Pasos de conquista
Disclaimer:
Los personajes de YYH no me pertenecen, si no que son propiedad de su autor, yo solo los uso para crear las escenas de mi enferma cabeza, y lo que me hubiese gustado ver en la serie, claro, si Kurama y Hiei hubiesen tenido capítulos especiales y a solas.
Notas:
Sólo darles las gracias a todos aquellos que leen el fick, dejan review, y no dejan pero leen igual. A todos ellos con todo mi amor, por que sin ellos este fick no estaría siendo actualizado, espero les guste, y perdonen si Hiei me quedo algo occe. Pero no pude evitar imaginármelo en ese plano ante las cosas que dice Kurama.
Oscurita se va a ciudad gótica a leer…
-Paso 3-
"Vuélvete su maestro"
-Casa de Yusuke Urameshi; 20:50 de la noche-
-¿Y bien, te va gustando Hiei?-
Se miró por cuarta vez en esa cosa que el moreno tenía en la pared, sabía que eso era uno de esos objetos que los humanos usaban para verse todos los ángulos del cuerpo, y si somos sinceros nunca en su vida esperó usar alguno como ellos; menos que se movería del árbol de cerezo para pedirle al baka kitsune una cita. Recordó su rostro, iluminado por la luz de la obscura noche cuando pronunció esas palabras, el sabor extraño y enfermo de su boca, y sin quererlo sus mejillas se tornaron tan rojas como el color de sus ojos.
Ojala hubiera sabido cerrar la boca…
Pero aunque le rogara al cielo que todo fuese una broma, sabía que el tiempo no se devolvería, ni le regresaría su dignidad.
-Idiota, idiota…-
¡Era inútil fingir que no pasaba nada!; ¡Y mucho menos ahora!
O Kami, por lo que más quieras ayúdale, por que bien sabemos que cualquier comentario que saliese de sus labios podría arruinar la cita de su vida, por que no sabía decirle más que insultos a Kurama.
-¿Importa acaso si me gusta Urameshi?-
-Obvio hombre, ¿acaso te gustaría que te hubiese hecho ponerte una camisa rosada?-
-Quieres morir eh-
-Yo sólo decía, ¿en qué piensas?; hace rato que te veo sonrojarte por nada y luego criticarte por ello- la voz de Yusuke lo sacó de sus pensamientos, bajó la vista; ¿debería de decirle o no decirle aquello que lo estaba descomponiendo?, bueno, algo debería de contarle, pues luego de haberle propuesto al kitsune salir con él había corrido a la casa del moreno para que le ayudará a inventar alguna excusa creíble para deshacer esa propuesta. Pero en vez de eso, Yusuke lo había alentado a seguir, usando un argumento como "eres hombre, y los hombres no dejan plantadas a sus damas".
-Nada importante- Yusuke se había ofrecido a vestirle, guiarlo cuando fuese a buscar a Kurama a su casa, púes según las locas ideas del moreno si lo hacía seguramente el baka kitsune caería rendido ante sus pies y sería tan mono como una galleta bañada en chocolate con menta.
Cosa que provocó que la cara se le tensara y arqueará una ceja al imaginar tal pelotudes. Pero bueno, si tenía que hacer eso para ganarse algún lugar importante en la vida del kitsune lo haría, aunque el otro se matará de la risa y se lo sacara en cara cada vez que se vieran luego de eso, si es que no se le arruinaba misteriosamente la noche.
-¿Con "nada importante" te refieres a Kurama?-
Se sentía como un conejo de peluche, y rosado, que seguro tendría una cinta de lo más linda en el cuello y sería blanca; confundido por detalles muy pequeños como que si eran amigos o compañeros de equipo o quien sabe que eran ahora.
Dios, las cosas si que se le complicaron al gustarle un humano.
-Me siento tan estúpido de blanco-
-Así me sentí yo cuando llevé la primera vez a Keiko al cine-
-Hn- y si seguimos contando, el moreno había llegado al extremo de pedirle ayuda a la loca de su novia consejos de moda para salir con Kurama.
-Hiei- la voz del zorro y volvió a sonrojarse; ¡No entendía que le pasaba!; era como si miles de mariposas se hubiesen acordado vivir en su estómago, y ya era la segunda vez que pensaba eso.
-Hombre quédate tranquilo, no será la primera vez que salgas con Kurama-
Sentir la mano de Yusuke ajustándole la talla del pantalón fue frustrante, sabía que era raro que se estuviese mirando en un espejo, pero ya rayaba que el otro cociera ropa.
