ENSÉÑAME A QUERERTE
Por Haruko Sakuragi
CAPÍTULO 13
Akari y Daisuke caminaban a la par. Iban a tiempo para la escuela. La muchacha, a pesar de mostrarse seria, de vez en cuando miraba a su hermano de reojo: el hecho de que ni siquiera hubiera tenido que levantarlo y que él mismo se preparara para salir de casa aún antes que ella, le había preocupado un poco.
Daisuke no era el mismo desde hacía un par de días. Era extraño que no gritara o que no se luciera por cualquier cosa. Pero Akari conocía a su hermano y supo que él no le confiaría el motivo de su cambio. No obstante, el verlo triste le preocupaba.
—¿Vas a entrenar hoy? —preguntó la muchacha mirándolo de reojo.
—Sí.
La escueta respuesta de repente la hizo pensar en Rukawa… Y se sintió tonta. Había pasado mucho tiempo con el moreno durante las últimas dos semanas. Y, debía reconocerlo, no le había desagradado. Al menos el trabajo estaba listo. Lo entregarían al día siguiente, viernes, y después de eso ya no tendrían ningún motivo para comprometer sus tardes uno con el otro.
Pero, sin saber por qué, esa idea no le agradó mucho a Akari.
—¿Quieres que te espere? —le preguntó. Luego le dirigió una mirada a su hermano.
Daisuke la miró sin saber cómo recibir la pregunta. Pareció pensarlo un par de segundos, y al final negó. No era que no quisiera la compañía de su hermana, de hecho la quería. Y sabía que ella lo quería también, pero no deseaba la compañía de nadie en esos días.
Avanzaron varios metros más en silencio. A unas cuantas calles de llegar a la preparatoria, Akari volvió a tomar la palabra.
—Recuerda que el cumpleaños de mamá es la próxima semana.
—No lo olvidé, Akari —respondió Daisuke.
La chica lo pensó un minuto, y luego propuso:
—¿Vamos a comprar juntos su regalo?
Daisuke se encogió de hombros y luego asintió.
x X x
Un muchacho de cabello castaño iba caminando concentrado en la lectura de una revista. Había salido con suficiente tiempo de casa y no deseaba apresurarse. Estaba a una cuadra de la escuela y su reloj marcaba apenas las ocho. O sea que tenía media hora antes de que sus clases del día empezaran.
Ginji pensó por un momento: era jueves. Hacía cuatro días que Hanamichi había vuelto a la escuela. Él estaba muy contento por eso. Había hablado con Haruko, y ella estaba muy emocionada porque ahora compartía con su novio los almuerzos y caminaban juntos a casa al salir de los entrenamientos. Él estaba muy contento por su primo. Merecía todo lo bueno del mundo. Y Haruko Akagi, evidentemente, era lo mejor que hasta el momento había llegado a la vida del pelirrojo.
Concluyó la lectura de la página y cerró la revista: era de fotografía. Él tenía poco tiempo de haber llegado a la escuela, así que esa misma tarde iría a investigar si había posibilidades de que se inscribiera en el club de fotografía. Le gustaban mucho las imágenes que con su cámara lograba inmortalizar. Si lo aceptaban en el club, era seguro que se dedicaría profesionalmente a la fotografía.
A unos pasos del edificio de los salones, Ginji divisó la figura de un chico que le resultó familiar a lo lejos. Trató de distinguirlo a la distancia. Lo reconoció: era Daisuke, su compañero de clases.
—¡Daisuke! —llamó y empezó a trotar hacia el chico que se había detenido. Sólo cuando estuvo frente a él notó que se parecía bastante a una chica que lo acompañaba.
—Hola, Ginji —saludó. El chico vio una mirada triste en los ojos verdes del muchacho extranjero.
—¿Qué haces aquí a esta hora? Es muy temprano. Creí que sería el primero en llegar hoy.
Daisuke sonrió. Ginji era bastante hablador, pero de algún modo le simpatizaba.
—Ella es mi hermana Akari, Ginji —dijo Daisuke sonriendo por primera vez en el día. La muchacha decidió ser cortés al notar la sonrisa de su hermano.
—Mucho gusto —dijo Ginji haciendo una reverencia—. Me llamo Ginji Miyabara.
—Igualmente —Akari era una chica de pocas palabras.
En cuanto estuvieron en la entrada del edificio Akari se despidió y se adelantó a su aula. Ginji y Daisuke subieron la escalera con lentitud.
—No conocía a tu hermana —dijo Ginji para hacer conversación.
