Capítulo VI: Comienza el primer asalto
-¿Por qué tenemos que ir directos hacia esa cosa?
Tsuna no quería ni acercarse a un radio de seis kilómetros alrededor de esa funesta raíz que se retorcía en mitad del pueblo, elevándose hacia arriba y... ¿sujetando un coche destrozado?
-Ya has leído las instrucciones del Noveno -contesto Reborn, corriendo junto al chico para cercionarse de que este no cambiaba de dirección.
-¡No pienso enfrentarme a esa cosa!
-Tsuna, al Noveno Capo le interesa muchísimo tu seguridad, y por eso no puede consentir que algo tan peligroso esté tan cerca de ti y de tu Famiglia. Así que, como también confía en ti, te ordena que seas tú mismo el que te encargues de ella.
-¡Si ni siquiera sé qué hacer! No pienso ir.
El bebé se metió la mano en la chaqueta y sacó una pistola.
-Irás, porque Kyôko y los demás están ahí y tú no los abandonarías. Te recomiendo que actúes de inmediato y pienses menos en lo que haces. La situación es grave de verdad, porque el Noveno me ha permitido disparar balas normales si ocurre algo realmente desagradable.
-¿Cómo de desagradable?
-Como eso.
Reborn señaló al frente y Tsuna se puso pálido.
-¿Qué puñetas pasa? -dijo Gokudera, cuando la raíz empezó a retorcerse.
-¡Esa cosa está viva, Haru! -lloró Lambo-. ¡Y huele mal, me ha soltado un pedo en toda la cara!
El niño se lanzó sollozando a los brazos de la chica, mientras I-Pin comentaba algo en chino a su lado.
-¡Se mueve! -se asombró Kyôko.
-¡La Naturaleza es la leche! -gritó su hermano.
-Creo que... esto no va a ser muy seguro -Yamamoto, siempre listo para la acción, sacó su bate de béisbol de la mochila y miró a los demás-. Será mejor que os alejéis un poco, esta cosa es muy rara.
Los abueletes seguían pegados a la planta, pero estaban ligeramente a una mayor distancia de ella. Al fin y al cabo, se estaba moviendo. Y no sólo eso, se movía como si se estuviera preparando para moverse aún más.
-Esta cosa es realmente... -trató de decir Gokudera, pero no pudo acabar porque Yako Katsuragi le cayó encima.
-¡Creo que he perdido el equilibrio! -se lamentó la chica, sin darse cuenta de que su caída había sido amortiguada en gran medida por el chico que tenía debajo.
-¡Están lloviendo niñas! -gritó Lambo, saltando de los brazos de Haru-. ¡Ha Gokudera le ha llovido una novia!
Sin esperar a que Yako se le quitara de encima, Gokudera consiguió levantarse, tirándola al suelo en el intento.
-¡Vacaburra repelente!
El peligris trató de agarrar al niño del disfraz de vaca, pero este era mucho más rápido y escurridizo.
Yamamoto ayudó a la detective a levantarse.
-Disculpa a nuestro amigo -dijo, mientras ella se sacudía el polvo-, está enfadado porque tiene alergia.
-¿Alergia? -preguntó esta, intentando colocarse correctamente el pasador del pelo.
-¿Qué hacías subida encima de esa cosa? -preguntó Haru.
-I... investigar el terreno... -respondió, sin mucha convicción.
-¡Hay alguien en la punta de la raíz! -dijo de pronto Kyôko, señalando la parte más elevada.
Y en efecto, ahí estaba el ayudante de Yako... aunque esta última decidió desentenderse y no dar explicaciones sobre qué hacía ese tipo ahí. Fingiría que no lo conocía.
-¡Y ahora esta cosa se mueve aún más!
La raíz ya no sólo serpenteaba, sino que había empezado a moverse como si de una especie de tentáculo gigante se tratara.
-¡Alejaos! -gritó Yamamoto, al tiempo que él y Gokudera se preparaban para el combate.
-¡No os olvidéis de mí! -añadió Ryôhei, poniéndose al frente del dúo con los guantes de boxeo en las manos.
-¡Ni de mí! -dijo Lambo, poniéndose... al frente de Ryohei.
-¡Fuera de aquí, Vacaburra!
Echado del terreno de lucha por la patada de Gokudera, Lambo no tuvo otra que irse llorando en brazos de Haru.
-¡Al final va a resultar que esta cosa no es nada pacífica! -exclamó Ryôhei, consciente de que cada vez más gente estaba alejándose... aunque no yéndose.
Y entonces pasó, la parte de la raíz que estaba tumbada en el suelo se levantó y toda ella se alzó como si fuera una morena titánica saliendo de su agujero en el lecho marino. La raíz no parecía tener ningún problema con la gravedad, podía erguirse y contorsionarse en el aire a pesar de su voluminoso tamaño. Con un gesto tajante, empezó a desenrrollar el coche que tenia cogido y lo lanzó por las aires en dirección al mar.
-¡Mi coche! -se oyó entre la multitud.
-¡Atentos, que esta cosa es fuerte de veras! -aconsejó Yamamoto, que ya había puesto el bate en modo espada.
-Guárdate tus precauciones para ti, que yo ya me las apaño solo -Gokudera ya habóa encendido su cigarro y había sacado la dinamita-. ¡A la carga!
