ENSÉÑAME A QUERERTE

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 9

—Es una lástima que no pudieras salir ayer, Haruko —dijo Matsui. Estaba en el salón de clases comiendo el almuerzo con sus amigas.

—Lo siento mucho, chicas…

—Yo tenía muchas ganas de ver esa película.

Haruko permaneció en silencio, pues no quería seguir mintiendo. Se sentía muy culpable.

—Y Fujii también, por lo que había dicho. ¿No, Fujii?

Pero Fujii no respondió.

—¿Ahora qué le pasa? —Matsui y Haruko la miraban ingerir su almuerzo sin hablar, y aún con algo de rubor en las mejillas.

—Fujii —llamó Haruko.

—Fujii… —volvió a llamar Matsui.

Pero la chica no respondía: literalmente, estaba en otro mundo.

—Ya basta. Si quiero que me ignoren, voy a mi casa —determinó Matsui. Y, tras guardar lo que quedaba de su almuerzo en su obento, salió del salón sin despedirse.

Haruko se le quedó mirando a su amiga, y de tan insistente mirada sobre ella, Fujii salió de su ensimismamiento.

—¿Y Matsui?

—Se fue —informó Haruko—. ¿Qué te pasa, Fujii?

—¿A qué te refieres?

—A que has estado muy extraña desde hace tiempo.

Fujii se avergonzó de que su amiga la descubriera.

—¿Qué te pasó ayer?

Haruko hablaba al azar, pero le pareció que había dado en el clavo cuando vio la expresión del rostro de su amiga.

—Ayer fuiste al centro, ¿cierto?

Fujii asintió, y prosiguió a explicar:

—Me encontré con Youhei. Y fuimos a ver la película.

—¿Pero salir con Youhei te tiene distraída? No entiendo por qué. A menos que…

Haruko observó con detenimiento a la chica de cabello corto que tenía frente a ella. Nunca, desde que se conocían, había tenido conocimiento de si algún muchacho le interesaba.

—¿Te gusta Youhei? —preguntó sin tacto.

Y el silencio de Fujii corroboró sus sospechas.

—¡Qué bien! —sonrió Haruko— ¿Te das cuenta, Fujii? Ahora que Hanamichi salga de la clínica podremos salir en grupo y todo.

—Youhei está interesado en otra chica —interrumpió Fujii. Haruko borró su sonrisa y comprendió las constantes distracciones de su amiga.

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—Nada más me faltaba que mis amigas me ignoren. Si eso quisiera, puedo ir a casa y pararme frente a mamá o a papá. Es el colmo. Si yo sé que Haruko y Fujii son distraídas, pero que me ignoren mientras comemos… No lo puedo tolerar.

Entre su soliloquio, Matsui llegó al prado en el que a veces almorzaba con sus amigas. Se sentó en el pasto y volvió a destapar su comida. Reinició la ingestión de sus alimentos. Pero antes de dar el segundo bocado, el hambre se le quitó y dejó el resto a un lado, se cruzó de brazos y siguió hablando sola.

—Después de que me cancelan a última hora… Ingratas…

Dejó de refunfuñar porque notó una sombra más o menos grande tapándole el sol.

—¿Qué quieres? —levantó el rostro para ver quién estaba haciéndole la compañía que ella no quería.

—Sólo me preguntaba si vas a comerte todo eso —un chico gordo de gafas señalaba el obento que había dejado olvidado a su derecha.

—Pues… No lo creo… Se me quitó el hambre.

—¡Genial! —exclamó el muchacho, y recogió el almuerzo que Matsui ya no iba a comer.

—¡Oye! —exclamó Matsui al notar que el gordo comenzaba a comer sin esperar a que ella se lo autorizara.

—¿Qué quieres? —respondió el chico sin dejar de comer.

—¡¿Por qué te comes mi almuerzo?!

—Tú dijiste que ya no lo harías, y no es bueno que la comida se desperdicie.

—Lo sé, pero es mío.

—Ya no —el muchacho le sonrió y continuó comiendo.

—Un momento… —Matsui se rascó la barbilla— Tú eres el amigo de Sakuragi, ¿verdad? Eres el Gordo que siempre está comiendo.

—Me llamo Takamiya.

—No me importa cómo te llames. ¡¡Devuélveme eso!!

—¡No!

