"Vuela"
Frío. Lo podía sentir en cada respiración que daba. Hacía apenas una semana que había llegado y el helado invierno le había recibido con la ferocidad de un oso... blanco, fuerte y rugiente. Durante la noche se desencadenó una increíble tormenta. Tan fuerte que pensó que cubriría la casa. El viento había azotado sin tregua las contraventanas... hoy... estaba claro y despejado. El cielo azulado de una forma tan especial que podía observarse el fascinante paisaje del lago y el bosque que se extendía más allá de donde se encontraba.
El silencio... una perfecta tranquilidad. Una suave pero fría brisa azotó su rostro revolviendo sus cabellos. Se estremeció pero no le hizo cambiar de posición, mientras apoyado en el balcón disfrutaba de tan maravillosa vista.
Mucho había cambiado su vida en este último año. Había aprendido, descubierto tanto, llorado, ganado y sacrificado... pero en el desastre que era su vida, finalmente la esperanza parecía brillar con más fuerza.
Todavía tenía muchas cosas que organizar, decidir y dejara atrás... aunque esta vez lo haría despacio, sin presiones y a su modo.
Una media sonrisa se dibujó en sus finos labios y su rostro pareció iluminarse ante ese pensamiento.
Era verdad que aún dependía legalmente de su abuelo, eso sin duda causaba algún conflicto entre tan fuertes voluntades, aunque no tan sangrientas como antes. Y no es que su relación se hubiese vuelto 'amorosa' más bien era indiferente y tolerable; prueba de ella era su estancia en "su casa".
Ahora la sonrisa se amplió ante ese pensamiento 'su casa', una pequeña frase que encerraba tanto significado como satisfacción. Faltaba bastante para dejarla como él quería pero lo lograría, de eso estaba muy seguro.
Una sensación le indicó que no estaba solo.
― "Si sigues con esas costumbres, enfermarás" ― dijo un joven un poco mayor que él, de ojos azules y cabello rojo. Lanzándole un abrigo, que Kai tomó al vuelo. ― "Toqué pero no atendiste" ― continuó el muchacho.
Kai le miró de reojo sin decir una palabra.
― "Es una extraordinaria vista, como tu invitado lo menos que pudiste darme una habitación con esta vista"
― "Hn" ― y una mirada.
― "¿Quieres?" ― le dijo mientras le extendía una taza con una oscura pero humeante bebida. Kai se le quedó viendo ― "Lo trajo Irene... parece bebible"
El otro recibió la bebida y continuó mirando 'su paisaje'
― "Entonces, ¿Me dirás por qué estoy aquí?"
― "Porque tallas bien la madera"
Decir que el otro casi se ahoga con su bebida caliente es decir poco. Luego de una impresionante exposición de gestos nada elegantes logró calmar su tos y controlar el dolor...
― "¿Bromeas?"
― "No"
Tala parpadeó... – '¿Para eso me llamó? ¡Para ser obrero!' – pensó indignado.
Kai se le quedó viendo. Serio, sin expresión alguna... por lo menos en apariencia, pero atento a los sutiles y no tan sutiles cambios que se manifestaban en el rostro de su invitado, quien recobró la compostura. Cuando el pelirrojo buscó la mirada rubí, ésta le evadió mirando nuevamente a la lejanía. Iba a protestar formalmente, cuando su "patrón" dio la vuelta y se encaminó adentro.
― "¡Oye!"
El ruso-japonés no respondió, abrió la puerta y salió.
Tala perdió valiosos segundos tratando de recuperar su calma ante ese grosero desplante en tanto salía en su busca, maldiciendo a los antepasados de su ex-compañero de blade.
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Justamente la semana anterior a navidad, Tala había recibido un extenso mensaje de Kai (10 líneas) donde le pedía que fuera a ayudarle en un proyecto. Al principio no le pareció buena idea, pero sus relaciones habían mejorado desde el derrocamiento de BEGA, además, que Bryan había anunciado que estaría de servicio para la semana de navidad; Ian había sido invitado por sus recién aparecidos parientes y Spencer tenía un compromiso con su novia.
