Un nuevo capítulo que subo! ^^
Otra vez, muchas gracias a Mistral-black por comentar (a ver si me haces publi por ahí... XD Nah, es coña... o no?)! Lamento decirte que no tengo pensando hacer ningún avance en lo que a las relaciones entre los personajes respecta. No es que no quiera, lo que pasa es que empecé el fic con la intención de encajarlo entre dos sagas ya existente en ambas series y me gustaría que no hubiera demasiadas contradicciones (pero vamos, que el propio fic ya es una contradicción XD). Sin embargo, en otros fics de este tipo en los que la acción transcurre después del final de las series, si que me tomo más libertades en este aspecto ^^
Por cierto, el coche de Godai es un elemento imprescindible... como me gusta hacer rabiar al pobre XD Es que es tan fácil de chinchar!
Espero que estos capis también gusten!
Capítulo XI: ¡Yo también voy a la isla!
Lentamente y por partes, Godai despertó sin tener ni la más mínima idea de dónde se encontraba. En cuanto descubrió que algo le estaba mojando los pies, se levantó de golpe, pero acabó tropezándose consigo mismo y cayendo de culo al suelo.
-¿Qué...?
Estaba en la playa, no había duda. Hizo memoria sobre lo que había ocurrido anoche; recordaba con claridad su desesperado intento de ir a buscar su coche por si había caído cerca de la orilla y tenía arreglo... Luego un abuelete que pasaba por ahí le había traído cerveza y los dos habían estado bebiendo y llamando a gritos al dichoso coche por si aparecía... Recordaba también haberse adentrado en el agua por si los restos destrozados del coche estaban por ahí... Pero nada más.
-¡Mierda!
Se había emborrachado presa del desconsuelo por la pérdida de su amado vehículo y había acabado inconsciente flotando en el agua. Menos mal que había sido devuelto a la orilla por las amables olas de...
-¡Espera! -dijo-. Esta playa no me suena de nada.
Intentó adentrarse un poco para buscar el pueblo, pero no había ni rastro de él.
-¿Dónde demonios estoy?
El aire olía raro, como si hubiera habido un incendio o algo parecido recientemente, y en el suelo se veía ceniza y restos de algo que había sido carbonizado.
-¿Hola?
Fue al subir por una de las dunas de la playa cuando descubrió donde se encontraba. Desde su posición original no podia verlo, pero ahora se erguía frente a él, amenazante, todo un bosque cubierto por gigantescas raíces que serpenteaban lentamente.
Él había sido el primero en llegar.
Una figura sentada en la penumbra se movió incómoda. No acostumbraba a recibir ese tipo de encargos.
-Intrucciones de parte de ese fantoche ¿no? -dijo desde detrás del casco que le tapaba la cabeza.
-Sí señor -respondió el mensajero-. Sabe que tiene usted un puesto bastante importante dentro de su... dentro del sector por el que se mueve. Necesita de sus servicios; siempre y cuando sepa guardar silencio.
-Confío en que se me pague bien.
-Naturalmente, el Presidente del Comité de Erradicación de Amenazas en Potencia sabrá agradecer su colaboración y estará dispuesto a recompensarle de forma no oficial por el trabajo que le encarga.
-Y sólo es acabar con una puñetera planta... sin más líos de por medio. ¿Me equivoco?
-No se equivoca usted, señor Skull. Sólo es una planta especialmente grande y resistente. Pondremos a su disposición todo lo que necesite, y, naturalmente, su Famiglia también recibirá la parte que le corresponde por alquilarnos sus servicios. Nadie perderá nada.
Skull rió con una carcajada megalómana y estridente.
-Será divertido.
Con su escasa estatura de bebé, Skull se levantó del asiento y se irguió frente al ayudante del Presidente del Comité de Erradicación de Amenazas en Potencia, indicándole que se marchara. Colgado del cuello, llevaba un chupete púrpura.
-¡Preparad la flota más rápida que tengamos disponible! -ordenó-. Vamos a hacer un viajecito de negocios.
Los árboles estaban llenos de arañazos y algunos habían acabado reducidos a astillas. Ya no quedaba ningún animal que se atreviera a acercarse a menos de un par de kilómetros del sitio en el que estaba armándose todo el jaleo. Durante unos interminables veinte minutos, gran parte del bosque habia sido una zona de alto riesgo por las dos silueta que saltaban de árbol en árbol y se atacaban la una a la otra en un frenesí de disparos y golpes.
Los dos responsables estaban de nuevo el uno frente al otro, todavía frescos como rosas a pesar de lo ocurrido. Neuro chasqueó los dedos y su ropa, llena de desgarrones y agujeros de bala se reconstituyó completamente. Reborn se había quitado la chaqueta y estaba en mangas de camisa, con un arma de gran calibre en las manos y un cinturón lleno de munición.
-¿Quieres continuar? -preguntó el bebé, sin siquiera un jadeo.
-Nunca imaginé que acabaría peleando de igual a igual contra un bebé humano.
-Poca gente puede presumir de poder igualarse a un Arcobaleno, demonio. ¿Vendrás con nosotros?
El demonio trajeado rió con sorna.
-Mi respuesta sigue siendo la misma. Tú y yo no estamos hechos para cooperar -hizo ademán de ponerse los guantes-. Sin embargo, inevitablemente acabaremos en el mismo sitio. Aunque eso no significa que vaya a trabajar a vuestro lado.
Reborn sonrió al tiempo que guardaba su arma y se recolocaba la chaqueta.
-Si así lo quieres, dejaremos esto por ahora. Por cierto, tu subordinada irá con nosotros.
Neuro ya había acabado de cubrirse las garras.
-Esclava infiel... Esto tendrá consecuencias interesantes para ella, no sé si me entiendes.
-Sí lo hago -el bebé asintió-. Yo también empleo métodos poco ortodoxos cuando mi discípuplo se pasa de la raya.
-Poco ortodoxos... pero efectivos -el demonió rió mintras se sacudía el polvo de la perneras-. Por eso tú y yo no podemos trabajar juntos; no podríamos aplicar esos métodos.
-Aún así, es cierto que nuestro objetivo es el mismo. Ya nos veremos.
-Más pronto de lo que piensas, bebé.
Y en un visto y no visto, el demonio desapareció.
