Disclaimer Si yo hubiera creado a Harry Potter no estaría buscando dinero debajo del sillón como lo hago ahora.
Gracias por perder el tiempo leyendo este disclaimer. Se los agradece Blackwell.
A la gente que me lea:
He estado tan atareada que ni había tenido tiempo de subir este capítulo, hoy es el primer día de descanso que tengo desde que empezó la semana de vacaciones y aquí va el siguiente capítulo.
Me arrodillaría ante ustedes para pedir clemencia por la tardanza pero no tengo mucho tiempo.
Nos estaremos viendo.
Atte. Blackwell
'El Príncipe de las Serpientes'
Por Blackwell
Capítulo 6
Cosas que me pasan
El día de hoy, 'La Sombra Silenciosa' tenía una nueva misión.
Encontrar un río y llevar a Yalei, la serpiente, de vuelta a su hogar.
Era una tarea difícil.
Pero sumamente fácil cuando se es 'La Sombra Silenciosa'.
Definitivamente el día no había empezado nada bien.
Había sido una de 'esas' mañanas.
Tío Vernon se había levantado muy enfadado, bueno, a decir verdad se había levantado en un estado hosco como lo hacía todas las mañanas pero una llamada telefónica desde su oficina le había hecho enfurecer de rabia.
Su tío había vociferado por diez minutos a la persona en el teléfono por algo relacionado con unos papeles desaparecidos.
Unos contratos importantes que debían ser firmados esa tarde por los representantes de una empresa que su tío deseaba comprar para expandir su 'imperio', como solía llamarlo.
Era un trato importante para la compañía de taladros 'Grunnings' que dirigía tío Vernon.
Alguien había cometido un grave error.
Y como sucedía normalmente, Harry fue quien tuvo que pagarla.
Su tío lo había sacado violentamente del pequeño cuarto de debajo de las escaleras. Lo había agarrado con fuerza en el brazo izquierdo hasta dejarle marcas rojas que seguro se convertirían en un moretón en las siguientes horas. Lo había lanzado contra la pared y luego al suelo, ahí fue cuando Harry comenzó a ver rojo.
Había tomado al niño y lo había atacado con fuerza.
Lo había golpeado. Pateado. Aventado. Tirado.
Una.
Y otra.
Y otra vez.
A pesar de estar muy sobrepasado de peso, Vernon Dursley era un adulto y aunque no hacía nada de ejercicio cualquiera sabría que era mucho más fuerte que un niño de siete años.
Cualquier intento de resistencia habría resultado inútil, y como el niño bien sabía por experiencia, habría hecho enfadar aún más a su tío. Lo que debía hacer para que 'eso' terminara más rápido era mantenerse quieto y resistir.
Mantenerse impasible hasta que el hombre se cansara de golpearlo y tomara conciencia de que la sangre no era un color decorativo para su costosa alfombra persa.
La cosa no duró demasiado. Otras veces su tío tomaba más tiempo para golpearlo, pero no este día.
Unos golpes aquí y allá y algo de sangre.
Nada fuera de lo normal.
Por lo menos esta vez no tenía costillas rotas.
Era tarde y debía ir de inmediato a la oficina para encontrar esos papeles.
Su tío solía decir que nada en el mundo funcionaba bien si el no estaba ahí para asegurarse.
Harry creía que era al revés.
Todo había transcurrido demasiado lento como si fueran horas, en realidad solo habían pasado unos minutos.
Como su tío comentó, ya era tarde.
Y se fue. No sin antes soltar una sarta de insultos hacia sus padres, a él y lo mucho que le costaba mantenerlo con vida como para que fuera un estúpido inútil y ordenar a Harry que limpiara la mancha de sangre en la pared. No quería que se ensuciara con la sangre de un fenómeno.
'Debería de buscar nuevos insultos, lleva años diciendo los mismos' pensó Harry.
Subió las escaleras y entró al baño para revisar los daños. Arriba de un banquillo que su tío había colocado para su primo se miró al espejo del lavabo.
La imagen que le devolvió fue mejor de la que esperaba.
Su cabello estaba completamente revuelto, pero siempre estaba de esa forma. Nadie notaría la diferencia.
Se tocó la cabeza.
La herida en su frente no era muy grande pero la sangre brotaba abundantemente cubriendo la mayor parte del lado izquierdo de su rostro. Tomó el papel higiénico y cortó un buen trozo, mojó una mitad con agua del lavabo y doblando el delicado papel lo presionó contra su cabeza dejando la parte seca en contacto con su mano mientras el agua del papel higiénico empezaba su trabajo para cicatrizar la herida.
Estaba seguro que no sanaría en la próxima hora.
