Título: Conviviendo con la Muerte.

Fandom: Beyblade.

Personajes: Tala Ivanov & Kai Hiwatari.

Género: Sobrenatural, Humor, Romance.

Rating: T

Advertencias: UA. Tala/Kai.

Resumen: La Muerte está cansada. La Muerte tiene rostro. La Muerte tiene nombre... Tala Ivanov, y decide tomarse sus primeras y bien merecidas vacaciones en el mundo mortal.

Disclaimer: Beyblade no me pertenece. Pertenece al talentoso, Takao Aoki, al cual le agradezco infinitamente por traer a mi mundo tan bella y shipeable obra de arte.

05/05/08.

2. Capitulo 2- Adaptándose.

La sirvienta en la cocina, tararea una canción. Al girarse con un platón lleno de verduras lavadas, la mujer da un pequeño grito al ver a alguien bajo el marco de la puerta, observándola fijamente.

- ¿Ehm? ¿Puedo ayudarle… en algo? -pregunta luego de la sorpresa inicial, sonriendo con nerviosismo.

"Se-seguramente es el invitado del joven Hiwatari". –piensa, relajándose visiblemente.

El pelirrojo por su parte, ignora el susto que le ha dado a la mortal, centrándose en el recipiente que yace sobre una de las barras del lugar.

- ¿Qué es eso? –señala con el dedo, haciendo que la mujer mire aquello.

- Ah… Es helado. –dice ella, sintiéndose incómoda. No sabe, si es por la pregunta o por la simple respuesta.- ¿Quiere que le sirva… un poco?

Sin esperar su respuesta, se dirige hacia la alacena en busca de un recipiente y una cuchara para servirle.

- ¿Helado?

Le escucha murmurar, sin dejar de ver el recipiente de casi cuatro litros.

- ¿Y se come? ¿A qué sabe? –pregunta otra vez, luego de verla llegar a su lado y asentir.

¿Acaso se está… burlando de ella?

- S-sí… sí se come. Y éste es de galleta, miré...

La tapa es retirada con cuidado, mostrándole su contenido.

Blanco con negro. Algunos trozos grandes de galleta o simplemente pequeños puntos negros que sobresalen de aquella congelada mezcla, es lo que aprecian sus curiosos ojos violetas. Inconscientemente lleva uno de sus dedos, introduciéndolo y sobresaltándose levemente al sentir que está frío.

Una vez que sabe su temperatura, hunde su dedo índice para luego sacarlo y verlo con más detenimiento sobre su dedo.

- ¿Dices que esto se come?

- S-sí. –responde, notando la extraña manera en que lo analiza.

Es como si fuera... la primera vez en su vida que ve el helado. ¿De dónde es que veía?

- Mhmm...

El Emisario lo mira un poco más, llevando al final su dedo a su boca, donde permanece ahí largos segundos. En ese lapso, no se mueve ni pestañea siquiera, parece estar en trance o simplemente ido.

"¡Qué extraño!".

- Ah, disculpe... ¿Está bien?

Al ver que pasa el tiempo y no reacciona, se le acerca preocupada. Quizá le ha dado alguna clase de parálisis o ataque al ser alérgico a la nieve o algo así de grave, pero entonces vuelve a dar señales de vida, y aquello la tranquiliza.

- Esto está... –saca su dedo, pensando en la palabra indicada.- ¿Cómo dicen los mortales cuando algún alimento está... bueno? –y la voltea a ver curioso, esperando su respuesta.

- ¿De-delicioso?

Musita ella confundida, tanto por su expresión como por su forma de hablar.

- Sí, esa es la palabra. –asiente.- Esto está muy... ¡delicioso!

Una pequeña sonrisita aparece en su rostro, y a ella le da la impresión de que está delante de un niño de cinco años.

- ¿Gu-gusta que le sirva un poco más?

- ¿Mhm?

Reparar en su presencia es necesario porque está confundido, porque aquello no es necesario. Acaba de tomar el bote entre sus manos, y mete su dedo ante los ojos atónitos de la mujer.

"¿D-de dónde viene éste tipo?".

Vuelve a cuestionarse seriamente, sonriendo con nerviosismo.

- T-tome... esto le servirá. –le da la cuchara, pues es lo único que puede hacer por él.

- ¿Gra...cias?

Responde, no muy seguro de la utilización de esa palabra en una situación así. Pero le da igual. Pues se centra únicamente en el utensilio que le acaban de dar y el contenedor que sostiene, ignorando la presencia y la mirada fija de la mortal sobre su persona, degustando el cremoso y delicioso helado.

Para ser la primera cosa que come en su existencia, aquello sabe muy bien.

- Esto está tan... frío.

La expresión y los sonidos que hace, provocan que la femenina abra con asombros sus ojos y se sonroje un poco.

- ¿Di-disculpe? –el pelirrojo la ve de reojo, sin percatarse de que en su mejilla derecha tiene un poco de helado.

