ENSÉÑAME A QUERERTE
Por Haruko Sakuragi
CAPÍTULO 12
Sábado, domingo, lunes y martes se habían ido volando. Cuando Haruko vino a darse cuenta, estaba camino a la clínica, ansiosa por ser ella quien acompañara a Hanamichi a casa una vez dado de alta.
Ni siquiera le había importado saltarse sus dos últimas clases ni faltar al entrenamiento: estaba feliz de que su novio por fin volvería a la escuela, lo que significaba que, dentro de poco tiempo, también volvería al equipo de básquetbol para hacer más fuerte a Shohoku.
—Su mamá trabaja hasta tarde hoy —se dijo en voz alta con una sonrisa. No había sido presentada con su suegra todavía, pero a veces la señora Sakuragi llamaba al pelirrojo por teléfono estando la muchacha presente. Y a ella le emocionaba que Hanamichi no le ocultara a su madre la existencia de una novia.
Su corazón latió más fuerte cuanto más cerca estaba de la clínica. Cuando la divisó muy cercana se detuvo un segundo, aspiró profundo y sonrió. Entró y la enfermera en recepción la saludó con una sonrisa: ya la conocía. Haruko hizo con una ligera reverencia y se encaminó a la habitación que el pelirrojo compartía con Hikari. Llamó a la puerta y fue la voz de Hanamichi la que le indicó que podía acceder.
—Hola —saludó. El pelirrojo la miró sorprendido y sonrió.
—¡Haruko! —y de un paso estaba frente a ella abrazándola con fuerza— Creí que hoy estarías en el entrenamiento.
—Te dije que quería acompañarte a casa, ¿no?
—Y yo te dije que Youhei vendría. No tenías que faltar por mí.
—Lo hago con gusto, Hanamichi —ahora fue ella quien lo abrazó con mucha fuerza: nadie era tan importante como él.
—Gracias, Haruko —el pelirrojo no tenía palabras: ¿qué fue eso tan bueno que hizo para merecer una novia como Haruko? No tenía la menor idea, pero estaba eternamente agradecido con quien hubiera decidido que fuera así.
Hanamichi tomó su valija y Haruko sujetó una bolsa donde él llevaba un suéter y algunos objetos de aseo personal, y ambos emprendieron el camino hacia la salida de la clínica. Tal vez en el camino encontrarían a Youhei.
x X x
Ayako caminaba enérgica por el pasillo. Acababa de salir del vestidor y se dirigía al gimnasio lista para el entrenamiento de ese día. Según había escuchado comentar a Youhei Mito, lo que posteriormente Haruko le confirmó, Hanamichi Sakuragi había vuelto a la escuela desde hacía algunos días, y esa tarde iría a presenciar el entrenamiento, aunque no podría participar activamente con ellos. Y el hecho la animaba mucho, pero sólo recordar aquello… Le daban calosfríos y muchas ganas de gritar.
En cuanto llegó al gimnasio, rápidamente recorrió el perímetro con la mirada. Hanamichi, efectivamente, estaba en una de las esquinas, con la mirada ligeramente triste pero dirigiéndole una sonrisa a su amigo Ryouta Miyagi… Y en ese instante una alarma sonó en la cabeza de la entrenadora. Así que, a paso rápido, se dirigió al lugar en donde los dos muchachos platicaban.
—¿Es en serio? —escuchó que Hanamichi preguntaba. Eso fue suficiente para indicarle que debía intervenir.
—Sí, Hanamichi. Te lo juro.
Miyagi sonreía y parecía muy satisfecho con que su amigo se hubiera enterado de "aquello". Ayako se sintió furiosa y no pensó dos veces para dejar que su abanico de papel cayera sobre la cabeza de su compañero de clases y nuevo capitán.
—¡Qué te pasa! —gritó Ryouta, más por instinto que porque el golpe le hubiera dolido realmente.
—¡¿Cómo que qué me pasa?! —gritó Ayako, enfadada.
Miyagi se percató de que había sido ella la responsable del golpe, y bajó el tono de su voz.
—¿Por qué me golpeas, Ayako? —se atrevió a preguntar.
—¡Te pedí que fueras discreto, Ryota! No era demasiado, sólo que no le dijeras a nadie lo del bebé.
Hanamichi, que hasta el momento no había intervenido y miraba hasta divertido la pelea entre sus superiores, casi se fue de espaldas cuando escuchó la palabra "bebé".
