran Za Y'ther! –susurró la serpiente.
Harry no entendía nada. Solo esperaba que Yalei quisiera quedarse con él por un tiempo.
Era lo suficientemente pequeña como para quedarse con él en la alacena. Sería divertido. Y tal vez podría convencerla para que mordiera a Dudley, o si no quería se conformaría con que le diera un pequeño susto.
Sus tíos jamás se darían cuenta. ¿Qué podría ofrecerle de comer a Yalei?
-Harry ¿Cómo puedes hablar conmigo?
-¿Eh? No te entiendo.
-Eres un humano. Los humanos no hablan nuestra lengua.
-Bueno, tú estas hablando conmigo ¿O no?
-Pues, si.
-¿Ves? Eres tu la que habla como humano.
-No. No soy yo. ¡Tú eres el que habla como nosotros! ¡Cuándo hablo a un humano ellos jamás entienden! Eres tú, Harry. Tú eres el que puede hablar conmigo y no al revés.
-¿En serio? ¡Genial! ¡Puedo hablar con los animales! Podré hablar con los animales como aquél tipo de esa película en que…Espera, un momento. Yo también he tratado de hablar con los animales y ellos no me entienden, como el Rotwailler de Tía Marge, trató de morderme muchas veces.
-Esto nunca había pasado. No se que decir.
Harry sopesó las posibilidades. Él sabía que no podía hablar con los animales. Yalei estaba segura de que no podía hablar con las personas.
¿Entonces?
No le veía una respuesta lógica al asunto.
¿Sería esto lo que había sentido?
Y lo que fuera que le habló hacia unos momentos, bueno, tal vez todavía había estado medio dormido. Aunque eso no explicaba el cómo había ido a parar al cuarto trasero sin darse cuenta…
Después estaba Yalei, la serpiente.
Una serpiente.
¡Estaba hablando con una serpiente!
En la mente de Harry no había cabida para nada más.
Se estaba sobrecargando, era hora de agregar el hablar con una serpiente a la lista de cosas extrañas que le estaban pasando…
Era demasiado.
Sería mejor dejar esas cosas por el momento, ahora tenía un asunto inmediato, Yalei.
-Yo tampoco entiendo nada. Pero ¿No me decías que estabas perdida? –preguntó Harry.
A la serpiente pareció darle un paro cardíaco (si eso es posible) al escuchar las palabras.
- ¡Gran Za Y'ther! Van a matarme.
-¿Matarte? Pero ¡Porqué! ¿Hiciste algo malo?
- No. Bueno, si. En teoría.
Harry frunció el ceño en respuesta.
-Claro, no fue nada malo, malo, que digamos. Es que yo…
-Dime.
-Es que… se suponía que no debía alejarme del Lugar del Nido por las grandes lluvias. Pero yo, bueno, estaba aburrida –dijo Yalei mientras levantaba su largo cuerpo hasta que su pequeña cabeza quedó a la altura de la de Harry - ¡Sólo quería dar un paseo! ¡¿Cómo iba yo a saber que el suelo se derrumbaría y el agua me arrastraría?!
-¡Wow! ¡¿Te arrastró el agua?!
-Sí. Llegué a este lugar con mucho trabajo. Me escondí en este lugar porque no estaba mojado. He estado aquí desde hace algunas horas. ¡Estoy cansada y tengo hambre!
En todo el relato la serpiente había hecho graciosas poses que casi hacían a Harry sonreír. Sí, había estado a punto de sonreír. ¿Cuándo había sido la última vez que lo había hecho?
Había sido hace mucho tiempo. No podía recordarlo.
Harry estaba emocionado. Yalei en verdad que había tenido una aventura. ¡Ser arrastrado por un río! ¿Cómo se sentiría?
-Uhmm. ¿Harry?
- ¿Qué?
-¿Es esta tu guarida?
-¿Mi que?
-Tu guarida. ¿Es aquí donde vives?
-¡Oh! No. Yo vivo mas allá- dijo Harry señalando con su brazo hacia la casa –Este es un cuarto anexo. Casi nadie viene aquí.
-¿Cuántos viven allí donde tú vives?
-Bueno. Están mis dos tíos y mi primo. Conmigo somos cuatro.
-¡Qué solo cuatro! Es un lugar muy grande como para que sólo sean cuatro. ¡Za Y'ther! ¡Cuatro!
La serpiente comenzó a hacer unos rápidos murmullo siseantes sin sentido.