Pero ellos, no son los únicos en la cocina o cerca de ella. Alguien más está apunto de llegar...

- Cómo... ¿Cómo es que se llama, joven?

Alcanza a escuchar en el pasillo, por lo que entra desesperado a la cocina.

- Tala Iva...

Un segundo sonido capta la atención de los presentes.

- ¡No! ¡Te dije que no dijeras eso!

- ... nov.

Termina de decir, mirando confundido y sorprendido (al igual que la sirvienta) la abrupta aparición del bicolor.

- ¿Kai Hiwa...tari? –menciona, viéndolo fijamente sin entender qué pasa o el por qué de su aparición tan repentina.

Al ver las miradas de desconcierto y confusión sobre él, y de analizar lo que éste ha dicho en realidad, se siente avergonzado y como un tonto. Hecho que sin embargo no demuestra, y a los segundos retoma su semblante de indiferencia, haciendo como si nada hubiera pasado.

- ¿Su-sucede algo joven Hiwatari?

Esta vez, es la mujer quien le pregunta preocupada.

- ¡Nada! –por lo que desvía brevemente su mirada para mantener su porte, pero entonces recuerda porque está ahí.- ¿Qué haces aquí Ivanov?

Se centra en el mencionado, reparando en cómo sostiene en sus brazos un bote de nieve.

¿De verdad?

- Nada en especial, ¿y tú?

Tranquilamente lleva otra cucharada a su boca, y lo ignora.

- Volvamos... –dice, dando media vuelta para salir de ahí. No llega a hacerlo, al detenerse y agregar.- ¡Ah! Dariya...

- S-si, joven Hiwatari...

- Ivanov... –mira al mencionado.- Se quedará conmi... quiero decir, con nosotros por algún tiempo. –se corrige enseguida.- Por favor, atiende sus ordenes como si fueran mías.

- Como diga, joven...

- Bien... vamos, Tala.

Sale de la cocina, siendo seguido después por el aludido.

Una vez que van solos en el pasillo, con dirección a la estancia principal, el nieto del difunto Voltaire habla.

- Creí que había dicho que me esperaras y que no te movieras de ese lugar... –apunta con molestia, mirándole de reojo.

- No, sí lo dijiste... y después, te encerraste en esa oficina. Y como me cansé de esperarte... -una cucharada más va a su boca, sonriendo complacido al sentir el helado derretirse en su boca.

- Hmf.

Ante eso, el ruso-japonés gruñe molesto, percatándose de que aún cargaba aquel recipiente que parecía que no iba a soltar hasta que se terminara su contenido, pero le daba igual.

Lo que no podía ignorar del todo, era la expresión que tenía, así como esa sonrisita y la forma en la que se comía la nieve; era muy... extraña (todo en él parecía serlo) así que tampoco podía catalogar aquello de otra manera. Y le daba la impresión, como si fuera la primera vez que comía aquello.

Negó un par de veces, queriendo disipar aquellos pensamientos de su cabeza y en su lugar, retoma sus últimas palabras.

"Cosas importantes" se dice.

- Si te digo que no te muevas de un lugar y que me esperes, no tienes que...

Voltea a verlo, comprobando que lo está ignorando por completo al llevar una cucharada tras otra a su boca sin atender a nada más, y eso lo incluye. Aquello, lo molesta.

- ¡Oye! ¡Te estoy hablando!

No sólo se detiene a mitad del pasillo sino que también le arrebata aquel utensilio, atrayendo su atención hasta entonces.

- ¿Qué?

Motivo por el que cuestiona disgustado, por semejante atrevimiento que para nada le ha gustado.

- Hmf. -bufa el otro, consciente de que ignora el por qué de su acción.- ¡Nada! Olvídalo.

Así que sin más, le regresa su cuchara y continuando con su camino.

¡Genial!

Ni una hora en su casa, y ya comienzan a surgir las diferencias entre ellos. Maldita la hora en la que aceptó que se quedara en su casa..

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- ¿Qué dices? -le vuelve a insistir, al ver que no dice nada luego de preguntarle.- ¿Puedo quedarme en tu casa?

Aquella extraña sonrisa parecía querer ganar su aprobación, pero no le producía otra cosa más que desconfianza.

Sólo había silencio total entre los dos.

Los autos pasaban por la calle. Las personas continuaban su camino en silencio o charlando entre ellas, y el tiempo pareció detenerse entre ambos mientras se veía fijamente.

- Con una condición... -menciona luego de pensarlo detenidamente, con el mismo porte neutro de siempre.

- ¿Cuál es?

- Que me cuentes, dónde y cómo se encuentran mi Abuelo y Boris... -una sonrisa maliciosa curva sus labios, revelando un lado que el otro no creyó que tuviera.

- De acuerdo. Pero...

El bicolor lo interrumpe, pues su lista de condiciones aún no terminaba.