Así como Harry no valía el uso del agua potable para darse un baño tampoco era lo suficientemente bueno como usar algo de desinfectante o un desinflamatorio del botiquín de primeros auxilios que su tía guardaba en el baño (como su tía le había dejado bien claro cuando había tratado de tomar algo en una ocasión para uno de sus brazos). Esa era la razón por la que se veía forzado a usar la grandiosa combinación de papel higiénico con agua para la herida en su cabeza, además de que su tía Petunia siempre revisaba el botiquín después de algún 'altercado' que su esposo tenía con él.
Retiró el papel higiénico y se lavó la cara con agua. Tomó otro pedazo de papel y repitió la operación del minuto anterior.
Todo su cuerpo le dolía, no solo la cabeza.
En los últimos tiempos su tío había aumentado el número de palizas que le daba. No que él, Harry, hiciera algo malo o indebido. No. Simplemente que su tío había comenzado a desarrollar una afición a la sangre de su sobrino, sino era eso no tenía idea de qué podría ser. Después de todo quien era él para saber que era lo que maquinaba la pequeña y desquiciada mente de aquel intento patético de ser humano que se hacía llamar Vernon Dursley.
Normalmente no lo golpeaba en la cara. Su tío no quería que nadie en su escuela supiera de los castigos que daba a su sobrino, siempre le advertía de mantener la boca cerrada. Debía de haber estado muy enfadado esta vez para olvidar eso. Cuando solía golpearlo en la cara y tenía clases en la escuela, era su tía quien decidía si podía ir o no, ella tampoco quería que en la escuela pensaran que no lo trataban bien a pesar de que ellos sabían que así era como debía tratarse a los 'pequeños engendros del demonio como él'.
Deseaba pasar el menor tiempo de su vida en casa de los Dursley.
Quienesquiera que hayan sido sus padres (y tal vez nunca lo supiera), seguro habrían deseado lo mismo que el.
¿A que clase de padre le gustaría que golpearan a su hijo dos veces por semana?
Tenía que salir de un modo u otro de esa casa, el más cercano era que sus heridas pasaran desapercibidas.
Lo que no sería muy fácil tomando en cuenta que tenía que ir a la escuela en poco más de una hora.
Tenía que ocultarlas.
Si mantenía mojado su cabello la herida podría pasar desapercibida. Solo esperaba que los maestros no trataran de entablar conversación el día de hoy. No quería que en un descuido de su parte alcanzaran a ver la herida en su frente, o todo se complicaría.
La 'Sombra Silenciosa' no podía fallar en su misión.
Pero… ¿Y si todo eso de que los maestros trataban de hablar con el era imaginación suya?
¿Tan desesperado estaba por algo de afecto que hasta se imaginaba cosas que no eran como los maestros tratando de averiguar algo de su vida?
¿Pero y que si la enfermera Sully (como ella insistía que la llamaran por que 'era demasiado joven para que le dijeran señora') hubiera hablado con alguien de sus heridas¿Y si no hubiera creído su historia de que se calló de las escaleras? Aunque le dio dos historias distintas, si las unías se podría deducir que se había tropezado y caído de las escaleras. ¿Cierto?
¡Basta! No era la hora de la reflexión.
Su cabeza estaba sangrando y solo se le ocurría hacerse preguntas sin sentido para que le doliera más.
¡Qué inteligente de su parte!
Retiró el papel higiénico de su cabeza, la zona de la herida había comenzado a tomar una gama de colores entre el rosa, rojo y morado, aún ardía pero no tanto como antes.
La cara se veía bien a simple vista, solo había que arreglar su cabello de forma que no dejase entrever su herida, esa grieta rojiza de unos dos centímetros de largo.
Esperaba que de alguna forma, 'cualquier' forma, su cabello cooperara esta vez.
Una típica herida post-Vernon.
Nada extraordinario.
Siguió revisando su estado.
Cinco enormes manchas roji-moradas que al pasar unas horas se inflamarían hasta formar una sola decoraban su antebrazo izquierdo.
Los distintos colores que podían tomar algunos moretones a veces eran impresionantes.
Esto, como la herida en su cabeza y las demás que tuviera deberían sanar por sí solas como siempre lo hacían.
Normalmente tardaban un día o dos en sanar pero las heridas más graves solían tardar varios días.
Revisó su otro brazo, espalda, pecho y piernas. Había solo moretones menores y unas cuantas heridas y rasguños que no tardarían en cicatrizar.
Esta vez no había daños mayores, su tío no había tenido el tiempo suficiente (Gracias a Dios). Aunque ya estaba acostumbrado a las heridas y la sangre, nunca estaba de más tener una condición saludable o mejor dicho una condición estable, sin heridas.
Ahora era tarde y aún debía limpiar la mancha de sangre en la pared sin mencionar que antes de salir a la escuela debía ir a ver dentro del cuarto trasero…
Su tía debía estar despierta y no tardaría en levantarse. Seguro se había despertado con los gritos de su esposo. Debía de haberse dado cuenta que le había pegado, pero como siempre bajaría treinta minutos después de que su tío dejase la casa. No le gustaba ver sangre y daba tiempo a su sobrino para que la limpiara.