Harry no sabía si eso era algo bueno o malo. Así que mejor calló. No quería decir algo que hiciera que su nueva amiguita se sintiera ofendida. Además tampoco quería parecer un ignorante.
Trató de cambiar el tema.
-Y, ¿Cómo regresarás a tu casa Yalei?
La serpiente detuvo los murmullos y respondió. Su mirada entristecida.
-No lo sé. Aún estoy cansada y así no podré hacer nada.
-¿Te quedarás entonces?
Yalei se mantuvo en silencio unos momentos. Miró a Harry como evaluándolo.
-Tal vez un día aquí no me hará mal. Así podré descansar. Además, no eres peligroso. Eres bueno, sino, sería capaz de sentir tu aura azul.
Harry no entendió lo que Yalei decía.
¿Qué tenía un aura?
Al menos ahora sabía que no era de color azul. No era un gran avance. ¿Pero y eso que importaba? ¿Sería lo mismo si su aura fuera verde?
Bueno, Yalei se quedaría.
¡Eso sí importaba!
Aún así, retuvo la información al respecto de las 'auras' para preguntar a su amiga después. Era un tema interesante.
-Me alegra saber que te quedarás ¿No te enfermarás si te quedas aquí? Parece un poco frío.
-¡Já! Claro que no. ¡Las serpientes somos más resistentes que muchos animales!
-¿En serio?
-¡Por supuesto! ¡¿Cómo crees entonces que he sobrevivido a toda esa travesía por el río?!
Esa serpiente tenía un sentido del humor muy raro. Harry se animó a seguirle el juego.
-¿Suerte?
-¡No es suerte el ser una maravilla de serpiente! –dijo Yalei alzando la cabeza por lo alto.
-Si tú lo dices…
-¡Claro que lo digo!
Yalei sacó su lengua bífida haciendo un curioso sonido y luego se tocó su nariz (o lo que Harry creía que era su nariz) con la lengua. Lo hizo tres veces seguidas. Entonces dio una vuelta a completo ras del suelo y volvió a ponerse recta, de nuevo, con la cabeza bien en alto.
Harry solo la miró curiosa.
-¡Ay! Eso es lo que me disgusta de los humanos –exclamó Yalei exasperada.
Lo único que Harry atinó a hacer fue ladear un tanto su cabeza a la derecha. Por algún motivo ese simple movimiento causó en Yalei un ataque de risa casi histérico.
-Jajajajajajajajajaja. ¡Tu cabeza! Jajajaja. ¡Gran Za Y'ther que risa! Jajajajajaja.
-Tú pequeño…Jajajajaja…eres tan…Jajajajaja…divertido…Jajajajaja.
La risa no permitía a Yalei hablar con claridad.
-¿Qué es tan gracioso Yalei?
-Tú…Jajajaja…tu cabeza…Jajajajajaja.
No se tenía que ser un genio para darse cuenta que Yalei se estaba burlando de él.
Y muy descaradamente a decir verdad.
Harry le dio más tiempo a Yalei para que su risa disminuyera.
-Jajaja. No me había reído tanto desde hacía algún tiempo. A veces el Lugar del Nido puede ser taaan aburrido, pequeño Harry Potter.
-Llámame solo Harry. ¿Y que quieres decir con eso de pequeño? –preguntó Harry un tanto insultado.
El no era un pequeño.
-Es porque eres una cría Harry.
-¿Pues que edad tienes?
-He pasado cuatro colores.
-¿Qué quieres decir con eso?
-¡Ay! ¡Humanos! Quiero decir He mudado de piel cuatro veces, Harry.
-¿Y cada cuando mudas de piel? –preguntó Harry buscando una forma de hacer cuentas con los datos que Yalei le daba.
-Cada lluvia de nieve ¿Porqué?
-¿Lluvia de nieve?
-Es cuando el agua que comienza a llover es fría.
Harry no le contestó, estaba concentrado en las cuentas. Con 'lluvia de nieve', Yalei debía de estar refiriéndose a la temporada de invierno. Cuatro lluvias de nieve son cuatro inviernos, que dan cuatro años.
Yalei tenía cuatro años y Harry estaba a unos días de tener ocho años.
-¡Ya está! –dijo Harry.
-¿Qué quieres decir?
-Tú lo acabas de decir Yalei. No puedes llamarme pequeño.
-Pero ¿¿Porqué?? –preguntó desconcertada la serpiente.
-Porque yo casi tengo ocho años y tú tienes cuatro. Sólo cuatro. –dijo Harry con una mirada de superioridad.
