II.

"Un árbol... un recuerdo... y un regalo"

Parte 1

— "¿Podemos tener un árbol de navidad?" — preguntó un niño a un adulto que se encontraba recostado en un sillón.

El adulto se le quedó viendo por unos instantes antes de regresar su mirada a la ventana a unos dos metros de donde se encontraba.

— "¿Papá?"

— "Sabes que no puedo ir este año a buscarlo ¿verdad?"

— "Si" — dijo con desaliento... casi como un sollozo.

El hombre suspiró melancólicamente. Estos últimos dos años la vida para ellos se había vuelto difícil. Su esposa y la madre de ese chiquillo de enormes ojos rojos había fallecido en un accidente automovilístico... apenas se habían recuperado de esa pérdida cuando cayó gravemente enfermo...

— "¿Quizá el otro año?" — preguntó le niño, sacándolo de sus triste pensamientos.

No pudo responderle... un nudo apretaba su garganta. Apenas seis meses antes, su médico le había informado que tenía cuatro meses de vida. El galeno quedó mudo de asombro con su titánica lucha... pero el tiempo se le estaba agotando al igual que la fuerza en su cuerpo. Para aquellos que lo conocieron, verlo en ese estado les hubiera causado una impresión desastrosa.

Únicamente su voluntad parecía estar intacta. Y eso era porque necesitaba arreglar el futuro de su mayor tesoro: su hijo.

Se había aislado voluntariamente. Después de haber consultado con otros médicos, especialistas... pero todos coincidían en una misma sentencia: muerte.

Un repentino dolor le hizo apretar con fuerza los brazos del sillón que ocupaba. Respiró profundamente tratando de disimular su malestar.

— "¿Te duele verdad?" — preguntó el niño mientras se aferraba a sus piernas y las acariciaba en un intento de mitigar el gesto de dolor que no pasó desapercibido. — "¿Te busco tu medicamento?"

— "No... ya pasó... descuida..." — dijo tratando que su ahora susurrante voz se escuchara lo más normal posible. No podía decirle que ya casi no le hacía efecto y había consumido su dosis... otra vez.

Al notar que su padre estaba mejor, recostó su cabecita en el pecho de su padre, éste como acción refleja la acarició. Los rebeldes cabellos del chico le hicieron sonreír – 'Dos colores' – pensó.

El liño levantó la cabeza, con sus ojos cuajados con lágrimas que no pudo evitar — "Lo siento papá" — dijo mientras se aferraba nuevamente y escondía su rostro sobre el cuerpo de su padre — "¡Si... yo... hubiera sido bueno... no estarías enfermo!"

— "No es tu culpa" — le susurró tomando el pequeño mentón del chico y elevando su cabecita para verle el rostro.

— "Pero lo es... yo... te odié porque no me dejaste ir con mi mamá... y... cuando... cuando me lo dijiste... desee que tú murieras... quizás si hubiera ido ella no hubiera muerto. ¡¡¡Quisiera que todo fuera como antes!!!"

Esa declaración lo dejó helado... la razón por la cual no lo dejo ir, fue porque ella, como siempre, había dejado sus compras para el último momento, entre otras cosas, iba por el regalo de navidad del pequeño. Aunque eso no se lo podía decir... y ahora comprendía que esa era la razón por la cual había cambiado tanto los últimos cuatro meses.

— "Mírame" — dijo aun sosteniendo el rostro del niño — "Aclaremos las cosas: uno, no es tu culpa que me haya enfermado... estabas enojado y triste, era normal que estallaras. No es bueno desear el mal a nadie, pero si en verdad fuera malo no estarías aquí conmigo. Dos: No fuiste con tu mamá porque ella tenía que hacer algunas cosas que tenía atrasadas y acordamos que me quedaría contigo porque tu madre me pidió que ambos la esperáramos en la casa. Tres: si hubieras ido con ella... también... te hubiera perdido..." — dijo con voz algo estrangulada — "Eres mi tesoro... el único que me queda... lo mejor de ambos, no hubiera soportado la idea de perderte también. Y, Cuatro: Sabes que no es posible que todo sea como antes... aunque yo también lo desearía. Es la realidad, te guste o no. ¿Lo comprendes?"