Debía darse prisa en hacer sus tareas; ahora que tenía tiempo aprovecharía para limpiar la sangre en el piso de abajo y buscarse una camisa de manga larga entre sus ropas.
Se mojó el cabello con abundante agua permitiendo que esta resbalara hasta humedecer su camiseta.
Se dirigió a la salida del baño sin saber que de haber dado media vuelta para verse en el espejo una vez más, habría visto como algo de su cabello caía despreocupadamente sobre su frente, cubriendo su reciente herida y aquella extraña cicatriz en forma de relámpago.
-Es hora Yalei –susurró Harry al entrar al cuarto trasero. A pesar de que era de día el cuarto tenía la misma luz que siempre, ninguna.
A las palabras del niño una serpiente salió de entre la oscuridad.
-Estoy lista –dijo.
Harry dejó una mochila desgastada en el suelo que daba la apariencia de alguna vez haber sido de color café, probablemente café oscuro.
-Esta es mi mochila –explicó a la serpiente- aquí te vas a esconder. No hagas ruido o nos descubrirán.
-¿Qué es eso que esta adentro? –preguntó Yalei curiosa. Se había acercado de forma deslizante hasta la mochila y tenía su cabeza dentro.
-Son libros.
La serpiente sacó su cabeza de la mochila y habló vehementemente.
-¿Y porqué los traes¿Para que son¿Puedo yo tener uno igual?
-Son para la escuela, los usamos para estudiar y no se si puedas leer un libro.
Su plan original había sido dejar todos los libros y solo llevar a Yalei. Pero luego se había dado cuenta que su mochila que era de tela se vería rara si solo traía a la serpiente. Decidió que sería mejor traer unos dos libros.
-¿Estudiar que?
-De todo. Ahí los Profesores nos dicen todo lo que saben –explicó el niño mientras se arrodillaba para hablar a Yalei.
-Y entonces ¿Qué es lo que les dicen?
-Cosas. Mhhmm, me parece que cosas que nos puedan servir.
-Ahhh ¿Y aprendes mucho?
-¡Claro que sí!
-¿Te gusta la escuela? –preguntó la serpiente divertida.
-Sí.
Le gustaba mucho. Le encantaba.
-¿Por qué?
-Me gusta aprender.
Deseaba aprender todo el conocimiento del mundo.
Sabría tanto que nadie le diría que era un ignorante otra vez.
Sabría hacer tantas cosas que nadie le diría que era un inútil otra vez.
Sabría tanto sobre todo que no tendría la necesidad de hacer preguntas a nadie más.
¡Todos tendrían que preguntarle a él!
Haría lo que quisiera, diría todo lo que le diera la gana y tendría todo lo que deseara.
Sería tan grande que ningún 'Dursley' le haría llorar de nuevo. Sus lágrimas se habían terminado.
Sería el mejor en todo.
Y sus padres, dondequiera que estuviesen estarían orgullosos de él. No descansaría hasta estar seguro de eso.
-¡Ohhh! Yo te comprendo T'arry –exclamó Yalei- Yo 'adoro' aprender las historias de los mayores. Otros piensan que son muy aburridas, pero a mí me encantan. ¡Pero cuéntame más sobre esos libros¿De que son?
Le encantaba hablar con la serpiente pero estaban perdiendo tiempo.
Podrían ser descubiertos. De algún modo, el hecho de que podría ser atrapado con una serpiente entrando a su mochila, y él alentándola a hacerlo, no era para nada un pensamiento tranquilizador.
Mejor no arriesgarse a descubrir que pasaría de ser atrapados.
-Ya debemos irnos. Hablaremos después ¿Sí?
-¡Ay¡Humanos! Ustedes le quitan la diversión a la vida… ¡Pero me vas a decir más sobre esos libros, ehhhhh!
Harry no hizo comentario alguno. Le bastó con que la serpiente se deslizara dentro de la mochila. Cerró el zipper dejando un espacio abierto para que la serpiente tuviera algo de aire para respirar. Levantó la mochila y se la puso en la espalda.
Escuchó la voz amortiguada de Yalei provenir de dentro de la mochila.
-¡Ouch¡Ten más cuidado, T'arry!
-¡Shhhhhh! –trató de silenciar a su amiga- Tendré cuidado. ¡Pero ya no hables hasta que no te diga que es seguro!
-¡Ya¡Yaaaa! Esta bien, 'trataré' de no hablar.
-Yalei…
-¡Ay! Esta bieeeen. ¡Ya no hablaré hasta que me digas!
Harry se imaginó a su amiga haciendo una cara de fastidio. De alguna forma, sentía que él y Yalei estaban destinados a encontrarse.
La serpiente parecía ser todo lo opuesto a él, pero aún así se llevaban de perlas. Eran opuestos sí, pero a la vez era como si se complementaran, como si esa pequeña serpiente que llevaba a cuestas en su mochila fuera la única que lo entendería.
