Advertencias: No hay, son las mismas que dije en el capítulo anterior~
No sé que decir, aparte de agradeceros los reviews a los que se molestaron en dejarlos y también a los que leyeron :3
Oh, me gustaría aclarar una cosa: No especifico el año ni época en la que se ambienta el fic, pero se entiende que es más o menos de tiempos antiguos, sin tecnología y cuando los más poderosos mandaban y había castillos y creían en las brujas... y blah blah blah... ¡Lo siento, pero soy pésima con la historia de cualquier país y no sé situarlo! (?) Si hay alguna guerra o conflicto entre ejércitos en el fic, no hago alusión a ninguna guerra ni enfrentamiento entre naciones que realmente haya ocurrido, me lo estoy inventando todo (?)
Así que la ropa de los personajes es vestimenta antigua, los ricos con capa y ropa de nobles, guardias con traje de guardia, campesinos con traje de campesinos (?) y todo eso. xDDDD No los vayáis a imaginar con vaqueros, deportivas y chaquetas de cuero (?)
Ya está, eso es todo.
Cap. 2
Celos
Despertó, sintiendo leves punzadas de dolor en la cabeza, afortunadamente el dolor no era lo bastante fuerte como para impedirle levantarse. Tardó unos segundos en acostumbrarse a la luz natural que entraba por la ventana inundando la estancia, cegándolo momentáneamente, hasta que se acostumbró a ésta, y entonces le vio. Observó al gigante del norte, Soren, cuyo apodo era bastante acertado debido a su altura y sus orígenes escandinavos; éste dormía profundamente, Lukas podía escuchar su respiración en el silencio de aquella habitación. Pudo suponer que no serían aproximadamente las ocho de la mañana, lo que significaba que apenas había dormido cinco horas, pero eso no le importaba, siempre que ocurría eso conseguía estar despierto al cabo de un rato, hubiera dormido cinco o doce horas, daba igual porque estaba acostumbrado a madrugar.
Salió de debajo de las mantas pero sin apartar éstas, de tal forma que siguieran arropando a Soren, y si no fuera porque no quería despertarlo le habría tirado de la cama por haberse atrevido a abrazarlo. Afortunadamente el agarre del mayor era flojo ya que éste se había movido mientras dormía, y Lukas no tuvo muchas dificultades en librarse rápidamente de él, cuidadosamente para que no despertara. Se levantó de la cama y se vistió rápidamente con la ropa del mayor, ya que la suya propia que llevaba en ese momento apenas abrigaba; aquella ropa le quedaba grande, la camisa blanca holgada le llegaba hasta medio muslo y tuvo que doblar las mangas para que no le cubrieran totalmente las manos, seguidamente se puso una chaqueta y los pantalones, que también dobló los extremos de éstos para que no sobraran. Al menos así no tenía frío.
Salió de la habitación y cerró la puerta sin hacer ruido, una vez fuera olvidó su cautela y bajó corriendo las escaleras, dobló por un par de pasillos y llegó lo más rápido que pudo a la cocina, donde se encontró con siete personas conocidas.
Alfred, el niño rubio de ojos azules y cabello algo alborotado le observó desde la silla en la que estaba sentado, balanceando las piernas, tenía un par de dulces extraños aunque de aspecto apetecible y masticaba uno de ellos en ese momento; seguramente se los habría pedido a su tutor, Arthur, aquel rubio de gruesas cejas y aspecto malhumorado, que (afortundamente) no se encargaba de cocinar, solo supervisaba a todas las personas del castillo, y daba órdenes. Por otro lado, Francis, un hombre de cabello rubio, tres asiáticos que eran una mujer y dos hombres, Mei Mei, Im Yong Soo y Yao Wang; y una joven rubia a la que conocía muy bien.
A pesar de que un delicioso olor inundaba la estancia, los que allí se encontraban parecían preocupados por todo excepto por la cocina. El niño reía y se atragantaba con la comida mientras el galo molestaba a su tutor, que no se cortaba en soltar improperios y golpearle con lo primero que tuviera a mano; Im Yong Soo se dedicaba, como casi siempre, a acosar a Yao, el cual llamaba a la chica asiática en busca de algo de ayuda, pero ésta estaba demasiado ocupada ignorándolo. El mayor esfuerzo que hizo Mei Mei fue reír cuando los otros dos tropezaron "accidentalmente" con su pierna, que por casualidad se había colado entre las del chino, haciéndole caer al suelo y quejarse cuando el coreano cayó encima suya.