-¿Años? ¿Qué es eso, Harry? ¿Qué quieres decir? ¿Porqué yo habría de tener cuatro y tu ocho?
Harry no quería meterse en explicaciones. Si la serpiente no sabía lo que eran los años menos sabría lo que era el eje de rotación del planeta tierra. El niño tomó la salida más fácil.
-No importa. Lo que quiero decir es que yo he vivido el doble de lo que tú.
-¡Eso no puede ser!
-Claro que sí. Yo he vivido…- Harry comenzó a hacer cálculos mentales.
Luego, acercó su mano a Yalei enseñando cuatro de sus dedos.
-Yo he vivido cuatro colores más que tú.
La serpiente se deslizó suavemente enroscándose en ella misma hasta quedar con la forma de un rollo. No habló hasta después de casi un minuto.
-Bueno, supongo que tienes razón- dijo estirando la cabeza pero manteniendo su postura anterior - Entonces…ahora te llamaré T'arry. ¿Te importa?
-¿Qué significa esa palabra?
-Es una manera de mostrar respeto entre los míos.
-¡Ah! ¿Y como es eso?
-Es un tanto laaaargo de explicar. ¿Te quedarás?
-¡Sí! ¡Oh! No. Espera.
Había estado mucho tiempo en el cuarto trasero con Yalei.
Tía Petunia y Dudley aún tardarían un poco más, pero dudaba de que su Tío se pasara ese tiempo viendo el televisor.
¿Y si se le ocurría buscarlo para ver que no estuviera incendiando la casa o algo así (cosa que Harry jamás haría) y lo encontraba en el cuarto trasero?
Tendría que pagar con otra paliza.
Pero a Harry no le importaba eso, lo que sí le importaría sería que Tío Vernon encontrase a Yalei y quisiera pisarla con su gorda pierna y la pobre serpiente quedara hecha tortilla en ese instante.
A lo mejor, su Tío se compadecía de la serpiente y se la daba como regalo a Dudley. Entonces Harry podría vivir teniendo a Yalei cerca, pero vería tristemente desde lejos como su primo maltrataban a la pobre serpiente y la usaba como cuerda para uno de sus tontos juegos.
O peor aún, Tío Vernon podría llamar a 'Control de Animales' y hacer que se la llevaran a uno de esos zoológicos especiales para serpientes (Serpentarios, creía se llamaban esos lugares) y entonces, Yalei pasaría la eternidad de sus tristes días restantes de vida dentro de una pequeñísima caja de cristal donde apenas cabría su cuerpo. La alimentarían de las sobras de comida de los otros animales y viviría patéticamente viendo como niños tontos golpeaban el vidrio de su tanque.
Lo triste era que Harry sabía cómo se sentiría Yalei. Tenía una idea bastante clara.
No podía dejar que ninguna de esas cosas le pasara.
-Me encantaría Yalei. Pero si me quedo, las personas con las que vivo podrían venir aquí y no sería un encuentro agradable, créeme.
-Entonces ¿Te irás? ¿Ya no vendrás? –preguntó Yalei tratando de mantener una expresión neutra.
-Tengo que hacerlo o ellos vendrán tarde o temprano.
-Pero…
-Volveré al anochecer. Cuando esas personas se hayan ido a dormir.
La serpiente se mantuvo en silencio.
-Claro, solo si tú quieres. No diré a nadie que estas aquí.
-¡No! Quiero decir…claro que quiero que vengas. A decir verdad, el solo pensar que tendré que estar aquí sola todo el tiempo me da náuseas.
-De acuerdo.
-¿Cuándo el sol amarillo se oculte?
-Este…sí. Vendré después de esa hora y me iré antes de que el sol vuelva a salir.
La serpiente asintió con la cabeza, dando a entender que había comprendido.
-Te veré entonces, T'arry.
Harry se puso de pie y encaminó hacia ambas puertas del cuarto trasero para cerrarlas.
-Nos veremos, Yalei –dijo Harry antes de cerrar ambas puertas al mismo tiempo, provocando un sonido chirriante.
Harry dio la espalda al cuarto trasero donde ahora Yalei descansaba recuperando sus fuerzas para emprender el camino de regreso a su casa. Un lugar que por lo que Harry había llegado a entender, se llamaba 'El Lugar del Nido'.
Un nombre peculiar para un lugar que no conocía.
¿Llegaría a ver ese lugar algún día?
'Tal vez' se dijo Harry.
Ahora tendría que entrar a la casa y refugiarse en su alacena.