-¡Listo!- Yusuke se levantó del suelo, con una aguja siendo mordisqueada, carretillas de hilo en sus manos y una gran sonrisa sarcástica.
-¿Algo más o ya me puedo largar?- el otro le miró, por arriba, por abajo, por el lado; en fin.
¡Se veía demasiado bien!
-Deberías vestirte más seguido de blanco, ese tono te queda de lujo Hiei-
-Si tú lo dices- no tenía muchos ánimos, no le gustaba cambiar el estilo de sus prendas, pero bueno, prefería los consejos de Yusuke que los de Kuwabara.
-Me voy, mañana te traigo esas latas humanas que me pediste-
-Alto allí- le estiró la palma de la mano, y depositándole un arete rojizo le sonrió.
¿Un arete?; ¿A qué estaba jugando este?
-Póntelo en la oreja izquierda, así si van a bailar y aparece un humano que vaya a pasarse de listo sabrá que tienes pareja-
Vaya costumbre que tenían estos humanos, eran tan raros, mira que con un aro sabrían eso, ¿acaso eso les diría que él y Kurama eran una pareja Gay?
Ni que pudiera imaginarlo.
-Bueno, a ver si así ya me dejas tranquilo Urameshi- de un solo golpe, perforó su lóbulo izquierdo con el metal del arete, y al clavarlo indujo a que una descarga eléctrica le recorriese por todo el cuello.
-Algo más Hiei- ya se estaba estresando, ¡Ni que fuera tan difícil salir con Kurama para hacer tantos preparativos!
-Cuando te abra la puerta, por que ni se te ocurra tocar la ventana dale esto-
-¿Una rosa blanca?- era oficial, Yusuke estaba empeñado en cambiar su apariencia y ahora su personalidad.
-Le va a gustar mucho, en serio Hiei-
-Hn, ¿esperas que diga algo cursi como "eres mi cielo" y luego le dé un beso en la boca acaso?-
-No-
-¿Entonces que demonios pretendes que le diga eh?-
-Nada, guarda silencio-
Eso fue lo único que le gustó de toda la cháchara de locuras que le estaba obligando hacer Yusuke.
-Ve la reacción cuando le des esa flor Hiei-
-Que romántico eres Urameshi- exclamó con cinismo
-Suerte Hiei-
-Cállate-
-Habitación de Shuishi Minamino-
-¡No sé que ponerme!- si alguna vez Youko imaginó ver a su otra mitad gritando histéricamente, lanzando cuanta ropa tuviese en el armario, peleando con el desastre que tenía en el cabello, rompiendo un espejo por que no le gustaba la imagen que le mostraba esta noche y otras cosas no se le habría ocurrido incitarle a coquetear con Hiei.
-Ponte lo que sea, total siempre te ves bien-
Si como no, si se pusiera cualquier cosa seguro le quitaría las ganas a Hiei de volver a invitarlo a salir. Cualquier cosa era sinónimo de "no me interesa tener contigo nada serio Hiei, sólo es algo pasajero"; ¡Si fuera esa la situación podía ponerse incluso el camisón de su madre, una toalla mojada en el cabello y una máscara contra arrugas!
-Pude leer ese pensamiento, ¡Quedaré traumado de por vida!- Justo cuando necesitaba un consejo de parte de Youko, se le ocurría quedar en shock.
Vaya maestro que resultó ser.
-Kurama no hagas eso-
-¿Hacer qué?-
-¡Comerte las uñas como una nena!, ¡y ya deja de moverte tanto!- tomó dos camisas del armario, si iba a salir con Hiei en tres minutos debía verse bien, oler bien, y algo más que rimara con la palabra bien para poder tener el valor de pedirle salir de nuevo.
-Para la moto, él te lo debe pedir, no te rebajaras a hacer eso-
¿Estaba loco este zorro o qué?; ¡si hacia eso, seguro pasarían como cincuenta años y sería un anciano con un bastón negro, que necesitaba de una silla de ruedas para caminar y su única entretención sería ver películas en blanco y negro auspiciado por el canal de los viejitos!