-Creí que no vendrías. -Dijo Natasha mientras dejaba el cuchillo que estaba utilizando para cortar unas verduras. -Ayer hiciste el ridículo, deja de intentar escaparte, es imposible.
Lukas alzó las cejas ante la insensibilidad de la eslava, pero no se sorprendió por ello.
-¿Y cómo es que tú estás trabajando? Normalmente estás en cualquier sitio excepto en la cocina... ya sabes... -Preguntó éste, provocando una expresión de disgusto en la soviética. -¿Puedes salir?
Natasha miró también al mayor de los asiáticos, y Yao se esforzó en esbozar una sonrisa mientras intentaba soltar las manos del coreano, aferradas a su cintura, que no le dejaban levantarse.
-No te preocupes-aru. Ésto ya casi está terminado, nosotros podemos ocup... ¡Ah! ¡No toques ahí-aru!
Lukas suspiró, acostumbrado a esas escenas y salió de la cocina seguido por Natasha, ambos caminaron en silencio hasta las puertas del castillo, fuera había algunos de los guardias supervisado por el superior de todos ellos y de mayor rango, aunque lo único que hacían eran reír, beber y charlar entre ellos.
Iván, el superior de todos los demás guardias, ensombreció su expresión al verlos salir.
-¿Tienes permiso para salir? -Interrogó éste, mirando inquisitivo a Lukas, el cual se limitó a encogerse de hombros. -Lo suponía, da...
-Hermano. -Murmuró Natasha mientras se acercaba a él, besando la mejilla del eslavo. -No importa, va conmigo, y siempre salimos a ésta hora.
Iván sonrió y asintió, lo sabía, pero después de lo ocurrido el día anterior creyó que Soren habría encerrado a ese niño rebelde en algún lugar. El ruso apartó suavemente a su hermana y caminó hacia el interior el castillo, no sin antes susurrar algo en voz baja al oído de Lukas, para que únicamente lo escuchara éste.
-Si no fueras el protegido del señor* ,ya te habría enseñado a comportarte la primera vez que intentaste huir, da~ -Seguidamente alzó la mirada hacia su hermana. -Nos vemos luego, hermana.
Lukas le miró unos instantes e ignoró sus palabras, consciente de que no podía hacerlo a no ser que quisiera ser ejecutado, nadie podía tocarle. Se unió a Natasha en el momento en el que Iván desaparecía por la puerta del castillo, marchándose. Los demás guardias seguían hablando en voz baja, mirando de reojo a Lukas de vez en cuando, pero éste no les hizo ningún caso, ni siquiera le importaba.
Sin embargo, enseguida parecieron ignorar el tema del que estaban hablando, ya que volvieron a gritar y reír.
-¡Gilbo! ¿¡Vas a dejar que te gane una mujer!? -Exclamó un sonriente joven de cabello castaño y ojos verdes, con marcado acento español, animaba a su amigo que acababa de recibir un golpe en la cabeza, cortesía de cierta jovencita húngara. Al lado del español había un chico más joven con un extraño rizo sobresaliendo de su cabello, que refunfuñaba algo en voz baja sobre lo estúpido que era Gilbert.
Aparte de Antonio y Lovino, estaban Vicent y Emma: ésta última reía, contrariamente a su hermano que tenía una expresión malhumorada. Lukas supuso que los demás guardias sí estarían trabajando de verdad, pero no le importaba demasiado. Natasha y él comenzaron a alejarse del castillo y caminaron a paso tranquilo adentrándose en el bosque que conocían bien, manteniéndose en silencio hasta que la rubia lo rompió.
-Toma. -Dijo Natasha mientras le tendía una pequeña bolsa de piel caliente, que contenía algunos de los bollos que habían estado horneando.
Enseguida su expresión se volvió más seria
-Si no te lo tomas en serio, no conseguirás escapar. -Espetó ésta, con su habitual tono de voz frío y algo brusco. -Podrías simplemente olvidarte de tu hermano, preocúpate por ti mismo.
