ENSÉÑAME A QUERERTE
Por Haruko Sakuragi
CAPÍTULO 4
Un peculiar grupo formado por cuatro muchachos y una chica castaña bajaron del tren, dirigiéndose a la salida de la estación de tren. Se dirigían a una clínica especializada en lesiones musculares y óseas, de visita.
Youhei conversaba muy animadamente con Haruko, en tanto el resto del ejército caminaba delante. El pelinegro era inteligente, pero conocía en parte a Haruko y sabía lo despistada que podía llegar a ser. Sin embargo, por la seguridad de su mejor amigo, no podía permitir que alguien más se fijara en la castaña.
—¿Entonces es sencillo ser asistente, Haruko?
—Sí —la muchacha sonrió—. Y me emociona mucho porque cuando Hanamichi regrese voy a poder estar más cerca de él.
Youhei se sorprendió de lo rápido que la chica se había acostumbrado a la idea de Hanamichi como su novio.
—¿Y qué te parecen los nuevos novatos?
Haruko pensó por un momento.
—Todos parecen hábiles. Creo que serán importantes para el equipo.
Youhei la observó. Y antes de que él interviniera, Haruko continuó:
—Pero… ¿Sabes algo, Youhei?
El muchacho la miró con curiosidad.
—Yo creo que Shohoku será invencible en cuanto Hanamichi regrese.
El pelinegro abrió muy grandes los ojos sin dar crédito a lo que acababa de escuchar.
—¿En serio?
—Sí —Haruko sonrió y dirigió la mirada al chico—. Él siempre ha sido un jugador muy talentoso, y ahora que logró hacer equipo con Rukawa todo será mejor.
Youhei reconoció que su amigo había progresado mucho en varios sentidos. Pero lo sorpresivo para él fue que Haruko lo hubiera notado ya.
Decidió dejar de lado la idea de que el alemán pudiera ser un problema para Hanamichi: Haruko no lo notaría, y parecía muy segura de lo que sentía por el pelirrojo. No había problema, al menos por el momento.
—Oye, Haruko… —Takamiya se emparejó con el pelinegro y la castaña, y continuó— ¿Qué se siente ser novia de una bestia como Hanamichi?
La aludida se ruborizó de súbito. Ya se había acostumbrado a la idea de sus sentimientos por Sakuragi, pero no a que hicieran alusión a la relación que tenía con él.
—No seas imprudente, Gordo —murmuró Noma, jalando a su amigo de una oreja y llevándolo consigo.
El rubor en las mejillas de la chica permaneció, y su vista fija en el suelo también. Hasta que Youhei le habló:
—Tranquila, Haruko —sonrió Mito—. Es raro que seas la novia de Hanamichi. Para todos, de hecho. Pero verás que es un gran muchacho.
Haruko miraba con confianza al mejor amigo de su novio.
—Todos los cambios en su vida han sido por ti.
—¿Qué dices, Youhei?
—Entró al equipo de básquetbol por impresionarte. Se ha vuelto mejor estudiante para enorgullecerte. Y todo lo que ha mejorado ha sido para llegar a ti.
Mito sonrió y Haruko se sorprendió tremendamente. Ella no tenía idea de que Hanamichi había hecho tantas cosas para estar cerca de ella.
—Eres lo mejor que ha pasado por su vida hasta ahora —concluyó Youhei, dejando a Haruko sin palabras que agregar.
x X x
El reloj de pared situado en la sala de espera marcaba las doce treinta cuando el ejército y la novia de Sakuragi entraron en la clínica de rehabilitación.
—Buenas tardes —saludó Youhei a la enfermera del mostrador, fungiendo como vocero del grupo—. Venimos a visitar a Hanamichi Sakuragi.
Takamiya se sonrojó cuando la enfermera lo miró, puesto que era una mujer joven y atractiva.
—Sakuragi no está en su habitación —anunció.
—¿Podemos esperarlo? —preguntó Noma.
—Salió a caminar por la playa. Tal vez logren hallarlo si lo buscan.
Los cinco estudiantes agradecieron, y salieron de la clínica en dirección a la costa.
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Un muchacho pelirrojo se distinguía de pie, observando las olas que se estrellaban contra la costa. Se inclinó hasta alcanzar una piedrita que estaba cerca de él. La lanzó con fuerza al agua y la contempló perderse entre el azul del agua y el blanco de la espuma.
Miró la arena con tristeza.
Escuchó pasos acercándose a donde él estaba. No necesitó mirar para saber de quién se trataba.