-Eres tan exagerado Shuishi, eso no pasará-
-¡No quiero Youko!, ¡y no me obligues a creer lo contrario!-
-Hagamos un trato, si resulta la cosa de esta noche dale un mes para que te vuelva a invitar a salir, si no ve e invítalo tú-
-¡Un mes!, ¡es mucho!-
-Para Hiei un mes sería la nada misma, ten en cuenta que jamás a salido con alguien, ahora, ¡deja de moverte quieres!, ¡ya es la segunda vez que te lo digo, y ponte una camisa para variar!- se quedó quieto, tenía dos camisas en su mano, pero no lograba decidirse por ninguna.
-¿Negra o vino?-
-Vino, te vez más bronceado, el negro te hace ver muy delgado y pálido-
Puso la camisa frente a su cuerpo y viéndose en el espejo pensó que le quedaba bastante bien, pero no era lo que estaba buscando, no llegaba a parecerse; tenía algo, un no sabía que, que no le gustaba; ¿quizás por que al ser su cabello de ese tono y el pantalón que traía también, que parecía una gran botella de salsa de tomate?
-Por favor Shuishi, puedo leer todo lo que piensas, no vuelvas a intentar dejarme marcando ocupado como diez minutos-
-Esto no funciona, ya regreso-
-Por Kami que no se te ocurra- iba a hacer lo que temía de un comienzo, ¡ningún pelotudo lo haría, menos un gay declarado!
-Shuishi, ni se te ocurra cruzar esa puerta-
-¿Te digo algo Youko?-
-¿Qué soy apuesto y tengo la razón?-
-No, que te vayas al diablo un rato-
-Tú lo quisiste luego no me busques llorando como una magdalena por que no sabes que hacer con Hiei-
-Vamos Youko no lo dije enserio- no hubo respuesta, era oficial, el otro se había taimado como un crío y no le hablaría a menos que estuviese su hombría en juego.
No le quedaba otra más que recurrir al plan b.
Pedirle un consejo a su madre.
Y para eso si que se necesitaba valor, una por que no le había dicho que tenía una cita y dos por que su cita era un hombre.
-¿Puedes darme tu opinión por favor?, ¿negra o roja?- cruzó la puerta al cuarto de Shiori, ni que estuviera tan lejos, sólo dos pasos de la suya hacia la izquierda. Cuando escuchó su clásico "puedes entrar hijo", le miró como si fuese un pobre perrito mojado necesitado de una camita.
-Negra, con el rojo pareces un tarro de salsa-
-Si, eso pensé-
-Idiota-
-¿Tienes una cita amor?-
-Si, pero…no…bueno, no sabía como decírtelo-
-Claro, por que sales con un hombre-
-Preséntamela al salir, quiero saber como es-
-No mamá, no es necesario, no es algo que vaya a durar mucho la verdad, yo bueno, sólo-
-Imbécil, por eso te dije que no hicieras lo que estabas pensando-
-Amor, no seas tímido, sólo quiero saludarla-
-¿Para?-
-Para que se quede a dormir, supongo que llegarás tarde-
-Bueno, pero, hay algo que deberías saber mamá-
-¡No lo digas!, ¡no Kurama!, ¡luego podemos inventarle algo, pedirle al idiota de Yusuke que nos preste a Keiko o pídele a la loca de tu amiga de cabello azul que se haga pasar por tu novia, pero no hagas eso!-
-¿Qué cosa?-
-Ella…es…un chico mamá-
-¿Perdón Shuishi?-
-Tengo una cita con un hombre- y lo último que supo Kurama en ese momento fue que tenía una madre desmayada en el piso y que tocaban la puerta.
-A dos pasos de la puerta de la residencia Minamino-
Hiei Jaganshi de camisa blanca, con los botones del cuello desabrochados, sudando de nerviosismo y con el corazón en la mano; era algo digno de ver seguramente; pero ver a un Hiei Jaganshi bajando la cabeza en señal de duda, mordiéndose la boca, temblando de los pies a la cabeza, de pantalón de lycra negra, sosteniendo lo que parecía ser una rosa blanca a escasos centímetros de su rostro; improvisando lo que uno podría deducir era un simple y banal saludo era una escena; y una que ni siquiera Kurama estaría preparado para ver en alguna de sus vidas.
-Vamos, tu puedes, es el zorro, el zorro, el zorro- aquello no era racional, nada de lo que estaba pasando se podría catalogar como eso; ¡por todos los cielos, era como si Yusuke se hubiese tragado su personalidad!