—¿Un bebé? —murmuró.
—Pero si yo no he dicho nada, Ayako… —Miyagi trataba de mitigar la furia de la entrenadora, pero no lo conseguiría porque ni siquiera él entendía a qué se debía su molestia.
—¿Quieres que te crea, Ryota? ¡Acabo de escuchar que se lo aseguraste a Hanamichi!
—Ryouchin no me ha asegurado nada, Ayako —Sakuragi intentaba mitigar un poquito el enfado de Ayako, que, evidentemente, era mucho. Y no quería estar en el lugar de su capitán.
—¡Tú no te metas, Sakuragi! —Ayako parecía haberse enfadado con todos de repente, y la discusión ya había atraído la atención de Mioko, Atsui, Daisuke, Yasuda y hasta de Rukawa, que ya se encontraban haciendo calentamiento— Te dije que era un secreto, Ryota. Me dijiste que podía confiar en ti. Y llego y lo primero que veo es que estás alardeando con Sakuragi…
Ayako parecía tener reclamos para un rato más. Haruko llegó en ese momento, con los pantaloncillos de lycra que usaba para el entrenamiento, la playera deportiva y el cabello atado en una coleta baja. Escuchó la voz de Ayako exasperada y vio a varios miembros del equipo reunidos. Divisó a Hanamichi detrás de Miyagi, que se mantenía atento ante la voz de la entrenadora, y fue a situarse junto a él.
—Hola, Hanamichi —le saludó en voz baja, tratando de no interrumpir.
Daisuke notó la presencia de Haruko y se sintió incómodo de repente.
—Hola, Haruko —el chico respondió el saludo de su novia, contento de verla, pero tomando sus precauciones.
—¿Qué le sucede a Ayako?
—Yo no sé —Sakuragi no mentía—. Llegó muy enojada y empezó a gritarle a Ryouchin, y hasta mencionó algo de un bebé.
Haruko meditó un momento… ¿Un bebé? Ayako no estaba embarazada, ella lo sabía.
—Yo creo que van a ser papás y ella no quería que nos enteráramos todavía —concluyó Hanamichi cruzándose de brazos y con expresión muy seria.
—Ayako no está embarazada —dijo Haruko, también cruzándose de brazos—. Debe tratarse de su trabajo de Psicología.
Hanamichi volteó la vista hacia su novia.
—¡Pero yo no le he dicho a nadie! —el grito de Miyagi, que por fin se había alterado, interrumpió la conversación de la pareja.
—¡¿Y por qué estabas jurándole algo a Sakuragi cuando yo llegué?!
—¡Porque le estaba diciendo que todos lo extrañamos y que el equipo es más fuerte con él!
Ayako se quedó helada: Miyagi no había dicho nada y ella se había pasado diez minutos gritando y reclamándole su falta de discreción, sin motivos.
—O sea que…
—Tú lo has malinterpretado todo.
Miyagi se cruzó de brazos. No lo diría si alguien se lo preguntaba, pero le había dolido que Ayako se pusiera así por sólo suponer que alguien se enterara de que tenían un "bebé".
—Lo siento —se disculpó la entrenadora sintiéndose muy mal por su comportamiento.
—Déjalo —pidió Miyagi, y dio media vuelta para dirigirse a otra parte del gimnasio en tanto el resto de los jugadores llegaban. Si alguien se hubiera fijado en su expresión, habría notado la tristeza presente en sus ojos.
x X x
El entrenamiento había comenzado hacía media hora. Miyagi mantenía una expresión seria en el rostro, y se mostraba especialmente callado. Además de las órdenes propias del entrenamiento, no conversaba con Mitsui, Hanamichi o Ayako. Estaba dolido.
Por su parte, Ayako se encontraba cerca de la entrada del gimnasio, acompañando al profesor Anzai que presenciaba el entrenamiento bebiendo té. Tomaba el tiempo de los ejercicios y anotaba observaciones en una bitácora.
Hanamichi se encontraba sentado en una banca, cerca de las gradas. Observaba a sus compañeros entrenar y se sentía algo incómodo. Pero Haruko, al notarlo solo y cabizbajo, se le acercó.
—Hola —habló pícaramente. Su novio lucía especialmente encantador con esa expresión pensativa en el rostro.
—Hola, Haruko —Hanamichi esbozó una sonrisa dulce hacia la muchacha.
—¿Por qué estás tan serio? —trató de animarlo a conversar.