-No voy a dejarle aquí. -Replicó Lukas, y por su tono de voz Natasha supo que no tenía intención de cambiar de idea.
-Si te lo llevas contigo no aguantará vivo más de un día y te retrasará a ti, ¿qué piensas hacer?
-Se me ocurrirá algo, conseguiré escapar de alguna manera, no quiero estar aquí.
-Pues cuando se te ocurra, ya sabes donde estoy, te ayudaré.
-Ven conmigo. -Dijo Lukas, provocando una leve risa sarcástica en la eslava.
-¡Yo te retrasaría incluso más que tu hermano! ¿Y si me da por desmayarme en un momento en el que necesitemos huir?
-No seas tan cruel contigo misma. -Resopló.
-Tampoco quiero alejarme de mi hermano.
-¿Cuando piensas decirle que sientes algo más que amor de hermanos hacia él?
-Oh, sí, claro, ¿y qué hago? ¿Voy y le digo...?
Ambos callaron al escuchar una pequeña rama partirse, como si la hubieran pisado, pero pensando que se trataría de una ardilla o algún animal salvaje no le dieron importancia.
Lukas volvió a mirarla y ella continuó hablando.
-... sí, te amo, desde siempre, tú has sido la persona que me abrazó esas noches de invierno, en las que estaba tan sola, y soy la única que te comprende. Por eso quiero que seamos uno, ¡por qué no!
El rubio alzó ambas cejas, divertido, y esbozó una leve sonrisa.
-Eres tonta. -Murmuró éste. -Tal vez tu her...-
Calló al ver que Natasha abría mucho los ojos y su cuerpo se desplomaba sin más, consiguió sujetarla antes de que callera al suelo, abrazando el cuerpo de la chica con los brazos para sujetarla. Ésta maldijo en su idioma natal y se llevó una mano a la cabeza, consiguiendo ponerse en pie de nuevo, separándose de Lukas. Él la miró con dureza, soltándola.
-¿No has...?
-No. Y no estamos aquí para hablar de eso. -Interrumpió Natasha, frunciendo el ceño.
-¿Además de anoréxica te estás volviendo idiota? -Bufó el chico, agarrándola del brazo y obligándola a sentarse en el suelo. Tomó la bolsa que le había dado ella hacía unos momentos y la abrió, sacando uno de los bollos aún algo caliente. -Tu obsesión por estar físicamente bien empieza a preocuparme... Natasha, no necesitas estar así para ser guapa.
-Da igual. -Gruñó ésta cogiendo el bollo, dándole vueltas en las manos. -Supongo que sabes que me aseguraré de vomitarlo después.
Lukas se encogió de hombros.
-Intentaré creer que tal vez no lo hagas. ¿Sabes? Eres de las pocas personas que me agradan en éste lugar, así que no te mueras, ¿eh?
Natasha le sacó la lengua y dio un pequeño mordisco al bollo, tragándolo pesadamente.
Lo que ninguno de los dos sabía era que, el crujido de rama al partirse que habían escuchado antes era una advertencia de que, desde aquel momento, alguien les espiaba tras los árboles y matorrales, y ése alguien no estaba nada contento.
OoooooO
Abrió lentamente los ojos y aún adormilado advirtió que el hueco de la cama junto a él estaba vacío, pero al palparlo notó que aún estaba caliente, su acompañante no debía haberse levantado hace mucho. Se frotó los ojos y bostezó, manteniéndose tumbado mirando a la puerta unos segundos. Tendría que recoger su ropa, estaba tirada por el suelo y esa era una mala forma de disimular lo que había ocurrido allí... sin embargo, la de Berwald no estaba. Pensó que se habría marchado por miedo a ser descubierto, pero eso le extrañaba ya que solía avisarle para que no se preocupara.
En ese momento la puerta se abrió y su corazón dio un vuelco, se habría levantado a toda prisa sino fuera por el pequeño detalle de que su cuerpo estaba cubierto únicamente por las mantas de la cama. Volvió a respirar al ver que el que entraba era precisamente la persona en la que había estado pensando hasta ese momento, y que cerró la puerta con llave después de entrar en la habitación.
El de lentes se acercó a él y le entregó un par de bollos recién horneados y un vaso de leche templada, ni fría ni caliente, como le gustaba por la mañana.
