ENSÉÑAME A QUERERTE
Por Haruko Sakuragi
CAPÍTULO 8
La mañana había llegado soleada y muy clara. En una casa muy bonita y recién ocupada por la familia que ahora estaba ahí, se escuchaban gritos y llamados de atención:
—¡Rápido, rápido, rápido! —era la voz de una mujer. En realidad era una señora que aún se conservaba joven. Caminaba de un alado al otro de la estancia en busca de algo, en tanto apuraba a los dos hombres que todavía no bajaban de la planta alta.
—¿Qué buscas, cariño? —un hombre, en apariencia contemporáneo de la mujer, se aproximaba en tanto se acomodaba el cuello de la camisa.
—No encuentro mi bolso.
El señor recorrió la estancia con la mirada y camino hacia el mueble del televisor.
—Toma, cariño.
—Gracias —la señora le dedicó una sonrisa cálida al hombre, y luego gritó— ¡Ginji, apresúrate que se hace tarde!
—¡Ya voy! —se escuchó la voz de un muchacho.
Un minuto más tarde, a toda carrera, Ginji bajó la escalera aún guardando la cámara fotográfica en el maletín.
—A Hanamichi le alegrará verlos —sonrió el muchacho, imaginando el rostro de su primo al recibirlos esa mañana.
—Pues no lo vamos a hacer esperar —añadió el padre, asegurándose de que toda su familia estuviera ya en el auto, e iniciando la marcha hacia la clínica.
x X x
La puerta de una bonita casa de dos plantas se abrió. De ella salió un muchacho de cabello negro y lacio, y con una expresión pensativa en el rostro.
Tras cerrar la puerta, inició el camino hacia el centro.
—¡No tardes mucho! —escuchó una voz de mujer que le gritaba. Se giró para encararla, y desde su posición distinguió a su hermana menor sacando medio cuerpo por una de las ventanas de la planta alta, y despidiéndose con la mano.
El chico esbozó una sonrisa y devolvió el saludo. Luego retomó su camino con las manos dentro de las bolsas del pantalón.
Caminó casi cuarenta minutos, sólo siguiendo el rumbo que le marcaban sus pasos. Llegó al centro comercial, y empezó a recorrer escaparates, entró y salió de las tiendas y, finalmente, se sentó en el área de comida, aunque no tenía planeado comer.
Lo cierto era que su pensamiento se había quedado en la habitación de su amigo el día anterior, más específicamente, en la conversación que tuvo con Hikari.
—Adelante —escuchó una voz de mujer. Supuso de quién se trataba.
—¿Hanamichi? —entró, buscando a su amigo y rogando por no tener que estar a solas con esa chica.
—Hola… Youhei, ¿cierto?
Sonrió con nerviosismo al darse cuenta de que ella lo recordaba.
—Vengo a visitar a Hanamichi.
—Él acaba de salir.
—¿En serio?
—Sí. Otro chico vino a visitarlo, y ambos fueron a comprar algo para comer.
Se molestó de momento al no saber quién se le había podido haber adelantado. Pero pensó que aquello era una buena oportunidad para conversar con la chica que le había gustado desde el primer momento que la vio.
—Tú…
—¿Uhm?
—… —Youhei no supo cómo seguir, pero, al verla acicalarse y sonreírse frente aun espejo de mano, atinó a preguntar— ¿Vas a salir?
Notó que Hikari lo miraba entre sorprendida y confundida. Hasta que, finalemente, la escuchó responder:
—Sí. Mi novio vendrá a visitarme.
Youhei se pasmó cuando escuchó "mi novio".
Mi novio, mi novio, mi novio…
Mi novio, mi novio, mi novio…
Mi novio, mi novio, mi novio…
—¿Tienes novio?
Y, muy a su pesar, vio cómo a la muchacha se le iluminaba el rostro, la sonrisa se le amplió y suspiró.
—Sí.
Mi novio, mi novio, mi novio…
Mi novio, mi novio, mi novio…
Mi novio, mi novio, mi novio…
Pero, no conforme con la respuesta inicial, la muchacha quiso poner un poco más de sal en la llaga:
—Estudia la universidad, pero su verdadera pasión es el deporte. Es un gran pitcher, y siempre me enseña cosas nuevas acerca del béisbol.
Mi novio, mi novio, mi novio…
Mi novio, mi novio, mi novio…
—¡Youhei! —la voz de Hanamichi los interrumpió, para alivio de Mito— ¿Qué haces aquí?
—Ha-Hanamichi… ¿Cómo estás?