El niño lo abrazó, murmuró un "te amo papá" lloró algunos minutos, hasta que se tranquilizó. Se levantó con cuidado para no lastimarlo y murmuró — "Lo comprendo... papá"

— "Me alegro. ¿Te sientes más tranquilo?" — lo vio asentir — "Llama a Lev, dile que quiero dormir un rato en mi habitación... y que llame al Dr. Millianseshov, tengo que hablar con él"

— "Si papá"

— "Espera... ¿En verdad quieres el árbol?"

El niño bajó la mirada... desde que tuvo noción, recordaba que todas las navidades tenían un hermoso árbol, iban por él juntos... mientras en casa su mamá los esperaba con chocolate caliente que disfrutaban en su sala. Bueno, las primeras veces no pudo ir con él, cuando fue un poco mayor acompañaba a su padre en el trineo. Aunque, la mayoría de veces regresaba sobre sus hombros, excepto la última navidad que pasaron juntos los tres... regresó caminando junto a él y le dijo con orgullo a su mamá... Es más, el año pasado cuando su mamá... ya no estaba, habían ido. No quería, pero su papá había insistido tanto, diciéndole que era un tributo en memoria de ella, no lo había entendido hasta hoy, cuando vio su sala vacía... en la víspera de navidad.

— "Si... aunque sé que no será lo mismo sin ti"

Se estremeció... entendió que el niño se refería a ir a buscar el árbol, como siempre... pero 'Sin ti' era un triste recordatorio que quizá... esta sería su última navidad juntos...

— "Tienes razón, no será lo mismo, pero tendré que confiar en que sabrás elegir con Andrev un árbol digno de ponerlo en nuestra sala"

— "Yo... En... ¿Entonces puedo tenerlo?"

— "Habla con Andrev para que vayan antes del almuerzo... no quiero que estés muy tarde allá afuera"

El niño afirmó, abrazó nuevamente a su padre y soltando un grito de alegría y salió corriendo a cumplir los encargos.

Otro dolor... más fuerte que el anterior. Su sonrisa desapareció. Apretó las manos hasta casi hacerse daño. Así lo encontró Lev, temblando de dolor. No podía decirse que lo considerara un amigo, no obstante Lev le había tomado un gran cariño y él confianza.

Tuvo suerte que el doctor llegara casualmente en ese momento. Pasó a ser sus visitas. Le administró una pequeña inyección, que de algún modo logró tranquilizarlo.

— "Señor Hiwatari... temía que esto pasaría" — dijo después de ayudar a Lev a llevarlo a su habitación — ¿Son más frecuentes los dolores?" — al ver que asentía sacó del interior de su maletín un pequeño frasco — "Este es el último medicamento que puedo recetarle, su cuerpo se ha vuelto muy tolerante a la medicación anterior. Sin embargo, tengo que advertirle que le mantendrá somnoliento sino casi dormido"

— "¿Es lo que inyectó?"

— "No, es un equivalente de las pastillas...y para ser sincero no es una dosis que recomiende" — El señor Hiwatari sonrió con tristeza — "El efecto no durará más allá de unas horas... si el dolor es muy fuerte puedo dejarle al Lev que le inyecte y..."

— "No, aún puedo aguantar un poco más. No quiero pasar esta noche así"

— "Lo comprendo Sr. Hiwatari, pero..."

— "¿Puedo aumentar la dosis de las pastillas, si fuera necesario?"

— "No, por lo menos no hoy, ya le inyecté el equivalente a dos dosis... aunque si fuera mucho el dolor y no quiere que se use el nuevo medicamento, sin embargo, permítame advertirle que traería consecuencias desastrosas para su hígado y podría..."

— "¿Morir? Dudo doctor que mi hígado sea prioridad en estos momentos" — dijo con cierto sarcasmo que tomó por sorpresa al médico.

— "Es verdad. ¿Puedo ayudarle en algo más?"

— "¿Por qué tengo tanto sueño?"

— "El medicamento es un poco fuerte. Descanse, despertará como a las seis sino un poco antes"

El enfermo sonrió como dando a entender que lo haría. Cerró los ojos y se durmió.

— "¿Cómo está realmente el señor Hiwatari Dr.?" — preguntó Lev, una vez salieron de la habitación.

— "Es increíble que aún viva... sin duda su voluntad es muy fuerte, aunque... está muy fatigado"

— "Tiene por quien vivir" — dijo el empleado mientras señalaba a un jovencito que se aproximaba corriendo a ellos.

— "Hola doctor, ¿Cómo encontró a mi papá?" — preguntó el niño.

El médico se inclinó a la altura del niño, era tan pequeño, había sufrido tanto y... aún le tocaba sufrir más.