—Pensé que no vendrías más por aquí —soltó sin voltear a ver a su nuevo acompañante.
—…
—Las clases empezaron y tú ya dejaste los entrenamientos con la Selección. ¿Qué haces aquí?
Su tono sonó duro.
Rukawa lo miró sin reconocerlo.
No era la primera vez que él pasaba trotando por la playa en donde Sakuragi paseaba durante su rehabilitación. Pero sí era la primera vez que pasaba tan cerca del pelirrojo.
—¿Qué dices? —preguntó Rukawa, ofendido.
—Si vienes a presumir que te seleccionaron, puedes dar media vuelta y regresar por donde llegaste. Yo ya me siento mal sin tu ayuda.
Rukawa se quedó callado por un momento, y luego habló.
—No necesito presumirte nada, Do'aho. Vine a ver cómo estás.
Y dicho, Kaede dio media vuelta y empezó a desandar el camino.
Hanamichi abrió los ojos sin poder creer lo que había escuchado, y por fin volteó en busca del moreno. Lo observó alejándose de espaldas, con ropa de calle y a paso lento. No fue demasiado tarde y lo alcanzó a paso rápido.
—Espera, Rukawa.
Kaede se detuvo y giró sobre sus pies para encararlo.
Hanamichi iba a hablar, pero las palabras no salieron de su boca. En cambio, miró a Rukawa a los ojos. Pero en esa mirada no le reclamaba ni le dirigía odio. Kaede no supo interpretar lo que el pelirrojo intentaba transmitir, pero sí tuvo la certeza de que iba más hacia el lado del pacifismo que al de querer iniciar una pelea.
—No digas nada —pidió Rukawa. Le dirigió una mirada profunda al pelirrojo antes de dar media vuelta y comenzar el camino hacia la salida de la clínica.
Sakuragi lo contempló hasta que se le perdió de vista.
—¡Hanamichi! —escuchó que le llamaban, no bien se había borrado del todo la silueta de Rukawa. El aludido reconoció la voz de inmediato.
—¡Youhei!
Pero, al girarse para saludar a su mejor amigo con la mejor de sus sonrisas, se topó con el dulce rostro de Haruko.
—Haruko… —murmuró poniendo ojos de corazón y con una expresión tonta en el rostro.
—Hola, Hanamichi —la muchacha le dedicaba una sonrisa poco menos que encantadora.
Sin más, Sakuragi se olvidó de la rehabilitación, la playa, la señora Mizuko y de la visita de Rukawa.
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Una chica pelinegra descansaba recostada sobre su cama, dentro de una habitación blanca y sin mucha decoración. Eran las cuatro de la tarde y se sentía muy aburrida. Y tenía una sensación de nostalgia en el cuerpo, producto de su soledad durante los últimos dos días: sus padres estaban fuera de la ciudad y su novio tenía partidos importantes. Resultado: nadie la visitaba.
—Qué mal —soltó en un suspiro. Se incorporó, quedando sentada sobre la cama, y observó las paredes blancas y la cama vacía del otro lado de la habitación.
Escuchó voces acercándose detrás de la puerta cerrada de la habitación, y supuso que se trataba de Hanamichi.
—Me alegro mucho, Hanamichi —dijo una chica cuando la puerta se abrió.
Hikari divisó a su amigo pelirrojo cediendo el paso a una muchacha castaña de ojos azules, mucho más bajita que él.
La pelinegra observó a la chica y la reconoció: la amiga de su compañero de habitación.
—Hola, Hikari —escuchó la voz del pelirrojo, que la saludaba.
—Hola —sonrió la muchacha.
—¿Recuerdas a Haruko? —volvió a hablar Sakuragi. Hikari asintió con un movimiento de cabeza— Bueno… Te la presentaré —agregó el muchacho otra vez, haciendo caso omiso a la respuesta de la muchacha.
—Pero… —iba a objetar, pero el pelirrojo retomó la palabra y llevó a cabo su intención.
—Ella es Haruko Akagi… Mi novia… —un sonrojo que hacía juego con el color de su cabello se apoderó de las mejillas de Hanamichi.
—Yo soy Hikari Tsubasa —sonrió la pelinegra—. Soy amiga de Hanamichi.
—Mucho gusto, Hikari —respondió a su vez la castaña—. ¿Conoces a los muchachos?
Hikari negó con la cabeza.
—Hanamichi, eres un descortés —se quejó Ookusu.
