Disclaimer: Quién yoo? No, si Harry Potter fuera mío y yo fuera tan rica como J. K. Rowling no estaría escribiendo un fanfic, estaría construyendo Hogwarts y ofreciéndole millones a Daniel, Emma y Rupert para que corrieran por los pasillos de mi castillo en túnicas negras y ropa dorada con rojo al menos una vez por semana.

N/A: No se porque los signos de exclamacion y de interrogacion no me quieren, nunca se quieren poner bien! Solo hagan como que si estuvieran ahi todo el tiempo si?


'El príncipe de las Serpientes'

Por Blackwell


Capítulo 12

El día de las palabras


El ideal de la mayoría de las personas es vivir una vida normal.

El de otras, no es tanto el vivir una vida normal como la de los demás, es sobresalir de entre la multitud diciendo a voz fuerte y firme¡Miradme¡Ver como triunfo¡Apreciad mis logros, aquellos que me separan de la gente común y normal¡No soy normal, soy grandioso¡Soy extraordinario!

Y el ideal de otros pocos, el de realmente unos cuantos...

...es vivir.

Vivir disfrutando cada día, cada respiración, cada sabor en la comida, cada brisa de aire que toca nuestra piel, cada palabra de un ser querido, cada matiz de color en la distancia. Cada día, viviendo, disfrutando todo lo que el mundo es capaz de dar.

Pero hay otros que viven, a pesar de todos los obstáculos y contratiempos presentes, viven superando los problemas uno a uno con todo lo que tienen a disposición. Y con extrema habilidad e ingenio son capaces de sobresalir, sobrevivir.

Y los más desafortunados, aquellos que se han dado por vencidos, esos que han perdido todo deseo, voluntad e inspiración, son los que se conforman con existir.

Solo existir.

Existir sin esperanzas.

Sin sueños.

Sin deseos.

Una existencia sin propósito.


Tal vez porque en su mente se había asentado firmemente el pensamiento de que ya no estaría nunca más con los Dursley, el niño empezó a relajarse lentamente.

Y por primera vez en mucho tiempo, se sintió descender suave y libremente en el mundo de los sueños.

Sueños de nuevos amigos, nueva familia y un nuevo hogar.

Y Harry soñó, sabiendo que esta vez sus sueños eran realidad.


Gradualmente, los días comenzaron a pasar.

Dos veces al día las serpientes le traían algunas frutas (puesto que Harry había pedido no más ratones) primero al despertar y luego justo antes de que se ocultara el sol. Luego de la comida, seguía una extensa exploración de la 'casa en la pared', como el niño la había nombrado.

Harry (a sugerencia de Alunej) había estado explorando la casa y comenzado con la dura tarea de limpiarla.

Dos días después, el niño llegó a la conclusión de que limpiar la casa por si mismo le tomaría probablemente varios meses sino años. Así que decidió enfocarse sólo a las partes más importantes: la habitación del diván que era el cuarto que le gustaba más de toda la casa y donde había decidido establecer su "fuerte" (por que su nueva casa no podía no tener un fuerte como esos de los que usaban los soldados para defenderse de los indios) y la biblioteca, bueno, los sillones y las mesitas de la biblioteca, porque si se pusiera a limpiar esas montañas y montañas de libros probablemente, con su suerte, todos caerían sobre su cabeza y esa era una idea que no le agradaba para nada. Y claro, también el baño de la habitación del diván, que Harry descubrió, estaba detrás de una cortina corrediza de color azul del lado izquierdo del escritorio y que de alguna forma misteriosa (al igual que la cocina) tenía conexión de agua y la taza del baño también funcionaba.

Aunque si su casa tenía velas con fuego que no se derretían¿Por qué no también una conexión al agua?

La cocina se flanqueaba con puertas dobles, era amplia con una mesa y sillas al centro, lo que parecía una vieja estufa (aunque Harry descubrió que no funcionaba) en una esquina y una alacena vacía a unos dos metros de la estufa que continuaba con una barra de unos 4 metros. Unas gavetas de puertas blancas (porque toda la cocina era blanca aunque el polvo no lo permitiera ver) estaban pegadas en las paredes. Con la ayuda de una silla y la barra en la cocina, el niño vió que la mayoría de las gavetas tenía trastos sucios y viejos ya prácticamente inservibles.

