4
Epílogo
-…No puedo dejar que me frenes, Shun kun, eres tan fuerte y dulce! Este kidouh te detendrá. Este otro hechizo de restricción, callará a Reid. Es más, haré que Aizen lo haga volver al cuerpo de donde murió y que siga con su trabajo en el Ningenkai. No puedo permitir que nadie detenga mi venganza. Nadie comprenderá las cosas. Todos pensarán que los he traicionado. Rangiku todavía cree que me decidiré por quedarme en el Seireitei. Mi niño, mi casi hijo Izuru llorará amargamente por mí. Nadie sabrá en realidad que fue lo que pasó conmigo y yo no puedo dejar que se lo digas a nadie. Pasaré a la historia como el gran traidor Ichimaru Gin. Pero, cuando haya destruído a Aizen, finalmente me comprenderán…y entonces, podrás perdonarme…y tal vez yo me perdone que a partir de ahora, me olvides para siempre, Shun Kun…
La mujer de cabellos de plata dejó al hombre dormido en el futón. Se volvió hacia la morena, sonriendo
-Oi oi, Nanao chan! Cuida mejor a tu capitán! Lo encontré bebiendo sake en el Rukongai…hay malas personas por ahí, pudo haber sufrido algún daño
-Gracias por traerlo, Ichimaru taichou
Una risa cascada por parte de Gin. Aliento a sake
-No me lo agradezcas, niña, sólo cuídalo bien
Sí, cuídale…porque yo no podré hacerlo…
El capitán del San Bantai se dirigió a la puerta
-Por cierto, Nanao chan, qué fue de Reid kun?
-Oh…mi capitán no le mencionó nada? Alan san volvió al Ningenkai en misión especial
-Vaya, espero que así, su incomparable talento no se desperdicie –sonrió de nuevo y Nanao sintió verdadero pánico- bai bai, muchacha! Ohayo!
Nanao contempló al capitán retirarse. Faltaban cinco días para la ejecución de Kuchiki Rukia pero al menos, pese a la invasión de los Ryoka, el día prometía estar hermoso. El sol, en tanto, salía por el Oeste. Era, otra vez, de día.
…mi corazón
late por ti
dentro de mí
(y busco siempre la verdad)
Mi corazón nunca se fue…