Después de eso, Youhei intentó concentrarse en la visita que le hacía a su amigo después de varios días sin verlo. Pero la verdad era que la frase Mi novio permaneció dándole vueltas en la cabeza, y sonaba tal como la voz de Hikari lo había pronunciado.
Suspiró y cerró los ojos.
Ahora entendía un poco a Hanamichi.
x X x
Una tonadilla conocida se escuchó en el interior del lugar, acompañada de movimientos vibratorios muy constantes. La chica se sobresaltó de momento, para luego comenzar a buscar el aparato móvil en el interior de su bolso.
—¿Diga? —respondió.
—Hola, Fujii.
—¡Haruko! —reconoció la voz de su amiga— ¿Cómo estás?
—Ya he mejorado. Pero mi hermano insiste en que aún no puedo salir de casa.
Fujii entristeció un segundo. Los domingos eran los días que ella, Haruko y Matsui destinaban para recorrer el centro, hacer compras e ir al cine. Y ese domingo ella acababa de llegar al sitio donde siempre se encontraban.
—Comprendo.
—¿Matsui está contigo?
—No. Yo iba a llamarlas en este momento.
—¿Para qué?
—Es que ni siquiera he salido de casa —mintió—. Voy retrasada.
—Oh… Entonces no te preocupes. Yo llamo a Matsui y le aviso, ¿si?
—De acuerdo. Gracias, Haruko. Y descansa mucho.
—Sí.
Fujii cortó la comunicación y guardó el teléfono en la bolsa del pantalón.
Suspiró al recorrer el lugar con la vista. Era muy grande, pero siempre resultaba divertido con sus amigas. Matsui aún no llegaba, y ella había salido intencionalmente, para ser la primera y elegir la película que verían ese día.
—Será mejor que vuelva a casa —se dijo a sí misma.
Pero, al pasar cerca del área de comida, divisó a un muchacho que le pareció conocido. Se detuvo y lo observó: vestía una chaqueta verde desabotonada, playera blanca y pantalón de mezclilla. De lejos se parecía mucho a Youhei, pero se le hizo imposible que estuviera solo. Aunque eran muy parecidos… ¿Sería Youhei?
x X x
Abrió los ojos un par de segundos después. Le pareció tonto estar ahí solo, lamentándose y sin bromear con sus amigos. De seguro ellos estarían llamando a su casa para hallarlo e invitarlo a vagar.
Pensó en que no sería bueno tomar una decisión en ese momento, y paseó sus ojos por el lugar. A lo lejos, mirándolo fijamente, había una muchacha vestida de pantalón de mezclilla, playera blanca y zapatos deportivos, con una bolsita del mismo material del pantalón. Tenía el cabello castaño y le pareció familiar. Aunque era muy bonita desde su posición, y no la ubicó de inmediato. Continuó observándola y le pareció ver a Fujii, pero vestida así no estaba seguro. Aunque, si la imaginaba enfundada con el uniforme de Shohoku…
—Fujii —pronunció con una sonrisa. Lucía muy bonita.
La chica notó que él le devolvía la mirada y se ruborizó. Acto seguido, intentó retomar su camino.
—¡Fujii! —llamó Youhei más fuerte para impedir que se marchara. Ella se detuvo y lo miró de nuevo, hasta que empezó a caminar hacia él.
El chico la alcanzó a medio camino.
—Hola —saludó él con una enorme sonrisa.
—Hola, Youhei —ella sonrió también, pero tímida.
—¿Por qué te marchabas?
—Es que… La verdad es que desde lejos no te reconocí muy bien, por eso me detuve a mirarte. Y pensé que no me habías visto.
—Claro que te vi. Sin el uniforme te ves muy diferente.
Fujii se ruborizó otra vez.
—No me malentiendas —se disculpó Youhei, creyendo que la había ofendido—. Es que hoy te ves muy bonita…
Ambos muchachos se quedaron callados, Fujii más ruborizada que Youhei.
—Y… ¿Qué haces aquí? —Youhei rompió el silencio.
—Pues… Quedé de ver a mis amigas, pero Haruko llamó y dijo que no vendrán.
—Oh, sí. Ella está enferma todavía.
Comenzaron a caminar hacia la mesa en donde el muchacho estaba antes de saludarse. Se sentaron nuevamente y Fujii continuó:
—Dijo que ya está mejor, pero su hermano todavía no la deja salir.
—Claro, Akagi es muy sobreprotector con ella.
Fujii rió sigilosamente ante el atinado comentario.
—¿Y se ven cada domingo?
—Sí. Siempre paseamos o hacemos compras. Hoy íbamos a ver una película.
—¿En serio?
—Sí. La que llegara primero iba a elegirla.
—Y supongo que llegaste primero tú.