-No tenías por qué molestarte. -Tino le miró con agradecimiento y mordisqueó uno de los bollos.
Se tomó su tiempo para desayunar, bajo la mirada de Berwald, que a pesar de todo siempre conseguía ponerle algo nervioso cuando le miraba de aquella forma tan fija. Cuando terminó el contenido del vaso y los bollos, dejó el recipiente sobre la mesa que había al lado de la cama y se quedó unos segundos disfrutando del silencio... hasta que pareció acordarse de algo y se sobresaltó.
-¡No deberíamos estar aquí juntos! Y menos... así. -Murmuró refiriéndose a su desnudez. -¿Y si entra mi primo?
-Ha s'lido.
-¿Soren... ha madrugado? -Tino se mostró levemente sorprendido. -Eso es raro. De todas formas, es mejor no arriesgarse, podría volver... tiene la manía de entrar en mi habitación sin llamar, y tiene las llaves de todas las habitaciones del castillo, puede entrar.
-P'es... di que no 'stas... pr'sentable.
-¡Le da igual si estoy desnudo o bailando con un vestido rosa lleno de lazos y volantes! ¡Entra de todas formas!
Se levantó de la cama y comenzó a vestirse rápidamente dándole la espalda a Berwald, en menos de cinco minutos todas su capas de ropa estaban de nuevo sobre su cuerpo, abrigándole del frío. A Tino, aunque sabía que era algo estúpido pues sabía que al mayor no le importaba, no le gustaba del todo vestir con esa ropa tan cara y bonita, que parecía decir "eh, mírame, soy superior, mejor, más rico y poderoso que tú... ¡puedo hacer que te ejecuten si creo que me has mirado mal!" a cualquiera que le viera; porque a Tino no le gustaba reflejar eso, no quería intimidar, parecer superior ni nada de eso... sin embargo, a su primo y sus padres no les agradaba la idea de que vistiera con ropa de pobre, así que debía llevarlo.
Observó la vestimenta de Berwald, un simple y algo viejo traje de guardia, como los de todos lo que lo eran.
-¡Será mejor que no salgamos juntos! Puede irse uno ahora y el otro saldrá en unos minutos, así si alguien nos ve...
Berwald le observó, realmente no estaba escuchando del todo mientras el menor parloteaba, diciendo una serie de advertencias y precauciones que debían tomar, simplemente pensaba en lo adorable que parecía incluso estando preocupado y nervioso... en realidad le parecía adorable de cualquier manera. Ni siquiera se dio cuenta cuando Tino dejó de hablar y le miró frunciendo el ceño.
-¡No me estás escuchando! -Protestó. Sí, enfadado también era adorable.
-'ntonc's... nos v'mos l'ego.
-¡Después de comer, moi! En el patio, detrás del castillo, allí casi nunca hay gente, podremos hablar más tranquilamente.
Tino se alzó sobre las puntas de sus pies y dejó un pequeño y corto beso en los labios de Berwald, provocando que ambos se sonrojaran levemente. Durante unos segundos reinó el silencio y no se movieron, hasta que Tino, nervioso pero sonriente, se apartó de Berwald y salió de la habitación, marchándose.
OoooooO
-Tino...
Éste, al escuchar que su primo le llamaba, alzó la mirada del libro que estaba leyendo. Ambos estaban sentados en una habitación del segundo piso del castillo, y desde sus ventanas se veía la enorme y única entrada al patio del castillo, lo demás estaba rodeado por un muro a modo de protección y seguridad. Soren acababa de volver de dónde sea que se hubiera ido, y los tres minutos que llevaba en esa habitación había estado callado, con el ceño fruncido. Tino también había llegado hacía poco, pero eso no tenía por qué decirlo.
En ese momento se levantó de su asiento y se acercó a la ventana, frunciendo aún más el cejo al mirar a traves de ella. El menor se asomó también para ver que era lo que había molestado a Soren, pero lo único que vio (aparte de los niños jugando por allí fuera) fue que las puertas del castillo se abrían y entraban Lukas y Natasha, seguramente volviendo de su paseo diario: la eslava estaba ligeramente apoyada en el chico que la ayudaba a caminar, parecía mareada, débil, o ambas cosas.
