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Mentira, servida

El vino y pan de cada día

Mentira, atrevida

Bolero de mi corazón

Amarga, saliva

Sabor a culpa y a agonía

Mentira, divina

No quiero más mentirte, amor

Shunsui se soltó la larga coleta y se despeinó el cabello, masajeándose las sienes, despacio, suspirando. Estiró el cuello hasta sentir que sus huesos crujían y trató de relajarse lo más posible. Hacía más de una semana que había descubierto a Gin y aún no sabía cómo debería actuar o que tenía que hacer para delatar a Aizen y que todo aquello terminara. Se quitó el kimono rosa y el haorí, colgándolos de la percha y se sirvió un centímetro de sake en la baja copa, tratando de pensar. Sus reflexiones fueron interrumpidas; alguien estaba en la puerta.

Kira Izuru

-Capitán…puedo hablar con usted?

Lo esperaba. Sabía que tarde o temprano, alguno de los dos lo buscaría y aportaría más datos y había estado esperando ese momento para decidir cuál sería su siguiente movimiento. De ahí que hiciera pasar a Kira, lo invitara a sentarse y le sirviera sake; el mismo Reid no habría hallado estrategia mejor para ganar confianza y tiempo

-Convénzala, por favor

-De qué estás hablando?

-Usted lo sabe. Ichimaru taichou corre un gran riesgo…Aizen la matará si la descubre y sólo usted y su ayudante pueden crearle una trampa…

-Por qué quieres que hagamos eso? Y qué te hace creer que podemos hacerlo?

-Es como mi madre…y no me deja defenderla. No soporto la idea de que le ocurra algo malo, Kyoraku taichou, por favor…usted cuenta con la ayuda de ese muchacho nuevo, Reid san…

-Y si ella no quiere?

-Ella le hará caso- Kira bajó la mirada- la verdad es que no debería decirle eso, pero hace ya bastante tiempo que se siente atraída por usted…al principio, yo pensaba que era Ukitake Taichou, pero no. Y luego un día, ella me lo confesó, una de esas tardes de sake y reunión de los capitanes, cuando se lo pregunté

Shunsui no podía creer lo que escuchaba

-Qué te dijo?

-Que Ukitake era casi tan delicado como ella…pero que Nanao era afortunada por ser preferida de alguien con una risa tan hermosa- Kira bajó la mirada y sonrió- le dije que me pondría celoso y sólo me golpeó la barbilla…pero por la forma en que lo miró, supe que decía la verdad

Kyoraku comprendió entonces por qué Gin lo había provocado a besarla.

Y no podía borrarse ese beso ni ese leve momento en que la había abrazado y ella había llorado en sus brazos, dejándose vencer...

Mi corazón

late por ti

dentro de mí

(y siempre busco la verdad)

Mi corazón

nunca dejó

tu corazón…

Reid le había contado sobre los inumerables asesinos en serie que había perseguido cuando estaba vivo, en el Ningenkai. Y había un patrón en ellos; que se cansaban de sus crímenes y cuando se cansaban, los hacían evidentes, para poder ser atrapados y olvidarse de sus orgías de sangre e intentar reparar algo de sus perdidas mentes.

Al principio, sólo una persona sabía que Gin era lo que era. Pero ahora, ya eran cuatro las que lo sabían y eso, ponía el secreto de Gin en riesgo. Sin embargo, pese a eso, ella se había mostrado frágil, indecisa, confiada a él. Quizá se estaba cansando de mentir, lo que la haría tomar de seguro una posición más radical e intentara matar a Aizen…y eso la pondría en mayor riesgo, pues ¿Quién garantizaba que, al tener éxito, la Cámara de los 46 no la condenara a la cárcel o a algo peor por levantar la mano contra un capitán contra el que, por lo menos hasta ahora, no se tenían pruebas sólidas?

-No puedo prometerte nada…pero intentaré hablar con ella, de nuevo

Kira se inclinó hasta casi tocar el piso

-Domo, en verdad, Kyoraku taichou. Si hay alguien que pueda hacerla cambiar de manera de pensar…

-Yare yare…no me des tanto crédito y espera a escuchar su respuesta. Te he dicho que hablaré con ella…no que ella me hará caso…

-Oh, sé la forma en la que ella puede hacerle caso

-De qué diablos estás hablando?

-Tres noches por semana, ella…

Y, con toda calma, Kira le explicó la situación. Al final, Shunsui no estaba seguro de creerle.

-0-

Kyoraku tocó un par de veces. Al no abrir nadie, deslizó la puerta sin hacer el menor de los ruidos; la habitación estaba vacía, a excepción del futón abandonado sobre el piso, polvoso y sucio. Los rincones estaban decorados con algunas telarañas. Arrugó la nariz, involuntariamente ¿Esa era la habitación de Gin? No podía creerlo. Dio algunos pasos hasta acostumbrarse a la semipenumbra interior, atenuada por la luz de la luna. Y fue cuando descubrió la otra puerta, bien oculta por la percha con un haorí abandonado descuidadamente. Demasiado descuidadamente. Comprendió entonces que el desorden aparente en esta habitación era sólo una escenografía y más por educación que por otra cosa, dio dos golpes leves a la segunda puerta. La ahora conocida y suave voz le respondió, del otro lado

-Izuru chan? Qué necesitas, pequeño?

El panel se deslizó y Gin apareció con una lámpara de papel en la mano. Llevaba un kimono amatista, a tono con sus ojos, cerrado por un ancho obi blanco de seda. El escote dejaba ver el inicio de sus pequeños pechos y tenía una diadema de flores sakura entretejidas en sus cabellos. Shunsui nunca pensó que podía verse tan seductora, tan perfecta

-Qué haces aquí?