Nadie en su sano juicio diría que lo que estaba intentando hacer era normal, por que no lo era, y sería una burda mentira decir lo contrario. ¿Él y el zorro teniendo una cita a mitad de la noche con cientos de humanos locos, desquiciados y enfermos de amor?; por dios, ¡Aquello rozaba la anormalidad!; ¡ni que estuviese viendo una película ganadora del oscar y el grammy para creérsela!
-Toca, es simple toca- y aunque bien sabía que solo estaba acompañado por sus vocecitas internas, el nerviosismo adquirido hacía que las manos le temblasen tanto que no pudiese tocar bien la puerta.
Un paso más adelante, la puerta a escasos centímetros de su nariz, apunto de rozarle la madera blanca de esta en la cara, quizás para experimentar la textura, o sentir el aroma de la pintura sobre ella; de acuerdo, aquello era raro, esos detalles pasarían inadvertidos si otra fuese la situación.
-"Vengo a buscarte zorro", "tuya", "vengo a buscarte"- llevaba repitiéndolo desde que llegó, dos frases, veinte y tres letras que le tenían sufriendo como una magdalena.
Otro paso, y al fin dio varios golpes a la madera.
-Sólo dile vámonos kitsune, ni nervios, ni gestos, ni besos- escuchó una frase, captó una cabellera rojiza rozarle los pómulos; no pudo evitar volverse una piedra cuando percibió la puerta al abrirse.
-¿Hiei?- contempló dos ojos verdes y unos pequeños labios rosados, para el colmo el baka kitsune se veía tan bien como todos los días. Se sonrojó autómata, y escondió la cabeza esperando que el otro no captase la vergüenza que sentía por estar allí parado sin saber que hacer. De inmediato extendió la mano y le dejó ver la insignificante flor.
-Toma- no saludó, no le miró, ni siquiera le habló; ¡para que había practicado tanto!; en un dos por tres se le habían ido al drenaje las palabras.
-Que…dulce, yo…dios, ¡me gusta mucho Hiei!- percibió como su cerebro grababa detenidamente las palabras pronunciadas por el kitsune.
La escucha, la procesa, la estudia, la analiza, la enlaza….¡Oh mierda, mierda, mierda!; ¡Si que estaba mal para haber hecho semejante gesto!
Aquello no lo habría hecho él ni en mil años, ¡estúpido de Urameshi por decirle que hiciese aquello!. Ya vería, se vengaría de alguna manera.
Se sonrojó, bajó la vista, se le trabó la lengua, no fue capaz de articular nada de nada; giró sobre sus talones, le dio la espalda, suda, se puso a mirar algunas hojas caer del árbol de cerezo; todo en menos de tres segundos.
-¿Nos vamos Hiei?- pero cuando percibió el brazo de Kurama atarse en medio del suyo, la camisa de franela negra rozarle bajo la tela supo que quizás no estuvo tan mal, que quizás no se había visto tan estúpido como él había creído.
-Hn- otra vez el cosquilleo bajo el vientre, o estómago o lo que sea que fuese, y el mismo calor, la falta de aire, la piel de Kurama pegándose con la suya, la mano bajando hasta la cintura.
-¿A dónde me llevaras?-la voz de Kurama en su cerebro luego de eso.
-No sé, ¿Qué hacen los humanos en estos casos?- exclamó, sin muchos ánimos a decir verdad, se sentía tan extraño siendo rodeado por el brazo del kitsune que no sabía que hacer, no era humano, ni era chica.
-¿Bailamos?-
-¿Qué?, ¿aquí?-
-Vamos a la plaza, hay más espacio para eso-
-Estás loco-
-Es mi cita, y en una cita tiendo a ser algo infantil-
-Estúpido zorro- y cuando volvió a sentir la mano de Kurama posarse en su cintura creyó que la cara le explotaría de la vergüenza y de lo roja que estaba.
Definitivamente aquello le superaba, pero quizás podría llegar a gustarle.
-En el parque, 9:10 pm-
Volvió a sentir como la mano del kitsune se movía de la cintura hacía un poco más abajo, se veía raro, eso seguro, él era demasiado bajito comparado con el pelirrojo, quizás esos humanos que les miraban creyeran que era su hermano pequeño o algo por el estilo, pero lo de estar abrazados ya era para dudar. Y él sabía que pensaban eso; y aunque entendía por que les miraban de esa manera le preguntó al pelirrojo por aquello.
-¿Por qué?- sólo una frase, el otro le miró, y simplemente sonrió, como si aquello no fuera de gran importancia.