—Pues casi nunca estamos juntos —respondió Daisuke.
—Se parecen mucho.
—¿Tú crees?
Ginji asintió con una sonrisa.
—Más de lo que se parecerían dos hermanos.
—Ella se parece a mi mamá y yo a mi papá.
Llegaron a la entrada del aula en la que tomaban clase. Cuando entraron la encontraron vacía. Como esperaban.
—Yo pienso que son igualitos.
Daisuke no reprimió una sonrisa. Ginji le simpatizaba bastante. Y de hecho, por estar tan concentrado en Haruko Akagi, no había hecho amigos de su clase o del equipo. Ginji lo buscaba y parecía querer hacerse su amigo.
—Cuando tenga oportunidad te mostraré una fotografía de mis padres. Verás que te digo la verdad.
—Me gustan mucho las fotografías —declaró Ginji.
—¿Sí? En casa hay bastantes. Es el único modo en que vemos a mi papá.
—Supongo. Él viviendo en Alemania…
—Pero de todos modos. Cuando vivíamos con él siempre estaba trabajando y no teníamos oportunidad de estar con él.
—¿Es un hombre ocupado?
—Es abogado. Siempre estaba en el despacho.
Daisuke se dio cuenta de que no había hablado con nadie sobre sus padres. Ginji era la primera persona que le inspiraba confianza, y sin querer comenzó a hablar de su padre.
La verdad no le enorgullecía admitir que su padre siempre había estado muy ocupado para pasar tiempo con su familia. Fue eso lo que hizo que su madre decidiera dejarlo. Ni a él ni a su hermana les había pesado aceptar viajar a Japón a comenzar una nueva vida solos. Supo que, de cualquier modo, su padre nunca les había permitido acercarse a él.
—¿Sabes? —Ginji lo miró con atención— Cuando ellos se separaron papá ni siquiera intentó arreglar algo con mi hermana y conmigo.
Ginji trató de entender la tristeza del muchacho que con esa confesión estaba aceptándolo como amigo, pero no pudo. Sus padres eran cariñosos con él y entre ellos. Se amaban. Y eso hacía que la familia estuviera bien.
—Oye, voy a ir hoy a ver si me admiten en el club de fotografía —Ginji decidió que no le gustaba la tristeza que se estaba instalando en el lugar y prefirió cambiar el tema—. Si quieres puedes venir conmigo en el descanso.
—Claro —Daisuke accedió porque pensó que eso sería mejor que estar pendiente de Haruko.
En el descanso, después de almorzar, ambos muchachos fueron al aula del club de fotografía. El profesor dijo que solía ser estricto, pero que, por tratarse de un caso especial, aceptaría a Ginji a pesar de que ya llevaban varias sesiones.
—No puedo creer que me haya aceptado.
Daisuke sonreía ante la incredulidad de su amigo.
—Tú entrenas hoy, ¿verdad?
Daisuke asintió.
—Si quieres puedo esperarte cuando termine mi club y podemos caminar juntos de regreso a casa.
Daisuke lo pensó por un momento: era doloroso ver a Haruko acompañada por el pelirrojo. Sabía del parentesco entre su nuevo amigo y el novio de la castaña, pero Ginji le agradaba de verdad. Tal vez el distraerse le haría bien.
—Está bien —aceptó—. ¿Pero podemos vernos en otro lado que no sea el gimnasio?
—Claro.
Daisuke supuso que, si Haruko y su novio veían ahí a Ginji, querrían que caminaran juntos. Y si él tenía que llegar a otro lugar podía negarse si la muchacha le pedía que se quedara con ellos.
x X x
Durante la hora del almuerzo, Akari dejó dormir a Rukawa. Debían corroborar las consultas bibliográficas, pero pensó que se veía muy cansado y decidió que podía ir ella sola a la biblioteca y hacer el trabajo en pocos minutos. Así que abandonó su aula, llegó a la biblioteca y completó su labor. Sin embargo, sintió que sus piernas temblaban imperceptiblemente cuando, al darse la vuelta tras dejar un pesado volumen en el carrito de los libros, se topó con Hisashi Mitsui, el muchacho de tercero que, como ya había notado, le provocaba calosfríos. El moreno la miraba intensamente, y ella trató de disimular el efecto que le causaba. Pero Mitsui parecía tener un objetivo.
—Hola —saludó al fin ella al darse cuenta de que se habían quedado mirando varios segundos sin hablarse.
—Hola.