Sentía como si todas las serpientes podrían ser así.
Sentía…
No.
Lo sabía.
'Sabía' que cualquier serpiente sería mejor amiga de lo que ninguna persona sería. Las serpientes podían ser sus amigas, las personas no.
Estaba seguro que en ese justo momento nadie lo entendería mejor que ellas.
-Es un trato entonces –dijo, y salió del cuarto trasero para entrar a la casa mientras un torbellino de aire susurraba una alegre canción a su alrededor.
Dudley había terminado de comer. Tía Petunia había dicho que ya era hora de que se fueran. Dudley había dicho que quería comer otra porción. Harry había hecho una mueca casi imperceptible de cansancio. Dudley había gritado que quería comer más. Tía Petunia había dicho que todo lo que su bomboncito quisiera lo tendría y le había dado otra porción.
Harry se había mantenido callado mientras su primo le daba una sonrisa de burla triunfal, no quería arriesgar a la pequeña acompañante que llevaba en su mochila.
Después de un tiempo (por fin) estaban en la escuela. Cada primo en su respectivo grupo.
Como siempre, Harry estaba en su asiento al final de la clase de Español o como solía llamarlo la Profesora Grinn, clase de Literatura.
Su cabello se había arreglado misteriosamente y ahora le cubría la frente, su herida era imposible de ver. Unos cuantos niños del salón lo habían mirado con curiosidad al entrar pero nadie había hecho comentario alguno.
Para él era una fortuna tener a la Profesora Grinn en la segunda hora del Lunes, ella era como una cura para un fin de semana con los Dursley; para sus compañeros era un completo horror escucharla recitar poemas, artículos de periódicos, cuentos o capítulos de libros, en especial del libro 'William y los secretos mágicos I, II y III' que cuando se lo recordaban no hablaba de otra cosa que no fuera ese dichoso libro por todo lo que quedaba de la hora.
Al principio a Harry no le había importado tantas lecturas y pláticas sobre 'William y los secretos mágicos', todo comentario referido a libros llamaba su atención. Después de un tiempo, el que te dijeran algo una y otra vez, comenzaba a ponerse pues…repetitivo.
Esa Profesora era una de las pocas personas que agradaba a Harry; era alta, de ojos grandes, con una voz hecha para recitar y con espíritu sorprendentemente libre, siempre riendo y con un libro en la mano. Sabía mucho sobre literatura y en vez de tratar que sus alumnos hicieran algún progreso en su escritura los tenía leyendo cuentos infantiles y poemas de un tipo llamado Blake. Podría haber hablado con ella si no tuviera ya una familia, ella tenía por quien preocuparse, no iba a ser su culpa que ella tuviera una carga más. Su vida parecía tan perfecta que tenía miedo de que al tocarla con sus manos se desvaneciera la felicidad del rostro de Anabel Grinn y su sonrisa quedase relegada al pasado.
Algo dramático sí, pero no le veía una buena razón para molestarla. ¿Para que habría de hacerlo si podía cuidarse él solo?
No habría diferencia. El siempre había estado solo.
Aunque…
Dio una furtiva mirada a la mochila recargada detrás del banco de su compañero del frente, Erwin Chargaff.
No.
Ahí había una amiga.
'Cuando nos separamos
En silencio y lágrimas,
Con el corazón partido
A sufrir por años…'
Otro poema, otra historia.
Le gustaba esa maestra, sabía leer muy bien; tdo lo decía con sentimiento. Hoy les estaba leyendo otro poema. 'Cuando nos separamos' de Lord Byron.
¿Todos los poemas tenían que ser siempre tan tristes¿Acaso no había poemas que no trataran sobre cosas malas? Eran bonitos cierto, pero seguro que sería mejor escribir poemas donde no terminaras triste después de leerlos. Al menos eso pensaba el.
Había algo en la puerta.
Giró su cabeza y centró su atención en la puerta del salón donde la oscura sombra de una persona se reflejaba en el cristal.
Sabía que era la sombra de Remus J. Lupin, su profesor sustituto de Ciencias Naturales, y la única persona que estaba seguro sentía la misma tristeza, el mismo vacío interior.
Su Profesor estaba en la puerta esperando pacientemente que la Señorita Grinn terminase de usar los 10 minutos extras que se había tomado por libertad propia de la clase de Ciencias Naturales como lo hacía siempre que podía con la mayoría de sus compañeros del Profesorado.
La Profesora terminó y les dejó de tarea pensar en el significado del poema y en cómo creían que se sentía el autor al momento de escribirlo. Abrió la puerta y con una pícara sonrisa y unas cuantas palabras corteses se despidió del hombre que entraba al salón.
¡Buenos días, clase!