Eso último había causado sensación entre los rusos, pensando quien sería la pobre demente que había aceptado a su compañero por "novio", lo intentaron todo, desde sutiles preguntas hasta amenazas y extorsiones, nada, el enorme ruso no soltó prenda. No queriendo quedarse solo decidió hacer lo único que parecía "interesante" y avisó a Kai que iría con él.
El viaje no fue precisamente bullicioso... y la mitad del mismo lo hizo solo. Kai entraba y salía del compartimento (viajaron primero en tren) hablando por teléfono. Al principio le puso atención, al notar que era cuestiones de negocios de las empresas de Voltaire Hiwatari, perdió interés. Salvo las veces que parecía que hablaba con el anciano y cuando las cosas se ponían interesantes o cortaba la llamada sumiéndose en un silencio digno de la abadía o salía a discutir fuera... por horas.
Kai le había informado parcamente que iban a visitar una propiedad que había heredado... al notar la sonrisa de Tala, aclaró que era de sus abuelos maternos, no era una propiedad muy grande, Voltaire no estaba interesado en ella por insignificante, además, requería una inversión sin ganancias y por una situación ventajosa el anciano no podía tocarla, y él sería su dueño completamente hasta que cumpliera los 21 años, aún así, quería reformarla.
Si se comparaba con la mansión del anciano... era pequeña, pero para nada insignificante. Enclavada en una región norte de Rusia, quizá muy pobre para el astuto y ambicioso viejo, era un refugio más que interesante para Kai.
Una construcción de por lo menos 100 años, de pesada madera y piedra. Tenían que llegar por un camino... bastante precario; casi hora y media hora a caballo después de la aldea. Dos, casi tres niveles. Quizá no fuera tan elegante, era más bien rústica... sin energía eléctrica o por lo menos no muy buena, salvo por unos generadores que funcionaban medianamente y el agua, cuando no se congelaba, provenía de un pozo propio. Definitivamente no era confortable, pero si enorme si se comparaba con la casa que compartía con el resto de los otros rusos.
Su expresión quizá fue más que suficiente para hacer que Kai sonriera.
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Un ruido sobre su cabeza le hizo salir de sus pensamientos. Irene, una de las chicas que cuidaban de la casa bajaba por la escalera.
― "Si busca al joven Kai, se encuentra en la habitación de arriba. Dijo que le esperara ahí" ― contestó antes que el pelirrojo le preguntara. ― "Mi abuela manda a preguntar si desea algo en especial para desayunar"
Tala negó y subió por donde la chica le había señalado. La joven sonrió alegre. Gracias a su abuela había sido una de las pocas personas que trabajaban en la casa. En esa época era difícil encontrar trabajo y ahí se encontraba a gusto. Quizá su joven patrón (Kai) no era muy comunicativo pero sus abuelos le repetían que era una buena persona.
Tala se encontró en una habitación que nunca había visto... aunque eso no era rato tomando en cuenta que apenas había llegado dos días antes y casi al anochecer.
Era una habitación pequeña, aunque dos ventanales contrapuestos y tenía un pequeño balcón. Al salir notó que la vista era aún más espectacular que en el cuarto que ocupaba Kai. No era tan temprano y quizá se había perdido el amanecer pero notó algo más, por la posición en que se encontraba no dudaba que también podía disfrutar del resplandor del atardecer. Quienquiera que hubiese diseñado ese lugar sabía que hacía... el lago actuaba como espejo y ambos ventanales permitían disfrutar de un increíble espectáculo, eso sin contar que estaban convenientemente reforzados para que su ocupante no pasara frío.