¿Mitsui se iba a quedar mirándola todo el tiempo? Estaba poniéndose nerviosa. Y en fracciones de segundo pensó que era absurdo, porque en la vida habían cruzado dos o tres palabras. Decidió que no tenía motivos para estar ahí si su trabajo había quedado concluido.
—Adiós —dijo, y empezaba a caminar hacia la escalera, cuando sintió el agarre firme pero cuidadoso del muchacho mayor.
—¿Adónde vas?
—A mi aula.
Mitsui la miró. Le gustaba mucho. Desde la primera vez que la vio le había gustado. La chica le parecía preciosa, sus ojos verdes le encantaban. Pero, sobre todo, su mirada intensa y transparente.
—Te puedo acompañar.
—Conozco el camino.
Hisashi pensó que no tenía que ser tan difícil.
—¿Por qué eres tan dura conmigo? —le preguntó— No me permites acercarme a ti.
—Tal vez sea porque no quiero que te acerques.
Ella se estaba resistiendo. Y eso, lejos de desanimarlo, lo entusiasmaba.
Empezaron a caminar. Salieron de la biblioteca en silencio.
—Tengo una cosa que decir —Mitsui se detuvo y ella lo imitó.
Akari lo contempló en silencio y con mirada dura.
—Me gustas —dijo. Le gustaba ser directo. No había algo malo en que la muchacha le atrajera. No quería ser hipócrita y ofrecer o pedir algo que no quisiera realmente.
Akari permaneció en silencio. Aquello la había tomado por sorpresa.
—Me gustas —repitió—. Mucho. Y quiero conocerte.
La muchacha reinició la marcha. No sabía que alguien pudiera ser tan directo. No tenía idea de cómo contestarle. Era la primera vez que alguien se le declaraba.
Caminaron hasta llegar al edificio de los salones. Comenzaron a subir. Ella se quedó en el piso de segundo año, y él debía subir al siguiente nivel.
—¿No vas a decirme nada? —preguntó mirándola con seriedad.
Akari siguió en silencio. Lo miró a los ojos, seria también. Entonces se atrevió a hablar.
—El domingo iré de compras —Hisashi no entendió de inmediato—. Puedes acompañarme si quieres.
Él sonrió con galanura. Ella se ruborizó pero no cambió su expresión.
—Tenemos una cita —dijo el moreno.
Ella cayó en cuenta de que, en efecto, eso sería una primera cita con Hisashi Mitsui.
x X x
Hanamichi y Youhei habían dejado al resto del ejército en el patio trasero del edificio. Ookusu, Noma y Takamiya no dejaban de reclamarle al pelirrojo que pasaba demasiado tiempo con Haruko, y Youhei siempre lo defendía, cosa que le ocasionaba problemas gratis. Pero él los entendía: estaban enamorados. No había algo malo en eso, y él pensaría eso siempre.
Ambos muchachos se dirigían al aula de Haruko. El pelirrojo quería pasar su hora del almuerzo en compañía de su novia, y para Youhei era mejor acompañar a su mejor amigo que escuchar a los otros muchachos recordarle lo mal amigo que era por fomentar el desprendimiento del jefe del grupo en lugar de aconsejarle volver al rebaño.
Cuando estuvieron en la entrada del salón de la castaña el pelirrojo la buscó con la mirada, pero no la encontró. Se entristeció y pensó por un segundo en dónde podría estar, pero no recordó alguna seña que ella le hubiera dado. Youhei miró hacia el otro lado del pasillo y divisó la figura de una chica de cabello corto que, distraída, caminaba hacia donde ellos se encontraban.
—Ahí está Fujii —comunicó. Sakuragi la divisó también y sonrió: ella le daría razón de Haruko.
Fujii estaba distraída aún a un par de metros de los muchachos que la esperaban. Cuando notó su presencia, de súbito se sonrojó: aunque supiera que el gusto que Youhei le inspiraba era inconveniente, no sabía cómo controlarlo.
—Hola Fujii —sonrió Hanamichi.
—Hola, Sakuragi —respondió. Luego miró a Youhei aún con carmín en las mejillas—. Hola, Youhei.
—Hola —contestó simple el moreno. No comprendía el motivo, pero siempre que Fujii se le acercaba se sentía extrañamente tranquilo.
—¿Sabes en dónde está Haruko? —Sakuragi fue al grano.
—Fue a ver a Ayako.
El pelirrojo entristeció un poco.
—Dijo que te vería en el entrenamiento.
Hanamichi asintió. Tenía la esperanza de salir a caminar con ella unos minutos, pero vio frustrado su plan. Ahora debería esperar hasta el entrenamiento para pasar tiempo con su novia.