Ahí estaría más seguro. Y de ese modo, no correría el riesgo de que Tío Vernon le inventara crímenes imposibles para él (ya lo había llegado a acusar antes de hacer cosas que ni siquiera Harry sabía que eran posibles). Además, no quería que le pusieran los candados a la alacena, podía abrir los candados pero no desde dentro de la alacena.
Cuando le ponían los candados sólo abría las bisagras de la puerta para salir.
Había sido una idea que Lupin le había dado.
Recordaba muy bien ese momento.
::'Flashback'::
-'¿Porqué eres siempre el último en salir, Harry?'
Había preguntado Lupin cuando solo él y Harry salían del salón. El aula estaba vacía, todos ya se habían ido.
Era la hora de salida e incluso algunos Profesores habían salido apresurados, deseosos de salir de la escuela y no ver un libro hasta el Lunes siguiente.
Antes de pensarlo, Harry ya había fruncido el ceño de manera interrogativa.
Era extraño que Lupin le preguntara eso.
No que no quisiera que le preguntara.
Le hacía sentirse bien el que alguien se interesara por el porque quería y no porque era su obligación.
Y además, de nuevo se había dejado llevar por sus emociones. Solía comportarse con los Profesores de una forma específica para que pensaran que era solo tímido y que le gustaba su vida para que lo dejaran de molestar.
El era Harry Potter y resolvería sus problemas por sí mismo.
Porque si alguien más le ayudaba a resolver sus problemas, entonces ¿Que sería de él cuando tratara de resolver sus problemas solo?
Eran sus batallas y las de nadie más.
-Bueno- dijo Harry respondiendo a la pregunta de Lupin –así no me empujan a la salida.
-¿Otros niños te molestan? –preguntó Lupin de forma extraña mientras apretaba su maletín con más fuerza de la necesaria.
Harry negó con la cabeza.
Si solo supiera.
Algunos de los otros niños ni siquiera sabían que existía.
-No, es solo que muchos chicos se empujan para ser los primeros en salir. Si estas entre ellos te aplastan.
-Sí, entiendo.
Lupin lo miró intensamente.
Parecía esperar que Harry dijera más, pero era obvio que no estaba dispuesto a hacerlo.
Mientras caminaban a la puerta de salida Harry pudo sentir la mirada incesante de Lupin sobre su espalda. Su Profesor quería preguntarle algo.
¿Qué sería?
Llegaron a la salida y Harry vio a un par de hombres en las rejas de la escuela, cargaban diversas cajas de herramientas y algo de equipo. Se preguntaba que estarían haciendo cuando Lupin le dio la respuesta que quería con un comentario.
-¡Ya casi lo había olvidado! –miró a Harry con una media sonrisa- Van a arreglar las puertas. Según el director McKnee están muy oxidadas y viejas. Esos hombres -señaló con la cabeza, una mano sosteniendo el maletín y la otra en el bolsillo del pantalón- están aquí para medir la puerta y preparar una nueva. Cuando vuelvas del próximo curso habrá unas nuevas puertas.
-Son muy grandes… -dijo Harry.
Seguro esas nuevas puertas costarían tanto como su tamaño.
-Sí, lo se. ¿Me pregunto si usarán las partes que no están oxidadas para hacer la nueva puerta? Y ¿Las cortarán en partes o las quitarán completas? Si las quitan completas tendrán que romper las bisagras en ambos lados y dañarían parte de la estructura de la escuela, aunque si solo sacan la mitad…después de todo las bisagras son estructuras complementarias…
'Bisagras' pensó Harry. 'Su alacena tenía bisagras. Eso le daba una excelente idea que le daría más libertad'
Llegaron a las puertas. Los hombres había ido a algún lugar y sus herramientas aún estaban ahí.
Lupin le deseó un divertido fin de semana con una alegre sonrisa y se alejó por el camino que siempre tomaba.
Harry hizo lo mismo y se despidió con la mano. Cuando Lupin se hubo alejado lo suficiente el niño actúo con la rapidez y confianza de un experto.
Se volteó y en un rápido movimiento tomó un desarmador plano de la caja que estaba más próxima a él. Acomodó la herramienta en paralelo con su brazo, escondiéndola entre éste y su pierna. Luego, rápidamente alzó sus brazos y dejó deslizar el objeto dentro de uno de sus bolsillos.
La acción en sí solo tomó a Harry unos segundos.
Cualquiera que lo hubiera visto habría pensado que era solo un niño que metía las manos en los bolsillos para ir de camino a casa.
