ENSÉÑAME A QUERERTE
Por Haruko Sakuragi
CAPÍTULO 3
Ese sábado había amanecido escandaloso. Eran las ocho de la mañana a penas y el entrenamiento del equipo de básquetbol ya había dado inicio.
Rukawa y Mitsui estaban presentes. Se lanzaban pases entre ellos y se fintaban de vez en cuando. Los novatos trataban de hallar compañeros para practicar entre ellos mismos. Miyagi hablaba con Ayako de todo cuanto se le ocurría. En la entrada del gimnasio, Youhei, Ookusu, Noma y Takamiya observaban el entrenamiento.
—Esto está muy aburrido —bostezó Takamiya. Había tenido que levantarse muy temprano y todavía no dejaba de frotarse los ojos.
—El Gordo tiene razón —apoyó Ookusu.
—Los entrenamientos no son lo mismo sin Hanamichi —apuntó Noma, dirigiéndose a Youhei y bostezando también.
—Recuérdame por qué vinimos hoy a ver el entrenamiento, Youhei —pidió Takamiya, rascándose la cabeza.
—Porque de aquí nos iremos a la clínica para visitarlo.
—¿Y no podíamos levantarnos dos o tres horas más tarde? —se quejó Noma.
—No —respondió Ookusu—, porque Youhei le prometió a Hanamichi que vendríamos por Haruko y le contaríamos cómo van las cosas aquí.
—O sea que nos ha enviado de espías —concluyó Takamiya.
—Algo así —confesó Youhei, rascándose la cabeza.
—¡Pero si son Youhei y los demás! —una voz aguda llamó la atención de los cuatro chicos.
—Hola, Haruko —sonrió Youhei.
La chica devolvió la sonrisa. Los muchachos la observaron: vestía un pantaloncillo de lycra que dejaba ver sus piernas blancas, una playera azul celeste y una gorra deportiva. Su cabello había crecido varios centímetros ya, y alcanzaba a sujetarse todo en una coleta.
—Qué gusto verlos, muchachos —volvió a sonreír la asistente—. ¿Han venido a animar al equipo?
Los cuatro chicos asintieron con repetidos movimientos de cabeza. Youhei habló.
—Sabemos que irás a ver a Hanamichi después del entrenamiento.
—Nosotros también lo visitaremos hoy —informó Takamiya.
—Pensamos que te gustaría ir acompañada —sonrió Ookusu.
Haruko se sonrojó de momento. Pero luego asintió con un movimiento de cabeza.
—Ustedes… ¿Esperarán hasta que terminemos?
—¡Claro! —respondieron al unísono los muchachos.
Con una sonrisa, Haruko acordó ir a visitar a su novio en compañía del ejército.
—¡Muy bien! —la voz enérgica del capitán Miyagi llamó la atención de todos los presentes en el gimnasio.
Los miembros del equipo, novatos y avanzados, se le acercaron, rodeándolos a él y a la entrenadora Ayako.
—Sé que éste es el primer sábado de los entrenamientos —inició Ryouta—. Pero confío en que todos estarán comprometidos con el equipo y no les molestará levantarse temprano en beneficio de ustedes mismos.
—¡Sí, capitán!
—Pero parece que no todos están tan comprometidos —interrumpió Ayako, notando la ausencia de uno de los miembros —Daisuke Müller no está.
Miyagi recorrió los rostros de los jugadores y, en efecto, Daisuke no estaba entre ellos.
—¿Alguien es amigo de ese muchacho? —preguntó a todos.
La mayoría negó con la cabeza.
—¿Acaso nadie lo frecuenta?
—Es mi compañero de clase —habló el muchacho que ya se identificaba como Satoshi Miike.
—¿Y qué sabes de él? —habló Ayako— ¿Sabes si va a venir?
El aludido negó con la cabeza.
Pero en ese momento, una voz de hombre irrumpió en el silencio del gimnasio:
—¡Ya llegó el mejor jugador de básquetbol de todo Japón!
Era Daisuke. Y, detrás, de él, vistiendo mezclilla, una chica poco menos alta que él lo seguía.
—¡Que sea la última vez que llegas tarde! —regañó Ayako y lo golpeó con su abanico de papel antes de que terminara de saludar— ¿Qué no sabes que una de las cualidades de un buen jugador es la responsabilidad?