- Y también... que los visites más seguido y los hagas sufrir un poco... -al ver la mirada que le dirige, exclama.- ¡Puedes hacer eso! ¿O no?

- Sí, sí puedo. -responde.- Pero... ¿no crees que eso es cruel? Ya están muertos.

Apunta con indiferencia, ante las peticiones que Hiwatari hace. Se esperaba otra clase de propuestas, y no unas tan egoístas y vengativas.

- ¿Quieres dónde quedarte? Ya sabes mis condiciones... –sentencia molesto, cruzando sus brazos esperando su decisión.

- Bien, bien, acepto. Pero eres malvado... –masculla por lo bajo, suspirando después.

- ¡Hmf!

Aquello parece un cumplido para él, porque entrecierra con orgullo sus ojos.

Tenían un trato, entonces.

Después de dejar claros los términos, ambos se dirigieron a la casa del bicolor, que a partir de ahora también sería la de la Muerte, por un tiempo indefinido.

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Así que si había aceptado que el pelirrojo se quedara en su casa, era por una buena razón. Un trato que le pareció justo en ese momento, pero ahora... no era nada justo, porque las cosas no se resumían a sólo dejarlo vivir en su casa. ¡No!

Tenía que estar pendiente de lo que hacía y sobre todo, de lo que "decía", como ya había visto hace un rato cuando llegaron a su casa.

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- ¡Éste lugar es enorme!

Exclamó sorprendido el pelirrojo, al llegar por fin a la mansión Hiwatari.

- Te sorprendes por pequeñeces... –le dice con presunción, haciendo alarde de su fortuna.- La mansión en Japón es más grande que ésta.

- ¿Sí? Quién diría que un niñato como tú tuviera tanto dinero, ¿no?

En algún momento del camino se queda atrás, al ver los enormes jardines cubiertos de blanco al otro lado de la reja de metal.

- ¡Bienvenido a casa, joven Hiwatari!

Declaran fervientemente los dos hombres de la caseta de vigilancia al ver llegar a su amo y señor.

- Hn.

Apenas y articula éste, continuando con su trayecto como si nada. Segundos después, escucha lo que parece ser un alboroto.

- ¡Ey, tú!

Es la voz de uno de los guardias.

- ¿Qué están haciendo? ¡Suéltenme! -esta vez, es el pelirrojo quién objeta.

- ¿A dónde crees que vas, vago?

- ¿Vago? -el Emisario repite confundido, recordando el significado de esa palabra.- ¡Yo no soy ningún vago, soy...!

- ¡Nada, vago! -le interrumpen el otro hombre.- ¡Muévete!

Tanto su compañero como él lo toman de los brazos, llevándolo a la fuerza hacia la salida para sacarlo. Pero como éste se resiste y forcejea, no les queda más que cargarlo como si fuera un bulto.

- ¡Cómo se atreven a tratarme así! -reniega, sin dejar de patear y golpear la espalda del tipo que lo lleva.- ¿No saben quién soy? ¡Soy la Muerte! ¿Cómo pueden tratarme así? ¡Malditos mortales, ya verán lo que...!

- Sí, sí... "la Muerte". Como digas, vago...

Ambos se ríen en su cara, y eso sólo aumenta su enojo. Está a punto de tomar medidas drásticas contra ellos, cuando...

- Suéltenlo.

Kai, hace acto de presencia.

- ¡Pero joven! -replican los dos.

- ¿Qué no me oyeron? Dije que lo soltaran. Él es mi... -piensa en algo convincente, aunque no tiene que hacerlo.- Es mi... amigo. -masculla para luego alzar la voz.- ¡Así que suéltenlo, ya!

Sus ojos violetas brillan intensamente a modo de advertencia.

- ¡A-ah! Como diga joven...

Así que lo bajan con sumo cuidado, a diferencia de segundos atrás cuando lo llevaban a cuestas como si fuera una bestia.

- ¿Estás bien?

Le pregunta al llegar a su lado y sólo por compromiso, viendo como se acomoda su larga toga.

- Eso creo... –responde no muy convencido de ello, sacudiendo su santa vestimenta.

- Discúlpenos, no era nuestra intensión lastimarlo joven... ¿ah?

Ambos guardias se miran entre sí confundidos, al no recordar el nombre del amigo del joven Hiwatari. No, no es que no lo recuerden, más bien... éste no se los dijo, por lo que se apresura a contestar.

- Ivanov, él es... Tala Ivanov. –repite convencido, como si así fuera.

- ¡Ah, joven Ivanov! ¡Realmente lo sentimos! Nuestras sinceras disculpas, joven... –ambos hacen una reverencia, esperando a que éste los perdone y los disculpe por su horrible acción.

El pelirrojo los mira sin comprender qué pasa o qué esperan, por lo que al ver Kai que no haría nada, le da un codazo, indicándole con la mirada que les diga algo.

- S-si, no se preocupen... hacían su trabajo, comprendo.

Repite confundido, notando el alivio que se formaba en los rostros de ambos.

