Capítulo VII: El aplastante poder del "todos contra uno"

La raíz reaccionó yendo directamente hacia ellos con la intención de caerles encima y aplastarlos. Era rápida; tan rápida que los chicos no tuvieron tiempo de reaccionar y enseguida se la vieron encima. Afortunadamente, el monstruoso apéndice vegetal se detuvo a medio camino y se retorció sobre sí mismo, como si lo hubieran golpeado por la espalda.
-Una de las Setecientas Setenta y Siete Herramientas del Mundo Demoníaco -anunció Neuro, aún enganchado a la raíz-: Evil Prudrer (Deforestador Infernal).
Una especie de motosierra de aspecto diabólico había sido clavada en la superficie de la raíz, dejando una incisión de la que manaba un líquido amarillento.
-Gecolis Casiopea, veo que no eres tan invencible como se comenta.
La planta pareció indignada, porque volvió a retorcerse y consiguió zafarse del Evil Prudrer... ¡Cicatrizando la herida en el acto!
-Vaya... Creo que me he confiado.
Neuro saltó, esquivando una envestida de la punta de la raíz y consiguiendo que se dañara a sí misma en el intento.
-¿Quién es ese tipo? -preguntó Gokudera-. ¡Este bicharraco va a pagar caro el haber intentando aplastarnos!
Una lluvia de cartuchos de dinamita salió disparada directa al extremo de la raíz de la Gecolis Casiopea. La explosión apenas dañó la superficie de la cosa, pero sirvió para que retrocediera un poco.
-¡Es más resistente de lo que pensábamos!
Yamamoto trató sin éxito de dañar la base de la raíz con su espada, pero cualquier rasguño que le hiciera se regeneraba enseguida. Tampoco los puñetazos de Ryôhei resultaron demasiado efectivos contra un enemigo de tamaña proporción.
La Gecolis Casiopea movió su raíz otra vez en dirección hacía el trío, dispuesta a matar una vez más. Afortunadamente, los golpes parecían haber tenido efecto y no fue tan rápida como la otra vez, permitiendo a los chicos quitarse de en medio.
-¡No vamos a poder esquivarla mucho tiempo, parece que está recuperando su velocidad!
Una nueva embestida demostró lo que había dicho Gokudera, la planta estaba cada vez más despierta. No tuvieron posibilidad de huir cuando volvió a lanzarse sobre ellos. Esta vez no hubo nadie que atacara a la planta por detrás... ¡sino por delante!
Algo pasó a toda velocidad por encima de los chicos y golpeó a la raíz con tanta fuerza que la dobló en la dirección contraria. Ante el trío, Tsuna puso los pies en el suelo y alzó los puños. Iba en calzoncillos...
-Derrotar a esta cosa... ¡A MUERTE!
Una pequeña llama roja brillaba en su frente, señal de que Reborn había usado con él una de las balas especiales para canalizar su fuerza de voluntad.
-¡Décimo Capo! -dijo Gokudera con lágrimas de alegría en los ojos-. ¡Sabía que usted vendría a ayudarnos!
Gustosos hubieran ayudado a Tsuna en su intento de acabar con la planta, pero él era demasiado rápido en el "Estado A Muerte". Antes de que se dieran cuenta ya había asestado tres puñetazos más a la planta y estaba trepando por ella, dispuesto a llegar hasta el extremo.
Fue entonces cuando el demonio trajeado hizo su reaparición, llevando consigo una enorme y pesada cadena de hierro que había sacado de sólo Dios sabe donde.
-Me ha costado encontrar algo lo suficientemente resistente -dijo en tono amenazante-, pero ya estoy de vuelta, querida astrofita.
Justo cuando consiguió engancharse en la raíz, reparó en la presencia de Tsuna a pocos metros de él, trepando como un loco.
-¿Tú quién eres? -preguntó, preguntándose de dónde demonios había salido un humano capaz de trepar así por la furiosa raíz.
-¡SOY EL QUE VA A TALAR ESTA MALDITA PLANTA! -gritó sin detenerse en su ascenso.
-Tú mismo.
El demonio se encogió de hombros y se dispuso a seguir con su plan, rodeando a la raíz de la Gecolis Casiopea con la cadena para intentar controlarla. Por aquel entonces, y a pesar del desesperado serpenteo de la planta, Gokudera, Yamamoto y Ryôhei ya habían encontrado la forma de agarrarse a la raíz y se estaban concentrando en atacar su base con todo lo que tenían.
-¡Que no se diga -dijo Gokudera, clavando dinamita en las hendiduras que hacían Yamamoto y Ryôhei antes de que estas cicatrizara-, que nosotros no echamos una mano! Él Décimo va a estar orgulloso de su mano derecha -dijo para sí.
Fue entonces cuando Tsuna llegó hasta el extremo de la planta y descargó toda su fuerza contra ella, agarrado fuertemente por los pies y dispuesto a soltar puñetazos a diestro y siniestro. Neuro ya había acabado su trabajo y empezó a tirar de la cuerda, obligando a la planta a doblarse sobre sí misma y a adquirir una posición nada recomendable, ni siquiera para una forma de vida vegetal.
-¡Vuela por los aires! –gritó el chico del pelo gris.
La dinamita de Gokudera explotó justo en ese momento, dejando a la raíz lo suficientemente tocada como para perder su capacidad de cicatrización.
-Ahora sí -dijo Neuro al ver la base dañada de la planta-. ¡Evil Prudrer!
El demonio hundió su Herramienta Demoníaca en la base de la raíz en el mismo instante en el que Tsuna, al otro lado, tiraba del extremo y lo golpeaba contra el suelo con todas sus fuerzas. El resultado fue que la raíz acabó arrancada de cuajo, totalmente desconectada del resto de la planta.
-¡Lo hicimos! -gritó Ryôhei, mientras sus dos amigos asentían con aprobación.
La llama que tenía Tsuna en la frente se apagó, y este terminó tirado en el suelo, demasiado cansado como para levantarse. Neuro había desaparecido de escena con absoluto sigilo.
Desde lo alto del tejado de la posada, Reborn estaba sentando contemplando la escena. No lo habían hecho malo, aunque ese era sólo el principio. Le había llamado la atención el tipo del traje azul... tenía características bastante poco comunes.
Echó un vistazo al agujero por el que había asomado la raíz, ahora sepultado tras la huída del resto de la Gecolis Casiopea que había permanecido bajo tierra. Negó con gesto preocupado; iban a necesitar más ayuda.