Capítulo V: Información de no mucha utilidad

-¿Q-qué ha sido eso? -Tsuna intentaba seguir a Reborn como le era posible, pero acabó perdiéndolo-. ¿Y que es esa cosa de ahí?
Desorientado y solo en mitad de la calle, optó por la solución más práctica de todas.
-¡Reborn! -llamó-. ¡No tiene gracia, no puedes irte por las buenas!
Oyó algo a su espalda y, con un "ciao", el bebé le dio una patada en toda la boca. Tsuna cayó al suelo dolorido.
-¿Por qué has hecho eso?
-Tenías la guardia baja, y estamos en mitad de un situación de peligro inminente. El niño se había quitado al fin el disfraz de arbusto y llevaba ahora sus ropas negras de mafioso con el chupete amarillo que colgaba de su cuello y que lo identificaba como miembro de los Arcobaleno. La cosa iba a ponerse muy seria.
-Me ha vuelto a llamar el Noveno, ya tenemos órdenes.
-¿Órdenes? -Tsuna se levantó con dificultad-. ¡La última vez que nos dio órdenes tuvimos que luchar contra Mukuro Rokudo y por poco no lo contamos!
El bebé dio un salto hacia la cara de su alumno y le dio una bofetada.
-¡Esto es importante!
El chico decidió que cerrar la boca sería la solución más inteligente.
-La Brigada de Estudio de Mitos y Leyendas Antiguas de la Famiglia Vongola ya ha encontrado información sobre la Gecolis Casiopea. Como sabes, el Noveno y sus antecesores siempre han tenido buen ojo para saber qué es lo que hay que hacer en cada situación y con cada persona. Es el Instinto Vongola.
Tsuna asintió.
-Por eso siempre se invirtió algo en el estudio de antiguas leyendas. Los Capos Vongola sabían que serían útiles en algún futuro. Y ese futuro ya ha llegado.
Reborn se sacó un papel doblado del bolsillo y se lo tendió a Tsuna.
-Aquí están las instrucciones del Noveno, no las abras hasta que yo acabe de explicarte la situación. La Gecolis Casiopea fue estudiada por la Brigada de Estudio de Mitos y Leyendas a partir de unos escritos confidenciales encontrados en una tumba milenaria cuyo nombre no mencionaré.
A Tsuna le vino a la cabeza una pirámide... ¡Y una banda de mafiosos saqueándola!
-Según las conclusiones sacadas de esos escritos, la Gecolis Casiopea es una especie de astrofita o "planta espacial". En algún lugar del universo debe de existir un planeta gigantesco donde habita la Madre de Todas las Gecolis Casiopea, con un mundo a su medida, de rescursos inagotables que le permiten vivir indefinidamente. Pero la Gecolis Casiopea envía semillas constantemente en busca de mundos nuevos para que su estirpe los pueble. Y precisamente esta que tenemos aquí es su última descendiente.
-¿T-todo eso lo han sacado de unos escritos antiguos? -preguntó Tsuna escéptico pero escandalizado.
-La mayoría ha sido deducido. Lo que sí sabemos seguro es que la Gecolis Casiopea es una amenaza capaz de extenderse por todo el globo en cuestión de días... Y capaz de erradicar la vida en él en apenas unos meses.
-¿Pone cómo detenerla?
El bebé negó.
-Esa información debió de perderse antes de que los escritos fueran depositados en la tumba. Sólo sabemos una cosa en lo referente a ese tema.
-¿Cuál?
Tsuna ya se temió la respuesta.
-Que tiene que haber un modo de acabar con ella. Si no, no estaríamos aquí ahora.

-¿Por qué me has arrastrado hasta aquí? -preguntó Yako, contemplando asustada la multitud que rodeaba la raíz sobre la que ella estaba.
-Quería investigar más de cerca y la detective y el ayudante no deben separarse en estos casos.
Neuro se quitó un guante y pasó su monstruosa garra por la supericie de la raíz, moviendo la cabeza con gesto negativo.
-No es lo que yo pensaba. Esta cosa parece tener una capacidad de adaptación superior a la que me temía.
Yako lo miró enfadada.
-¿O sea que ahora vas a decir que no puedes hacer nada con ella?
-Yo no digo eso -respondió el demonio, presionándole con fueza la cabeza a la chica-. Sólo digo que no será tan sencillo... Definitivamente, no es lo que yo pensaba. Habrá que conseguir algo más de información para no dar palos de ciego.
El demonio extendió una mano y está empezó a irradiar un aura siniestra. Iba a invocar algo.
-Una de las Setecientas Setenta y Siete Herramientas del Mundo Demoníaco -algo se materalizo en su mano-: "Evil Dex" (Bestiario Prohibido).
Yako parpadeó extrañada. Se trataba de un simple libro especialmente gordo sin nada extraño... salvo que era completamente negro, con las páginas incluías. De pronto, algo se movió en la cubierta del libro y un millar de ojos se abrieron y se clavaron directos en ella.
-Neuro... -dijo, con la frente llena de sudor y no muy tranquila.
-El Evil Dex es una herramienta que recoge información sobre las criaturas más peligrosas e inusuales del Mundo Humano, incluyendo también las que existen fuera del perímetro habitable por vuestra especie -el libro se abrió en su mano, revelando un montón de colmillos afilados en el borde de las páginas-. Es absolutamente inútil en circunstancias normales, pero veo que nos enfrentamos a algo que podría superar la capacidad defensiva de cualquier forma de vida terrestre.
Neuro empezó a pasar páginas a toda velocidad, mientras Yako trataba de mirar de refilón el contenido de las páginas, pero sólo alcanzó a ver un montón de caracteres extraños escrito en letra minúscula.
-"Gecolis Casiopea" -leyó el demonio-. "Una de las seiscientas especies existentes de astrofitas de este universo, y la más peligrosa y letal de todas ellas".
-Pues qué bien... -se lamentó Yako, segura de que iban a tener problemas.
-Según esto es una de las dos especies dotadas de capacidad cognitiva y es absolutamente indestructible por métodos convencionales.
Neuro cerró el libro y este desapareció.
-O sea, que vamos a tener que usar métodos no convencionales ¿no?
-Eso, esclava -respondió el demonio, levantando a la chica por la cabeza una vez más y poniéndola a su altura-, será extremadamente sencillo para mí. La cuestión es qué métodos no convencionales usar.
Miró de nuevo al extremo de la raíz y pareció perder el hilo de la conversación.
-¿Te pasa algo? -dijo Yako, visiblemente molesta cuando el demonio la soltó de golpe.
-Aquí pasa algo raro... Voy a echar un vistazo más de cerca.
El demonio se elevó andando grácilmente sobre la superficie de la planta, ignorando las llamadas de la chica y totalmente perdido en sus observaciones.
-¡Eh!- llamó uno de los abueletes de más abajo-. ¿Qué pasa aquí, tú, la detective esa?
Yako se giró para ver a la multitud contemplándola con gesto impaciente, deseosos de saber sí podían empezar a talar ya la raíz para que dejara de obstruir el corral de cabras de la posada. Agortunadamente, el aura de dispersión que rodeaba a Neuro hacía imposible que gente como esa pudiera darse cuenta de que acababa de desafiar las leyes de la gravedad subiendo por un plano vertical... pero eso era otra historia.
-¡Estamos mirando una cosa! -contestó la chica-. ¡Enseguida les diremos lo que ocurre!