ENSÉÑAME A QUERERTE

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 2

Serían cerca de las once de la noche cuando Youhei Mito escuchó que el teléfono de su casa sonaba. Él aún permanecía despierto, entretenido con un trabajo de historia de Japón que debía entregar al día siguiente y que le tomaría tiempo terminar.

—¿Moshi moshi? —pronunció en voz baja, intentando no despertar a sus padres que dormían desde un par de horas antes.

—Hola, Youhei —escuchó la voz alegre de Hanamichi. Y el tono alegre que escuchó fue lo que le sorprendió más que la misma llamada.

—¿Hanamichi? Te escuchas muy feliz. ¿Por qué llamas a esta hora?

—Youhei, no vas a creerlo: Haruko vino hoy, y…

—Y te dijo que le gustas —se anticipó el moreno.

—¿Cómo sabes? —preguntó el pelirrojo con asombro.

—Soy psíquico —respondió Mito, pero luego se desmintió—. Además hoy la encontré y me dijo que aprovecharía que no había entrenamiento para visitarte. Te habría dado risa ver el color de su cara cuando la descubrí.

Youhei emitió una pequeña risita al recordar el sonrojo gigante que se apoderó del rostro de Haruko cuando él le preguntó si visitaría a Hanamichi y ella lo aceptó.

—Me da mucho gusto por ti, Hanamichi —se sinceró Youhei. Creía que su amigo merecía una oportunidad con la chica que quería, y se sentía muy bien de saber que esa chica había decidido darle esa oportunidad.

—Gracias —respondió Sakuragi con sinceridad—. Sólo quería contarte. Ya debo ir a dormir.

—De acuerdo, Hanamichi. Y felicidades.

Cortó la llamada.

El pelirrojo recorrió el pasillo, que era en donde estaban los teléfonos, hasta llegar a su habitación y entró, cerrando la puerta tras de sí, tratando de no hacer ruido. Se dejó caer sobre la cama sin levantar las sábanas. Contrario a la mañana, la noche le parecía sumamente calurosa. Hikari dormía en su cama con aparente tranquilidad, al otro lado del cuarto. Ahora él también tendría una novia cálida y amable que lo procurara y lo visitara en la clínica.

x X x

La mañana llegó especialmente soleada ese viernes. Era el primer viernes del nuevo curso en Shohoku. Y era el primer entrenamiento para los novatos de los clubes deportivos. La misma situación se presentaba para el equipo de básquetbol. Ryouta Miyagi se estrenaba como capitán, y se esmeraba en dar una buena impresión ante los novatos, que ese año eran bastantes. Dada la fama que Shohoku había alcanzado después del Campeonato Nacional, muchos estudiantes de nuevo ingreso aspiraban alcanzar los niveles que jugadores como Kaede Rukawa, Hanamichi Sakuragi, Hisashi Mitsui y el mismo Ryouta Miyagi poseían.

Así mismo, Miyagi se esmeraba en llenar el espacio que Hanamichi dejaba, y de paso impresionar a la entrenadora Ayako, que, aparentemente, bajaba la guardia ante sus cortejos.

De entre los novatos que se habían presentado, sobresalían tres chicos. Uno era Satoshi Miike; provenía de la secundaria Central de Tokio, jugaba desde los doce años y era experto en la defensa; aparentemente, su posición ideal era la de centro, y parecía perfecto para reemplazar a Akagi, sin mencionar su metro ochenta y cinco de estatura y ochenta kilos de peso.

El segundo novato se llamaba Atsui Matsumoto. Era un excelente tirador de triples, y bien podría competir contra Mitsui en destreza y concentración. No obstante, medía sólo metro sesenta, era delgado y usaba lentes para miopía que no podía quitarse si deseba tener visibilidad. Sin embargo, pese a su apariencia, era un jugador eficiente.

El tercer novato rescatable entre los muchos que hicieron prueba para ingresar al equipo era Daisuke Müller, un estudiante extranjero que a leguas dejaba ver su origen. Era de cabello castaño y ojos verdes, tenía dieciséis años y siempre estaba sonriendo. Aunado a eso, estaba su metro ochenta y cinco de estatura, cuerpo atlético y carácter amistoso. Era muy bueno en los rebotes y llevaba más de seis años jugando básquetbol. Sin duda sería parte importante del equipo en poco tiempo.

—¡Muy bien! Todos acérquense —la voz de la entrenadora Ayako se hizo presente, reuniendo en el centro de la cancha a todos los que lanzaban tiros, driblaban o practicaban pases antes de que el entrenamiento comenzara. Rukawa y Mitsui estaban ahí presentes también—. De acuerdo, chicos. Hoy es el primer día de sus entrenamientos.

