"Un árbol... un recuerdo... y un regalo"
Parte 2
La levantó con cuidado y la observó detenidamente. El niño la había cuidado bien. La movió, su sonido era como lo recordaba, claro y puro.
Era un primorosa campanita de plata. Ésta no era antigua ni costosa, pero para ambos era invaluable. Antes de dársela a su hijo la había recibido una navidad... seis años atrás.
Una pequeña sonrisa afloró en sus labios, tan tenue... pero una sonrisa. Recordó que por esa campanita había tenido que recorrer media ciudad de Florencia... ¡Cuatro horas! Cuatro tediosas horas, esperando a que su "mujercita" la encontrara. Y, encima, tenía que quedarse afuera del establecimiento "porque era una sorpresa"
Esa noche discutieron, enojado salió dando un portazo mientras ella se quedaba llorando... eso si, después de haberle lanzado un florero que apenas pudo esquivar.
Pasaron casi siete meses, y fue durante su primera navidad juntos en su casa que descubrió "su compra". Ambos recordaron el incidente. La verdad es que era muy bonita y su sonido tan puro, pero el verdadero regalo fue cuando le anunció que estaba embarazada.
Eso si lo dejó sin palabras. Se le quedó viendo, calculando la fecha de su discusión.
— "Tonto" — le dijo con voz suave mientras se acomodaba en sus brazos. — "Lo confirmé hoy en la mañana, tengo dos meses"
Fue esa noche donde la campanita fue puesta como el último adorno... hasta hoy. Ese era el primer adorno... y era ella quien lo ponía. Nunca fue afecto a las tradiciones. Pero ésa formó parte de una: él iba por el árbol, ella ponía el primer adorno y su hijo el último que era la estrella.
Una cálida manita se posó sobre las frías de él, haciéndole regresar al presente. Levantó la vista — "Gracias" — musitó apenas, y dirigiéndose a su hijo — "Vamos hay que ponerla"
El niño acercó la silla de ruedas lo más que pudo... pero no contó con un detalle; los sillones de su sala impedían el paso. Vio a su padre estirarse, se dio cuenta que no podría hacerlo de esa forma. No estaba lejos, a unos pasos; sin embargo, quizá eran demasiados para él. Dudó. ¿Debería llamar a Lev para que ayudara a su padre o empujar los sillones? Se apresuró a intentar lo segundo, antes que pudiera hacerlo su padre lo llamó.
— "Ayúdame" — dijo escueto.
A pesar de la delgadez de su padre, el niño se miraba diminuto a su lado, y por un momento temió no representar un buen apoyo, elevó su rostro y vio a su padre asentir confiado. Un sentimiento de orgullo llenó su espíritu. Su padre confiaba en él y no le defraudaría.
El esfuerzo del hombre era evidente. Cerró brevemente los ojos al sentir un leve mareo... justo en ese momento una mano infantil apretó la suya y se recuperó. Así, un paso, luego otro y otro; lentos, dolorosamente lentos. Llegó y con delicadeza colgó la campanita de plata en la rama más cercana.
— "No, al sofá" — murmuró cuando el niño lo dirigía de vuelta a la silla.
Siempre apoyado en el niño y en el brazo de los sillones, logró llegar al cómodo y espacioso sofá. Se sentó y recostó su cabeza en el respaldo, con su rostro dirigido al árbol.
Se sintió desdichado. Esos pocos pasos le habían cansado. No había notado lo débil que se encontraba.
— "¿Papá?" — susurró una vocecita frente a él.
— "¿Si?"
— "¿Puedo quedarme contigo? Falta poco para las doce" — dijo poniéndose las manos sobre la boca para disimular un bostezo.
Su padre le miró por unos segundos... que al pequeño le parecieron eternos. Nunca le dejaba desvelarse tanto... sonrió al verlo afirmar. Había una razón para esa pequeña concesión. En su bolsillo se encontraba un regalo para su hijo... quizá el último. Se lo daría cuando el reloj marcara las doce, sin duda el chico se alegraría.
El pequeño se sentó a su lado, sintiendo como su padre le pasaba un brazo por los hombros y lo acercaba a él. Sus ojitos se humedecieron, al recordar que en el otro extremo faltaba su madre. Se apretó más a su progenitor y deseó con toda el alma no perderlo a él también.
