ENSÉÑAME A QUERERTE

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 5

Eran las diez de la mañana del martes. Seguía la clase de matemáticas para el grupo en el que Haruko, Fujii y Matsui estudiaban. El profesor, muy atractivo ante los ojos de algunas muchachas, era el más atractivo de la plantilla de profesores en la preparatoria Shohoku: alto, cuerpo atlético, sonrisa de actor y personalidad arrebatadora. Era un hombre joven, no aparentaba tener más de treinta años.

Lo raro era que solía ser puntual, pero llevaba ya treinta minutos de retardo.

—¿Le habrá sucedido algo? —preguntó Matsui a sus amigas, poniendo gesto de verdadera preocupación e interrumpiendo la interesante conversación que primero sostenían acerca de la película que verían el viernes después del entrenamiento de básquetbol.

—¿A quién? —siguió Fujii.

—Al maestro Shindaiwa.

Haruko y Fujii la observaron con gesto confundido.

—¿Por qué preguntas?

—Pues lleva ya media hora de retraso… Y él suele ser muy puntual.

Haruko sonrió y Fujii permaneció con el seño fruncido.

—Ya basta, Matsui.

—¿Cómo puedes restarle importancia, Haruko? —se enfadó la muchacha— Puede estar enfermo, o tal vez se cayó por las escaleras al salir de casa esta mañana, o tuvo un accidente en la calle…

—Ya no imagines cosas, Matsui —recomendó Fujii, sonriendo también.

—Lo que pasa es que ustedes no entienden —sostuvo la aludida—. Tú, Haruko, porque sabes que tu novio está en un lugar seguro y no corre peligros. Y tú, Fujii, porque no tienes novio y, por lo visto, tampoco tienes intenciones de conseguir uno. Pero yo estoy sumamente interesada en el maestro Shindaiwa, así que iré a la dirección a tratar de averiguar por qué no está aquí aún.

Matsui se levantó de su lugar y se encaminó a la dirección a paso rápido y firme, y con gesto decidido. Haruko sonrió ante la actitud de su amiga.

—Es divertida. Pero creo que se le pasará.

Al dirigirle la mirada a Fujii, Haruko la notó dolida por un segundo.

—Yo también.

Haruko se percató de la sonrisa medio fingida que su amiga esbozó.

—Oye, Fujii…

—¿Si?

—¿Es cierto lo que dijo Matsui?

Fujii se sonrojó un momento. Y su sonrojo fue acompañado por su silencio forzado.

—¿De qué hablas, Haruko?

—No tienes novio… Y no nos has contado si alguna persona te interesa…

—…

—¿Es que no quieres un novio?

—…

Fujii no contestó. Pero, justo en ese momento y por mera casualidad, fuera del salón de Haruko iba pasando Youhei, con rapidez, y en dirección a los sanitarios. Por supuesto que la muchacha lo notó, y se ruborizó de nueva cuenta.

Pero cuando Haruko notó el rubor Youhei ya había pasado y ella no pudo verlo por ahí. Lo que sí notó fue la reacción de su amiga y la repentina presencia del color rojo en sus mejillas.

—Oye, Fujii…

—¡Haruko!

El grito entusiasta de un estudiante interrumpió la pregunta que Haruko iba a hacerle a Fujii.

—Hola, Daisuke —sonrió la castaña.

En efecto, el chico alemán estaba de pie junto a las dos muchachas.

—¿Qué haces por aquí? ¿No tienes clase?

—No —el muchacho sonrió—. De hecho, pasaba por los salones de segundo y recordé que el tuyo estaba por aquí. Así que vine a invitarte a almorzar conmigo.

Fujii observó el gesto nervioso del chico.

—Pues… Supongo que está bien… —meditó Haruko.

—Yo no puedo quedarme contigo en el almuerzo, Haruko.

—¿Por qué?

—¿No lo recuerdas? Te dije que quiero ver si aún puedo inscribirme en algún club.

—Es cierto, lo olvidé…

—Entonces está dicho: ¿nos vemos para almorzar?

—Bueno… ¿En la entrada del gimnasio?

—¡Perfecto!

Daisuke se despidió de ambas muchachas y abandonó el aula dando saltos de felicidad.

Sólo un par de minutos después, el profesor Shindaiwa apareció por la puerta, quejándose de lo malas conductoras que eran las adolescentes ricas que no sabían arreglar los problemas sin sus padres.

Y, diez minutos después que el profesor, Matsui hizo acto de presencia… Pero fue castigada por llegar aún más tarde que el maestro.

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En efecto, nada más sonar la campana que indicaba la hora del almuerzo, Fujii se disculpó con sus amigas y se dirigió a la dirección, en busca de la lista de horarios disponibles aún en los clubes extracurriculares.

—A ver… —comenzó a leer— Teatro, Danza, Ballet, Pintura, Escultura… Creación Literaria… Redacción… Poesía…

Se detuvo en el último.