— "Tú padre es un hombre fuerte, pequeño" — al decir eso notó que el pequeño lo miraba con suspicacia, era un chico inteligente, no quería mentirle pero tampoco decirle la verdad — "Por ahora descansa, procura no hacer mucho ruido. Dormirá como hasta las seis, sino un poco más. Hoy lo encontré un poco cansado"

— "Últimamente lo está..." — dijo más para sí que para el doctor — "Tengo que irme, tengo que preparar la sala para el árbol, papá me lo ha permitido y quiero que todo esté arreglado para cuando despierte. Gracias doctor" — saludó y salió.

Lev acompañó al médico hasta su vehículo, ahí se despidieron... El Dr. Millianseshov dudó en desearle felices fiestas, le pareció muy hipócrita. Subió al auto y se alejó, mientras conducía por la avenida vio reflejado en su retrovisor la casa que acababa de dejar. No pudo dejar de mirarla por un momento y suspirar con tristeza.

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Ya estaba oscuro cuando despertó. Las cortinas corridas y un crepitante fuego caldeaba el lugar. Nunca le gustó poner calefacción, aunque estaba instalada. Al girar un poco su cabeza se encontró con dos rubíes que le miraban desde un sillón al lado de su cama.

— "¿Llevas mucho tiempo ahí?" — preguntó, el chiquillo negó con la cabeza — "Mentiroso" — susurró mientras le hacía una seña para que se acercara.

— "Sabes que no miento... acabo de regresar... bueno quizá solo un poquito. Halinna me dijo que era mejor que cenara en el comedor"

- '¿Cena?'- pensó preocupado — "¿Qué hora es?"

— "Faltan ocho minutos para las diez" — contestó el niño mientras le acercaba un carrito con lo que parecía ser su comida.

El hombre giró la cabeza, eran casi las diez... había dormido más de cuenta, se sentía mejor, aunque todavía cansado. — "Gracias, pero no tengo hambre y tú deberías haberte ido a dormir hace una hora"

El niño hizo un puchero, un gesto que le recordó a su esposa.

— "Deberías comer aunque sea un poco... por favor"

Realmente no sentía hambre, pero para no angustiar a su hijo mordisqueó una tostada y comió unas cucharadas de algo que parecía una mezcla de cereales.

— "No tengo sueño... y quería esperar a que despertaras ¿Sabes? Te ves diferente cuando duermes" — dijo con la risa pintada en sus ojos — "No roncas como el abuelo" — le explicó entre risas.

A su vez una sonrisa se dibujó a medias en su rostro, la misma respuesta de su esposa. De alguna forma pequeños detalles se volvían más grandes a medida que el tiempo transcurría... ¡Diablos, como la extrañaba...! parpadeó al notar que sus ojos se humedecieron.

— "¿Terminaron de decorar el árbol?" — preguntó tratando de desviar sus pensamientos.

— "Casi" — al notar una mirada de enojo de su padre ante 'su falta de orden' agregó radiante — "Te guardé el último adorno"

El señor Hiwatari suspiró resignado al notar como los papeles se invertían... antes él dejaba que su hijo pusiera el último adorno, es decir la estrella que coronaba el árbol. Ahora se la dejaba. Lo único que temía era no tener la suficiente fuerza para estar de pie para hacerlo.

— "¿Puedes... podrías?" — preguntó el niño como leyéndole el pensamiento.

— "Por lo menos lo intentaré. Llama a Lev para que me ayude y... saca la silla"

El niño abrió la boca por el asombro... a su padre nunca le gustó usar la silla de ruedas... ¿Tan mal se sentía?

— "Papá..."

— "¿Qué? Tengo que ahorrar toda la energía que pueda, supongo que no querrás que me caiga sobre el árbol y rompa los adornos, ¿Sabes? Hay unos muy caros ahí" — dijo revolviéndole el cabello con la mano — "De lo contrario será tu cu... cuenta y entonces tendré que quitarte dinero de tu mensualidad ¿no?"

El niño se rió de la broma y fue a buscar a Lev. Éste era un señor de edad mediana, pero fuerte como un oso siberiano, decían todos los de la casa y casi con el mismo olor, bromeaban otros.