—Lo siento, pero me quedé dormido —se defendió el muchacho rascándose la cabeza y restándole importancia al hecho.
—¿Te quedaste dormido? —preguntó Haruko incrédula.
Daisuke, que hasta entonces no la había visto, se sonrojó considerablemente y habló con menor volumen de voz.
—Sí... Bueno, es que en Alemania no iba a la escuela en sábado, y me gusta dormir hasta tarde los fines de semana... Y tú sabes, Haruko... Anoche me desvelé...
Y, sin previo aviso, una mano delicada y blanca se estrelló en su cabeza.
—Ya cállate...
Todos guardaron silencio ante la acción. La chica era pelirroja y tenía unos preciosos ojos verdes. Era delgada y parecía frágil, aunque se veía seria.
Y, sin embargo, se había atrevido a golpear en la cabeza al único muchacho que lograba competir con Hanamichi Sakuragi en lo escandaloso.
—Oh… —susurró Haruko. La muchacha la atemorizó.
—Cielos… —murmuró Miyagi. La chica parecía enérgica y con carácter.
—Vaya… —soltó Mitsui, en voz muy baja, y con una mirada pícara.
Nadie dijo nada más durante medio minuto, hasta que Haruko se atrevió a romper el silencio.
—¿E-estás bien, Daisuke?
El muchacho tocaba su cabeza con una gota de sudor resbalando por su frente. Aparentemente, el golpe le había dolido. Pero la voz de la entrenadora lo hizo reaccionar.
—¡De acuerdo, vuelvan al entrenamiento todos! —ordenó Ayako. Nadie se atrevió a contradecirla, y en un momento se vieron solos Ayako, Haruko, Daisuke y Akari.
—¡Ey! ¿Qué pasa contigo? —saltó exasperado el muchacho, y empezó a gritarle a la chica— ¡No debes golpearme, ya lo sabes! ¡Eres mala y no me gusta tu actitud!
Pero la chica lo observaba con evidente aburrimiento.
—¿Po-por qué lo golpeaste? —se atrevió a preguntar Haruko, con miedo todavía.
—Porque me estaba hartando con sus alardeos.
Ayako rió por lo bajo. Toda la semana lo había hecho, y nadie se había atrevido a callarlo.
—Hola —se atrevió a hablar la entrenadora—. Mi nombre es Ayako y soy la entrenadora del equipo —la chica alargó la mano, ofreciéndola a la pelirroja.
—Soy Akari Müller —la aludida correspondió al gesto.
—¿Müller?
—Sí —asintió—. Es mi hermano menor.
Ayako sonrió. De primera impresión, le pareció algo así como el capitán Akagi y Haruko.
—Es mi hermana —intervino Daisuke tocando su cabeza aún—. Y cometí el error de invitarla a ver el entrenamiento.
—Llámame Akari, por favor —pidió la chica restándole importancia al comentario de su hermano.
—De acuerdo, Akari —Ayako sonrió entre sincera y divertida. Akari le parecía agradable, y con carácter, Algo difícil de encontrar en las mujeres japonesas, que generalmente eran sumisas y calladas.
—¡Ay, sí! —ironizó Daisuke, abruptamente— La antisocial ya tiene una amiga… ¡Nada! Eres una mentirosa, Akari. Ayako: que no te engañe. Es engreída y grosera y altanera y…
—Cállate —otra vez el mismo puño firme pero delicado se estrelló en el mismo lugar que la primera vez—. No me molestes, Daisuke.
Era una orden. El muchacho guardó silencio de inmediato.
—¡Daisuke! —la voz del capitán Miyagi llamó la atención de todos los que se encontraban con el aludido— ¿Qué demonios haces ahí? ¡El entrenamiento ya comenzó!
—Sí, capitán… —susurró el muchacho, mirando a Haruko algo sonrojado. Se sentía avergonzado por cómo lo había tratado su hermana delante de la hermosa asistente, y más por las miradas que sus compañeros le dedicaban desde sus posiciones.
El alemán llegó hasta el centro de la duela, justo a tiempo para iniciar el conteo de las treinta vueltas que Miyagi había ordenado como calentamiento. De reojo, observaba a su hermana conversando con Ayako y con Haruko. Cerca de la entrada estaban cuatro muchachos que, de vez en vez, hablaban con alguna de las dos entrenadoras. Y se ruborizó cuando se sintió observado por Ayako y por los cuatro chicos.