-No es nada, sólo envidian como nos vemos Hiei-
La mano otra vez, tiembla de los pies a la cabeza al sentir como palpa la tela de la camisa y al experimentar un dedo apretarle más fuerte.
-Gracias Hiei- un beso en su mejilla, y se sintió peor. Mierda, en verdad mataría a Yusuke luego de la estupidez que estaba por hacer.
Bajó la cabeza resignado.
-Yo…bueno- incomprensible, estaba nervioso y él no era de tener sentimientos como esos.
Sudó, giró el rostro, arrancó la mano de su cintura con fuerza y siguió caminando solo.
-Hiei, ¿sucede algo malo?- le miró, fulminó con sus ojos carmines los verdes de él. No era necesario decirle que no sabía que hacer, no era necesario comentarle que nunca en su sano juicio le habría invitado a salir, no, no era necesario abrir la boca para preguntar que debía de hacer en una cita. El otro lo sabía, y por ello sólo le miro.
-Hiei…Ya llegamos-
-¿A sí?-
-Si- Kurama sonríe, toma la mano del pelinegro con fuerza y le lleva hasta él. El otro choca, sintiendo la franela de la camisa negra y el olor de su shampoo.
-Odio como hueles zorro- miente, Kurama lo sabe con ver como las mejillas se sonrojan.
-Me da gracia-
-¿Qué?-
-Que no sabes mentir Hiei, tu cara te delata- escuchó la frase, la volvió a grabar en su cerebro, demonios.
-Cállate-
-Bien, ¿en qué estábamos?-las luces de la plaza están apagadas, sólo unos cuantos focos de la calle iluminan la pequeña plaza, lo único que el pelinegro alcanza a visualizar es al zorro, la mano que le tiene estrechando su cuerpo contra el suyo y aquellos ojos verdes sobre su cara.
-¿Me permites esta pieza?- no entendió aquello, no supo que hacer cuando el otro le levantó el mentón, no supo que decirle ni que esperaba como respuesta.
Se quedó callado, por que es lo mejor que sabe hacer.
-¿Hiei?-
-¿Qué se supone que quieres decir?- sonrió, el kitsune se ríe y le suelta, logrando que agrandaran la distancia entre sus cuerpos.
-Cuando un humano te dice eso, tú debes de decir que si quieres o no quieres Hiei-
-Que estúpido, ¿para?-
-Por que así sabe si quieres bailar con él- se queda en silencio, lo piensa, imagina la escena de ellos bailando a la mitad de la noche en plena calle, plaza o lo que sea que fuese.
Sonríe sarcásticamente por lo ridícula de la imagen.
-¿Y si te dijera que si, que debería de hacer baka kitsune?- le fulminó sarcásticamente, los pequeños dientes de Hiei brillan, el color blanco le hace resaltar lo rojo de sus orbes, la cinta negra sobre la frente se confunde con sus flequillos de cabello.
-Tomar mi mano cuando yo te la ofrezca para llevarte a la pista de baile- otra imagen ridícula, pensó.
-¿Y?, ¿quieres o no quieres bailar conmigo?- volvió a bajar la cabeza, sus ojos rojizos se quedaron mirando el piso, la acera y el color de los zapatos del baka kitsune. No quiso preguntar que era bailar.
-Primero, pones tu mano en mi cadera Hiei-
-Hn-
-Luego, yo pongo mi mano en tu cadera- espera, eso ya no le gustó para nada, ¡mira que poner su mano en su cadera!
-No-
-¿Qué?-
-¿Por qué tienes que poner tu mano en mi cadera?- o dios, esto sería más difícil de lo que pensaba.
-No te comeré la cadera Hiei-
-Hn-
-Por ahora- volvió a sonrojarse, ¿Qué demonios quería decir "por ahora"?
-¿Qué te traes entre manos eh?-
-Nada-
-Nada que "nada" baka kitsune, ahora-
-¿Quieres saber?-
-¿Serás estúpido?, obvio que quiero saberlo, ¿Qué te traes?, ¿Qué piensas hacer luego de bailar conmigo eh?-
-Ya que insistes- en ese momento, el otro le sujeto de la cintura, y tirándole con fuerza le jaló los botones desabrochados del cuello logrando que rodaran en el piso, comenzó a morderle el cuello y a colar una mano bajo la camisa negra pellizcándole la espalda.