Luego, cuando llegaba la tarde o estaba ya cansado de limpiar, salía por el pasadizo de la habitación del diván y se recargaba en la pared mirando con fijeza como corría el viento sobre el césped.

Escuchando a Yalei hablar de todo y de nada.

Hablando sobre la vida y preguntando más y más sobre las serpientes.

Y cuando ya estaban sin palabras y apunto de quedarse dormidos por el suave murmullo del viento aparecía Alunej y le contaba sobre los otros que vinieron antes que él, sobre Za Y'ther y lo que hizo por el Lugar del nido, de los diferentes tipos de serpientes y como vivían, o hablaba también de todas las familias de serpientes que habían vivido ahí, hablaban hasta el anochecer y entonces Harry regresaba solo a la casa en la pared y se recostaba en la cama de la habitación del diván con una sonrisa somnolienta en el rostro hasta que el sueño lo reclamaba de forma tranquila y silenciosa.

Una tarde, Alunej dijo que las palabras ya se habían llevado lejos para que todos supieran del nuevo 'Príncipe' entre ellas. Dijo también que algunos ya estaban en camino a ver si las palabras eran ciertas y ver si en verdad había un Parselmouth elegido por Los Grandes.

Así pues, cuando una semana después por la mañana Harry emergió de la casa en la pared para encontrarse con que Yalei lo esperaba para llevarlo a ver a otras serpientes que querían conocer al nuevo 'Príncipe' el pequeño no se sintió tan extrañado. Pero sorprendido de que alguien quisiera conocerlo sí.

Y así vino el día en que un pequeño de ojos verdes se encontró de nuevo en la presencia de Los grandes alrededor de un mar de serpientes con ojos ambarinos que lo miraban con expectativa.

Esperando.


-¿Es ese?

-¡Pues claro¡Acaso ves a otro humano por aquí!

-¡Es una cría!

-¿Qué dices¡Si es enorme!

-¡Cállense¿Qué parte de 'es un parselmouth' no entendieron?

-¿Dónde está¡No lo veo!

-¡Mira arriba tonto!

-¿Arriba? Pero… ¡Uoooohhh!

Harry caminó con extremo cuidado, tratando de no pisar a ninguna de las serpientes y murmurando varios 'lo siento' mientras pasaba, las serpientes se movían del camino con los ojos agrandados de sorpresa cuando lo oían hablar.

Las voces comenzaron a disminuir a medida que el pequeño llegaba a la roca y se quedaba junto a las tres serpientes que se dirigieron de inmediato a la multitud.

-Han venido, y escucharán –dijo la que Harry pensó que era Sim.

-Jurarán y avisarán a los demás –continuó ¿Tlha?

-Hoy entenderán, un nuevo amo hay –dijo Xern.

Luego, se deslizaron sin una palabra más detrás de la roca dejando solo al niño.

Se hizo el silencio mientras las serpientes miraban expectantes.

-Mhhm, hola –dijo el niño- Soy Harry, Harry Potter. Y, ehm, soy un parselmouth. En el Lugar del Nido me dicen Príncipe, si necesitan algo yo trataré de ayudarles. Aun soy un niño, pero creceré y seré más grande y más fuerte y los protegeré a todos ustedes.

Los gritos no se hicieron esperar.

-¡Sí¡Él habla¡Nos cuidará¡Príncipe Harry Potter! ¡El Señor amo¡Nos habla, nos habla!

-Vengo del bosque de fresas donde se oculta el sol –destacó una voz de entre las demás- Nosotros te ayudaremos si necesitas algo, si tenemos problemas y venimos a ti ¿Nos ayudarás?

-¡Sí, lo haré! –gritó el niño para hacerse oír entre la multitud.

-Yo vengo del lugar con los árboles que lloran –dijo otra voz- un árbol cayó y bloquea la entrada de nuestros nidos ¿Nos ayudarás!

-¡Sí! –respondió el niño sin titubear.