-Parece que ya han vuelto. -Dijo Tino, volviendo a su asiento. -¿Qué querías?
-Me estaba preguntando algo... -Murmuró Soren en voz baja, casi hablando para sí mismo. Luego desvió la mirada hacia su primo, el cual le observaba atentamente.
-¿Y ese algo es...? -Preguntó Tino, sintiendo que estaba tirando de un hilo para sacarle las palabras.
-¿Qué motivos son necesarios para acusar a una mujer de brujería?
El menor se sorprendió por la pregunta, y dudó unos segundos antes de continuar.
-Espero que no estés pensando en hacer nada. Vale que estés celoso, pero eso... Natasha no es ninguna bruja y tú lo sabes.
Soren le sonrió, negando con la cabeza.
-No, no pensaba en nada de eso.
-¡Y sabes bien que el castigo es cruel! Ser quemada viva...
-¡Tino! ¡No voy a hacer ninguna tontería, de verdad! ¿Cómo le iba a hacer eso a Natasha? ¿Realmente crees que sería capaz de algo así?
El de ojos violetas suspiró, esbozando una leve sonrisa.
-Está bien... por un momento temí que fueras a hacer una tontería.
-Solo acusaría a alguien si supiera realmente que es una bruja. -Rió Soren, divertido al ganarse una mirada de reproche de su primo. -¡Oh, está bien, es una broma! ¡No me mates!
Soren le revolvió el pelo al menor y salió de aquella sala, dirigiéndose al piso de abajo. Sabía que en ese momento Lukas acompañaría a Natasha a la cocina, y si se daba prisa podría pasar casualmente por el pasillo al mismo tiempo que ellos, y secuestrar unos minutos al rubio.
Y, efectivamente, eso fue lo que pasó. Se cruzó con ellos, ambos iban en la dirección contraria por lo que se encontrarían sí o sí; Soren notó la mirada de desagrado de Lukas, la chica simplemente inclinó la cabeza a modo de saludo, pero el mayor no reparó en nada de eso, lo único a lo que prestó atención fue a las manos de éstos dos, agarradas, lo cual le provocó una desagradable sensación en su interior a la que no se atrevió a darle nombre. Cuando los rubios pasaron por su lado, Soren aferró la muñeca de Lukas, obligándole a detenerse. Éste volvió a mirarle con odio, y seguidamente a Natasha.
-¿Puedes caminar sola?
La eslava asintió y le soltó la mano, siguiendo su camino hacia la cocina.
Lukas volvió a mirar a Soren, irritado.
-¿Qué quieres?
-No me hables así, Luke, no tengo por qué contestarte. -Respondió el mayor, sonriéndole. -Si quiero que vengas conmigo tienes que hacerlo, ¿no?
-Yo no quiero ir contigo. -Contestó simplemente Lukas, considerándolo obvio. -Tal vez no lo hayas notado, pero no me agradas.
-Solo quería disculparme, ayer...
-Ayer intenté escapar. -Dijo tranquilamente el menor. -No lo conseguí, me encontraron y me trajeron en contra de mi voluntad, porque estaba lo suficientemente drogado como para casi no poder andar.
-¡Yo no ordené que te dieran el láudano!
El de ojos violáceos se encogió de hombros, indiferente.
-¿Por qué no dejas que me vaya y ya está?
-No quiero que te vayas.
Soren agarró con más fuerza su muñeca al notar que intentaba soltarse, sin permitirlo. Lukas frunció el ceño y dejó de forcejear cuando comenzó a hacerle daño y clavarle los dedos en la piel.
-¿Entonces sigo siendo un prisionero?
-¡Claro que no! ¡Puedes hacer todo lo que quieras, salir a pasear cuando quieras y pedir lo que quieras! Pero no puedes irte. No quiero.
-Oh, así que es un capricho...
Soren resopló, molesto por la terquedad de Lukas. ¡Desearía que fuera más amable con él! Pero si solo estaba intentando ayudarle, lo hacía todo por él... pero todos sus intentos de demostrarle su afecto parecían distanciarles más, Lukas no parecía verlo de la misma manera. Y lo que más le enfurecía era que con casi todos los demás era amable o al menos les aguantaba: Tino, Natasha, Berwald, Mei Mei, Elizabeta, Emma, Yao... Lukas no parecía odiarles, a ninguno. Solo a él.