- Vamos, Tala...

Ambos continúan con su camino, ante la mirada de los guardias que se sienten como idiotas.

Estuvieron a punto de perder su empleo y de no haber sido por su amo, quizá... ¿hasta la vida?

- Eso estuvo cerca...

Suspira un aliviando ruso-japonés.

- Tala Ivanov, ¿eh?. -comenta con interés.- Me pregunto... ¿A quién estaré suplantando?

- ¿De qué hablas?

- Del nombre. –le mira.- ¿A quién estoy suplantando, Kai Hiwatari?

No sabe si lo ha hecho con intención o no, pero esa sonrisa burlona lo molesta un poco.

- A... nadie.

Vuelve a centrarse en el camino, sintiendo la presencia del otro a su lado. Y así es.

- ¿Y entonces? ¿De dónde salió el nombre, eh?

Algo le dice que la Muerte no le dejará en paz hasta que responda eso.

- Me gusta. -admite.- El nombre perfecto, ¿no te parece? Además, siempre quise llamarme así...

- Mhmm... ¡Interesante!

De nuevo aquella sonrisa altanera. Por suerte, estaban ante la puerta principal.

Estaban en casa.

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Era una suerte que las personas tomaran la presentación de la Muerte como una broma. De hecho, él tampoco le había creído cuando se lo dijo; no hasta que se lo demostró y su escepticismo desapareció en un parpadeo.

Pensando en eso, es por lo que le hace el siguiente comentario.

- Debes tener cuidado con lo que dices...

- ¿Te refieres a sobre quién soy, y todo eso?

De acuerdo. Tiene que admitir que no esperaba que éste entendiera su referencia, pero sí. A eso se refiere. ¿Cómo lo supo?

- Ah... -dice pensativo, viéndole fijamente ahora que lo entiende.- ¿Por eso entraste de esa forma a la cocina?

No le contestará, eso lo tiene claro, pese a que en efecto, así ha sido. Además, su silencio le otorga una respuesta, una afirmativa.

- No deberías preocuparte por mí... –con estas palabras atrae totalmente su atención. Eso, y el tono arrogante que está de trasfondo.- Después de todo... soy "mortal" y soy tu amigo, Tala Ivanov.

De acuerdo. Ahí está la presunción que había detectado en un principio. Lo detesta, porque aquello provoca "cosas" en su interior que activa al instante sus barreras.

- ¿Quién dijo que estaba "preocupado por ti", eh? -reclama, más enojado por momentos.- ¡No lo malinterpretes!

- ¡Oh, disculpa! -mientras él, sigue tan calmado como siempre.- Creí que así se le llamaba cuando un mortal ponía esa cara y actuaba de la manera en la que tú actuaste, pero...

- ¡P-pues te equivocas! –le interrumpe al mirarlo de reojo, y no, no le está dando la espalda para ocultar su sonrojo de... de enojo, eso.- ¡Y deja de comer nieve, es desesperante!

Trata de quitársela, pero el pelirrojo es más hábil que él y lo esquiva fácilmente.

- Jabe deliciosa... –dice con la cuchara en la boca, notando la molestia del otro.- ¿Qué acaso... nunca la has probado?

La implicación y la sorpresa hacen que retire el utensilio de la boca.

- ¡Hmf! Idiota...

Pero él no contestará su absurda pregunta. Una vez más, le da la espalda y cruza sus brazos con indiferencia.

- ¡Ehh! ¿Acaso no la has probado? ¿En verdad Kai Hiwatari nunca ha comido nieve?

Puede sentirlo tras su espalda, tratando de acercarse y ver su expresión, por eso escucha sus palabras tan cerca.

- ¿Eh, eh?

- ¡Cállat...!

Ni siquiera puede terminar su oración pues apenas y se ha girado, la cuchara termina dentro de su boca.

Silencio...

Ningún movimiento de su parte.

- ¿Y? -solamente la curiosidad de Ivanov por saber su respuesta.- ¿Sabe buena?

- ¡Hm! Por supuesto... –toma su mano para sacar el utensilio que casi lo tiene en la garganta.- ... que he comido nieve. ¡Y no! No sabe buena. No me gusta, toma...

Le regresa la cuchara de mala forma, sacando luego un pañuelo de su bolsillo y estrellándoselo en su mejilla.

- Y límpiate, ¿quieres?

La Muerte no lo entiende. Se queda atónito y sin palabras al verlo actuar así.

- ¡Vamos! -le dice con el mismo tono agitado y de molestia.- Te mostraré tu habitación.

Cuando ha reiniciado su marcha, y el pelirrojo no lo ve, se relame discretamente los labios.

¿Desde cuándo no probaba la nieve?

- Mhmm... quizá no ha todo el mundo le gusta.

Es a la conclusión que llega, caminando detrás del bicolor en completo silencio e ingiriendo más de su nueva pasión.