Poco a poco el pequeño se quedó dormido. Su padre le acomodó lo mejor que pudo, haciendo que su cabecita descansara sobre sus piernas. Acarició sus cabellos mientras miraba brillar la campana a la luz de la chimenea.
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Dormitaba cuando sintió los pasos de Lev.
— "Lo siento señor, no quise despertarlo ¿Quiere que me lo lleve?" — dijo refiriéndose al niño.
— "No, déjalo. Solo pásame unas mantas" — Lev se así lo hizo — "Puedes irte a tu casa. Ya es tarde y debes estar con tu familia"
— "Pero..."
— "Estaremos bien"
Lev asintió en silencio y dejó en un carrito un termo con dos tazas y una bandeja con algunos alimentos. Atizó el fuego y se quedó unos segundos en silencio.
— "Buenas noches señor"
— "Gracias Lev".
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Despertó nuevamente. No había nadie, pero sabía que alguien más se encontraba ahí, aunque no lo pudiera ver. Por primera vez en muchos años, tuvo miedo... y no por él sino por su hijo. Su respiración se aceleró... alguien o algo se acercaba.
— "Ha pasado el tiempo chico" — escuchó una voz que susurró a su espalda y con lentitud fue a sentarse a uno de los sillones colocados frente a donde se encontraban los Hiwatari.
Tembló.
— "Veo que me reconoces" — le dirigió una mirada y luego la bajó a la personita que se encontraba recostada sobre sus piernas — "Es hermoso... debes estar orgulloso de él. ¿Sabes? No era a ella a quien pensaba llevarme... si me lo hubiera llevado, ella talvez se hubiera salvado" — al notar que intentaba moverse agregó — "Descuida, no vengo por él. Por lo menos no esta vez".
Un estremecimiento de horror sintió recorrer su cuerpo — "No"
— "Lo lamento, no puedes hacer nada"
— "No"
La figura se encogió de hombros — "No puedes ganarle a la muerte"
— "Es posible... pero no será hoy"
— "No es tu decisión"
— "Lucharé... como siempre lo he hecho"
— "Será en vano"
Vio a su hijo moverse... no despertó — "No me encontrará muerto... no hoy"
— "¿Y después? ¿Porque es año nuevo, su cumpleaños, el tuyo? ¿A qué excusa te aferrarás?"
— "A ninguna... simplemente no hoy, no así"
— "¿Crees que me importa?"
— "A mí sí"
— "Has luchado toda tu vida... es hora que descanses, él tiene que vivir su propia vida. Esto le hará más fuerte... así sufrirá menos"
— "No moriré así, no hoy" — repitió con más firmeza.
La visita levantó vista, le miró de frente. Le hizo ver al Hiwatari adulto un torbellino de imágenes... vio a un anciano intrigante y ambicioso que utilizaba a su propio nieto para sus fines egoístas, sin importarle el gran tesoro que ignoraba y llenaba de odio, furia y frialdad. Vio chico de no más de trece años con una larga y blanca bufanda blanca correr con desesperación entre muros grises, pasando entre celdas donde albergaban niños castigados... vio un letrero en ruso que decía "Abadía Balkov"... vio a un fénix negro apoderarse del alma de ese mismo niño... escuchó sus gemidos al ser castigado... sufrir al ver destruido un fénix rojo... caer de rodillas mientras su vida se escapaba lentamente y esa misma visita le miraba a un lado.
Sacudió la cabeza... ante el horror que vio.
— "Dime ¿Serías capaz de vivir lo que has visto?" — se estremeció — "¿Por él?"
Bajó el rostro... recordando el horror que su visitante le había hecho ver... tragó saliva, miró a su único hijo — "Si"
— "¿Darías tu vida por la de él?"
— "Si"
— "Entonces ríndete... descansa... estará bien... lo prometo"
Una sensación de vacío lo envolvió... alivio... descanso...
— "No"
— "Ríndete a lo inevitable"
— "¡NO!"
— "Esto no nos lleva a ninguna parte ¿Te enteras? Tengo que trabajar y no me facilitas las cosas..." — dijo mientras se acomodaba en el sillón y meditaba que hacer.