—Tú sabes, Haruko: no estoy allá con ellos.
Haruko dirigió su vista hacia la duela, en donde Rukawa y Mitsui se lanzaban pases. Y luego hacia el grupo de novatos en el que estaba Daisuke, practicando con Mioko, Hiroyuki y Atsui. Comprendió entonces lo que su novio debía estar sintiendo, y decidió cambiar el tema.
—¿Sabes algo de cómo están Ayako y Miyagi, Hanamichi?
El muchacho no contestó de inmediato, sino que se le quedó mirando a la chica.
—Eeehhh… No.
Iba a quedarse en silencio otra vez, pero comprendió que aquello no era una pregunta hecha sólo por que sí.
—Ni siquiera sé por qué Ayako se enojó con él.
—Yo sí.
Haruko sonrió: Hanamichi sería su cómplice, y eso logró arrancarle una sonrisa al muchacho que, hasta entonces, había permanecido serio.
—Tienen un trabajo en parejas para la clase de Psicología —comenzó Haruko.
—¿Y para eso deben tener un bebé? —Hanamichi se preguntaba si de verdad querría tomar esa asignatura al año siguiente.
—Claro que no —Haruko esbozó una sonrisita ante la ingenuidad del muchacho, quien la miró con expresión de no comprender—. Es un bebé de mentira. De hecho, es un muñeco muy realista, que incluso llora y ríe como si de verdad fuera un bebé.
El pelirrojo la miró y luego comprendió.
—¿Pero de verdad es tan desagradable para Ayako imaginarse una relación con Ryouchin? —preguntó en un susurró, pero Haruko logró escucharlo.
Ambos muchachos dirigieron la mirada hacia la entrenadora y el capitán, alternadamente: ninguno se atrevía a mirar al otro, pero en los ojos de los dos se notaba la tristeza que la discusión anterior había causado.
Haruko sólo se encogió de hombros. Hanamichi no parecía muy feliz.
—Oye, Hana —el pelirrojo miró a la muchacha—. ¿Recuerdas que te hablaba de los novatos cuando te visitaba en la clínica?
Sakuragi asintió con un movimiento de cabeza.
—En el centro de la cancha hay un chico con quien he comenzado a llevarme muy bien —Hanamichi miró adonde Haruko le indicaba con una seña y contempló al muchacho castaño que seguía el balón con mucha atención—. Y de hecho me recuerda mucho a ti cuando nos conocimos. Me gustaría presentártelo. ¿Quieres?
Sakuragi no contestó de inmediato. Siguió mirando al muchacho. Se dio cuenta de que tenía los ojos verdes cuando miró hacia algún punto cercano a él. Sakuragi quiso saber a quién estaba mirando el novato. Al seguir la dirección de los ojos verdes, se sorprendió al encontrar, al final de esta, a su novia que, a su vez, lo miraba a él.
—Hanamichi… —llamó la castaña. Evidentemente no se daba cuenta de la atención que el novato le ponía.
—Sí, Haruko.
—¿Entonces te lo presento?
—Claro, Haruko.
—Excelente —sonrió la asistente—. Debo volver a ayudar a Ayako. Te veo cuando termine el entrenamiento —Haruko sonrió y luego depositó un beso en la mejilla de su novio. Mientras la muchacha se marchaba, Hanamichi notó que en los ojos verdes del novato se instalaba algo que tal vez traería problemas en poco tiempo: celos.
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Daisuke ya había terminado de ducharse y de vestirse, pero no quería salir de los vestidores porque Haruko le había pedido que caminara con ella a casa al terminar el entrenamiento. En otras circunstancias habría saltado de felicidad y no la habría hecho esperar. Pero en esa ocasión era diferente: no caminarían sólo ellos dos. El novio de Haruko por fin se había presentado en la preparatoria.
Daisuke suspiró. No quería enemigos, pero Haruko le interesaba de verdad. Tendría que deshacer esa relación.
Una vez tomada aquella determinación, sin saber bien si estaba listo o no, decidió que era momento de salir y enfrentar al susodicho que desde ese día sería su enemigo.
Cuando llegó a la entrada del gimnasio Haruko le sonreía al enorme pelirrojo. De lejos notó que aquél era como diez centímetros más alto que él, y que la muchacha lo miraba con muchísima emoción.
—¡Daisuke! —escuchó la voz de Haruko al tiempo que se aproximaba hasta él y le sujetaba la chaqueta para hacerlo caminar más rápido— Estoy muy emocionada.