Ambos subieron la escalera. Dieron vuelta a la izquierda y continuaron subiendo... caminaron por un largo pasillo en el tercer piso para luego dar vuelta por otro corredor hasta detenerse afuera de una puerta. Todo esto, sin decir palabra alguna.

- Esta será tu habitación... -le dice.- Tiene todo lo necesario y si se te ofrece algo, ya sabes que puedes pedírselo a cualquier sirviente...

- Hn. –asiente el aludido, ignorando la mirada del otro sobre su persona, entrando a su "nueva habitación".

Ésta, es digna de un Rey. Espaciosa a más no poder. Decorada de una manera tan hermosa y perfecta, quizá... por los mismos decoradores de un sultán. Amueblada con los mejores materiales y maderas, realmente... muy hermosa, y con todo lo necesario como ya le ha dicho.

- Saldré un rato, puedes utilizar cualquier instalación o habitación que desees y de preferencia, no salgas de la mansión, eso... -enfatiza.- Sino quieres perderte... porque créeme, no saldré a buscarte, ¿de acuerdo?

Una sonrisa altanera confirman sus palabras, pero el Emisario simplemente lo ignora.

- Claro... –responde sin importancia, detallando mejor en su habitación.

Segundos después la puerta es cerrada tras él, luego de un gruñido por parte de Kai.

- Esto es... hermoso.

Afuera, en el corredor, Hiwatari suspira resignado por todo ese asunto que apenas y comienza.

- Lo que tengo que hacer para darles un pequeño correctivo a mi Abuelo y Boris...

Murmura, regresando tras sus pasos.

Sino se toma las cosas con calma, enloquecerá de inmediato.

- Este lugar es enorme... -dice con cierta emoción, luego de caminar por toda la habitación.- Supongo que... sí es digna de mí.

Con una sonrisa presuntuosa abre las puertas que dan a su propio balcón.

La vista es hermosa, da hacia el patio principal y la fría brisa lo acaricia. Le provoca un escalofrío que lo recorre de pies a cabeza, aquello lo pone a pensar.

¿Quién se imaginaría que algún día la Muerte se tomaría unas vacaciones en el mundo mortal y sobre todo, que acabaría hospedándose en el mismo lugar que había visitado en ocasiones pasadas al llevarse a los seres "queridos" del que ahora lo ha aceptado como invitado, huésped y... compañero de hogar?

¡Qué irónica podía ser la vida a veces! ¿Cierto?

.::.

Horas después, el recién instalado y nuevo habitante de la mansión Hiwatari, se encontraba en la habitación cinematográfica disfrutando de una película.

Dos horas con diez minutos llevaba viendo la cinta... el punto cumbre y desenlace estaba a punto de llegar.

Inesperadamente, el héroe de la historia era apuñalado por su misma y amada prometida, aquella, con la que se había mudado y habían superado todas la adversidades que la vida les había puesto para estar por fin juntos.

Ante la mirada atónita y confundida que el héroe muestra en esos momentos, ella se acerca a su amado, lo toma en sus brazos, le susurra su "por qué" y después, le da un último beso, llevándose su último aliento de vida.

La palabra "End" aparece en pantalla, saliendo los créditos de la cinta.

- Ya me lo esperaba... –dice confiado, apagando el enorme televisor y encendiendo las luces del lugar-. Mortales... tan típico de ellos.

- ¿Y ahora qué hago? Ya es noche.

El reloj en la pared así lo indicaba, y ya no tenía ganas de ver otra película. Lo mejor sería volver a su habitación.

"Un baño estaría bien".

Con esa idea en mente se encamina hacia la estancia principal para subir las escaleras y llegar a sus aposentos. Al hacerlo enciende la luz, y sin más, se dirige al cuarto de baño; ése, al fondo de la habitación. Entra, aunque deja la puerta empareja; ni siquiera se percata de ello.

Enseguida inspecciona el lugar, y ahí está lo que busca: la tina. Se dirige a ésta, y vagamente recuerda aquellas veces en las que se ha llevado a algunos humanos a mitad de un rutinario y simple baño. Más escenas vienen a su mente, pero esta vez acerca del funcionamiento de estas cosas.

Oh, parece ser que aquí hay que presionar las cabezas de esos lobos dorados para que el agua salga. Sí, justo lo que pensaba. Qué ingenioso es todo esto. Al instante, la bañera comienza a llenarse. Bien.

Mientras esto sucede, afuera de la habitación y algo cargado, Kai espera a que alguien le responda, pero no escucha sonido alguno. Extrañado por esta particularidad, entra como puede a la recamara, observando que las luces permanecen encendidas.

"Él", no se ve por ninguna parte.

Las puertas del balcón están cerrada, por lo que no está ahí. La puerta del baño está entreabierta, pero las luces están apagadas, tampoco puede estar ahí, ¿o sí?

"Qué extraño". Pasa por su cabeza, preguntándose entonces dónde estará. Mientras lo hace, deja las cosas que lleva sobre la cama.