No supo por qué, pero los horarios le parecieron muy convenientes y pensó que, de todos modos, podría abandonarlo o cambiarse de club al año siguiente. Así que se apuntó.

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En otro punto de la preparatoria Shohoku, Haruko almorzaba acompañada de Daisuke. El muchacho se mostraba muy entusiasta y atento con ella. Y a ella no le parecía indiferente.

—¿Por qué Matsui se habrá ido tan rápido? —preguntó Haruko en voz alta, llamando la atención del alemán.

—¿Quién?

—Matsui, mi amiga. Siempre almorzamos las tres juntas.

—¿Las tres?

—Fujii, Matsui y yo. Pero justo hoy se les ocurrió abandonarme.

—No pensé que te desagradara mi compañía, Haruko —dijo Daisuke con falsa tragedia.

—No, claro que no, Daisuke. Pero me hubiera gustado que las conocieras.

Ambos se quedaron en silencio unos minutos. Daisuke se sentía nervioso, pero no quería que los nervios desaparecieran. Le gustaban todas las sensaciones que la presencia y la cercanía de Haruko le provocaban.

Haruko, por su parte, estaba disfrutando su almuerzo.

El silencio fue roto por Daisuke.

—Oye, Haruko…

—¿Si?

—Yo he querido… Preguntarte algo…

—¿Qué pasa, Daisuke?

Las manos le sudaban frío. Había querido preguntárselo desde que la conociera, pero no se había atrevido.

—Tú… —Haruko lo miraba fijamente con sus bellos ojos grandes. Había detenido el movimiento de los palillos para prestarle toda su atención. Daisuke se armó de valor y prosiguió— ¿Tú… Tienes novio, Haruko?

Ella sonrió de inmediato.

—Sí.

El muchacho entristeció, pero lo disimuló muy bien. No preguntó más e iba a permanecer en silencio el resto del rato, pero Haruko sí tenía deseos de hablar:

—Se llama Hanamichi Sakuragi y también está en el equipo de básquetbol. Pero ahora es interno en una clínica de rehabilitación porque se lesionó en el último partido del torneo del año pasado. Es un jugador muy talentoso y…

Muy a su pesar, Daisuke escuchó a Haruko enaltecer a su novio durante los quince minutos más que el almuerzo duró. Cuando iban a despedirse, Haruko agregó su colaboración muy personal para incitarlo a no perder el interés en ella… Claro, sin conocer ese interés.

—Hanamichi es un excelente jugador. Pero yo creo que el equipo necesitará jugadores del mismo nivel que él o que Rukawa cuando nuestra generación se gradúe —la chica observó la expresión seria de Daisuke, y la confundió con molestia por no ser tan bueno como ellos, así que lo animó—. Yo pienso que tú serás capitán del equipo cuando Hanamichi y Rukawa se vayan. Eres como era Hanamichi cuando estábamos en primero. Pero también tienes casi tanta destreza como Rukawa. Eres una combinación de ambos, y creo que eso te hace una persona excepcional.

Daisuke, lejos de desanimarse en cuanto al asunto de Haruko, pensó que ella, muy en el fondo, tenía un pequeño interés en él. Así que decidió tratar de ganársela limpiamente.

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La clase de historia de Japón, impartida por el profesor Yamaguchi, era por demás aburrida. De hecho, parecía que él había vivido cada acontecimiento que sus estudiantes revivían en los libros.

Tal hecho ocasionaba que la hora de la salida fuera la más esperada los días que la asignatura tocaba. Y Haruko, Fujii y Matsui no eran la excepción.

—Qué bueno que terminó —sonrió Haruko, estirando los brazos—. Y ahora, para desaburrirme, es hora del entrenamiento.

—Pues sí. Tú puedes —se quejó Matsui—. Pero nosotras no tenemos qué hacer, más que la tarea.

—Yo sí —sonrió Fujii.

—¿Qué dices? —preguntó Matsui.

—¡Sí! —recordó Haruko, de pronto— ¿Encontraste cupo?

—Sí. Me inscribí al club de Poesía.

—¿Poesía? —preguntaron las dos muchachas al unísono.

—¿Tú escribes poesía? —se adelantó Matsui.

—Pues… No... —reconoció la aludida, ruborizándose— Pero siempre me ha gustado leerla.

—Bueno…

A Matsui no le pareció mucho ser la única que no tuviera cosas que hacer después de las clases. Pero ya después pensarían en cómo estar igual que sus amigas. Así, se despidió de ellas y abandonó la escuela.

Haruko también se separó de Fujii, pues tenía que llegar temprano por orden de Ayako. Así que Fujii de repente estuvo sola, y se dirigió al club de Poesía para su primera sesión.

Al entrar al aula la profesora responsable aún no había llegado. Se ubicó en un asiento de la fila más cercana a la puerta. Sólo habían cuatro personas más: tres chicas y un muchacho. Sacó una libreta y un bolígrafo de su maletín, y empezó a garabatear en una hoja del final. Hasta que escuchó que la puerta se abrió. Pero por ella no entró la profesora, sino otro estudiante que, de inmediato, llamó su atención.