—Espera, Haruko —murmuró el alemán. Cuando estuvieron en la salida, ella se detuvo frente al pelirrojo.
—Hanamichi, quiero presentarte a Disuke.
Sakuragi alzó una ceja y lo miró con detenimiento.
—¿Por qué lo llamas por su nombre de pila?
—Es gracioso, Hana. Él es alemán y su apellido es muy difícil de pronunciar. Además nos llevamos muy bien y pienso que no hay problema en que nos hablemos con familiaridad.
El pelirrojo, no muy convencido, asintió.
—Yo soy Hanamichi Sakuragi —hizo una reverencia que no fue correspondida.
—Daisuke Müller —se presentó Daisuke y le extendió la mano a Sakuragi—. Así saludamos en mi país.
Hanamichi apretó la mano del muchacho menor.
—Ya tenía muchas ganas de que se conocieran —ambos muchachos escucharon la voz de Haruko—. Yo creo que se llevarán muy bien. Daisuke es muy agradable, Hanamichi. A veces me acompañaba a casa al salir del entrenamiento. Y cuando estuve enferma fue a visitarme a casa. Lo malo fue que yo estaba contigo, pero mi hermano me dijo que un chico que le recordaba a ti preguntó por mí, así que supe de inmediato que había sido Daisuke.
Haruko hablaba con mucha emoción. Le entusiasmaba ese encuentro porque pensaba que su novio y su nuevo amigo podrían llevarse muy bien. Mientras ella contaba anécdotas de uno y de otro, Hanamichi se percató de las miradas que el novato le dedicaba a su novia: eran como las que él le lanzaba cuando recién la conoció. Y además eran limpias. Supuso que no sería del agrado del muchacho, pero eso sólo por el interés que Haruko le despertaba. Sin embargo, Sakuragi estaba seguro de que Haruko no se daría cuenta de las intenciones de Daisuke a menos que este se las gritara de frente, lo que resultaba poco probable dado el hecho de que la sola presencia de la muchacha lo intimidaba. No había peligro de que él pudiera intervenir en su relación. El problema era que, si Daisuke había sido cautivado desde el primer momento, como él mismo, sufriría bastante tiempo antes de hacerse a la idea de que Haruko no le correspondería. De algún modo, Hanamichi no se sintió amenazado por Daisuke, pero sí se identificó con él, por la carita de ilusión que ponía cuando la muchacha le sonreía y por la manera tonta de asentir cada vez que ella le hacía alguna pregunta. Pensó que no llegarían a ser amigos como Haruko deseaba, pero él no le dificultaría la vida al novato. No sería malo con Daisuke, e incluso trataría de que se llevaran bien. Hanamichi Sakuragi era un buen muchacho, y no sacaría ventaja de aquella situación.
Por su parte, Daisuke no podía negarse a cada cosa que Haruko le pedía desde que se conocieron. El conocer a su novio no había sido la excepción. No obstante, era doloroso ver cómo ella le sujetaba el brazo cariñosamente y le dedicaba miradas cómplices de las que él jamás podría ser receptor. Haruko le gustaba mucho, pero Hanamichi Sakuragi no parecía una mala persona. Quiso verlo como su enemigo, así lo había decidido, pero conforme la plática comenzó y el camino se fue haciendo más y más corto, no pudo hacerlo. Haruko no era un trofeo por el que fueran a competir. Era una muchacha muy linda que poseía un enorme corazón. Y ese corazón ya había elegido a quién querer.
Sin embargo, el corazón de Daisuke no lo había comprendido.
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Notas de la autora:
Pues abandoné largo tiempo este fic, pero aquí estoy de regreso.
Por fin Hanamichi y Daisuke se conocieron, pero está visto que no se odiaron. Al principio imaginé una relación como la que tuvo con Nango (en el segundo OVA, Hanamichi conoce a un jugador de Tsukubu que se enamora de Haruko poco tiempo antes de un partido, y terminan llevándose casi como lo hacen el pelirrojo y Kiyota), pero los dos son buenas personas, y quieren mucho a Haruko, así que no creí que fueran a ponerla en una situación difícil.
Como sea, en el siguiente capítulo también veremos cómo arreglan su problema Ryouta y Ayako, si es que lo arreglan, y habrá intervención de Akari, Rukawa y Mitsui. No sé si lo recuerden, pero aquí no tendremos yaoi.
Saludillos.