- Oye, Ivanov... -sólo para comprobarlo y salir de dudas, camina en dirección al baño.- ¿Estás aqu...?

No llega a terminar la preguntas pues al abrir más la puerta y encender la luz, ve algo que lo deja sin hablar y completamente paralizado.

- ¡Ayy!

Es el pelirrojo que lucha por sacarse su toga que tiene atorada en su cabeza. Y en su desesperado intento por hacerlo, tira algunos perfumes y jabones, chocando incluso con la pared. Eso explica, por qué las luces estaban apagadas.

- ¡Ay! ¡No pue...do!

Sigue intentando y nada.

Observando en shock aquella escena, el bicolor ni siquiera pestañeaba.

Más perfumes y fragancias tienen el mismo destino que las primeras, mientras el agua por su parte, está a punto de desbordarse de la tina. En resumidas cuentas, todo es un caos en el cuarto de baño.

- ¡Q-que...! -una venita palpita en su sien.- ¿Qué crees que haces?

Exclama, cerrando las llaves del agua y esperando una muy buena respuesta.

- ¿Kai Hiwa...tari? ¿Eres tú?

Al escuchar su voz y sentir que pasa a su lado, se queda quieto al esperar su respuesta.

- ¡Por supuesto que soy yo! ¿Me puedes decir qué crees que haces?

- Nada, pero... puedes ayudarme con... –se estampa con el carrito de las toallas al tratar de acercarse a él, cayendo todas al suelo.- ... esto.

Hiwatari permanece en silencio, observando el desastre que sigue haciendo, y luego (reparando por segunda vez) en él.

Estaba, sigue más bien... ¡Desnudo!

Su cara se vuelve roja, y vuelve a sentir mucho, mucho calor, luego de haberlo superado.

- ¿Sigues ahí, Kai Hiwatari?

Pregunta desconfiado, al no escuchar sonido alguno.

- ¡Ah! Emh...

Maldición, no puede decir nada coherente y boquea como un pez. ¿Qué le pasa?

- Oye... Hiwa... –calla al sentir como la prenda se afloja y con un leve tirón, por fin sale de su cabeza.- Ya está. ¿Mhm?

Ver al bicolor unos pasos más allá, en completo silencio y con la cabeza agachada lo confunde un poco.

- Pensé que ya te habías ido, como no me contestabas... -comenta, notando su extraña reacción.- ¿Pasa algo? ¿Estás bien?

Su toga cae al suelo, y él se aproxima a Kai.

- N-no. ¡No te acerques!

Dice en cuanto da un paso, deteniéndose el otro en seco.

- ¿Por qué? -cuestiona confundido, dando un paso más de forma inconsciente.

- ¡N-no, por...! ¡Por nada!

Le da la espalda y contrae con fuerza sus músculos, sus ojos también los cierra con fuerza mientras trata de dispar el calor de su cuerpo. De desaparecer aquel enorme sonrojo que cubre su rostro. Sólo tiene que calmarse, respirar hondo y sacar esa imagen de su cabeza.

- ¿Seguro? Te ves raro... -comenta a sus espaldas, muy cerca de él, provocándole un tremendo escalofrío que más bien parece una descarga eléctrica de muchos volteos.

- ¡Hn! ¡Sí, estoy bien! -vuelve a alejarse, al sentir que cierta parte de su anatomía despierta.- Yo sólo... te traje algo de ropa. ¡Saldré!. ¡Sí, eso!

Actuando como un loco o un idiota, sale del baño, azotando la puerta en el camino.

- Si él lo dice...

Sin más, la Muerte entra a la tina y se relaja.

A diferencia de un agitado bicolor que respiraba entrecortadamente y sudaba frío al otro lado de la puerta.

- ¿Q-qué? ¿Qué diablos fue... eso?

La imagen del pelirrojo, sus palabras... seguían en su cabeza. Podía verlo. Ahí estaba esa exuberante e incitante imagen que no podía olvidar o remplazar con nada. Su suave y tersa piel blanca, aquel trabajado dorso escultural. Ese alborotado cabello pelirrojo y sus ojos... esos ojos violetas resaltaban más, acompañado de esa pose tan sensual y al mismo tiempo tan... inocente.

¡Dios! Aquello era tan... excitante. Sí, no había otra palabra que pudiera describir lo que había visto, pero...

- ¿En qué diablos estoy pensando? -se reclama.- ¡Yo no debería de pensar en eso porque él es...!

Su frase queda inconclusa, al no saber qué decir o pensar sobre eso. Después de todo, su cuerpo había reaccionado ante él.

- ¡Maldición!

Sale molesto (y confundido también) de la habitación de Ivanov, caminando con prisa por el pasillo. No quería seguir pensando en aquello.

.::.