Regresó a la habitación para darse cuenta que había pasado por alto un antiguo pero hermoso escritorio y un banco de carpintería... dos armarios también antiguos pero enormes. Abrió uno, dentro se encontraban todos los instrumentos de tallado, aunque ninguno parecía moderno, además de figuras en madera, caballos, marcos para cuadros, soldados, renos, osos... En el otro... quedó sorprendido al encontrar lienzos en blanco, pinceles de todas clases, algunos parecían usados desde hacía mucho, algunas pinturas y cuadros a medio acabar, o por lo menos eso notó cuando sacó tres. Uno le llamó la atención, un pequeño niño miraba extasiado por el balcón donde minutos antes se asomó, a su lado un hombre mayor se encontraba sentado, con la misma expresión pero mirando al niño... que era Kai.
Así como Kai sintió la presencia de Tala, éste sintió la de él.
― "¿Te quedaste sin dinero para las decoraciones?" ― preguntó el pelirrojo con voz plagada de ironía y burla.
Kai se dirigió a donde estaba Tala. Abrió uno de los cajones y marcó lo que parecía una contraseña, una puerta se abrió y de ahí extrajo una caja de regulares dimensiones. La dejó sobre el escritorio y la abrió por en medio. Un ingenioso sistema hizo que se abriera en su totalidad y apareció la casa en miniatura, como una casa de juguete...
Con una delicadeza impropia y casi reverente, Kai abrió la casa y se vio la casa por dentro, era diferente a como estaba aunque en esencia era la misma. Detalle tras detalle, pequeños muebles, chimeneas, figuras humanas... aunque algunas de las habitaciones no parecían completas, algunas solo tenían el espacio y otras nunca se hicieron.
Tala se acercó... aunque Boris trató de destruir su humanidad, el joven aún era muy humano y algo más que lo un buen tallador de madera... un artista, cuya habilidad quedó opacada con el blade y casi destruida con la Abadía.
Casi con el mismo cuidado que Kai puso al llevarla ahí, Tala lo puso en ver los detalles... en especial en la casa.
― "Es una obra de arte" ― dijo el pelirrojo cuando acabó de mirarla.
Kai la tomó y con el mismo cuidado la cerró y la guardó. Una vez cerrados los armarios, dirigió su mirada al pelirrojo.
― "Este era el estudio de mi madre, como antes lo fue de sus abuelos. Aquí pasó su niñez con mis bisabuelos. Ella decía que la casa se vuelve acogedora cuando hay cosas de personas que sintieron algo al hacer sus obras... no las que salen de máquinas, por muy buenas que éstas sean. Ella les decía rayos de luz que representaban el alma de alguien no de algo. Quien me heredó esta casa dejó dicho que... el alma no puede estar encerrada, debe volar"
― "Yo..."
― "Boris nos quitó esas alas... ya es hora de extenderlas, quizá sean frágiles pero volaran alto. Este es un buen lugar para que empieces"
― "Kai..."
― "Y no, aún tengo dinero para decoraciones..."
Sin más salió dejando en las manos de Tala un tosca figurita... que sacó de su bolsillo. Era un regalo que un niño hizo hacía mucho, una pequeña ave con las alas extendidas, aunque tenía la cola rota. Abajo tenía escrito unas letras en ruso que traducidas podía leerse:
Vuela K
T.I.
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Es una serie de tres cuentos o cinco... (no estaba segura), que quería dejarles en el árbol de navidad o nacimiento –según sus creencias- pero no tuve suerte. La computadora donde mis abuelos tronó (de todas maneras era viejita, ni USB tenía) pero servía. Y no pude enviarlas por ningún café Internet. Aunque tarde espero que les guste. El último lo dejaré como regalo de Reyes.
Espero que hayan tenido lindas fiestas familiares o de amistades. Quizá algunos no, otros la gozaron más, pero aún así la vida es hermosa, quizá algo nostálgica, dura y a veces cruel, hay recuerdos bonitos y otros no tanto... pero de lo más negro del carbón hay diamantes y de la simple arena que para unos resulta una basura las más hermosas perlas.
Un abrazo para todos y doble para quien más lo necesita o quiera.