-Ku…rama…lo que dije-
-Tú querías saber- entonces, la lengua del pelirrojo empezó a lamerle la comisura de la piel, bajo la garganta, dejándole una marca rojiza en la carne, luego, mordisqueándole, provocó que arqueará la cabeza hacia atrás.
-Ahora sabes, entonces, ¿quieres bailar conmigo Hiei?- guardó silencio, lo pensó, si bailaba con el kitsune seguro se caería, si se caía Kurama lo agarraría de la cintura, si le agarraba de la cintura, Kurama le tiraría al piso, si le tiraba al piso, Kurama se tiraría sobre él, si Kurama se tiraba sobre él le sacaría la camisa, si le sacaba la camisa le rozaría hasta el ombligo, si le rozaba hasta el ombligo, se mordería la boca, si se mordía la boca el pelirrojo se arrancaría el pantalón, si Kurama se sacaba el pantalón…
Mordisqueó su labio inferior, ¿quería jugar a eso con él eh?; ya vería, Hiei Jaganshi no era juguete sexual de nadie, ni siquiera de ese baka kitsune presumido, encantador y exageradamente guapo.
Dos podían jugar al mismo juego, pero él lo iba a controlar.
Y se lo demostraría, aunque tuviese que actuar como otro Hiei.
-¿Y que esperamos?, enséñame a bailar baka kitsune-
Kurama rió, volvió a sujetarle de la mano, y le guió hasta el centro de la plaza.
-En este momento eres mi aprendiz, y hasta que no diga que acabamos no te tocaré el cuello-
-Pero no has dicho que yo no pueda hacerlo baka kitsune-
El primer plato de la mesa: una buena frase para descolocarlo.
Kurama abrió los ojos de golpe, eso no se lo esperaba.
Él pensó que Hiei no había entendido lo que quiso decir que harían cuando terminaran de bailar. Pensó que el otro no entendería a la primera, ni que tendría la personalidad para afirmar que él le mordería el cuello mientras estuviesen bailando, o lo que saliese en la plaza. Pensó que Hiei no acercaría su cuerpo más a él que dos pasos.
-A mi me parece que si entendió que quieres con él, y muy bien Shuishi-
-Eso pienso Youko, y me da algo de miedo sabes-
-A mi también-
Los ojos de Hiei entrecerrándose, y con su mejor tono sarcástico dejó que las palabras fluyesen solas.
- Entonces, ¿primero pongo mi mano en tu cadera no?- guardó silencio, la mano de Hiei en su cadera no le dejaba pensar bien, ¿Por qué se comportaba de esa manera?; Hiei era tímido, o eso era lo que venía pensando durante los siete años que se conocían, Hiei no le diría las cosas de esa manera.
-Es como si tuviese experiencia, ¿no crees?- si, era como si en verdad tuviese experiencia, la pregunta era con quién había tenido esas experiencias.
-Luego, pongo tu mano en la mía ¿no?- sentir la cadena del pantalón lo descolocó, lo frío del metal, la voz jugosa de Hiei al hablar.
-¿Y luego?-
-Luego pones tu cabeza en mi pecho-
-¿Exactamente que bailamos?-
-Un lento- lento, la palabra le gustó, un lento quería decir estar cerca del kitsune, un lento quería decir sentir la tela de la camisa en la propia. Ahora agradecía que Yusuke le hubiese enseñado bastantes cosas de las que hacia Kurama en una cita. Pero obviamente no le diría al baka kitsune que esas cosas se las había enseñado el moreno.
-¿Y luego?- sintió como Hiei metía una mano en el bolsillo de su pantalón, percibió como su frente comenzaba a sudar.
-Luego mueves una pierna adelante y yo hacia atrás-
-¿Así?- pero cuando experimentó como el pelinegro colaba una pierna entre la suya se sonrojó, sentir la carne de su pierna debajo fue terrible, y el torso de Hiei se apegó tanto al suyo que tuvo el impulso de comerle la boca con sus dientes.
En ese momento se dio cuenta que había sido muy ingenuo.
-Continuará-
Próximo capítulo:
Paso 4: "Baila conmigo"
Especialmente a:
Kitty_Wolf, Nejito, Andrómeda no sainto, kotsu-korime-Hie, wKagura, laura y Rescue Coluptor.
A ellas con todo mi amor.
…Yo deduje que decirte…
…Pero a veces las palabras salen tan mal…
…Y yo sé que al tiempo tú entenderás…
…Que lo que tenemos esta vez es bueno...