Veinte minutos después, la Muerte termina de tomar su baño. Sale con una toalla amarrada en su cintura y una más sobre su cabello, secando éste. Por el pecho, aún resbalan algunas gotas de agua pero no se fija en nimiedades, en lo que sí se fija, es en la ropa que yace sobre su cama.

"Yo sólo... te traje algo de ropa".

Con que esa es la ropa a la que el ruso-japones se refería... Se acerca para ver, y probarse algunas pero no todas le agradan. Demasiado llamativa o... mortales, alza una ceja ante su desapruebo o una pequeña sonrisa (burlona) al agradarle otras.

Entre tanto, alguien llama a su puerta en su habitación.

- ¿Sí?

- Joven Hiwatari... -es una de las sirvientas.- La cena está lista. ¿Quiere que le informe al joven Ivanov o usted lo hace?

La simple mención le recuerda aquella escena, alterándolo de nuevo. No, no quiere darse otra ducha fría, por favor, acaba de salir de bañarse.

- ¡No! -es casi rotundo.- Avísale tú, por favor, y... llama antes a su puerta.

- C-como diga, joven...

Hace una reverencia, y se marcha.

- ¡Maldición, tengo que calmarme!

Se deja caer en la cama, aspirando y exhalando con parsimonia. No quiere sentir "calor" otra vez..

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Media hora después, Hiwatari se encuentra en el comedor. Está aburrido, por lo que juega distraídamente con una copa; lleva más de veinte minutos en la mesa, no ha comido y sigue esperando...

¿La razón por la que aún no cena? Sencillo... "Él", aún no bajaba.

¿Cuánto tiempo podía tardar en cambiarse, por Dios?

Según le ha dicho la sirvienta, "el joven" bajaría después de cambiarse, pero... ¡Aún no lo hacía! Y eso, a más de treinta y un minutos, y contando.

- Joven... ¿quiere que ya le sirva, o gusta que vaya a ver el por qué del retraso del joven Ivanov? –sugiere con prudencia, al ver la impaciencia y desesperación que su rostro mostraba.

- ¡No, qué me sirvan ya! No lo esperaré más tiempo... –murmura esto último para sí, pero igual de molesto.

¿Quién diablos se creía que era para hacerlo esperar de esa forma?

- De acuerdo, joven...

Ella se retira, deteniéndose en la entrada al ver que el invitado de su amo por fin había llegado.

- ¡Ah, joven Ivanov! –al escuchar esa mención, Kai se tensa.- El joven Hiwatari ya...

Una pausa. Una larga y repentina pausa; aquello, desubica un tanto al ruso-japones. ¿Qué pasa? ¿Por qué Dariya se ha quedado callada de repente? Pero no volteará... no debe de hacerlo, aunque quiere saber qué pasa.

- Ehm... d-discúlpeme. -la mujer continúa entre nerviosismo y lo que el pelirrojo identifica como un pronunciado sonrojo luego de verle.- A mi amo ya le van a servir de cenar, ¿también le traigo su cena?

- Sí, gracias.

La mortal hace una reverencia, y él continua con su camino para llegar a la mesa donde el bicolor le espera.

- Disculpa el retrazo, pero "esto"... –lleva su mano hacia la camisa que trae puesta, haciéndose a un lado el cuello que le incomoda y siente que lo asfixia.- ¡Esto es tan molesto! No sé como lo toleras...

Su mirada repara en la ropa que él lleva puesta, así como en el evidente desvío de mirada hacia otro punto de la habitación. Sí, no lo imaginaba, Kai trata de ignorarlo.

Pero tenía un motivo para ello. Luchaba contra el deseo y la curiosidad que sentía por ver la ropa que el pelirrojo se había puesto, así como la forma en que éste lucía con ellas

- ¿Qué pasa, Kai Hiwatari? ¿Estás molesto o algo? Te ves... enojado.

Dice en tono neutro, tomando asiento del lado derecho de la mesa rectangular; el dueño de la mansión ocupaba el lugar principal.

- ¡N-no...! -casi se atraganta.- ¡No me pasa nada!

Por lo que trata de actuar y parecer normal. Pero no lo va a lograr si Ivanov lo sigue viendo de esa forma por más que se centre en la pared unos metros más allá.

- ¿De verdad? -se pone de pie, con la intensión de ir con él.- Porque noto que estás algo tenso. ¿Quiere que te de un...?

- ¡No! -involuntariamente se gira para verlo, y su cerebro se desconecta por algnos segundos.- Estoy... bien.

¡Fantástico! Ahora se queda anonadado al verle. Y se veía tan... "bien", parecía un adolescente de dieseis años como él (quizá diecisiete).

Sin su extraña vestimenta cubriendo todo su cuerpo, se veía tan humano y mortal, además de que era alguien bien parecido. No podía negarlo. Cualquiera se enamoraría con sólo verlo. Todos, menos él, ¡claro está!

- ¿Todo lo que estaba en la cama es mío?

Pregunta, al tomar asiento de nuevo ahora que ha atraído su atención.