Al ver la expresión de Sakuragi, Fujii se sintió mal. Sabía que el muchacho quería mucho a su amiga e intentaba estar muy cerca de ella. Pero, por otro lado, la compañía de Youhei le robaba la tranquilidad.
—La hora del almuerzo está por terminar —dijo Fujii—. Debo ir a estudiar.
Sakuragi asintió sin entender la rápida determinación de la muchacha. Youhei recordó de repente que tendrían una evaluación en el club de poesía.
—¿Es para la evaluación del club? —preguntó.
Fujii, temerosa, asintió: ¿qué hacía si el moreno le sugería que estudiaran juntos?
—¿Te gustaría que estudiemos juntos?
La chica se preguntó por qué la fortuna nunca le coqueteaba a ella. Sabía lo inconveniente que sería pasar mucho tiempo con Youhei. Pensó que inventándose algo esa tarde o la siguiente el muchacho descartaría la idea.
—Sería bueno —comenzó—. Pero hoy y mañana debo llegar temprano a casa.
No era buena mintiendo, pero estaba haciendo su mayor esfuerzo. Notó el semblante serio de Youhei y supuso que ya había solucionado el problema. Pero no contó con que Hanamichi Sakuragi desearía intervenir.
—Si quieres ocupar el domingo Youhei, Haruko y yo saldremos, así que estás libre.
Fujii comprendió que no tenía otro modo de negarse.
—Entonces… —Youhei retomó la conversación— Podríamos ir a mi casa, si quieres.
La muchacha pensó que, estando en terreno ajeno, le sería más difícil controlar la situación. Si la cita era ineludible, al menos sería en su propio ambiente.
—Mejor en mi casa. Ahí estaremos bien.
Fujii pensó que las cosas saldrían bien: su hermanito de seis años estaría todo el sábado en casa, y su madre también.
Youhei y Sakuragi se retiraron. El moreno acordó con la castaña que esa tarde ella le daría su dirección y fijarían la hora de la reunión.
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Miyagi estaba recargado en su pupitre, mirando por la ventana del aula. La hora del almuerzo ya casi terminaba y él no había probado bocado. Tampoco era que llevara mucha comida, más bien tenía dinero para comprar algo en la cafetería. Pero no había tenido apetito ese día.
Suspiró desganado. Se sentía deprimido por la pelea que había tenido con Ayako unos días atrás. Después del almuerzo, precisamente, tenían clase de Psicología. Ese día les entregarían sus muñecos para simular la relación de pareja con la que serían evaluados. No estaba seguro de querer pasar mucho tiempo con ella si el sólo imaginar un proyecto escolar la había alterado tanto.
Tan pensativo estaba, que no se dio cuenta de que el aula estaba completamente vacía, ni tampoco de que la puerta corrediza se abrió y por ella atravesó la causante de su malestar.
—Ryota —llamó la muchacha de rizos. Miyagi se crispó y la miró: lucía preciosa, como siempre. ¿Por qué no podía mirarla con desagrado?
—Hola —saludó serio. No quería que sus sentimientos lo traicionaran en ese momento.
—Quiero hablar contigo.
Él permaneció en silencio incitándola a continuar.
—Yo creo que la pelea del otro día fue una tontería —sonrió. Miyagi no podía resistirse a esa sonrisa—. Crees que… ¿podríamos olvidarla?
¿Cómo demonios él se negaría ante su expresión?
Sonrió medianamente, y cuando estaba a punto de aceptar, Ayako pensó que sería buena idea continuar hablando.
—No podemos arriesgar una calificación por pequeñeces.
Y ahí él lo tuvo todo claro: Ayako no quería estar bien con él, sino que estaba preocupada por su calificación.
—¿Cómo puedes ser tan egoísta? —preguntó en un murmullo. Ayako parpadeó contrariada.
—¿Egoísta?
—Sólo te importa la estúpida calificación —no era una pregunta.
—¿A ti no?
Miyagi rió con amargura.
—Lo que más me entusiasmaba de este trabajo era hacerlo contigo —dijo el capitán del equipo de básquetbol. Sabía que todos conocían sus sentimientos, incluso la propia entrenadora. Ya no le importaba aparentar que no le dolía la actitud de la muchacha.
—Ryota…
—No te preocupes —determinó, levantándose de su asiento—. No voy a impedir que apruebes la materia.
Miyagi empezó a caminar hacia la salida del aula. La abandonó cuando un par de chicas entraron y se encontraron con Ayako estupefacta.