Ahora ya tenía la herramienta asegurada en su bolsillo, donde cabía perfectamente ya que como toda su ropa, el pantalón había sido de Dudley.
Era más grande de lo necesario pero en ocasiones como éstas muy útil.
Y era cuestión de esperar hasta la noche para ver si su idea funcionaba.
Para Harry, lo que había hecho no era robar.
Era supervivencia.
Y el jamás caería bajo los Dursley.
Esa noche había probado su idea y había visto alegremente como funcionaba.
Ahora podía salir de la alacena aunque tuviera los candados puestos aunque le tomaría más tiempo del necesario y eso era algo que no tenía.
Quería pasar más tiempo con Yalei.
Esa serpiente era en verdad simpática y le hacía olvidarse de los tiempos pasados.
Ella era valiosa y no quería perderla.
Algo le hizo cosquillas en los pies.
Era la hierba del jardín.
Harry miró hacia abajo y se dio cuenta que no traía puestos los zapatos.
Recordaba habérselos quitado antes de irse a dormir debajo del árbol. Luego se había despertado dentro del cuarto trasero.
En verdad que era hora de parar todas esas cosas extrañas.
Y no se podía permitir el perder el conocimiento de nuevo de esa forma.
Solo Dios sabía donde aparecería la próxima vez…
Harry había recogido los tenis que seguían donde los había dejado y estaba ahora dentro de su alacena.
Tía Petunia y Dudley aún no habían regresado. El partido de televisión que su Tío Vernon había estado mirando por televisión había terminado hacía tiempo pero (Gracias a Dios) su Tío había encontrado otro partido que transmitían por televisión.
Era un partido de Golf.
Algo así como un campeonato. Harry no estaba seguro. Había pasado silenciosa y rápidamente junto a su Tio para no hacerlo molestar, luego se había encerrado en su alacena.
Tío Vernon solo había emitido un hosco ronquido y había continuado mirando el televisor como si Harry fuese solo una mosca que no valía el esfuerzo de mirar.
Últimamente, su Tío se había visto obsesionado con la idea de que los buenos inversionistas debían jugar partidos de Golf.
Así pues, se había comprado todo un equipo para el juego y un libro titulado 'Sea un profesionista del Golf en 10 sencillos pasos'.
Aún no había tratado de ir a jugar Golf pero Harry sospechaba que no tardaría en hacerlo. Entonces se desquitaría con el porque de seguro perdería. Siempre que su Tío se enfadaba por algo era con Harry con quien se desquitaba, parecía que en el mundo no había nadie más.
Harry odiaba lo que los Dursley habían hecho de su vida. Sabía que no debía vivir así cuando se había dado cuenta que los demás niños de su escuela no vivían en la forma en que él lo hacía.
Se recostó en la pequeña cama de la alacena pensando en los últimos acontecimientos y en su visita de unas horas a Yalei. Esperaba que la pequeña serpiente estuviera bien.
Muy en el fondo sabía que el día de la venganza llegaría. Casi pudo haber jurado que una risa se había oído en su interior, y que decía
'Será más pronto de lo que crees, hermano. Muy pronto'.
Cosas pasan que no podemos remediar.
Pensar en ello es una pérdida de tiempo.
Cosas extrañas suceden y no hay como evitarlas.
Pensar en ello es inncesario.
Esas cosas seguirán pasando sin importar cuantas veces tratemos de evitarlas.
Lo mejor es intentar sobrellevar las situaciones.
Si alguien te hiere no hay nada que hacer.
Resiste y no pienses en como pudiste evitarlo y en si pasará de nuevo.
Es una pérdida de tiempo.
Resiste pensando en que todo será mejor cuando llegue tu día de la venganza.
Perdón por la tardanza.
¿Que qué fue de mis exámenes?
(Cara llorosa y desconsolada)
Mejor no pregunten.
Ahora me han dado más trabajos y tengo que dar clases. Y además de los trabajos que tengo atrasados…
No me gusta.
¡Hasta que leíste mi fic kinichan! Ya estaba pensando en imprimírtelo y forzarte a que lo leyeras en vez de ir a la escuela. Aunque ahora que lo pienso ¿¿Por qué no te lo grabé en un disket??
Recuerdo que iba a escribir algo importante aquí pero ya se me olvidó que era.
Domingo 31 de Octubre del 2004, 8: 50 p.m. (Creo. Grrr. Cómo me desagrada el cambio de horario)
Nos vemos.