El Profesor había entrado con su maletín de siempre, usaba una camisa blanca y un traje azul oscuro casi negro, la tela brillaba de una manera antinatural. Su cabellera un tanto alborotada le hacía lucir aún más juvenil, cualquiera que lo hubiera visto en la calle vistiendo así seguramente habría pensado que era un joven que se dirigía a una boda y no a enseñar en un salón de clase.
¡Bueeenos días, Profesor Lupin!- respondió el grupo a voces desacompasadas.
¿Cómo estuvo su fin de semana¿Se divirtieron?- preguntó con una dulce sonrisa el Profesor.
Hubo muchos 'sí' en el salón. Harry se mantuvo callado mientras sus ojos brillaban en una sonrisa misteriosa.
Me alegra mucho. ¿Alguien hizo algo interesante?
Stephanie Parker, de la segunda línea del frente levantó la mano. El Profesor hizo un gesto afirmativo con la cabeza invitándola a hablar.
Mi papi, mi mami, mi hermana y yo fuimos a ver mi abuelito. Mi hermano mayor Jack no fue porque dijo que…que iba a trabajar. Y mi abuelito tiene un perro nuevo muy pequeño que se llama nieve aunque mi mamá dice que parece más una bola de tierra…
A esa niña sí que le gustaba hablar. Tenía un comentario cada quince minutos.
Si a Lupin no le importaba lo que Stephanie decía no lo demostró, siguió sonriendo y le dijo que debía ser un perro muy lindo el de su abuelo.
La clase continuó así por unos minutos. Cuando Linus Terrence termino de contar su salida al parque de diversiones, Lupin dirigió su mirada a la parte trasera del salón, hacia Harry.
'¿Por qué siempre me mira tan raro?' pensó el niño.
Harry ¿Y tú que hiciste en tu fin de semana? –preguntó sonriente y con los ojos brillando.
Sabía que debía dar una respuesta creíble y más larga que su normal 'Nada' para evadir las preguntas. Algo que había aprendido en las últimas clases con él, era que Lupin podía ser un Profesor un tanto insistente cuando se lo proponía.
Nada especial –respondió Harry- me quedé en la casa.
Pidió al cielo paz por el día de hoy. ¡Qué Lupin no insistiera!
Pero tuviste que…
La voz del Profesor se quebró en ese momento. Mantuvo silencio. Parecía estar en shock.
¿Habrían los cielos escuchado su plegaria?
Lupin seguía sin moverse. Estaba pálido.
Los segundos pasaban y no daba señales de movimiento. Su mirada estaba perdida en algún lugar de su interior.
¿En qué estaría pensando?
El chico que agradaba a Harry, Derek, fue el primero en intentar algo. Levantó la mano y habló.
Mhhhmm ¿Profesor¿Se encuentra usted bien?
Lupin parpadeó, pareció despertar lentamente de su estupor. Sé aclaró la garganta y les miró.
¿Qué le pasaría al Profesor Lupin? Tal vez estaba enfermándose…
El Profesor se revolvió el cabello con su mano izquierda en un gesto natural, un hábito. Murmuraba palabras que Harry no alcanzaba a escuchar, pero para él era claro que estaba maldiciendo.
Maldecir.
Una palabra que los Dursley ni siquiera osaban comentar.
Algunos de los Profesores de la escuela maldecían cuando creían que no eran observados o lo hacían en voz baja como Lupin lo estaba haciendo ahora. El Profesor se detuvo de pronto y dirigió una mirada nerviosa al salón.
Gracias Derek, estoy bien. Ahora; estaba pensando, que podríamos hablar de la convivencia entre distintos animales...
Un coro de voces se alzó sobre el grupo cuando muchos de los niños quisieron expresar una sugerencia acerca de un animal. Osos, tigres, patos, gatos, ballenas, perros, pájaros y arañas. Todos los pequeños hablaban al mismo tiempo.
Harry pensó en serpientes.
Específicamente en la que estaba en su mochila.
La clase continuó así hasta que sonó la campana del descanso.
Hoy es un lindo día –dijo Lupin- ¡No hay tarea! Salgan a jugar, comer o lo que quieran hacer- tomó las tareas que descansaba en su escritorio y comenzó a guardarlas mientras los niños se apresuraban a salir lo más rápido posible.
Esta era la hora. El momento. Harry tomó su mochila, se la puso en la espalda con cuidado (no quería que Yalei se golpeara con los libros) y se dispuso a salir cuando la voz de Lupin lo detuvo.
Espera un momento Harry.
El aludido se detuvo junto a la puerta del salón. Los últimos niños terminaron de salir sin prestarle atención.
¿Porqué Lupin le habría pedido que esperara?
¡Su cabello cubría la herida, se había asegurado de que así fuera¿Acaso la había visto y quería preguntarle por ella? Bueno, si lo hacía ya tenía un plan; camino a la escuela había inventado una historia, no era una de sus mejores pero al menos parecía creíble.
Lupin cerró su maletín e hizo al niño un gesto con la mano para que se acercara.