—Sí. Pero le mentí a Haruko y le dije que no había salido de casa todavía, para que no se sintiera mal.
Youhei, que aún tenía las manos en los bolsillos, trató de contar su dinero. Calculó que tenía lo suficiente como para una película y un refresco, así que se le ocurrió algo:
—¿Qué te parece si vamos tú y yo al cine?
Fujii enrojeció de súbito.
—¿Qué dices?
—Yo no sabía qué hacer aquí, pero ahora que nos encontramos podemos ver esa película que te dejaré elegir. ¿Qué dices?
—Bueno… Está bien.
Youhei se levantó de su silla y Fujii lo imitó. Se dirigieron al nuevo destino que recién habían improvisado.
x X x
Estaba sumamente nervioso. No había tenido al gusto de conocer al capitán Akagi, pero había escuchado muchos rumores que corrían en el equipo. Tenía mucho miedo del enorme Gorila que le habían descrito como el hermano mayor de la dulce Haruko, pero eso no iba a impedir que él la visitara cuando estaba enferma por culpa suya.
Tocó el timbre un par de veces, y esperó que alguien abriera.
Sólo un par de segundos después, la puerta se abrió y una enorme réplica de King Kong se apareció frente a él.
—¿Qué quieres? —pronunció el gigante con cara de pocos amigos.
—Ho-hola… Soy Daisuke Müller y vine a ver a Haruko…
Akagi lo miró con cara de impaciencia, y Daisuke creyó que podía leer sus intenciones.
—Es que… supe que está enferma y quiero asegurarme de que está mejorando.
Akagi siguió mirándolo. El chico parecía buena persona, pero algo había que le parecía familiar…
—Ella no está.
—¿Qué?
—Lo que oíste. Fue a visitar a su novio.
Daisuke sintió un enorme yunque que caía sobre su cabeza.
Akagi cerró la puerta sin esperar más. El chico se sintió muy triste.
Sin embargo, dentro de la puerta, el antiguo capitán determinó una conclusión de suma importancia:
—Ese mocoso se parece al idiota de Sakuragi.
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Una pareja recorría la orilla de la playa. La chica había rodeado el brazo de su enorme novio con sus manos, y se apoyaba en él para caminar a su lado.
Conversaban mientras daban su paseo:
—Me siento algo culpable.
—¿Por qué?
—Es que les mentí a las chicas.
—¿Cómo?
Hanamichi no creía que Haruko fuera capaz de mentirles a sus amigas.
—Pues le dije que mi hermano no me dejaba salir de casa, y me escapé para visitarte.
Hanamichi la miró recargar la cabeza en su brazo.
—¿No podías decirles que venías a visitarme?
—Es que… Nos vemos cada domingo desde que nos conocimos. No se me hizo justo que supieran que prefería venir a visitarte.
—Entonces hubieras salido con ellas.
Haruko se detuvo y dirigió su mirada azul hacia los ojos de su novio.
—¿Crees que prefería ir al cine con Fujii y Matsui que pasar el día contigo?
El pelirrojo encogió los hombros.
—Hanamichi… Hacía varios días que no estábamos juntos. Y hoy cumplimos un mes desde que empezamos a salir.
El pelirrojo no había caído en cuenta de la fecha. Sin embargo, se sintió muy afortunado al tener a una mujer como Haruko a su lado.
Al no ser experto en demostrar sus sentimientos, Hanamichi prefirió cambiar de tema:
—Tuve una visita esta mañana.
—¿Sí?
—Mis tíos y mi primo vinieron a vivir a Kanagawa. Mi tía es hermana gemela de mi madre, y mi primo es un bicho muy molesto, pero estoy seguro de que agradará conocerlo.
Ambos continuaron paseando por la playa hasta que el sol se ocultó.
Haruko se percató del mensaje que Daisuke le había enviado hasta muy tarde, cuando había oscurecido y ella volvía a casa:
Fui a visitarte. Espero que estés mucho mejor.
No entendió por qué una ligera molestia se apoderó de su conciencia.
x X x
Notas de la autora:
¿Qué les parece cómo van las cosas entre Fujii y Youhei? Nada de Ayako y Ryouta, ni Mitsui y Akari en este capítulo, pero sí una linda escena de Hanamichi con Haruko.
A contestar reviews:
Shadir: Este capítulo igual interesante. Y creo que más o menos largo. Sigue leyendo. Besos.
Miguel: Aquí no tuviste mucha participación, pero ya ves… Para la próxima aparecerás más. Saludos.
Gabi: Gracias por el review. Espero que el capítulo sea de tu agrado y continúes leyendo. Besos y abrazos.
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