El visitante realmente meditaba la situación. Ese tipo que tenía enfrente de ella, era lo suficientemente testarudo para no dejarse llevar sin dar pelea y francamente no tenía ganas de llegar a ese extremo. Esa noche había trabajado mucho gracias a algunos imprudentes, borrachos y estúpidos que no solo se habían matado sino llevado a otros. Además, le caía bien. Era un guerrero, valiente, aunque a veces insensato... pero le agradaba.
— "Te propongo algo" — el otro le miró con desconfianza — "Te ofrezco unas... ¿diez horas? A cambio de diez años de lo que viste... Es más puedes dividirlo entre tú y tu hijo, aunque no garantizo que él no sufra en el futuro"
— "No... yo lo sufriré solo... aunque tampoco te garantizo que no luche al final de las diez horas" — dijo con una mueca de reto.
— "Eso imaginé... si te rindes... solo dilo y todo terminará. Y me refiero a todo"
El otro negó con la cabeza.
Si la sensación anterior fue de vacío, esto no lo era... por lo menos no al principio. Se sintió atraído sin poderlo evitar... mientras se sentía succionado vio su cuerpo con la cabeza recostada sobre el respaldo del sofá, su cuerpo inerte junto al cuerpo palpitante de su hijo. Cayó en un abismo. Gritos, lamentos, sufrimiento, dolor, miedo, sangre... diez años de la vida de Kai Hiwatari sobre sus hombros... los diez peores años.
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Estaba en una celda... su entrenamiento había terminado. Tenía frío, dolor y hambre... le dolían las muñecas por haber estado colgado de grilletes y cadenas, mientras abajo serpientes silbaban tratando de alcanzarle.
Ese día había conocido tres niños que le simpatizaron... y los tres habían fallado en un lugar donde no se aceptaba fallar. Al intentar ayudarlos fue castigado con no recibir su cena, además de unos azotes. Era horrible... cerró sus ojos tratando de recuperar su valor... no podía, no debía flaquear... o todo sería en vano. Su hijo... a su hijo no.
El mismo estremecimiento... una visita... la misma, aunque esta vez no sola.
— "¿Te rindes?" — preguntó haciendo que olvidara la otra presencia.
— "No" — dijo en un susurro.
— "Aún te faltan muchos años... y al parecer no será necesario que te lleve... morirás aquí"
— "No me rindo" — dijo desde el suelo porque no tenía fuerza para levantarse.
Una sonrisa afloró en el rostro de su visitante — "Mis superiores me han mandado con una proposición... debo confesar que es interesante... muy interesante. Tu hijo no sufrirá en el futuro" — el Sr. Hiwatari le dio una mirada de desconfianza — "Tú podrás salir de aquí, vivir algunos años más, disfrutar de la navidad y año nuevo con tu hijo... pero a él me lo llevaré en dos meses"
Como impulsado por un resorte se levantó... — "¡NO! Me niego a aceptar tan infame trato. No me voy a rendir... "
— "Podría devolverte a tu esposa... a cambio de tu hijo"
Lo vio temblar... sabía cuando había amado a esa mujer, cuanto sufrió cuando la perdió... le vio derramar lágrimas silenciosas. Al parecer el Sr. Hiwatari tenía más de un punto débil.
— "¿Qué dices? Imagínate, disfrutar de su presencia" — diciendo eso descubrió a su acompañante.
Era ella... su esposa. La capa negra que la cubría le hacía ver más frágil de cómo la recordaba. Estaba pálida, pero su rostro brillaba con la luz que siempre supo que tenía. Abrió los ojos y al verlo le sonrió dulcemente.
En ese momento... su espíritu flaqueó... la amó tanto. Y ahí frente a él, estaba quien hasta antes de morir fue su luz. Cerró los ojos. Su hijo o su esposa... La vida no fue justa con él... ahora la muerte le hacía lo mismo...
— "No"
— "Perderás a ambos al final"
— "Mi hijo tiene derecho a vivir... tiene derecho a tener una oportunidad de disfrutar de su vida"
— "¿Tú no? Llevas más de la mitad de la vida de Kai Hiwatari, puedes dejar todo y solo darle tres años de este sufrimiento a tu hijo... es poco. Eso, claro después de navidad y año nuevo. Hasta podría devolverte a tu esposa por ese tiempo antes de llevármela de nuevo... Estarían los tres juntos por unos días. Es un buen trato ¿No crees?"
El señor Hiwatari le vio horrorizado.