—Ya todos habrán escuchado las historias que se cuentan sobre la participación de nuestro equipo en el Campeonato Nacional —continuó Miyagi, situándose a la derecha de Ayako.

—En este momento no contamos con la presencia de jugadores tan importantes como Hanamichi Sakuragi o los superiores Takenori Akagi y Kiminobu Kogure —Ayako retomó la palabra—, pero el capitán Ryouta y yo confiamos en que ustedes tendrán las capacidades suficientes para hacer fuerte a Shohoku.

—¡SÍ! —se escuchó la afirmación general. Ayako tenía un don especial para motivar a cualquier persona.

—Para empezar, daremos treinta vueltas a la cancha.

—¡Sí, capitán!

Dicho, todos los jugadores, antiguos y nuevos, empezaron a correr.

Llevaban quince minutos con las vueltas, cuando Haruko llegó, a penas sujetándose el cabello y corriendo.

—¡Ayako, perdóname!

—Haruko, ¿qué pasa contigo? Es el primer entrenamiento y llegas tarde.

—Lo siento, de verdad, pero recibí una llamada en cuanto salí de mi última clase, y me entretuve.

Haruko seguía disculpándose, pero a Ayako se le dibujó una sonrisa pícara en los labios.

—¿Una llamada?

—¿Dije una llamada? —Haruko se ruborizó de inmediato.

—¿Y se puede saber si la llamada era de cierto pelirrojo que se encuentra hospitalizado todavía?

Haruko no pudo contener el rubor que se apoderó de todo su rostro.

—Bueno… Es que… verás, Ayako… Hanamichi y yo sólo…

—¡Oh! ¿Ahora es Hanamichi?

Ayako disfrutaba poner a Haruko en esa posición. Se había enterado de que la declaración de Hanamichi había sido correspondida gracias a la información brindada por Youhei y el resto del ejército. Y se alegraba por su amigo.

—¡Ahora vamos a tener un partido de práctica! —ambas chicas escucharon la voz del capitán Miyagi— Los de primero contra los de segundo y tercero.

—¡Sí, capitán!

Todos los jugadores obedecieron. Y Ayako y Haruko continuaron con su conversación.

—¿No estuviste en las pruebas de aceptación, ¿cierto, Haruko? —la entrenadora principal decidió dejar descansar a su asistente.

—No. Dijiste que eso aún no me correspondía, Ayako.

—Bien. Aquí empieza tu trabajo, Haruko. Así que pon atención.

Ayako le mostró a Haruko una bitácora en donde estaban escritos muchos nombres.

—Aquí están todos los muchachos de primero que intentaron ingresar al equipo —Ayako cambió de hoja—. En esta están los nombres de quienes sí lo lograron. Y subrayados están los nombres de los miembros que creemos tienen potencial.

Haruko leyó en voz alta:

—Miike Satoshi, Matsumoto Atsui, Müller Daisuke…

—Miike tiene el número 12 y es muy bueno en la defensa. Matsumoto será el sustituto ideal de Mitsui cuando este año termine, y ahora tiene el número 5. Müller es el castaño de ojos verdes; hizo excelentes rebotes en las pruebas.

—¿Es inglés? —preguntó Haruko.

—No. Alemán, según leí en sus datos.

—Oh…

—A mí me recuerda a Hanamichi Sakuragi —rió Ayako.

Haruko se fijó en él, y admitió que Ayako tenía razón.

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—¡Cinco vueltas a la cancha y todos a las duchas!

—¡Sí, capitán!

El primer entrenamiento había sido bastante duro, según ideas de algunos. Sin embargo, todos se habían entusiasmado con las palabras de la entrenadora Ayako.

Todos los presentes dieron las vueltas al mismo tiempo. Antes de que alguno se dirigiera a las duchas, Miyagi habló nuevamente.

—Y los novatos no olviden registrar su asistencia con las asistentes.

A paso lento, cada uno inició el camino hacia las dos chicas que estaban cerca de la puerta.

—Haruko, ¿puedes hacerte cargo? Debo hablar con Ryo-ta.

—Claro que sí, Ayako.

—Todos hablen con Haruko —dijo Ayako, iniciando la marcha hacia donde estaba su capitán.

—De-de acuerdo… —inició la castaña— Yo soy Akagi Haruko, y soy asistente de Ayako.

Los muchachos la observaron y ella se puso nerviosa.

—Bueno… Pasen uno por uno y díganme sus nombres, por favor.

Así lo hicieron. Uno a uno, los novatos (que en total eran siete) se enlistaron con la asistente.

—Tanaka Kentaro

—Miike Satoshi.

—Fujiwara Tooru

—Kaeda Mioko

—Akena Hiroyuki

—Matsumoto Atsui.

—Müller Daisuke.

El último chico no se alejó de Haruko cuando le dijo su nombre. Se la quedó contemplando un par de segundos, que sirvieron para que ella le respondiera una mirada.