—No te conformas con tener a Haruko, ¿verdad? —continuó Noma.
—Quieres tener a todas las chicas para ti —concluyó Takamiya.
Lo siguiente que se escuchó en la clínica fueron los cuerpos de tres muchachos menores de dieciocho años cayendo al piso.
—Hanamichi, cálmate —Youhei sugería tranquilidad con una gota de sudor resbalando por su cabeza.
—¡¿Cómo quieres que me calme! ¡¡Ésos idiotas se atreven a cuestionar mis sentimientos por Haruko!
Haruko y Hikari contemplaban la escena guardando una distancia prudente, puesto que ambas sabían los alcances que las rabietas de Hanamichi Sakuragi podían tener.
Cuando el pelirrojo finalmente se tranquilizó y los tres miembros del ejército se recuperaron, Youhei se encargó de presentarlos y presentarse él mismo. Y nadie se percató de las miradas que él le dedicaba a la pelinegra amiga de Hanamichi.
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Era sábado por la tarde. Serían casi las seis, y Rukawa estaría en casa, aburrido, viendo televisión o encerrado en su habitación. Pero ese día se le ocurrió salir a caminar, y de pronto se encontró en la entrada de Danny's, acercándose a la barra y pidiendo una hamburguesa con papas…
Se sentó en una mesa arrinconada para que nadie lo molestara, e ingirió su comida. Llevaba suficiente dinero para ver una película, comer otro par de hamburguesas o jugar muchas partidas en la arcadia del centro comercial, pero decidió no hacer alguna de esas cosas. En cambio, se acercó una servilleta del servilletero que habían puesto en su mesa, extrajo un bolígrafo de la bolsa de su pantalón, y empezó a garabatear. Sin darse cuenta cómo, escribió el nombre de Hanamichi Sakuragi… No quería pensar mucho en él, pero le resultaba inevitable. Intentó rememorar: el pelirrojo lucía muy deprimido en la playa. Su mirada dejaba ver la frustración que el estar lesionado le causaba. Y Kaede se sentía terrible por no poder mitigar ese malestar ni un poco. Aunque… Si se fijaba bien, algo en los ojos de Hanamichi cambió cuando él se atrevió a confesarle que había ido expresamente a ver cómo se encontraba. Kaede sintió su mirada sobre él hasta que se encontraban muy lejos uno del otro.
Hacía bastante tiempo que había admitido ante sí mismo que estaba interesado en Hanamichi Sakuragi. Y no le molestaba. Al principio había sido difícil hacerse a la idea de que era gay, pero en ese momento ya no le importaba. Lo que le mortificaba era recordar que Hanamichi nunca le correspondería, y menos ahora, que había logrado que Haruko Akagi saliera con él. Eran novios formales, según había escuchado que Ayako le preguntaba a la misma Haruko. Y sabía que él no podía competir con esa mujer si de Sakuragi se trataba.
Exhaló un suspiro que nadie más que él escuchó. Y de pronto recorrió el lugar con la mirada. Le sorprendió ver que entraban un par de muchachos más o menos de su edad, y más le sorprendió reconocerlos: eran los hermanos Müller, los alemanes que habían llegado a penas ese curso. El chico iba vestido de mezclilla, y sonreía a diestra y siniestra. La hermana miraba muy seria a su alrededor, usaba falda y un suéter oscuro, y no parecía querer hacer contacto visual con alguna persona.
Rukawa vio cómo ambos se acercaron a la barra y ordenaron sus alimentos. Y minutos después se dirigían a una mesa, el chico delante de la chica, él sonriendo y ella seria. Se sentaron uno frente al otro y el muchacho empezó a hablar; la chica asentía de vez en cuando y comía, pero no hablaba mucho.
Después de haber permanecido media hora observando las conductas de ambos, Kaede decidió que quería marcharse a casa, y se levantó de su lugar. La alemana lo notó y le dirigió una mirada profunda desde su mesa, que Rukawa correspondió. El hermano no se dio cuenta de nada y siguió hablando.
Rukawa abandonó Danny's con la mirada que la chica le dedicó: la reconoció porque era la misma que él tenía la mayor parte del tiempo.
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—¡Tadaima! —una voz de mujer gritó desde la entrada de la casa, en tanto se descalzaba.
Serían las ocho de la noche cuando llegó a su hogar, tras haber estado toda la tarde de visita en la habitación de su novio.