—Youhei… —murmuró. Y un rubor se apoderó de su rostro con violencia.

El muchacho no la vio de inmediato, pero al recorrer el aula con la vista, se topó con el rostro de una de las amigas de Haruko. Así que, para no sentirse bicho raro, se aproximó a donde ella estaba sentada, y se ubicó a su izquierda.

—Hola —saludó con una enorme sonrisa.

—Ho-hola… —respondió ella, sin elocuencia.

Mito tomó asiento y acomodó su maletín. Sacó un cuaderno y un bolígrafo y los colocó sobre el pupitre.

—¿Estás inscrita en este club? —preguntó el chico para amenizar el rato.

—Sí.

—¿Te gusta la poesía?

—Sí.

—¿Por qué Matsui no está contigo?

—Yo… No la invité.

Youhei se quedó en silencio, esperando que ella le contara más. Pero, al parecer, Fujii era una chica muy tímida, y no hablaría si no tenía suficiente confianza.

Pero en ese instante la maestra Hirobe, responsable del club, entró al salón y dio por iniciada la primera sesión.

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—Entonces ya sabemos qué es la poesía —concluyó la profesora Hirobe, dando así por terminada la sesión—. Recuerden que mañana repartiré el material con el que trabajaremos durante el curso. No falten.

El reloj marcaba las seis a penas. Quedaba una hora antes de que, oficialmente, la clase finalizara. Youhei había quedado con Hanamichi a las siete, y Fujii deseaba ver a Haruko. Al pelinegro se le ocurrió una idea.

—¿Qué harás ahora?

—¿A qué te refieres?

—Pues… No sé. Yo quedé con Hanamichi a las siete para ir juntos a casa, pero siempre es incómodo ser el mal tercio. Y pensé que tal vez tú habrías quedado con Haruko.

—No fue así… Pero sí me gustaría verla.

—¿Te gustaría acompañarme? Prometo llevarte hasta tu casa después de eso.

—Claro —sonrió Fujii.

Youhei pensó que, después de todo, no sería tan difícil ganar la confianza de la chica que, extrañamente, llamaba un poco su atención.

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Notas de la autora:

Lo sé: mucho tiempo para escribir este capítulo. Pero compréndanme por favor: las vacaciones no fueron lo que yo pensaba, y, sin darme cuenta, en unas horas empieza el nuevo semestre… ¿Qué haré yo?

Como ya tengo mucho sueño, paso a responder reviews:

Elena: Un gusto recibir noticias tuyas. Daisuke no es un acosador enfermo, sólo está medio enamorado. Yo habría intentado conseguir el celular de mi novio antes de que lo fuera para medio acosarlo… Después de todo, es una forma de despertar el interés.

El santo Pegaso: Me siento mal al no cumplir tus deseos de que éste sea un fic no yaoi, pero la verdad es que Hanamichi y Rukawa juntos me parecen una buena combinación. La pareja de Haruko y Sakuragi es linda también, pero después de Trampas del corazón, creo que tendré que hacer algo para reivindicarla antes de concederle el privilegio de devolverle el amor del pelirrojo. Pero te tengo buenas noticias: pronto publicaré un fic no yaoi, en donde las parejas principales serán Haruko y Hanamichi, y Rukawa y un OC. Saludos y besos.

Miguel: Como siempre, todo un honor tener un review tuyo. ¿Verdad que Youhei es el mejor amigo que cualquiera podría desear? Yo pienso que sólo vela por los intereses de Hanamichi. Pero, como podrás notar, a partir de aquí va a descuidar un poco al pelirrojo porque él mismo va a estar ocupado también. Y tú estás consciente, mi querido Miguel, de que el corazón a esa edad es como una esponja. Así que es muy sencillo que te enamores y desenamores en menos de una hora. Aquí voy a dramatizar un poquito más, y Hikari y Youhei no estarán tan libres de líos, ya verás. Respecto a tu personaje… La verdad es que no hallo todavía el modo de introducirte. Pero te prometo hacer lo posible por encajarte en los próximos capítulos, porque, en efecto, te tenía planeado el papel de catalizador, y debes tener relevancia en la historia. Y, como verás, ya continué Trampas del corazón, y sigo trabajando ahí. Un beso.

Fenrir182: Pues no hay tanto yaoi como en otros fics, pero confieso que no puedo despegarme la idea de Rukawa y Sakuragi juntos (tal vez es un fetiche o estoy enferma de la cabeza). Pero pronto publicaré una nueva historia (Quédate conmigo) en donde no habrá yaoi. Sigue leyendo. Te mando un abrazo.

P. D. No sé si el nombre Shindaiwa será japonés, pero a mí sí me lo pareció. De cualquier modo, es una marca de maquinaria para jardinería que mis profesores usan mucho.