Especialmente, uno lo miraba.
Le detuvo la mirada dos minutos, y luego se dedicó al balón.
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—¿Ya vieron a ése chico? —preguntó Takamiya en cuanto notó que el muchacho dejaba de mirarlos.
—Sí —respondió Noma—. Luce extraño.
—Debe ser extranjero —aportó Ookusu.
—¿Por qué lo dices? —consideró Noma.
—Porque tiene los ojos verdes y el cabello muy claro —dijo el aludido.
—Además tiene la piel clara —apoyó Takamiya—. Y la forma de sus ojos es distinta a la nuestra.
—Y pone especial interés en Haruko —sentenció Youhei, haciendo que sus amigos posaran la vista sobre el tema de conversación: Daisuke observaba a Haruko a cada oportunidad que se le presentaba.
—¡Es cierto! —reconoció Takamiya.
—¿Ustedes creen que…?
Noma iba a preguntar algo, pero la voz de Ayako los interrumpió.
—¡Chicos!
—¡Hola Ayako! —sonrieron los cuatro.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó curiosa— hacía tiempo que no venían. Creí que estarían ocupados apoyando a Hanamichi en su rehabilitación.
—Es así, Ayako —respondió Youhei—. Pero hoy nos pidió que escoltáramos a Haruko después del entrenamiento.
—Ella lo visitará hoy —completó Noma.
—Me alegra que ellos están juntos —la entrenadora guiñó un ojo—. Quiero presentarles a una chica.
Los cuatro chicos no habían reparado en la cercanía de la muchacha de ojos verdes que les había parecido tan bonita nada más la vieron entrar.
—Ella es Akari Müller —dijo Ayako, dirigiéndose a l grupito—. Fue transferida de una escuela en Alemania y está en segundo año.
—¿Alemania? —repitió Ookusu.
—Sí —confirmó Ayako, y luego se dirigió a su nueva amiga—. Ellos son Youhei, Ookusu, Noma y Takamiya. Muchos los conocen como el Ejército de Sakuragi.
—¿Ejército de Sakuragi? —preguntó la alemana.
—¡Somos el ejército de Hanamichi Sakuragi! —exclamó Takamiya levantando un brazo.
—Es por Hanamichi Sakuragi, su líder —explicó Ayako.
—¿Y en dónde está él? —se interesó Akari.
—Ingresado en una clínica de rehabilitación —dijo Noma.
—Se lesionó durante el último partido del Campeonato Nacional, contra Sanno —continuó Youhei—. Pero es un miembro muy importante del equipo.
La muchacha asintió con expresión neutra.
—Akari es hermana de Daisuke, uno de los novatos.
—No me digas que el bocafloja es tu hermano —intuyó Ookusu, mirando al muchacho que lanzaba desde el área de tres puntos y después buscaba a Haruko con la mirada.
—Sí.
Ayako intuyó que los cuatro muchachos, por lo general amables, tenían algo en mente. Y prefirió investigar después.
—Chicos, los dejamos. Disfruten el entrenamiento.
—¡Sí, Ayako! —respondieron a coro.
—Ese chico está interesado en Haruko —sentenció Youhei.
Al otro lado del gimnasio, Mitsui atrapaba un pase enviado por Rukawa, en tanto dirigía miradas fugaces a la hermana del novato.
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Notas de la autora:
¿Qué les parece el capítulo? Me tardé más que de costumbre por los exámenes y los trabajos que debo entregar (es cierre de semestre: ¡termino cuarto y paso a quinto! Ya voy a la mitad). Y mañana debo estar temprano en la escuela, así que paso a responder reviews:
Miguel: ¡Hola, guapo! Me alegra que la historia te guste. Había querido introducir personajes nuevos (¿recuerdas que incluso quería meterte a ti?), pero no hallaba cómo. Y, gracias a ti, adelanto que el asunto sí tiene yaoi. Gracias por el review. Te envío saludos.
Elena: No es precisamente que "le estén comiendo el mandado" a Hanamichi (en México así le decimos al asunto), porque Haruko no se ha dado cuenta de nada (todavía). Pero verás en algunos capítulos que la cuestión se va a poner rara. Con eso de que es yaoi… Gracias por el review.