-Yo también te deseo buenas noches, capitana…puedo hablar contigo un momento?

Gin frunció la delgada boca y batió las larguísimas pestañas un par de veces, disgustada; Shunsui jamás lo había advertido hasta ahora; su rostro era otro pese a ser el mismo. Notó entonces que los perfiladores de comportamiento no eran infalibles y Reid se había equivocado, pues Gin no ocultaba sus manos por tenerlas heridas o cicatrizadas de alguna forma. Las ocultaba porque eran lo único que podía delatarla, al ser tan blancas y hermosas

-Pasa. Pero te advierto que no conseguirás nada…

Kyoraku entró y se dejó caer en el amplio seki de paja. Se frotó los ojos y bostezó con exagerado cansancio

-Ah, Gin, me preguntaba si podías ayudarme con algo…

-Mira Shun, ahórrate tus trucos y dime a las claras a qué veniste, por favor. Estaba a punto de dormirme así que…

-En verdad? ¿Duermes con esa ropa puesta? ¿No sería más bien que estás a punto de salir al Rukongai?

Gin no pareció sorprendida

-Izuru te lo dijo, verdad?

-No. Sólo me dio pistas. Fue la gente del Distrito 72 la que me lo dijo. Hablaron de la Dama de Plata, de Achimaru Gin, vestida de rojo y blanco, repartiendo regalos, siempre preocupada por ellos…creen que eres una noble.

Ella suspiró, resignada, sacando su abanico.

-Bueno, pues ahora que ya lo sabes…no crees que lo mejor que puedes hacer es ayudarme a llevarlos? Últimamente no puedo yo sola con tanto y Rangiku no vendrá hoy…

-Mi bella dama, a qué crees que vine? –Shunsui se quitó el haorí y se dejó sólo el kimono rosa; soltó su cabello y en unos instantes parecía otro.

En unos cuantos saltos de shunpo, llegaron al Distrito 72, uno de los más pobres del Rukongai y en la casa del viejo Hara, un anciano ciego, se reunieron con los demás del mismo clan, quienes prepararon un té verde barato y fuerte como nunca Shunsui había probado. Contempló, conmovido, como Gin repartía todo cuanto habían reunido entre ella, Izuru y Rangiku; desde sake a confituras, ropa, vendajes y fruta y su gran bolso parecía no agotarse jamás. El viejo Hara se dirigió a Kyoraku

-Quién eres tú?

-Un amigo mío…muy querido, Hara san –respondió Gin

-Oh…por un momento pensé que se trataba de tu amado Shunsui kun…cuándo nos lo presentarás, Achimaru? Quisiera decirle de todas las cosas amables y hermosas que has hecho por nosotros…

Gin enrojeció frente a Kyoraku y las palabras del anciano, quien no pudo percatarse de ello

-Hara Jii! Qué cosas dices!- y le golpeó ligeramente la mano. Al fin, la repartición terminó y volvieron de la misma forma al Seireitei, burlando la vigilancia de Jidanbouh y sus hermanos.

Gin pareció hacerse frágil y pequeña al quitarse los altos geta y cambiarse el kimono por uno más ligero, de los mismos tonos, de estar en casa, mientras Shun la esperaba en el jardín, admirando la muriente luna. En unos momentos, se reunió junto a él, quien estaba recogiéndose el largo cabello oscuro

-Mi hermosa dama…

-Deja de decir eso o terminaré por creérmelo

-Y qué habría de malo en ello?

-Shun, crees que no sé que clase de capitán eres? Tu teniente se queja de ti con mi mejor amiga de que no sabes mas que fijarte en cuanta mujer se te atraviesa…

-No es que tú seas muy fiel, que digamos

-Tuve ojos sólo para él…y en pago, mató a mi familia

-Y no puedes olvidarlo?

-Es un asesino

-Gin, basta, déjalo atrás…

Deja que yo te cuide, quédate a mi lado, olvídate de todo, de la capitanía, del Gotei, de tu venganza, de Aizen…deja que sea yo quien te seduzca, quien te sostenga en brazos cuando te sientas débil; deja que sea yo quien escuche tu risa y vea tu sonrisa verdadera y olvídate de todo lo demás, deja que me enamore de ti y enamórate de mí y déjame hacerte el amor todas las noches y espérame vestida así, para ir a visitar a los pobres del Rukongai y beber el té barato que ellos nos conviden, para luego volver a casa y mirar la luna y dormir en ti, déjame hacer eso, Achimaru Gin, Ichimaru Gin, la Dama de Plata, mi hermosa hermosa dama, déjame…

Shunsui no pensó en absoluto; sólo se giró hacia ella y la besó hasta sentir que no podía respirar más. Ella se separó de él

-Vete

-No quiero…y tú tampoco

-No vas a cambiar nada si te quedas…

-Al menos, lo habré intentado

-No quiero ser una más de tu lista…

-Quiero que seas la única

-Kyoraku Shunsui, soy yo aquí la que miente

-Te estoy diciendo la verdad

-Cuál verdad?

-Que me he enamorado de ti, Achimaru Gin…

-Estás loco

-Por ti-besó sus mejillas- y por esto- besó sus ojos y sus labios- y por esto- besó sus manos- y amo esto también- y besó su cuello y deslizó el kimono sobre su hombro, besándolo delicadamente, suspirando en su oído- déjame quedarme…sólo esta noche. Échame después, pero déjame hoy, por favor…

Gin soltó sus cabellos y los dejó caer sobre los fornidos hombros de Shun

-Me gusta como se te ve el pelo suelto…siempre he pensado ¿Cómo se sentirá tu barba en mis pechos?

Y, sin esperar respuesta, se dejó devorar por él.