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Segunda Leída del Diario de John Winchester
Sam Winchester había estado sometido, de alguna manera, al poder del demonio que crecía dentro de él, fruto del pecado que hacía nacido entre el y su hermano, del amor que se profesaban más profundo que el de hermanos, como el de dos hombres carnales que se encuentran y se aman; se besan. Dean Winchester se había sentido culpable mientras el demonio lo insultaba, en parte porque él era responsable de lo que le estaba pasando a su hermano, había sido él quién lo había llevado a la casa abandonada, había sido por medio de él que el demonio había actuado su magia negra, y más aún había sido él quien concientemente había plantado la semilla dentro del cuerpo de Sammy. ¡Pero era protegerlo! Ahora se daba cuenta que le había hecho más daño del que esperaba.
Lo levantó entre sus brazos poderosos y posó sus labios cálidos sobre su frente. Si había que le gustaba a Dean, aunque realmente odiara aceptarlo y nunca lo diría en público para proteger su orgullo, era el placer que le causaba ver el rostro angelical de su hermanito inconciente. Así lo llevó hasta el impala y con mucho cuidado lo dejó en el asiento trasero. Manejó con mucho cuidado hasta el motel y ahí depositó el cuerpo sobre la cama. Con una toalla húmeda, delineó suavemente el rostro de su hermano, su quijada y por un momento de felicidad infinita para los dos, Sam abrió los ojos y se encontró con los de su hermano.
"Hola, extraño", sonrió Sam.
Dean no lo encontró gracioso, pero estaba feliz de que su hermano al fin hubiera despertado. Entonces aprovechó el momento para rozar sus labios contra los de Sam, para adentrarse en su boca y explorarla, saborearla. Absorber cada partícula de la esencia del menor de los Winchester para recordarla por siempre. Una simple prueba de que todo estaba bien sin realmente estarlo.
"Nunca vuelvas a asustarme así, Sammy. No sé lo que haría si te perdiera."
"Probablemente alguna de tus acostumbradas estupideces" se burló Sam.
"No estoy para juegos", respondió Dean, pero le ganó la risa y compartió un momento divertido con su hermano.
Se abrazaron de nuevo y se besaron. Juntos se levantaron de la cama y caminaron hasta una mesa que había cerca de la puerta del baño. Justo ahí descansaba la computadora portátil de Sam y el diario de su padre, el famoso John Winchester.
"Tal vez en el diario de papá haya algo que nos ayude a saber que algo sobre mi embarazo."
"Ya te lo leí todo, Sammy, no hay nada que pueda ayudarnos. Estamos los dos solos para arreglar este problema, siempre juntos en las buenas y en las malas."
"¡No seas tan cursi, idiota!"
"Perra", contestó Dean, y ambos empezaron a reírse.
Sam abrió el diario y lo hojeó durante un buen rato hasta que encontró la información que tanto estaba buscando.
"Sí… aquí dice justamente lo que ya me habías leído antes, pero ¿Se te ocurrió darle vuelta a la hoja? Aquí hay mucho más que leer… Escucha esto, al parecer el embarazo se desarrollará a lo largo de tres semanas en lugar de nueve meses, se dice que después de la inseminación en una semana el demonio tomará control total del cuerpo embarazado hasta el nacimiento y no hay forma de detenerlo más que un aborto consentido por los dos padres."
"Entonces sólo tengo que cuidar de ti por tres semanas y seremos los orgullosos padres de un hermoso bebé. Otro macho Winchester en la familia, porque será un niño ¿No es cierto?"
"¿Puedes escucharte? Estas sugiriendo atarme a una silla en una trampa para demonios por tres semanas sólo para satisfacer tu hombría. Papá nos está ofreciendo una solución por medio de su diario, tengo que abortar para que no suceda nada más, nada grave. No quiero que el demonio te mate usando mi cuerpo. Te amo demasiado."
"Pues yo también soy el padre del bebé que llevas ahí y digo que es la único forma que tenemos de procrear. No voy a destruir al fruto de nuestro amor sólo porque tu eres muy cobarde."
"Dean, por favor…"
"No me importa todo lo que me digas, yo soy su padre y voy a asegurarme de que nazca bueno y sano."
"¡Es un demonio!"
"Mi hijo, Sammy. Y no quiero seguir esta conversación porque sabes que voy a ganar. Ahora si no te importa, tengo que pensar cómo vas a destruir al fantasma de la casa abandonada."
"¡No te evadas!"
"No me evado, ya te dije que voy a pensar como terminar nuestro trabajo en este mísero pueblo. Voy a ir al bar yo sólo a tomar, no quiero que me sigas. No quiero hablar contigo por ahora."
Dean estaba por salir cuando la voz de Sam lo hizo volverse a verlo
"¿Y si el demonio toma posesión de mi cuerpo mientras no estás?"
"No me importa", gruñó Dean y salió de la habitación del motel.
Sam se dejó caer en la cama del hotel y empezó a llorar desconsoladamente, recordando que momento antes habían estado jugueteando como buenos amantes.