Mientras Matsui discutía, Takamiya comía. Para cuando el Gordo devolvió el obento a su dueña, ya no había comida.

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En el aula del grupo 2-10, se habían formado grupos de amigos que almorzaban en compañía mutua. Algunas chicas murmuraban mientras contemplaban a un muchacho muy guapo dormir tranquilamente. Otros chicos se reían de él. Otros ni siquiera lo tomaban en cuenta.

Algunos notaron cuando una chica de cabello rojizo y ojos verdes entraba al salón, sin mirar a los demás, y con mucha determinación se dirigió al lugar en el que Kaede Rukawa dormía.

—Rukawa… —lo llamó, pero sin éxito: el chico sólo se reacomodó sobre el pupitre.

Al notar el fracaso en el primer intento, los que la miraban volvieron a lo que hacían antes de verla llegar. Eso la animó a intentarlo por segunda vez, sin ser blanco de las miradas ajenas.

—Rukawa…

Pero Kaede no parecía tener intenciones de despertar.

—Rukawa —habló con mayor autoridad. Y esa vez pareció funcionar.

—Mmmm… —murmuró el muchacho en tanto se medio incorporaba— Eres tú…

Ella se molestó al saberse subestimada.

—Akari Müller, por si ya lo olvidaste. Soy tu compañera de biología.

—Oh, sí.

—Vengo por ti para que comencemos a trabajar en el proyecto.

—¿Proyecto?

—Sí. Del que depende media calificación. ¿Ya lo olvidaste?

Rukawa se le quedó mirando con expresión de no saber de qué hablaba, pero luego dijo:

—¿Y qué quieres?

Akari se llevó una mano a la frente, cerró los ojos y negó con la cabeza. Kaede Rukawa era imbécil, o le salía muy bien parecerlo.

—Pues no estamos almorzando, así que pensé que podríamos aprovechar el tiempo en la biblioteca adelantando con el trabajo.

Rukawa continuó mirándola sin expresión. No pensaba hacer algo más en el almuerzo que dormir, pero Akari no parecía querer declarársele ni algo similar, así que decidió confiar en lo que decía: irían a la biblioteca y adelantarían con el proyecto de biología.

—Pues vamos —decidió, y se levantó

Caminaron uno junto al otro hasta entrar a la biblioteca. Era un edificio de cinco pisos, y ellos subieron hasta el último para no ser molestados. Akari buscó dos voluminosos libros y los llevó a la mesa en donde Rukawa la esperaba.

—Al menos no te quedaste dormido en cuanto llegamos —sonrió. Rukawa la miró con cara de pocos amigos.

—¿Qué debemos hacer? —preguntó de inmediato.

—¿No sabes en qué consiste este trabajo? —se sobresaltó Akari. Habían dejado pasar ya una semana desde que el profesor les había asignado la tarea, y supuso que Rukawa la tendría presente.

El chico negó con la cabeza.

—Pues… —Akari sacó una hoja doblada de la bolsita de su saco, la desdobló y se la mostró al muchacho— Hay que cubrir todo el programa del semestre y presentarlo al final, de manera sencilla y para que cualquiera pueda comprenderlo.

—¿Eso? —Kaede no se inmutó.

—Sí. Eso —la chica esperaba alguna reacción de su compañero.

—Pues me avisas cuando termines —sentenció Rukawa y se levantó del asiento dispuesto a volver a dormir al aula de la que la alemana lo había sacado.

—¿Qué? —la chica parpadeó, pero luego reaccionó y se le paró enfrente al muchacho— Ni lo sueñes —advirtió.

—¿De qué hablas?

—Es un trabajo de ambos, así que ambos vamos a trabajar.

—Yo voy a dormir.

—No. Así que vuelve a sentarte y empecemos.

Rukawa le dirigió una mirada asesina marca Akagi, pero no funcionó. Viéndose sin salida, regresó a su antiguo asiento, tomó uno de los volúmenes y empezó a trabajar.

Akari lo imitó.

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Un muchachito de cabello negro y ojos castaños caminaba con cautela. Era su primer día de clases, y se le había facilitado adaptarse al ritmo de trabajo que percibió, pero durante el almuerzo él tenía otros planes además de comer.

—Llegamos a los salones de segundo —murmuró, como si narrara para un documental.

Comenzó a recorrer el pasillo, siendo objeto de las miradas de algunos chicos y otras tantas chicas.