El ojiverde se alejó de la puerta abierta y se acercó a su Profesor que estaba de pie recargado en el escritorio con los brazos cruzados. En el brazo izquierdo sostenía su saco y con la mano derecha sujetaba el maletín.
Y… ¿Cómo estuvo tu fin de semana? –preguntó Lupin.
Bien –respondió Harry casi al instante, trató de agregar más palabras a su respuesta- Igual. Como todos los demás.
¡Oh¿No hiciste nada interesante?
No. No mucho. Yo, ehh…limpié el jardín.
"Sí, ahí fue cuando una enorme luz brillante me habló directamente después de bajar del cielo, y luego después desperté en el cuarto trasero y encontré a mi primer amiga. Una serpiente que esta perdida. ¿No le parece suficientemente interesante? A mi sí. Y resulta que hoy le ayudaré a volver a casa. ¿Qué le parece?" agregó Harry mentalmente.
Ahh, limpiaste el jardín ¿Y lo hiciste todo tú solo?
…No. Me ayudaron.
La grandiosa ayuda de un cubo y una pala.
Harry, estaba pensando…sabes, yo n-…
Un suspiro de parte de su Profesor, quien tomó aire y continuó.
Hace un momento cuando moviste tu cabeza, yo no pude evitar notar esa pequeña herida en tu frente.
¡Maldita sea!
Lo habían atrapado.
El corazón de Harry comenzó a latir más rápido de lo normal.
Tum, tum, tum, lo escuchaba palpitar.
Recordándose calma y control apretó con sus manos las correas de su mochila y decidió hacerse el desentendido. Mejor de lo que lo haría cualquier actor calificado para un Oscar trató de interpretar al pobre niño víctima, desvalido, triste y sin padres que siempre inspiraba pena.
¿Se refiere a mi cicatriz? –dijo tocando con su mano derecha la cicatriz en forma de rayo en su frente, removiendo su cabello para que fuera evidentemente visible.
Ehh…
Cuando mis padres murieron en el accidente de coche –bajó la mirada al suelo y trató de que las lágrimas afloraran a su rostro- yo tenía un año pero sobreviví, y esto –seguía sin quitar la mano de su cicatriz, lágrimas resbalando por sus mejillas- fue lo que me dejó el accidente.
Harry, yo…
¡No! Esta bien –interrumpió a su maestro- suelen preguntar por mi cicatriz, a muchos les llama la atención que tenga forma de relámpago pero no me importa, después de todo es lo único que me recuerda a mis padres.
Hubo un tenso silencio.
Lupin estaba visiblemente turbado, seguro se arrepentía de haber preguntado. Una sonrisa se formó en su interior mientras en el exterior soltaba silenciosas lágrimas de cocodrilo. Había logrado su objetivo al dejar a su Profesor sin palabras, ahora podría hacer una salida rápida.
Ya tengo que irme -murmuró Harry. Dio media vuelta y salió para dar un gran suspiro de alivio.
¡De la que se había salvado!
Corrió rápidamente para evitar un encuentro indeseable. Bajando las escaleras llegó a la segunda sección del ala Norte, el área de Jardín de Niños. Estaba desierta. Los niños de esa sección salían antes que los de Primaria.
Su avance se volvió más lento y dejó de correr para comenzar a caminar. Limpió las lágrimas falsas de su cara. Los sonidos de sus pisadas resonaban en todo el lugar.
Se acercó a un salón y se detuvo en la entrada. Las sillas y mesas eran muy pequeñas. Dibujos de muchos colores estaban sujetos con cinta adhesiva en las paredes.
Entraría y sacaría a Yalei.
Podía sentir como la serpiente se revolvía impaciente dentro de la mochila sujeta a su espalda. Debía de estarse preguntando porque había corrido tanto.
Yalei había hecho lo que le dijo. Se había mantenido callada y rara vez se había movido.
Ahora la ayudaría-
Era el momento de convertirse en la Sombra Silenciosa para…
Espera.
Alguien le había hablado.
Giró su cabeza, sorprendido.
Harry…
Lupin lo miraba desde el pasillo, con ambas manos en los bolsillos del pantalón. Estaba usando su saco pero lo tenía desabrochado, su maletín había quedado olvidado en algún lugar.
¿Por qué huyes? –preguntó.
¡Por qué rayos estaba ahí¿Cómo que por qué huía¿Se habría dado cuenta?
¿Perdón? –fue lo primero que Harry atinó a decir.
¿Por qué huyes? –repitió. Acercándose lentamente hasta que sólo unos pasos lo separaban del niño.
¡Se había dado cuenta!
Ningún Profesor lo había seguido antes. Eso estaba mal.
Muy mal.
'Estoy en un aprieto' pensó. El pánico recorriendo su columna por completo.
¿De qué esta hablando Profesor?
Si él no 'sabía' ni 'recordaba' nada entonces nadie podía reclamarle. Siempre era mejor hacer el papel de desentendido en una situación difícil.