—Llámame Daisuke, por favor —pidió el chico con una enorme sonrisa.

—No —Haruko se apenó—. Müller está bien.

—Mi apellido no se pronuncia así. Además en mi país se acostumbra usar el nombre de pila.

Haruko lo miró un momento, y su expresión le pareció sincera.

—Pero aquí lo común es que los extraños se hablen con respeto.

—¿Extraño? Pero yo no soy un extraño. Ya te dije mi nombre y tú me dijiste el tuyo.

Haruko se levantó de donde estaba sentada y empezó a caminar hacia los vestidores. Daisuke la siguió.

—Sería mejor que vayas a ducharte y a cambiarte —recomendó la chica—. Ya oscureció.

—Bueno…

El muchacho entró en la zona de los vestidores y se duchó lo más rápido que pudo. Tardó cinco minutos en estar listo y se recargó en el marco de la entrada del gimnasio. A los diez minutos vio que Haruko, vestida con el uniforme de la escuela, se dirigía a la salida. Ayako aún estaba hablando con Miyagi cerca de las gradas, y varios novatos seguían en las duchas.

—¿Te vas a casa? —le preguntó a la asistente con una sonrisa.

—Sí. Se hace tarde y tengo tarea.

—Pero es viernes en la noche. ¿Por qué no vamos a algún lugar?

Haruko sonrió con inocencia.

—No. Mañana hay entrenamiento.

—¿Entrenamiento en sábado?

Daisuke abrió los ojos muy grandes. No estaba acostumbrado a ir a la escuela en sábado.

—Sí. El capitán Miyagi es muy responsable y no dejará que los tomen por sorpresa.

El alemán se dio un golpe en la frente en señal de desaliento.

—Entonces adiós a las fiestas el viernes por la noche… —suspiró.

Haruko rió.

Continuaron el camino conversando. A Haruko le agradaba el novato: le parecía un chico simpático. A Daisuke, en cambio, la asistente le gustaba.

—¿Entonces cómo se pronuncia tu nombre?

—Miullah.

—¿Mulleh?

—Miullah.

—¿Mulleah?

—¡Miullah!

La última vez, el chico lo dijo con una gota de sudor en la frente.

—¿Sabes? —Haruko habló con un tono muy inocente— Creo que mejor sí te llamaré Daisuke —y su sonrisa fue acompañada por el golpe de Daisuke al caer.

Siguieron caminando. Sin necesidad de preguntarlo, el muchacho había acompañado a Haruko casi hasta su casa.

—¿Y dices que tienes un hermano? —habló Daisuke, intentando retomar la conversación.

—Sí. Es mi hermano mayor —sonrió la chica—. Él fue capitán del equipo el año pasado y el antepasado, y siempre tuvo mucha fe en Hanamichi. Ahora estudia la universidad, pero está en el equipo de su escuela. No creo que deje el básquetbol alguna vez —la muchacha sonrió ampliamente porque se sentía sumamente orgullosa de su hermano—. ¿Qué hay de ti?

—Mmmm… —pensó él, poniéndose el índice en la barbilla y mirando hacia arriba— Tengo una hermana. Es un año mayor que yo y nos llevamos muy bien —Daisuke sonrió al pensar en su hermana—. No le gusta el básquetbol… Los dos nacimos en Munich, y nuestro padre es alemán. Él y mamá se divorciaron y ahora vivimos con ella en Kanagawa.

—Entonces tu hermana es de mi edad… Me gustaría conocerla, tal vez podríamos ser amigas.

Daisuke asintió con una sonrisa, pero imaginó un tanto difícil una amistad entre Haruko y su hermana: tendrían personalidades muy diferentes.

Continuaron con la conversación hasta que llegaron a la casa de Haruko. Ahí se despidieron y la chica entró. Su hermano estaba ahí ya, y ella, muy emocionada, le habló del día que había tenido el equipo, de la recuperación de Hanamichi y de los avances que veía entre Miyagi y Ayako.

Lo que Haruko no le dijo fue el interés que Daisuke Müller había puesto en ella. Y no lo dijo porque ni ella se dio cuenta de que era así.

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Notas de la autora:

Hola de nuevo a quienes estén leyendo esta nueva historia.

Como ven, este fic va más rápido que el resto de los que tengo en proceso. No sé por qué, pero me gustó mucho la idea que tengo aquí y creo que las musas llegan cuando abro el archivo de este y se van cuando intento con algún otro.

Me despido porque ando medio apurada (como es mi costumbre).

Paso a contestar reviews:

Elena: Gracias por eso de que te gusta el capítulo. En realidad está interesante… O al menos a mí así me lo parece. Ojalá sigas leyendo. Saludos, besos y abrazos.