—¿Por qué no le pregunté a Hanamichi en qué grupo va? —se lamentó.

Continuó su camino, cámara en mano, y sintiéndose muy nervioso. No conocía a muchas personas en la preparatoria, y en tan sólo medio día de clases era imposible hacerse de amigos que le pudieran acompañar en sus aventurillas.

—¡Ginji! —escuchó una voz que le pareció familiar.

Volteó el rostro en todas direcciones, intentando ubicar al hombre que lo identificaba.

—¡Youhei! —sonrió y corrió hasta donde el chico mayor se encontraba: recargado en el marco de la puerta de un salón, con el resto del ejército rodeándolo.

—¿Quién es él? —escuchó que un moreno de bigote preguntaba en voz baja.

—Hola, Youhei —saludó Ginji en cuanto estuvo frente al chico.

—Hola. Veo que ya estás conociendo la escuela.

Ginji asintió con un movimiento de cabeza.

—Ven conmigo —pidió Youhei—. Te presentaré a los chicos.

Ginji lo siguió aún con la cámara al frente. Se detuvieron a cuatro o cinco pasos, frente a otros tres muchachos que lo miraban con desconfianza.

—Chicos, quiero presentarles a este niño.

—¡Oye! —se quejó el ofendido. Youhei sólo sonrió con picardía.

—Él es Ginji Miyabara y recién lo transfirieron desde China. Está en primero.

—¿Desde China? —repitió Ookusu.

—Sí. El trabajo de mi papá estaba allá, pero lo retransfirieron y volvimos a Japón.

—¿Y qué tiene que ver él con nosotros, Youhei? —susurró Noma al oído de su amigo.

—Es primo de Hanamichi.

Los tres muchachos lo observaron de pies a cabeza con suma meticulosidad. Luego de varios segundos, determinaron que en lo único que Hanamichi y Ginji se parecían era en el color de los ojos.

—Ellos son Ookusu, Noma y Takamiya. Los cuatro somos amigos de Hanamichi.

—¿Más amigos de Hanamichi? —repitió Ginji sin creerlo del todo.

—Nosotros tres lo conocimos en la secundaria —confesó Ookusu.

—Eso lo explica todo —sonrió Ginji, recordando que al único amigo de Hanamichi que él había conocido era Youhei Mito.

—¿Qué haces por aquí, Ginji? —la pregunta de Mito lo sacó de sus pensamientos.

—Estaba buscando a… La novia de Hanamichi. Quería tomarle una fotografía para regalársela a mi primo. Pero cuando llegué a esta parte del edificio recordé que no siquiera sé en qué grupo está.

Youhei y el resto del ejército estalló en risas, y Ginji se ruborizó de súbito al comprender lo tonta que había sonado su confesión.

—No te preocupes —dijo Youhei, secándose lagrimitas que querían salir de sus ojoso por el esfuerzo—. Yo te llevo.

Ginji olvidó de momento el enojo y la vergüenza, y sonrió otra vez.

Caminaron cuatro puertas más al fondo del pasillo, y Youhei indicó:

—Éste es su salón —se asomó y la ubicó sentada frente a Fujii. Ambas conversaban, pero la segunda se veía triste—. Ahí está ella —señaló.

Ginji se asomó también, y divisó a una chica muy bonita, a su parecer.

—¡Entonces no me mintieron! ¡Hanamichi tiene una novia bonita de verdad!

—Te la voy a presentar —decidió Mito—. ¡Haruko! —llamó.

De inmediato, tanto la aludida como su amiga voltearon y lo reconocieron. Haruko le sonrió, y Fujii se ruborizó.

Las dos chicas abandonaron sus asientos y salieron del aula.

—Hola, Youhei —saludó Haruko con una sonrisa.

—Hola —murmuró Fujii, con la vista hacia abajo.

—Hola, chicas. Hemos venido porque quiero presentarles a alguien: él es Ginji Miyabara.

—¿Eres el primo de Hanamichi? —se adelantó Haruko, suponiendo quién era el muchachito.

—S-sí… —Ginji se sintió intimidado ante la euforia que la muchacha demostraba.

—¡Me da mucho gusto conocerte! —estrechó su mano con entusiasmo, zarandeándolo un poco en el proceso— Hanamichi me ha hablado de ti. Yo soy su novia, ¿te ha contado sobre mí?