Ni siquiera lo intentes. Sé muy bien que tú sabes de qué te estoy hablando -dijo su Profesor, disminuyendo su tono de voz con cada una de sus palabras.
Estaba en problemas.
Lupin sabía de la herida en su cabeza. Nunca nadie había notado cosas como esas.
¿Cómo había sabido?
No se de que esta hablando Profesor. Pero si usted me lo dice trataré de responderle –dijo Harry con una voz sincera y una calma impresionante. Sabía que el tiempo con los Dursley había dado frutos.
El Profesor Lupin se había quedado de piedra.
¿Porqué? –murmuró Lupin.
¿Porqué qué?
¿Porqué estas haciendo esto¿Porqué finges que no sabes de qué te estoy hablando?
Porque no lo sé –respondió Harry con voz desconcertada.
Ahora interpretaba a un niño inocente que no entendía las preguntas extrañas de su Profesor. El niño estaba confundido y no entendía nada.
¿En verdad no lo sabes?
El niño negó con la cabeza.
El Profesor Lupin miró el suelo por unos segundos en los que el pequeño no se atrevió a hacer ningún movimiento.
Finalmente, despegó la mirada del suelo y se agachó para estar a la altura de la cara de Harry.
Esa herida, al lado izquierdo de tu frente… -le dijo con voz inexpresiva. Recorriendo la frente del niño con la mirada.
¿Esto? –dijo Harry inocentemente, como si fuera la primera vez que pensara en eso. Removió el cabello de su frente y puso su herida al descubierto.
Sí.
Me lo hice esta mañana. Me tropecé con una escoba, fue algo tonto -dijo el niño moviendo una mano despreocupadamente.
Dime, Harry ¿Por qué no traes una bandita o algo en esa herida?
¿Una bandita¡Para qué! Estoy bien, no es nada –dijo Harry alzando los hombros para quitarle importancia al asunto- Además ¡Iba a llegar tarde a la escuela y después no me iban a dejar entrar!
Cuando un niño llegaba tarde no se le permitía la entrada a la escuela.
- ¿Estas seguro? –dijo Lupin mirando a los ojos de Harry intensamente sin apartar la mirada o parpadear por un segundo.
¿Qué es lo que quiere que diga?
¡Jamás diré lo que pasa en casa de los Dursley!
Jamás…
No puede obligarme.
Claro que sí ¿Porqué no habría de estarlo? No me pegué tan fuerte en la cabeza… ¡Es solo un rasguño!
Bueno, Harry. A veces… cuando las cosas van mal no nos gusta admitirlo. Siempre…bueno, pensamos que todo esta bien, que estamos bien cuando en verdad no lo estamos. ¿Entiendes?...
¿Acaso sabía…
Mantuvo la boca cerrada. Sabía muy bien en qué ocasiones debía guardar silencio. Esta era una de esas ocasiones donde no debía hacer ni un movimiento porque podría delatarse.
¿Por qué estaba Lupin tan interesado?
Sabes, yo no soy solo tu Profesor sustituto. Si tú quieres podemos ser amigos ¿De acuerdo? Y, bueno, si hay algo que tú quisieras decir o quisieras contarle a alguien puedes decírmelo a mí. No tienes porqué contármelo todo… -Lupin movía sus manos mientras hablaba dando énfasis a sus palabras.
¿Y si le contaba sobre los Dursley?
…Si quieres sólo puedes decirme lo que quieras, no tienes porque sentirte obligado a contarme algo, puedes contarme lo que quieras…
¿Podían ser las cosas así de fáciles?
¿Sólo había que decirlas y con eso se arreglaba todo?
…Sabes, soy muy bueno escuchando. Mis amigos solían contarme sus problemas y pedirme consejo. Decían que era muy bueno resolviendo los problemas…
¿Sería capaz de hablar con Lupin?
Y si hablara…
¿Qué sería Lupin capaz de hacer para ayudarlo?
Si hablara y Lupin lo ayudara…
¿Qué pasaría?
El gobierno lo alejaría de los Dursley, sí.
Pero… ¿Qué sería de él?
Sabía muy bien lo que pasaría.
Orfanato.
La palabra que resonaba en su mente una y otra vez cada vez que pensaba en abandonar la casa de los Dursley.
No tenía ningún deseo de ir ahí.
¿Qué sería de él entonces?
…
¿Lupin adoptándolo?
…
Eso jamás sucedería.
Lupin tenía su propia vida.
¿Porqué querer atarse a un niño que todos despreciaban?
Él no valía la pena.
¿Porqué querría estar con un fenómeno que siempre estaba en problemas?
Era un fenómeno, siempre se lo decían.
Su vida era un significado de problemas ¿Y quién querría vivir continuamente con problemas?
¿Qué debía creer cuando todos decían lo mismo?
Siempre lo repiten.