— "No lo acepto... cumpliré los diez años. Pasaré la navidad con mi hijo... y de ser necesario lucharé por un poco más de tiempo, pero mi hijo no pasará por esto"
— "No volverás a ver a tu esposa... nunca"
Levantó la vista... la escuchó musitar su nombre. Una lágrima rodó por sus mejillas antes que con su mirada le dijera adiós — "Lo sé"
— "Así sea" — dicho esto ambas visitas se esfumaron.
Y donde estuvieron ellas apareció una tercera... Boris Balkov.
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Despertó agitado y desorientado... al moverse sintió dolor y una suave calidez en sus piernas. Su hijo. Se llevó la mano a la frente. Estaba sudando, pero estaba vivo.
Respiró profundamente tratando de calmar su agitada respiración. No había duda, se encontraba con su hijo en el mismo sofá... al ver el reloj descubrió que faltaba un poco más de cinco minutos para las doce.
- '¿Fue un sueño?' — se preguntó, en eso notó que en su otra mano sostenía una conocida campanita.
Parpadeó confundido.
Recordaba claramente que con ayuda de su hijo la había colgado en la rama... pero al girar al árbol no estaba... tenía un extraño calor en su mano fría que poco a poco se tornaba tibia.
— "No, no fue un sueño" — dijo al notar en sus muñecas la inconfundible marca roja de grilletes — "Diez horas... solamente diez horas" — dijo bajando la mirada al rostro de su hijo, que ignorando todo sonreía entre sueños.
No supo que, pero algo le impulsó a levantarse... una fuerza que pocas veces había sentido. Se levantó... cada paso dolía pero a la vez se hacía más firme, menos vacilante. Sorprendido avanzó hasta dejar nuevamente en el árbol la campanita de plata. Así, despacio regresó a donde se encontraba su hijo, con dificultad se sentó a esperar la llegada de la navidad.
Talán... la primera campanada... Talán... la segunda... y así hasta completar diez... su hijo se despertó a la onceava...
Tilín... giró cabeza... la última campanada no fue del reloj antiguo de la sala sino de la pequeña campana...
Pero, dentro de la habitación no había la menor brisa... el árbol permanecía quieto, sin embargo, el sonido fue inconfundible... al igual que una presencia cálida y suave que sintió a su espalda y susurró con voz suave — "Feliz navidad, amor" — como seis años atrás.
— "¿Estás bien?" — preguntó el pequeño al notar la palidez aún más notoria en el rostro de su padre.
— "S-si" — dijo titubeando.
— "¿Cómo te hiciste eso?" — el niñopreguntó con preocupación, al ver las heridas en las muñecas de su padre.
— "No es nada" — dijo mientras metía una mano en el bolsillo y sacaba un blade con la imagen de un fénix rojo. — "Para ti, cuídala mucho"
El niño se quedó sin palabras. Era el regalo que jamás se atrevió a soñar... lo había visto una vez, su padre había invocado a Dranzer hacía tres años. De todas las cosas que le pidió era la única que le había negado tajantemente... ahora... era de él.
La sostuvo en sus manos extasiado, sin poder creerlo... el chip brilló como dando la bienvenida a su nuevo guardián. La apretó con fuerza contra su pecho y abrazó a su padre.
— "Gracias papá... yo... yo la cuidaré mucho"
Ambos hombres sintieron el calor que emanaba la criatura de fuego... como los envolvía. De haber estado alguien más, hubiera sido testigo del más increíble espectáculo. Dranzer envolviendo con sus alas de fuego a ambos Hiwatari.
— "Feliz navidad papá"
— "Feliz navidad, Gou"
La campanita volvió a tañer.
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Nota:
Mis más sinceras disculpas por la tardanza. Ayer regresé y ni modo, habían tantas cosas que hacer, lamentablemente sentarme a escribirla no estaba en primer lugar.
Ya pasó navidad, año nuevo y hasta el día de reyes. Estaba indecisa que hacer, hasta pensé dejarla hasta el otro años... pero me pareció injusto. Y lo peor, es que me falta un capítulo largo o dos medianos. Así que aunque retrasado les llegará. Digamos que su "Tía Lina" como siempre lleva los regalos después (Chiste familiar).
Un abrazo y nuevamente disculpas. Espero tener los otros dos faltantes antes de terminar la semana. Arggg!!! ¡Estoy tan atrasada! En todo!!!