—Sí… Sí me ha hablado mucho de ti.

—¡¿En serio?!

Haruko se entusiasmó más todavía, y siguió conversando con el chico como si sus amigos no estuvieran ahí. Youhei observó a Fujii de reojo. Lucía distinta al día anterior, pero no era la ropa: parecía triste.

—¿Qué tienes?

—¿De qué hablas? —la chica se sobresaltó y se ruborizó otra vez.

—¿Te molestó algo ayer?

—¡No! Claro que no. Todo ayer fue muy lindo, Youhei.

Fujii le dedicó una sonrisa amable, y el muchacho no tuvo otra opción más que corresponderla.

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—No puedo creer que me hayan obligado a pasar toda la hora del almuerzo en la biblioteca —se quejaba Mitsui. Caminaba delante de Ryouta y Ayako, que lo habían arrastrado hasta el edificio casi a golpes.

—El examen de Literatura es mañana, y tú no tienes ni la menor idea de lo que hemos visto en lo que va del semestre —regañó Ayako.

—Tienes mucha suerte de que te hayan asignado al mismo grupo en el que estamos nosotros —dictó Miyagi—. Verás que esta vez sí apruebas, Mitsui.

—Pero es que hoy no pude desayunar en casa —suspiró Mitsui—. Y ustedes no me dejaron salir a comprar algo a la cafetería.

—Bueno… —comenzó Ayako— ¿Qué te parece si tú devuelves estos libros a donde les corresponde, y nos alcanzas en el salón?

—Y allá te esperamos con algo de comer —completó Miyagi—. Ya casi termina la hora y no vamos a tener tiempo de hacer una cosa después de la otra.

—Está bien —accedió Hisashi de mala gana.

Ayako y Ryouta descendieron las escaleras, y Mitsui pudo verlos desde la ventana abandonar la biblioteca. Él subió hasta el último piso con los tres libros que habían estado usando recién. Se acercó al carrito en el que debía depositarlos y pensó que por fin comería algo. Pero se le olvidó todo de repente cuando sus ojos se toparon con una escena poco usual: Kaede Rukawa parecía resumir un texto frente a otra chica. La chica era Akari Müller, y ambos intercambiaban comentarios de vez en cuando.

—¿Qué le pasa a ese novato? —se preguntó frunciendo el entrecejo.

De pronto notó cómo Akari despegaba los ojos del libro y estiraba los brazos, seguramente cansada de haber estado trabajando toda la hora del almuerzo. Cuando recobró su posición inicial, la muchacha dirigió su mirada hacia el tirador de triples, y él antes de pensarlo ya le estaba sonriendo y la saludaba con la mano. Akari lo miró con desconfianza primero, pero luego una sonrisita casi imperceptible se dibujó en sus labios. Pronto ya estaba correspondiendo al saludo con suma timidez.

Mitsui se sintió tan feliz de que uno de sus gestos hubiera sido correspondido por fin, que se olvidó de la presencia de Rukawa y abandonó la biblioteca con una sonrisa.

Cuando Akari se dio cuenta de lo que acababa de suceder, sintió la pesada mirada de Kaede Rukawa sobre ella.

—¿Le estabas coqueteando a Mitsui? —preguntó de súbito el chico de ojos azules.

Akari enrojeció con violencia.

—Ya vámonos, que la clase empieza en cinco minutos.

Y, sin esperar el consentimiento de su compañero, la chica empezó a recoger sus cosas. Rukawa la imitó, pero ella no se dio cuenta de que, de un modo muy extraño, al zorro comenzaba a simpatizarle.

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Notas de la autora:

Dos capítulos sin mucho intervalo de tiempo entre cada uno… Me siento muy bien al respecto.

¿La mala noticia? Sigo enferma.

¿La buena? ¡Ya volví a la escuela!

Paso a responder reviews con suma velocidad, porque tengo clase en cinco minutos.

Shadir: Muchas hormonas, en efecto. Espero que te guste el nuevo capi, y que sigas dejando muchos reviews. P. D. Kaede no hibernará.

Miguel: Como ves, en este capi sí saliste. ¡¡Y por fin conociste a Haruko!! Como ves, la gundam de Hanamichi te acepta, y sólo falta que conozcas a Daisuke. Será algo divertido. No dejes de leer, y sigue escribiendo reviews tan significativos como siempre. Besos.