A nadie le gustan los problemas.
Nadie lo querría jamás.
…
Suspiró.
…
No.
Él cambiaría eso. Se aseguraría de ello.
No se preocupe, Profesor –dijo. No había necesidad de meter a Lupin en sus problemas- Estoy bien.
Él siempre estaría bien.
Cuando era niño y me preguntaban si estaba bien siempre decía que sí sin pensar antes en ello. Dime¿Estas bien?
Claro que sí.
No, Harry piénsalo primero –dijo Lupin mientras estiraba sus brazos y tocaba paternalmente los hombros del pequeño con sus manos.
Se creó un silencio tenso que era solo atenuado por las respiraciones desacompasadas de ambos.
Ahora ¿Estas bien?
Segundos de silencio.
Estoy bien.
Bueno –Lupin sonreía amablemente- eso es bueno –y palmeó de nuevo los hombros de Harry. Se puso en pie y respiró ruidosamente- En ese caso creo que será mejor que te deje salir al descanso, debes estar muriéndote de hambre.
No tenía hambre pero para que decírselo.
Sí –dijo Harry y caminó hacia el pasillo a su derecha haciendo retroceder a Lupin para que le diera el paso.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete pasos…
¡Harry!
Se detuvo. Lupin lo había llamado por segunda vez en el día.
¿Porqué estabas aquí?
Silencio.
Sigue caminando.
Un ruido de pasos se escuchaba a sus espaldas; Harry intensificó su marcha pero no lo suficiente para evitar que Lupin lo detuviera por detrás y se colocara frente a él impidiéndole el paso. Se le había acercado en un tiempo récord.
Por aquí no se puede salir al patio –dijo Lupin con las manos de nuevo en los bolsillos y sosteniendo la mirada del pequeño.
Ciertamente, era mucho más listo de lo que parecía.
Por supuesto, era un adulto.
Quería estar solo ¿Es algo malo? –le echó en cara a su Profesor.
No, no lo es –dijo Lupin con voz neutral.
Harry respiró hondo y habló de nuevo.
Tengo hambre¿Puedo irme ya?
Claro.
Harry iba a avanzar pero Lupin lo detuvo una vez más.
Sabes…
El niño miró fijamente al rostro de su Profesor. Estaba sonriendo.
...Cuando te conocí he estado curioso sobre algo… ¿Podrías responderme una pregunta? –le dijo Lupin sin perder la brillante sonrisa de su rostro.
¿Qué pretendía?
Harry asintió con la cabeza sin estar plenamente seguro de que era lo que Lupin quería preguntarle.
Sabes, ese color de ojos que tienes es poco frecuente…
¿Lo era? Él no lo sabía.
…Me estaba preguntando de quien de tu familia sacaste esos ojos.
¿Perdón?
Trataba de ganar tiempo.
¿Cómo rayos se suponía que él iba a saber eso si ni siquiera sabía el día que había nacido?
Los Dursley jamás le habían dicho eso y dudaba que algún día se lo dijeran.
Esos bastardos.
'Lupin es Profesor' se recordó.
No se conocían. Lupin no sabía 'nada' sobre él.
¡Podía decir cualquier cosa!
Quiero decir¿De quién sacaste tus ojos? –preguntó de nuevo con curiosidad.
¡Ohh! Tengo los ojos…como mi madre.
Su Profesor cerró los ojos, parpadeando varias veces. Luego volvió a mostrar una apacible sonrisa… ¿Parecía aliviado?
¿A sí?... ¿Sólo sus ojos?
Claro, también... su color de cabello.
Habría sido una linda imagen. Su madre podría haber tenido unos hermosos ojos verdes, el cabello largo y negro como la noche, suave al tacto y con olor a dulces por las mañanas.
Su madre podría haber sido hermosa.
Con el ceño fruncido Lupin se movió a un lado dejando espacio suficiente para que Harry pasara.
Con permiso –susurró el pequeño y avanzó hacia delante.
Eres igual a James, Harry…
El niño se detuvo.
Tu madre tenía los ojos verdes, y, era pelirroja, así que a menos que tengas el cabello cubierto con un tinte 'extremadamente bueno' tú no tienes el cabello de tu madre.
Nada.
El niño parecía haberse vuelto de piedra hasta que Lupin habló de nuevo.
Sé que algo no esta bien… ¿Te importaría decirme qué esta pasando aquí, Harry? -dijo- Porque… por más que trato de entenderlo, simplemente no puedo.
Las figuras rojas danzan en frente de mí
y son tan hermosas...
Me gustaría verlas todo el tiempo,
me hacen sentir en libertad.
Es una lástima que algo tan bello
deba hacerme este daño,
a veces el dolor es tan fuerte
que me olvido de las figuras.
Pero si el dolor se fuera...
no las extrañaría para nada.
Se lo que piensan...
¿William y los secretos mágicos¿Dónde habré oido algo parecido?