-Nosotros vivimos cerca del río con flores brillantes…

-Yo soy del lugar con plantas largas…

-Vengo del bosque que siempre llueve…

-…el lugar con piedras que no se rompen…

-…del bosque donde no hay luz…

-…del lugar de los cien nidos…

-…donde los pájaros descansan…

Y todas las serpientes continuaron. Diciendo donde vivían y preguntando si las ayudaría cuando tuvieran problemas, otras pedían ayuda o le preguntaban que debían hacer, otras se presentaban y le decían que estaban felices de tener a alguien que las ayudara de nuevo e incluso una mama serpiente dijo que nombraría a uno de sus nueve hijos 'Harry' en honor a él.

Todo estaba bien.

Alguien lo necesitaba.


Algunos días después el niño descubrió que las serpientes podían entrar a la casa en la pared por el pasillo por el que él salía. O podría decirse que Yalei lo descubrió, mientras esperando impacientemente que Harry saliera por donde siempre salía se hartó y golpeo la pared con su cola diciendo '¡Ábrete!' y frente a la atónita serpiente la pared desapareció. Con entusiasmo la serpiente se había lanzado disparada sin pensarlo dos veces por el pasillo y al entrar a la habitación había subido a la cama por un pedazo de sabana que tocaba el suelo y había empezado a golpear al niño en la nariz con su pequeña cabeza (Yalei mantenía su posición de que había llamado varias veces a Harry pero éste no le había prestado atención así que había recurrido a otra medidas, el niño no le creía dado que cada vez que la serpiente lo decía se le notaba un sospechoso brillo de diversión en los ojos), naturalmente el pequeño había despertado con una nariz roja y dolorosa y una serpiente riéndose en su pecho.

Después de ese día Harry procuraba no dormir de más en caso de que la pequeña serpiente decidiera darle una 'amistosa ayuda para despertar' según ella decía.

Una tarde mientras el pequeño y Yalei jugaban a las escondidas en el claro de la casa en la pared Alunej apareció y les llamó para que se acercaran.

-Príncipe –dijo- es tiempo de que conozcas el bosque del Lugar del Nido. Un grupo irá contigo, Príncipe.

Los ojos del pequeño se agrandaron y asintió con la cabeza mientras en el fondo se escuchaba algo que sonaba como "essss, el bosque. Aburrido, aburrido, aburrido"

Hasta ese momento no había salido a explorar el bosque, sus días consistían en estar en su casa (le encantaba como sonaba eso) y el claro en el que jugaba con Yalei y ocasionalmente una o dos serpientes que Alunej traía para que los juegos fueran más entretenidos aunque el par todavía prefería jugar por su cuenta. Cuando había caminado por los pasadizos para llegar a otros bosques estaba constantemente rodeado por al menos diez serpientes que formaban un semicírculo a su alrededor, en esas ocasiones había hecho rodar una gran rama de un árbol que cubría los nidos de varias familias de serpientes en el bosque de los árboles que lloran, había espantado a un cerdito negro que molestaba a las crías más pequeñas de serpientes en la villa del agua, en el bosque de las pequeñas flores había quitado varias piedras grandes para que unas serpientes pudieran construir sus nidos (porque ese era el lugar perfecto pero las piedras estorbaban, decían) y reubicado a una familia de armadillos que hacía mucho ruido en el lugar de las piedras que no se rompían. Siempre iba acompañado y en cuanto su trabajo terminaba las serpientes insistían en que regresara al Lugar del Nido, el pequeño solo asentía con la cabeza y seguía a las serpientes por los pasadizos pero no antes de robar una última mirada de añoranza y un suspiro de tristeza resignada a los bosques y praderas que visitaba.

Ese día y los siguientes Harry y una pequeña escolta de serpientes comenzaron a visitar el bosque por pequeñas partes y en cada viaje una u otra de sus acompañantes mencionaba de qué plantas debía mantenerse alejado, donde había nidos de ratones, o lugares que podían ser usados como escondites, donde había nidos de ciertas familias de serpientes y los árboles con frutas que solían llevarle para que comiera, le enseñaban de las criaturas con las que tenía que andarse con cuidado, de las que debía alejarse inmediatamente (o esconderse si no podía correr) o de los pequeños animales de poca importancia.

