Sus párpados se abrieron lentamente y parpadearon con fuerza para adaptarse a la pálida luz que reflejaba la nieve.
El sonido de pasos acercándose alertaron sus sentidos y buscó con la mirada el origen de éstos pero solo logró marearse por el súbito movimiento. Su cabeza le dolía como nunca y se encontró con manos y pies atados, la boca seca y un pésimo presentimiento que lo sobrecogía.
A los pocos minutos, los pasos estaban tan cerca que podía distinguir claramente las siluetas de quienes cerraban distancias. Dos personas envueltas en gruesas capas oscuras y los rostros tapados con sendas capuchas dejaron caer unos paquetes sobre la fría roca no muy lejos de él.
- Parece que el invierno es bastante duro por estos lugares... no encontramos mucho...- La voz decepcionada de un hombre joven resonó fuerte y clara en la cueva, amplificando el dolor de su cabeza todavía más.
- ¿Que esperabas? ¿Una tienda de ramen en el fondo del bosque? - Se burló otra voz masculina suave y profunda. - Ah, parece que ya despertó nuestro invitado... ¿Tiene mucho despierto? - preguntó antes de que el otro pudiera contestar a su provocativo comentario.
Ambos se quitaron sus capuchas con calma y se acomodaron en lados opuestos del limitado espacio que ofrecía la cueva para descansar un poco.
Uno era rubio de ojos azules, con rasgos algo infantiles, y con aspecto de chico con energía inagotable, pero igualmente sus movimientos, aún estando con la guardia baja, parecían ágiles y seguros.
El otro, de piel pálida y cabello ébano, lo miró con escrutinio unos segundos antes de sentarse y llevar su mirada hacia cierto punto al fondo de la cueva que él no podía ver.
Para su sorpresa, una voz femenina extrañamente familiar detrás de él contestó la pregunta que en su momento creyó dirigida al rubio.
- Justo cuando han llegado ustedes... Naruto, ¿estás seguro de esto? - Dijo sin quitar la mirada del moreno.
- Por favor Sakura, ya hablamos de esto.
- Lo sé, pero...
- Su nombre es Kyouya Tsuma ¿no es así? - Cambió de tema, antes de comenzar una discusión con su compañera. Su mirada estaba enfocada hacia él hombre atado así que ella suspiró resignada y recogió el paquete que habían traído, sacando algunas hierbas y una bolsa pequeña con manchas de sangre.
El hombre asintió al sentirse aludido, apenas empezaba a recordar todo lo que había pasado, la fiesta, el baile, la chica, y luego nada...
- ¿Qué es lo que quieren? - Alanzó a decir aún confundido por su situación.
- Eso depende de a quién le preguntes - Contestó el moreno, con una sonrisa irritante adornando su cara y sin mirar a nadie en específico.
- Kyuoya-san, es simple; necesitamos información, información que solo usted tiene. Si coopera nos evitaremos... bueno, se evitará a si mismo inconvenientes innecesarios - Intervino la mujer que había hablado antes a sus espaldas, dejándose ver por fin. Era la misma del baile, aquella disfrazada de ninfa y que ahora dejaba ver sus ropas de shinobi bajo su capa negra.
- Tú... Fue una trampa... ¿Su propósito era secuestrarme?
- No exactamente... pero eso ya no importa - Murmuró encogiéndose de hombros - Lo que importa ahora es si nos dirá o no lo que queremos saber - Añadió con una sonrisa que hubiera podido parecer encantadora en otras circunstancias.
- ¿Quiénes son? - Aventuró el hombre para ganar tiempo.
Para cuando se dio cuenta, una fina cortadura en su mejilla comenzó a sangrar. Apenas había podido distinguir al kunai que pasó tan cerca de su cara y que terminó clavado en la pared de la cueva a pocos centímetros de él.
- Las preguntas las haremos nosotros, ¿está claro? - Le aclaró el Uchiha menor, de frente a él, con otro kunai en mano, tan cerca de su garganta que sentía la punta clavarse en su piel dolorosamente. - ¿Dónde está Uchiha Itachi?....