- ¿Qué?

Masculla, porque el cerebro apenas comienza a funcionarle de nuevo, y arranca muy lento.

- La ropa. – especifica, para que le entienda.

- Ah, eso... Sí, ¿te gustó?

Su mirada se clava sobre el mantel, en un intento por tener una conversación "fluida", que no es tonto, pero ver al pelirrojo con ropa "normal" vuelve tonto a cualquiera. Él ya lo vivió en carne propia (y Dariya, también).

- No mucho... -su tono es indiferente, y menea con descuido la bebida que tiene enfrente.- Pero gracias, de todos modos.

- Sino te ha gustado... ¡La próxima vez ve, y escógela tú!

No, Kai no está enojado, pese a que se ha puesto de pie y tiene ambas manos apoyadas sobre la mesa y una venita palpita en su sien, más bien... está frustrado porque la inversión de su tiempo y esfuerzo han sido en vano, muchas gracias.

"¡Oh! Así que por eso salió. Hmm".

Por suerte, el ambiente tenso en el aire se disipa cuando la sirvienta vuelve a entrar con la comida.

- Aquí tiene, joven y este es de usted, joven Ivanov...

Minutos después se retira, y el resto de la cena transcurre en completo silencio.

De vez en cuando, el bicolor veía la extraña manera en la que Ivanov inspeccionaba su cena, y con dificultad, se había terminado su plato. Cuando la mujer vuelve a preguntarles si desean algo más o no, el pelirrojo es quien habla.

- Comida no, pero... ¿podrías traerme helado?

Ante tal petición, la mortal ve instantáneamente al joven Hiwatari, y este a su vez a Ivanov, el cual le mira, esperando que diga que sí, entonces ambos lo miran, esperando su respuesta. Al final Kai asiente, y desvía su mirada hacia otro punto de la habitación cuando la mujer va por éste.

- Pensé que estabas lleno.

- Para el helado... -contesta.- ... nunca estoy lleno.

Su sonrisa se amplía, y el simple gesto hace que el ruso-japonés se sonroje. Una vez más, clava su vista sobre el mantel y maldice mentalmente un par de veces.

Veinte minutos después, ambos siguen todavía en el comedor.

El pelirrojo degustando su delicioso helado y Kai, aparentando indiferencia pero muy al tanto de los movimientos de su acompañante, no lo puede evitar.

- ¡Ah! Creo que ahora sí estoy lleno.

Se limpia los labios con la servilleta, y deja la cucharilla sobre la copa vacía.

- Me alegra... ya me veía aquí hasta las dos de la mañana... -en su tono, se aprecia aburrimiento y cansancio, pero no es para menos. Hoy, ha sido el día más extraño, largo y pesado de toda su vida.

- Hn. Entonces... -se levanta de su asiento y se acerca a él.- Te dejo descansar...

Hay algo en su mirada penetrante, en su sonrisa burlona que le dicen que algo "va mal", y que no se pueda mover, y se vea reflejado en aquellos ojos violetas confirman su presentimiento, hasta que ya es tarde y nada puede hacer al respecto.

- Hasta mañana... -agrega, acercándose para besarlo, justamente, en los labios.

Su mundo primero se detiene. Después, cuando es consciente de lo que ha pasado, se oscurece y muchos truenos y relámpagos surcan con ferocidad el cielo, y cuando quiere hacer algo (cualquier cosa, porque está enojado y muy molesto por su atrevimiento) el pelirrojo a terminado el beso y le da la espalda, al retirarse de la mesa.

- Buenas noches, mi querido Kai Hiwatari.

Se despide sin girarse y con su mano alzada, continuando con su presuntuoso caminar.

Así que una vez que está solo en el pasillo, se detiene a pensar en algo, no se puede retrasar más.

- Excelente mi actuación...

Se elogia al haber adaptado y personalizado a su estilo, las palabras y estrategia que la protagonista-antagonista de la película utilizaba todas las noches con su querido prometido. Sólo que... con el bicolor, las cosas eran más entretenidas y divertidas. Aunque no sabía exactamente por qué.

Daba igual. El mundo humano, y los mismos mortales podrían ser tan divertidos.

Continuará...


Bueno, he aquí el segundo capítulo de éste fic. Sé que me tarde con la actualización pero me salió las largo que el primero, que quede claro y anotado, por favor nxn

¿Qué les pareció? Les gustó, no les gustó, más o menos, le faltó algo, le sobró algo, ¿qué creen ustedes?

Agradecimiento infinito a Yume Kurai, Kaily Lowkly, Dani Hiwatari, Sairen, GabZ-senpai, Ann Saotomo, Flor del alba, 5Hikaru no Yami5, cagalli-marian-tao-hiwatari, Zhena HiK, andy galadrim, Chionne Illuminati, PPBKAI, Tier y Yukie Hiwatari por sus lindos comentarios y tenerme tanta paciencia.

Nos veremos pronto, pues ;)