Visita a la Biblioteca
Sam Winchester había pasado casi tres horas revisando artículos de periódico muy interesantes, aunque lamentó que en aquella biblioteca no llevaran un orden en las fechas y por eso se dificultaba su trabajo. En cambio, Dean pasaba entre los estantes buscando libros sobre bebés, aunque se aburría muy fácil y terminaba molestando a su hermanito con la primera tontería que se le pudiera ocurrir.
Finalmente, Sam levantó la cabeza y vio que su hermano mayor lo llamaba desde el fondo de la biblioteca. Levantó los periódicos en lo que había encontrado algo de información. Al llegar hasta Dean, notó que el no llevaba ni su chamarra de cuero no su camiseta.
"Estoy empezando a formar una teoría definida sobre lo que está pasando en esa casa."
"Está bien, Sammy", respondió el mayor de los Winchester casi en un susurro.
"He encontrado que todas las víctimas femeninas estaban embarazadas, al igual que la primera mujer que murió en esa casa. ¿Sabes lo que eso? ¡Hemos encontrado la conexión de porqué están muriendo las mujeres! Y no sólo eso, creo que el demonio que me violó también está involucrado."
"Te escucho, campeón", dijo Dean aferrándose a uno de los estantes.
"Estaba pensando que el demonio podría haber hecho que los hombres se embarazaran y entonces entraría dentro del patrón de asesinatos de nuestro fantasma. Por eso irían a morir de la misma forma en que lo hicieron las mujeres. Lo que aún no entiendo es porqué algunas de las víctimas del demonio mueren y otras logran llegar hasta el alumbramiento."
"¡Sammy!"
El joven Winchester se volvió a su hermano para comprobar la lujuria que crecía en sus ojos. Dean lo tomó de la cabeza y lo llevó hasta él para besarlo con fuerza y dominarlo, hacerlo suyo con un beso pasional del cuál Sam no tuviera otra opción que derretirse en sus brazos y ceder a sus más oscuras fantasías.
"Eso era lo que quería", dijo Dean. "¿Sabes lo difícil que es prestarte atención cuando en lo único en lo que puedo pensar cuando te veo es en lo hermoso que eres? Quiero hacértelo aquí, Sam. Quiero seas mío en la biblioteca y te prometo que será una experiencia única y bastante memorable."
"Contigo el sexo siempre es único y memorable, De."
"Entonces no se diga más, te vas a bajar los pantalones y me vas a entregar ese gran pedazo de culo que tienes, pero prométeme que vas a estar muy calladito. Si nos descubren por tus gemidos, vamos a tener problemas."
"Yo no gimo tan fuerte", le respondió enojado, pero Dean sólo esbozó su usual sonrisa deliciosa.
"Gimes como una puta."
"Porque soy tu puta", respondió Sam al abrir su cinturón y soltar sus pantalones para que éstos cayeran.
Dean lo tomó de la cadera, y nuevamente se sumieron en un beso pasional, en el que cada uno tenía la oportunidad de probar el sabor del otro. Sam quedó con el pecho contra la repisa y su hermano mayor se colocó detrás de él. Justo para darle una nalgada.
"¿Lo quieres, campeón?", preguntó el mayor de los Winchester.
"Deja tus juegos y sólo hazlo, De. Desgarra mis entrañas con tu pene, te necesito dentro papi."
Ese último calificativo hacía excitado a Dean más que nunca, preparó poco a su hermano y de inmediato empezó a penetrarlo lentamente. Sam abrió la quijada en un grito de dolor, que de inmediato fue sofocado cuando sintió los dedos calientes de su hermano entrar en su boca. Lamerlos era mejor que gemir, y le proporcionaba una experiencia interesante, pues se sentía como un bebé con su chupón.
El movimiento rítmico metisaca provocaba que en el cuerpo de Sam se encontraran el dolor y el placer en una explosión orgásmica que no podía describir. Sentía como si cada célula de su cuerpo estuviera excitada y fuera a explotar en energía pura cuando Dean lo tocaba. ¡Quería más! ¡Siempre quería más! Tener sexo con Dean Winchester era como dar un viaje hasta el límite de las emociones humanas, en donde sólo era posible regresar por medio de un orgasmo. Y no cualquier orgasmo, uno digno de un macho Winchester.
Después de cierto tiempo, pues los dos hermanos ya habían perdido la noción de cuánto llevaban en esa sesión de sexo, Sam no pudo evitar soltar un pequeño gemido mientras su semen saltaba entre los libros, poco después de eso Dean llenó a su hermanito con leche caliente tal y cómo lo había planeado desde el motel.
Cuando Dean volteó a la fuerza a su hermano para volver a besarlo, se dio cuenta que sus ojos estaban blancos, y que toda su expresión era siniestra.
"¿Sammy?"
El joven negó con la cabeza.
"No soy el, papá. Soy producto del pecado de ti y de este idiota. ¿Acaso no lo sabes, Dean Winchester? Los bebés demonio no nos desarrollamos de forma normal y desde el principio empezamos a desarrollar mentalidad propia. En poco tiempo este cuerpo será mío hasta que tenga la posibilidad de nacer y pueda controlar uno mío propio."
"¡Maldito bastardo! Deja a Sammy libre si no quieres que te exorcise", gritó Dean.
"No funcionaría, yo soy parte del cuerpo de Sam y eso mataría tu hermano. ¿Acaso no lo ves? Bien, te lo explicaré. En el infierno sabían de su amor prohibido como hermanos y sabían que la única debilidad de uno sería el otro. Al volver a Sam fecundo prácticamente los forzamos a que tuvieran sexo para que se embarazara y me engendraran a mí. Por eso soy muy poderoso y finalmente lograré destruirlo. El reinado de los Winchester como los mejores cazadores del mundo terminará gracias a su lujuria y yo…"
Las palabras del Sam-demonio se ahogaron en su garganta, y el cuerpo entero se convulsionó antes de caer sin conocimiento. Dean intentó revivirlo en vano, así que se subió los pantalones, también los de Sam y lo cargó hasta el Impala. El diario de su padre debería tener la solución para salvar a Sam de ese suplicio.