Ellas enseñaban y el niño aprendía, absorbiendo cada detalle por mínimo que fuera, de cómo el musgo siempre crecía en dirección del Lugar del Nido, de cómo los peces del río y animales del bosque se acercarían a él si no se movía, que ciertos animales se escondían cuando venía el frío y que algunas hojas podían servirle de comida.

El niño estaba muy feliz, más feliz de lo que recordaba haber sido nunca. Había estado tan feliz desde el inicio de su nueva vida sin los Dursley que había olvidado ciertas cosas básicas de la vida.

Primero, necesitaba comer carne, y leche.

Si antes pensaba que estaba delgado, eso no era nada comparado con la constitución que tenía ahora. La verdad, se sentía más débil y estaba seguro que se cansaba más rápido. Y bueno, ahora que los Dursley no estaban para decirle que la carne era demasiado cara y buena para él...

Y sin leche, estaba seguro que nunca crecería.

A medida que pasaban los días se iba encontrando con que la comida que le traían era cada vez más insuficiente, día a día el pequeño vacío en su estomago iba creciendo poco a poco.

No era que fuera ingrato pero el vacío en su pancita seguía en su lugar a pesar de que constantemente le recordaba a su estómago que "no" debería de tener hambre.

Segundo, necesitaba más ropa.

La ropa con la que había llegado y las que traía en su mochila estaban casi en pedazos, con sus excursiones al bosque y sus viajes a otros lugares para ayudar, sus ropas se habían ido desgastando rápidamente al igual que sus tenis. Había buscado ropa en la casa en la pared pero sólo había encontrado algunos vestidos raros y ropas demasiado grandes para él, quien hubiera vivido antes en esa casa no había tenido niños. Estaba consciente de que el invierno ya llegaba (si las amaneceres fríos eran alguna indicación) y no creía que sería una buena idea el estar todo el invierno solo con una camisa y un short.

Alunej le había dicho que el invierno se acercaba y una gran mayoría de las serpientes irían a tomar un largo descanso a una de las cuevas a la que llevaban los pasajes del Lugar del Nido, por lo que le había sido explicado las serpientes se mantenían despiertas la mayor parte del año y al llegar el invierno se retiraban a descansar manteniéndose dormidas pero en estado de alerta así que si Harry llegaba a necesitar algo siempre podía ir a pedir ayuda al lugar de descanso de las serpientes o enviar a alguna otra de las serpientes que se quedarían a hacer guardia cerca de la casa en la pared a cuidar al niño.

Después de un amanecer muy fresco donde el no pudo aguantar el frío y tuvo que regresar a su casa para ponerse uno de esos vestidos viejos y llenos de polvo para mantenerse relativamente caliente el niño decidió que aun si no tenía dinero era tiempo de, si no comprar, conseguir algo de ropa y había solo una solución a su problema.

Si había algo que los Dursley le habían enseñado en todo el tiempo que vivió con ellos fue que ellos siempre estarían primero antes que los demás.

El niño sonrió.

Era pelear contra la corriente o dejarse arrastrar.

En los confines de un bosque, alguien asomó una sonrisa decidida y una mirada inteligente.

Un par de ojos verdes se endureció un poco más.

Esta vez, el pequeño Harry Potter de anteojos rotos y ropas usadas estaría antes que todos los demás.


Al principio no se atrevió a hacer nada más que observar de lejos, la incertidumbre y el temor de qué pasaria si era atrapado estaban fuertemente presentes en su mente cada vez que se acercaba a algun parque cercano a los bosques que conectaban al Lugar del Nido.

Subía a un árbol con la destreza y experiencia adquiridas en sus expediciones a los bosques, luego se sentaba en una rama firme capaz de soportar su peso y cubierta por el foliaje desde donde podía vigilar a los paseantes. Un día se presentó su primera oportunidad, un hombre gritaba amenazas a tres chicos que parecían no poder dejar de golpearse y aventarse unos a otros sobre la caja de arena mientras un cuarto, el más pequeño, los miraba sin perturbarse mientras se mecía suavemente en uno de los columpios de metal, cuando el hombre por fin pudo separar a los chicos y arrastrarlos por el camino de piedra Harry enfocó su mirada en el lugar donde había estado el señor. Ahí, inocentemente extendida como si solo esperara que la vieran, sobre una banca del parque estaba la chaqueta morada con verde de uno de los chicos.