La misma expresión de asombro se repitió en la cara del robusto campesino. Pero una sonrisa envolvió su rostro... después de casi diez años de servicio en esa casa (sin contar los anteriores familiares del señor Hiwatari) le había tomado el cariño de un padre. Le había conocido cuando era un niño y ahora cuidaba a su hijo como lo cuidó a él cuando era pequeño. Cuando el joven señor le pidió que se hiciera cargo de la casa quedó encantado. La vieja mansión rusa reviviría... aunque solo fuera para estas frías temporadas. Cuando conoció a la Sra. Hiwatari quedó encantado, era tan linda como recordaba que había sido su antigua señora, una dama. Fue de los que se emborracharon cuando les llegó la noticia del nacimiento del nuevo vástago Hiwatari. Al conocer a ese niño de piel pálida y enormes ojos carmesí, supo que había llegado a cambiar todo...

Pero... la felicidad no les duró mucho. Creyó que su amado señor no resistiría la pérdida de su esposa. La noticia de la muerte de la señora llegó a enlutar la casa y hasta la aldea... Ella llegó a ser muy querida. El señor se marchó y creyó que vendería la propiedad. No fue así... regresó para esa navidad, estuvo ausente por dos meses y luego regresó, para estupefacción de todos terminó viviendo en forma permanente. Fue testigo del deterioro de su salud, su mal humor, su preocupación por el pequeño niño y ahora su resignación. El solo pensar que ese niño quedaría con su abuelo (lo había conocido una vez que llegó a inspeccionar la propiedad) le aterraba. Era duro, frío y sin duda ambicioso... temía por el niño pero no se animaba a decírselo a su joven y querido señor.

Ahora era quien le atendía, él único que tenía ese honor y confianza... pero también la tristeza de verle en ese estado. Pero solamente era su cuerpo... su mente, espíritu y fuerza interior seguía tan fuerte como la primera vez que le conoció.

Una de las cosas que su joven señor no aceptaba era usar la silla de ruedas... ésta, (siempre tenía el cuidado de mantenerla limpia y en óptimas condiciones) permanecía olvidada en una de las habitaciones. Si deseaba utilizarla es porque en verdad se sentía mal, pero el rostro del niño contradecía la idea... y luego al ver a su joven señor tan tranquilo, aunque serio le quitó la preocupación.

Su joven señor nunca había sido robusto, pero actualmente pesaba casi la mitad de cuando en verdad llegó a pesar bastante. Lo acomodó con mucho cuidado y le pasó una de las mantas para cubrirle sus piernas. Iba a empujarlo cuando el pequeño "exigió" llevar a su padre. Una sonrisa de él le indicó que lo dejara. Así los tres se dirigieron a su sala. Era una hermosa sala familiar, llena de sillones confortables y en una espaciosa chimenea.

Lev, aún recordaba cuando vivía la señora Hiwatari, el lugar olía a pino y abeto, a flores (aunque nunca sabía como las conseguía) y a hogar... Este año la sala había estado cerrada... hasta que llegó el niño con los ojos radiantes de felicidad indicando que su papá le había dado permiso. Acaparó a Andrev, Liana e Irene y se encerraron. Todos salían sonriendo y regresaban sin contar nada. Ni aún la "abuela Halinna" se enteró que tramaban. Él había intentado entrar pero ese diablillo le había negado la entrada... diciendo que no quería que le contara algo a su papá. Lev le había jurado que no le diría nada, pero el chiquillo fue inflexible.

Ahora lo sabía... se esmeraron. La sala familiar había recuperado una gran parte sino casi su acogedora esencia. El olor a pino y abeto se mezclaban, así como el delicado olor a manzana y canela. Las luces, los adornos, la chimenea caldeando la habitación, quizá lo único que faltaba era el aroma a azahar que tanto distinguía a la señora.

— "Feliz navidad papá" — gritó el pequeño mientras lo abrazaba.

Todos se alejaron discretamente, dejando a los dos últimos Hiwatari solos en su intimidad. Una mirada fugaz de enojo brilló en los ojos del señor Hiwatari. El niño notó el cambio y al verle el rostro supo que su padre ya conocía la verdad.

— "¿Cuándo fuiste por él?" — le preguntó señalando el árbol.

A diferencia de otros años, este era muy pequeño, casi la mitad de lo que normalmente traía, pero lo suficientemente pesado para que un niño lo acarreara con dificultad.

— "En la mañana, antes que despertaras" — susurró el niño, bajando la cabeza.