-¿Discutís?
Ambos dirigieron la mirada hacia la dirección de la voz, y vieron al pequeño Emyl, medio asomado por una esquina, observándoles. Soren soltó a Lukas cuando éste volvió a tirar de su mano, y el pequeño se acercó a ellos, con cautela.
-¡Enano! -Exclamó Soren, alzando al niño en el aire sin mucha delicadeza, manteniéndole en alto. Éste rió, divertido al verse a tal altura aunque algo asustado, mientras que el de cabello de punta fingía dejarle caer para recogerle rápidamente después. -¿Dónde te habías metido? ¿No estabas jugando?
-Eli ha dicho que os llame... dice... -Emyl frunció levemente el ceño, intentando recordar las palabras exactas de la castaña. - ...que vayáis de una vez a comer, que ya está todo servido. Sí, ha dicho eso.
-¡Pues no hay que hacerles esperar! -Rió Soren, revolviéndole el cabello y sentándole sobre sus hombros. -Vamos a ver que hay de comer, estoy hambriento.
Lukas les observó, inexpresivo, y comenzó a caminar a su lado cuando Soren echó a andar también, en dirección al gran comedor, donde se reunían todos para almorzar y cenar.
Era una sala enorme con una mesa igual de enorme y larga, muchos platos y bebidas distintas para que cualquiera tomase lo que quisiera... y lo que a todos les gustaba de aquellas comidas y cenas era que comían todos juntos: cocineros, guardias, demás empleados y el señor del castillo, y su primo también. Sabían que Soren era agradable con todos, eran como su familia, a no ser que le enfadaran, y más de una vez acababan con una guerra de comida.
¡Y esa vez no iba a ser de menos! Un comentario malintencionado de cierto albino, la paciencia que se agotaba de Elizabeta y las risas de los amigos de Gilbert, entonces la paciencia llegaba realmente a su límite y el albino recibía un proyectil directo en la cara: carne, algún puré pringoso o lo primero que la castaña pudiera encontrar. Entonces Francis intentaba defender a su amigo y... ¡oh, sorpresa! El ojo del pescado daba accidentalmente en la mejilla de cierto niño de ojos azules, el tutor cejón de éste se enfadaba y le respondía al francés con un trozo de pan en la cabeza; un proyectil alcanzaba accidentalmente a Emma y Vincent le estampaba en la cara lo primero que encontrara al que se hubiera atrevido a hacer eso, y... Bueno, después los tres niños se escondían debajo de la mesa, los adultos más sensatos y serios observaban en silencio hasta que algo pringoso les acertara en la cara y acabara con su paciencia, Soren reía a carcajadas y Tino observaba todo ligeramente boquiabierto, sorprendido y divertido al mismo tiempo, y por qué no, usaba un tenedor como catapulta y le lanzaba algo a cierto escandinavo de expresión intimidante, disimulando después que no quería saber nada de la guerra que se estaba llevando a cabo en la mesa. Mei Mei se dedicaba a tirarle bolas echas de migas de pan a Yao, el cual protestaba, y acababa metida en una guerra con Im Yong Soo, que defendía al irritado chino, y por otra parte se divertía haciendo eso. Natasha se encargaba de lanzar lo más duro que pudiera encontrar a quien se atreviera a disparar a Iván. Lukas comía tranquilamente, esquivando de vez en cuando trozos de comida que pasaban rozando su cara, pero ninguno le daba, lanzándole de vez en cuando miradas a Natasha, con el significado secreto de "COME" (que ésta fingía no entender, porque no tocaba su plato), pero cierto danés lo interpretaba de una manera equivocada.
Y eso era lo que solía pasar en sus comidas, luego el comedor acababa echo un asco y les tocaba limpiarlo.
OoooooO
Ehm... sí, éste capítulo fue más bien como "¡Conozcamos a la gente del castillo!" (?), pero a partir de aquí ya me empezaré a centrar más en lo importante.
Quería sacar a la gentecilla que trabaja en el castillo y tal, claro que puedo poner más, pero de momento solo saqué a esos.
¡Tú puedes hacerme feliz y subirme el autoestima, ya sabes como!