El niño no se hizo esperar y bajó apresuradamente del árbol, corrió sin detenerse hasta la banca, tomó la chaqueta, giró sobre sí y regresó hasta el bosque sin gastar una sola mirada detrás suya. No se detuvo hasta que no estuvo en la seguridad de su casa. Ya dentro cuando hubo recuperado el aliento se sentó en el piso apoyándose en sus rodillas y pasó sus dedos por la fría tela de la chaqueta. Era una chaqueta de buena calidad, le serviría muy bien. Respiró profundo y se la probó; la chaqueta le llegaba un poco debajo de las rodilla y las mangas colgaban a sus lados.

Sonrió.

Arrojó sus temores y la parte de su consciensa que gritaba 'culpable, ladron, a la cárcel' a la parte trasera de sus pensamientos .

Era una buena chaqueta.


Había sido un buen día.

La chaqueta había sido solo el inicio.

Fue como si un bloque de contención hubiera sido levantado liberando un torrente desencadenado de agua turbia.

Sueteres, llaves, telefonos celulares, carteras, bolsas, billetes y monedas, cajas de zapatos, bolsas de compras, relojes, libros, incluso un día una mujer había dejado olvidada una bolsa de naranjas (que el niño había comido con gusto).

Entonces se cansó de esperar a que las personas se fueran de los parques, comenzó a pasar desapercibido como si fuera la 'Sombra Silenciosa' de nuevo, estubo entre la gente, probando, examinando, experimentando hasta qué punto podría pasar inadvertido por aquellos a su alrededor.

Ya no esperaba que las cosas llegaran hasta él sino que iba por ellas. Así fue como Harry Potter, niño extraodinario de ocho años, Príncipe de las Serpientes, señor de la casa de polvo en la pared, sobrino de los Dursley y amigo de Yalei empezó su carrera en el mundo bajo de Londres como ladrón de carteras y bolsos.

Y después, no solo eran las cosas que la gente que pasaba por el parque olvidaba sino las cosas que estaban dentro de los carros a los que olvidaban poner llaves. Así había sido como Harry había llegado a tener posesión de tres muy buenos juegos de colores de madera y uno de crayolas de cera, dos libretas de dibujo y otras tantas de cuadros o rayas para practicar su escritura porque aunque lo quisiera no podía dibujar todo el tiempo, no quería ser como Dudley.

Y luego de los carros vinieron las casas.

Con años de experiencia de excabullirse de casa de los Dursley el abrir las puertas traseras de otras casas era como quitarle un dulce a un bebe. Rápidamente aprendió a evadir las casas con mascotas malhumoradas y alarmas digitales (eso después de casi ser atrapado por la policía cuando no se dió cuenta que había activado una que estaba cuidadosamente escondida detrás de una planta de hojas largas).

Entraba a casas donde no había gente en el momento y tomaba comida y cosas que podían pasar desapercibidas o darse por perdidas. Tijeras, desarmadores, libretas o libros, toallas de baño, lapices y plumas, una camisa o un sueter en ocasiones.

Rara vez entraba a una casa más de una o dos veces.

Y mientras el pequeño se entretenía juntando cosas para su nueva casa no notó como ésta comenzaba a cambiar de apariencia.

No vió como la intensidad de las luces de la entrada principal iban aumentando ni como los dibujos en las paredes iban recuperando lo que seguramente era su color original poco a poco. Tampoco vió como lugares donde no se había molestado en limpiar se iban librando del polvo poco a poco y no vió tampoco como el ambiente en la casa parecía más ligero, menos abandonado.

Más despierto.

Algo en la casa de polvo estaba cambiando y Harry Potter muy pronto averiguaría el porqué.


Quien importa es yo y nadie más,

Esa es la mejor lección,

Aquel que estorbe no lo hará,

Pues si me enfrentan, perderán.


11 de Marzo del 2008