— "Sabes que no me gusta que salgas solo"

— "Lo sé... y te pido perdón por ello. Por favor, no culpes a nadie. Fue mi idea, nadie me ayudó, salí sin que lo notaran. Andrev casi se muere cuando le dije"

La seriedad de su rostro era ahora notoria... no es que el lugar estuviera plagado por osos o lobos, pero si habían y el solo pensar en ello le atemorizaba.

— "¿Estás enojado?"

— "Si"

El silencio se apoderó de la sala... el fuego se hizo más pequeño, como temeroso del ambiente que se respiraba en el lugar otrora alegre.

— "¿Pensaste que no me daría cuenta?" — el niño continuó con su mirada baja pero afirmando que lo sabía — "¿Si en la mañana te hubiera dicho que no... hubieras seguido con tu jueguito?"

— "No es un juego padre. Por lo menos no para mí. En verdad lo quería... lo quiero" — rectificó, pero con el rostro en alto, altivo, orgulloso, un Hiwatari — "Pero... si me hubieras dicho que no... te hubiera obedecido y yo mismo lo hubiera cortado y convertido en leña"

Un segundo... que pareció eterno. Un duelo de miradas, orgullos y quizá arrogancia por ambos Hiwatari.

— "Tonto, sabes que la madera verde saca mucho humo... y detesto ese olor. La sala quedó muy bien... pero si vuelves a salir sin permiso y a escondidas... te meteré en un internado... estás advertido"

La mezcla de broma y amenaza lo desconcertó, pero le devolvió la alegría y tranquilidad. Le había costado mucho trabajo encontrar un árbol que pudiera llevar él solo y tuvo más de una dificultad pero... lo encontró, lo cortó y llegó a la casa solo para darse cuenta que Andrev e Irene andaban como locos buscándolo... ni que decir del regaño que se llevó. Pero no se arrepentía, quizá su padre no lo admitiera tan abiertamente pero se miraba más animado, aunque... si se había enojado y su amenaza no era para ser tomada a broma... lo sabía por experiencia.

Una cosa llamó la atención del adulto. La estrella estaba en su lugar en lo más alto del árbol... parpadeó, recordando que su hijo le había dicho que le guardó el último adorno. Iba a hacérselo notar cuando el niño se acercó con una pequeña cajita y en forma muy reverente se la presentó.

Tembloroso la aceptó, supo que era aún antes de abrir la caja...

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Iba a ser más largo pero pensé que era mejor cortarlo aquí. Imagino que la mayoría ya sabe que hay dentro de esa cajita y sospechan quienes son los protagonistas de esta historia. Este relato puede parecerles un poco triste y quizá lo sea. Pero es muy real y la empecé una noche que nos quedamos a oscuras en la casa de mis abuelos. Esa tarde salimos porque mis tíos les habían invitado a su casa.

No tenía ganas de salir, pero como no tenía computadora se me ocurrió que no era mala idea ir con ellos. Y no lo fue. Recordamos a otros tíos y a tíos abuelos y hubo chistes, estuvo muy bonito y en esas salió a relucir cuando murió el abuelo de mi mamá en vísperas de navidad. Fue un relato triste hasta cierto punto; me impactó. Recordé a una de las amigas de mi hermana que hace dos años perdió a su esposo y me comentó mi hermana que cuando llegó a darle su abrazo de navidad, la encontró llorando... le dijo que habían acordado con su esposo que para esa fecha celebrarían la navidad en la playa con sus dos hijos. Cuando regresé la luz se había ido. A cada uno se nos dio un candil y yo me quedé un rato en el comedor, pensando en eso... y de ahí salió la idea... "A la luz de las velas". Ese pensé que sería el título, pero lo cambié.

Pido disculpas si me extendí para dar las razones de esta historia... no es porque me gusten las historias tristes... solamente que me pareció una buena idea, una bonita reflexión... cuando aún tenemos tesoros que llenan o le distraen de la tristeza. Como ver un atardecer, inalcanzable, quizá después oscurezca y no tengamos la dicha de ver el amanecer... pero no por ello ese mismo atardecer deja de ser menos bello. Mi tío dijo "...que mientras unos celebran con risas y alegrías otros lo hacen con llanto y tristeza... por eso son fiesta familiares, si no puedes reír con ellos, puedes darles un hombro para llorar y quizá... en un tiempo no muy lejano, reír con ellos y recordar a los muertos con chistes y alegría, como fantasmas que alegres nos acompañan mientras brindamos por ellos antes de brindar con ellos" Lo siento, no puedo repetirlo textual, pero era algo así.