La Investigación de Sam

Sam Winchester esperó a que su hermano mayor terminara con la ducha, y cuando dejó de oír el agua correr, se volvió hacia la puerta del baño. Hipnotizado en aquel pedazo, espero a que se abriera y revelara a su hermano mayor, con sus músculos aún mojados y una apretada toalla blanca alrededor de la cintura, escondiendo el miembro que tanto disfrutaba. Sam prefirió no hacer ningún comentario sobre los sollozos que había oído en el baño, y se levantó para darle un beso a su hermano. Lo empujó contra la pared y devoró su boca, y le quitó la toalla.

"¿Por qué no me das un poco de amor 'papi'?", susurró Sam de un modo inocente, mientras le arrebataba la toalla.

"Porque tenemos un trabajo que hacer", se limitó a decir Dean con una sonrisa, "así que será mejor que tomes tu ducha, o me veré forzado a bañarte a la fuerza."

"Podrías hacerlo", respondió Sam con un montón de fantasías sexuales en su mente.

"Prefiero concentrarme en acabar con lo que sea que esté invadiendo la casa y causando los suicidios. No quiero que haya más muertes, además después de eso tendremos que pensar que vamos a hacer con el bebé. Aunque la verdad me está excitando la idea de verte embarazado, con tu pancita creciendo, tu abdomen marcado que se deshace ante una nueva vida. Me va a gustar mucho consentirte como una mujer embarazada y cuidarte. Después de todo sigues siendo mi Sammy. Lo sabes, ¿no es cierto?"

"Pronto tendré un bebé dentro de mí que lo prueba. Y quiero aclararte una cosa, yo soy un Winchester y no me importa que esté embarazado no me vas a sentar en un sillón con un vestido de flores y comiendo bombones. Simplemente no soy ese tipo de hombre."

"Si lo digo, lo harás princesa.", Dean arqueó las cejas, "ahora ve al baño que el agua espera y la casa endemoniada también."

Sam soltó un ligero gruñido mientras su hermano lo empujaba hasta el baño y cerraba la puerta. De nuevo se oyó el correr del agua en aquel motel, y diez minutos después apareció Sam desnudo de regreso en el cuarto. Dean ya estaba vestido y se encontraba frente a un espejo que había junto a la puerta. Se peinaba con mucho detenimiento asegurándose que cada cabello estuviera en su lugar; ni siquiera se percató de la desnudez de su hermanito, lo que provocó que Sam soltara otro gemido y buscara su ropa entre la maleta.

"Muy bien, entonces dime que investigaste sobre aquella casa en donde te… el demonio te…" por un momento las palabras se atoraron en su garganta antes de hablar. "En donde han estado sucediendo todo esos suicidios raros."

Sam giró su computadora portátil sobre el escritorio de manera que la pantalla quedara hacia él. Sacó unos bóxers rojos de la maleta y se lo puso. A Dean le gustaba verlos porque se le ajustaba perfecto a su pelvis.

"Hasta ahora he averiguado que los primeros residentes de la casa eran William y Christine Brewster. Se mudaron en 1884. Tenían una hija adolescente de nombre Margaret Brewster. Ahora, lo que te voy a decir a partir de ahora no son más que chismes de la época y no hay nada sustentado en papel que corrobore la historia. Así que no podemos creer que todo es verdad."

"¿Y cuando sí lo es, vaquero?", se burló Dean que aún se peinaba frente al espejo.

"Pues en muchos casos las leyendas que hemos perseguido han sido ciertas, pero generalmente tienden a ser sobrenaturales y no chismes de lavandería. Pero si lo quieres oír te lo dire: los Brewter eran empresarios ingleses de renombre y de ahí que la casa fuera tan suntuosa. En algún momento estuvo llena de muebles finos y pinturas caras; por eso su nombre empezó a sonar en todo el pueblo como la familia más rica de la zona. De acuerdo a los periódicos de la época en verdad lo eran. Por eso hubo un gran escándalo cuando Margaret empezó a salir con un minero. Aquí es donde empieza la leyenda, se dice que la hija de los Brewster se embarazó en la casa y por ello intentó ocultarlo lo más posible, pero en algunos meses fue bastante evidente. El minero negó que el bebé fuera suyo y no quiso reconocerlo. Mucho menos apoyar a la madre."

"Dejame adivinar", se burló Dean, "la niñita esa no supo como manejar la situación de deshonrar a tu familia y se cortó las venas."

"Con la hoja de rasurar de su padre", confirmó Sam. "Los Brewster quedaron devastados por la perdida y de quedar doblemente deshonrados. Abandonaron la casa y regresaron a Inglaterra, pero como la propiedad siempre quedó en la familia, entonces no hubo nuevos habitante en la casa."

Dean aventó el peine a su cama y se volvió a ver a su hermano.

"¿Entonces porque se han registrado tanto suicidios?"

"Mi teoría es que de algún modo tiene que estar relacionado con el embarazo de Margaret, pero aún no estoy seguro. Me hace falta investigar un poco más. De, tengo una idea. ¿Por qué no vamos mejor a la biblioteca del pueblo, en lugar de la casa? Tal vez encontremos información sobre la víctimas y eso nos puede ayudar a resolver el misterio. ¿Tú que crees?"

Los labios de Dean se torcieron para mostrar esa sonrisa deliciosa que tanto le gustaba a Sam.

"Que un viaje a la biblioteca será muy interesante. Después de todo nunca lo hemos hecho ahí. Por cierto, podrías ponerte un poco de ropa, que por más que me gustes así medio desnudo, no podemos andar por el pueblo así."

"Si tan sólo pudiéramos", suspiró Sam.

Dean soltó una risotada.

"Eres tan lujurioso, a veces."

"Porque tenerte a mi lado es vivir excitado las veinticuatro horas."

"Entonces no te distraigo más, estaré en el Impala. Vístete y te veo afuera en diez minutos."

Sam asintió y vio como su hermano salía de la habitación.