Haruko debía reconocer que Youhei, Ookusu, Noma y Takamiya eran muy agradables, y Hikari también. La primera vez que la vio compartiendo la habitación con Hanamichi, se sintió celosa. Pero en ese tiempo ella aún no era su novia, y no podía estar segura de nada. La diferencia era que ahora sí eran pareja oficial, y Hanamichi no sería capaz de fijarse en otra chica.
—Qué bueno que llegas, Haruko —Takenori recibía a su hermana con su gesto serio de siempre—. Ya estaba empezando a preocuparme.
—Gracias, hermano —sonrió la chica—. Estábamos tan bien, que no nos dimos cuenta del paso del tiempo. Pero no te preocupes: Youhei y los chicos me acompañaron hasta aquí.
—Más le vale a ese cabeza hueca que no te exponga a los peligros que actualmente se corren en la calle…
Haruko comprendía la preocupación de su hermano, pero a veces llegaba a exagerar.
—No te preocupes, hermano —lo interrumpió—. Cuando Hanamichi salga de la clínica me acompañará a casa todos los días. Pero los chicos también se preocupan por mí.
La muchacha no dio tiempo a otro reclamo de Takenori, e inició el ascenso a la segunda planta de su hogar.
Nada más entrar a su habitación, cerró la puerta y se despojó de la ropa que había usado toda la tarde, y la sustituyó por un pijama que constaba de una blusita ligera rosa y un pantalón amplio con estampado de cerditos en poses graciosas.
Se tiró en la cama boca arriba y suspiró hondamente. Sonrió sin querer y recordó la expresión sonriente de Hanamichi cuando la presentó como su novia ante Hikari.
Pero sus cavilaciones internas fueron interrumpidas por el sonido de su celular, que descansaba sobre la mesita de noche a la derecha de la cama. Lo buscó a tientas sin abrir los ojos hasta que reconoció el sonido: era el aviso de un mensaje de texto entrante. Revisó:
"Buenas noches. Estoy aburrido. ¿Cómo fue tu día? Espero aún estés despierta. Daisuke."
Sin darse cuenta, Haruko esbozó una sonrisa. Procedió a responder:
"¡Hola! ¿Cómo conseguiste mi número? Me preparo para dormir. Mi día fue maravilloso. Gracias por escribir. Que descanses."
Esperó un minuto y el teléfono le avisó de la llegada de otro mensaje:
"Te dejo descansar. Me alegra que estés bien. Tú descansa también. Cómo conseguí tu número es un secreto."
Haruko entendió que ya no debía responder, y permaneció con la sonrisa dibujada en los labios. Dejó el teléfono sobre la mesita y volvió a tenderse boca arriba en la cama. En menos de diez minutos, el sueño la había vencido, pero no había borrado esa sonrisita de su rostro.
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Notas de la autora:
Como bien dice Khira, las vacaciones suponen más tiempo libre para escribir, pero esta vez no ha sido así. Ahora que he conseguido trabajo (como ayudante de cocinera en un restaurante de comida china y mexicana) mis horarios se han distorsionado y rara vez puedo escribir. Pero me he esmerado y dejé este capítulo poco más largo que los anteriores.
¿Qué les parece cómo van pintando las cosas entre Hanamichi y Kaede? Y luego Daisuke con Haruko… Si hasta el número de celular consiguió… A mí me huele raro. Y qué tal las miraditas de Mitsui hacia Akari. Ustedes dirán qué les va pareciendo la historia.
Por favor, envíen comentarios, que me animan a continuar.
Paso a contestar reviews:
Elena: ¿Qué te parece? Según esto Haruko está muy convencida de lo que siente por su novio. Pero ¿crees que Hanamichi esté muy seguro de que siente por ella? Ya verás tú qué sucede. Gracias por el review.
Miguel: Como siempre, un gusto recibir comentarios tuyos. Aquí, más que cuadrángulo, hay un polígono amoroso muy enredado. Ya verás tú qué irá sucediendo a lo largo de la historia. Estoy planeando tu personaje, que de veras quiero meterte en algún fic mío. No sé si quedarás mejor aquí, en Recuerdos del futuro, o en Quédate conmigo, que es el fic que estoy por subir. Ya habrán noticias pronto. Gracias por el review, y no dejes de leer.
Paulikun: Gracias por leer. Me halaga que pienses que vamos por buen camino. Sí encontraremos varios vuelcos importantes, ya lo descubrirás en capítulos posteriores. Sigue leyendo y dejando reviews, que me animas mucho. Un saludo.