La entrenadora sintió un sabor amargo en el paladar, y su corazón se llenó de tristeza.
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Notas de la autora:
Pues resulta que tengo tres semanas medio descansadas, al menos hasta el 25 de julio, y me he propuesto darle velocidad a esta historia. Yo pienso que ya lleva bastante tiempo sin actividad, y viendo el poco movimiento que hay en esta sección, pues quiero darle algo de vida al fandom de SD. Además hay lectores y lectoras que todavía me escriben cuando actualizo, y muy especialmente Miguel, o Ginji en este fic, que lo ha seguido desde el principio.
Ahora paso a responder los reviews desde el capítulo 10. La verdad es que ando perdida en todos mis fics, y con decir que tengo en mente ideas para otro que no quiero publicar porque no deseo que siga pasando esto de que los abandono a la mitad por la escuela. Aquí van las respuestas:
Mai Maxwell Kinomoto: ¡Hola! Veo que hay dos comentarios tuyos que no he respondido, así que me doy a la tarea de hacerlo ahora. Primero, felicidades muy muy muy muy atrasadas por tu cumpleaños (que ya debe haber pasado dos veces). Segundo, el viaje fue de maravilla. Tercero, felicidades por tu nuevo hermano. Cuarto, supongo que habrás pasado ese examen de matemáticas. Y quinto, pues ya has visto qué fue cuando Hana y Daisuke se conocieron. Él no es malo, pero hay que reconocer que las personas hacemos muchas cosas tontas en nombre del amor (bonita justificación). Haruko tampoco es mala, pero peca de inocente, claro que ahora está tan bien con Hanamichi, que estoy segura de que quien más va a sufrir será Daisuke. Y también habrá que estar pendientes de otras parejitas: Ayako y Ryouta, Mitsui y Akari, Youhei y Fujii… Lamento decirte que hasta ahora el fic no es yaoi. Tal vez cambie después, pero ahora lo principal será que Hanamichi y Rukawa sean amigos. Ojalá sigas leyendo porque tus comentarios me han resultado de ayuda en otros fics.
Elena: ¿Qué tal el encuentro entre Hanamichi y Daisuke? No serán enemigos mortales, pero de seguro no serán amigos con facilidad. Ayako y Ryouta ya platicaron, pero la conversación empeoró las cosas. Lo bueno es que no es el final. Sigue leyendo por favor.
Miguel: Me he tardado demasiado, pero desde mediados de 2007 empezó una crisis familiar que quedó en que mis papás por fin se separaron y ahora mi hermano y yo vivimos con mi mamá. Obviamente tuvimos que adaptarnos a la nueva situación, y como mi papá hace una aportación simbólica al gasto familiar, pues me he visto obligada a dedicar como dieciséis horas de mi día a la escuela y al trabajo (es que entré como ayudante de un investigador en una unidad experimental de mi área en la escuela), y las otras ocho horas las divido entre traslados, tareas y horas de sueño (estas últimas son como cuatro diarias). Pero tengo como tres semanas de vacaciones, y trataré de avanzar aquí. ¿Te he dicho que me encanta recibir comentarios tuyos? Me caes bien y creo que tus críticas me han sido útiles. Por supuesto que tu personaje no puede morir, digo, es el primo de Hanamichi, y Daisuke necesitará un amigo leal para sobrevivir a la adolescencia. Ya hay avance entre Akari y Mitsui, e incluso Rukawa parece estar abriéndose un poquito. Y quienes están retrocediendo son Ayako y Miyagi. Ojalá me des tu opinión de este nuevo capítulo. Gracias por seguir leyendo. Te mando besos y abrazos.
Isis Kaiba: Perdóname por abandonar tanto tiempo, pero creo que puedes tener una garantía de que esto llegará a su fin, porque soy una persona que siempre termina lo que empieza. Igual he perdido un poco el ritmo, pero siempre por circunstancias ajenas a mi control. En lo sucesivo me organizaré mejor, pero no vayas a dejar de leer, por favor. Y sigue escribiendo. Te prometo que los comentarios dan bastantes ideas siempre. Gracias, gracias, gracias por leer.
Lady MaRukawa: Hola. No sé si sea bueno adelantarlo, pero la relación entre Rukawa y Akari será amistosa. Antes que una pareja para el zorro yo creo que sería bueno que tuviera un amigo o amiga, de repente es insano que una persona se relacione sólo con su pareja (al menos esa es mi percepción). Pero de todos modos me gustaría recibir más comentarios tuyos y que me digas qué te parece el desarrollo de la historia. Gracias por leer.
