MUCHISISMAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS, QUE BUENO QUE LA ADAPTACION LES ESTA GUSTANDO…

HISTORIA ORIGINAL DE SOLIN

ADAPTACION DE BLUEMELINA

NOTAS: TEXTO EN CURSIVA ES NARRADO POR UNA SERVIDORA, TEXTO EN NORMAL ES NARRADO POR LOS PERSONAJES.

CAPITULO II

Los ojos de Terry estaba fijos en la puerta cuando entre y pude notar su breve expresión de desencanto al verme.

-Hola, mi pequeña. ¿Te llamó Albert para que le hi cieras compañía mientras esperaba a que me desperta ra?

Cuando Albert me llamaba «su pequeña», mi corazón no se aceleraba de aquel modo...

Sonreí, complacida y aliviada de ver que hablara con tanta coherencia, aunque me fue imposible articular palabra alguna du rante unos segundos.

-No hubieran podido mantenerme alejada -dije con más sinceridad de la que la sensatez imponía.

-La enfermera perfecta Aún me acuerdo de esa gatita... -dijo, arrastrando las palabras. Parecía cansa do, casi exhausto.

-Fue una mascota adorable.

-Eso pensaba mi madre. Le dejó ser la dueña de la casa -replicó, hablaba de una gatita que yo había recogido de la calle cuando tenía diez años.

-Flammy se puso furiosa conmigo y quiso llamar a la perrera para que se la llevaran -dije sonriendo, hablando de mi madrastra-, pero tú no la dejaste.

-¿Qué tipo de gato tienes ahora?

Yo siempre había tenido gatos, normalmente ani males abandonados y recogidos de la calle, pero una vez había tenido un perrito, un regalo de mis padres por mi cuarto cumpleaños y había llorado a mares cuando murió.

-No tengo ningún animal.

No era por decisión propia. Ahora vivía en el campus de la universidad donde trabajo y no me permitían tener animales, pero no tenía la intención de abrumar a Terry con mis problemas, así que solo sonrió encogiéndome de hombros.

-No me has preguntado cómo estoy...

Me agarró fuertemente de la barandilla de la cama para con tener el impulso de tocarlo.

-Parece que el matón del colegio te dio una paliza durante el recreo.-Aquello le hizo reír y a mí me alegró escucharlo. Des pués su gesto se tornó sombrío.

-Mis piernas no se mueven -su expresión y su voz se volvieron desesperadas de repente.

Yo no podía resistir la necesidad de tomarle la mano para mostrarle mi apoyo.

-Ya lo harán. Tienes que tener paciencia. Has pasa do por una experiencia terrible y tu cuerpo aún no ha salido del estado de shock -Su expresión aún seguía siendo impenetrable, pero le tome la mano con fuerza.

-¿Dónde está Susana?

Cielos... me sonrojé avergonzada por haber olvidado lla marla.

-Me puse tan nerviosa cuando saliste del coma que olvidé llamarla -dije, separando mi mano de la suya—. Lo haré ahora mismo.

-Dile que venga por la mañana -dijo con los ojos cerrados-. Seré yo mismo entonces.

-De acuerdo –dije dirigiéndome a la puerta-. Duerme bien, "querido".

Aquellos apelativos cariñosos eran muy comunes entre nosotros, pero yo los pronunciaba con una emoción especial que esperaba que él no notara.

Terry esperaba impacientemente la llegada de Susana. Albert y yo habíamos ido a verlo por la maña na y nos habíamos quedado con él hasta que se había senti do cansado.

Candy parecía agotada y más delgada de lo que recordaba. Terry se preguntaba si su trabajo de profesora le exigiría demasiado. Tendría que hablar con su madre de ello.

Pero aún agotada, la rubia ojiverde exudaba una sensuali dad que nunca había sido capaz de ignorar por com pleto. Por momentos se sentía culpable porque su cuerpo reaccionara ante él, aunque en su mente la considerara más una hermana que una deseable y hermosa jovencita.

A pesar de las reacciones de su cuerpo, nunca se ha bía planteado nada con ella. No se acostaba con vírge nes y, hasta hacía poco tiempo, no se había planteado el matrimonio.

Pero ahora su mayor preocupación eran sus malditas piernas que seguían sin querer moverse y los médicos no podían decirle si la parálisis se ría o no permanente. Candy estaba convencida de que sería temporal y así se lo había dicho una y otra vez por la mañana. Era tan dulce, que se preguntaba cómo no estaba casada aún. Era una pena que Albert no la tuviera en cuenta como espo sa, porque no le hubiera importado tenerlo en la familia.

Y entonces una oleada de algo oscuro e inexplicable le invadió al imaginar a Albert y Candy andando jun tos hacia el altar. Intentó convencerse el castaño a sí mismo de que el motivo era que no estaba seguro de poder andar junto a Susana hacia el altar cuando llegase el momen to. Podía ser que aún estuviera en silla de ruedas, pero la idea de ver a la joven White casada le resultaba desa gradable. ¿Era acaso un egoísta que no podía soportar la ima gen de perder la inocente adoración que ella le profesa ba? se sentía tan mezquino.

-¡Amor! ¡No pongas esa cara! Asustarás a las enfer meras y entonces, ¿quién te traerá la cena? -una carca jada acompañó la entrada de Susana a la habitación.

Admire la entrada de mi prometida a la ha bitación. Cualquier hombre se sentiría orgulloso de te ner a Susana Marlow a su lado, pero ella me pertenecía a mí.

-Dame un beso y no tendré que fruncir el ceño nun ca más.

Ella solo arrugó los labios y diciendo:

-¡Siempre pensando en lo mismo! Estás enfermo.

-Entonces bésame y haz que me sienta mejor.

Una sombra atravesó sus ojos pero finalmente me ofreció sus labios en un breve gesto de saludo.

-No estabas aquí anoche -. Los ojos de Susana se llenaron de lágrimas y parecía dolida.

-¡Tu hermano y esa!... -debía referirse a Naruto- ¡no me llamaron hasta horas después de que despertaras!

¿Por qué no habían llamado a Susana inmediata mente?

-Ellos estaban aquí y tú no. - Entonces mi novia estalló en lágrimas.

-¡Esa muerta de hambre es horrible! ¡Está obsesionada contigo! No se ha separado de ti. No había sitio para mí al lado de tu cama y la mitad del personal está convencido de que tu prometida es ella.- yo no podía imaginarme a Candy siendo tan cruel.

-Estás exagerando- ella solo me dio la espalda y se cruzó de brazos molesta.

-En absoluto.

-Ven aquí. - Susana solo me miró con los ojos llenos de lágri mas.

-Ella mintió para entrar a tu habitación la primera noche. Les dijo que era pariente tuya y ya no se mar chó, como un parásito patético.

-Todo el mundo lo estaba pasando mal.

-Pero yo soy tu prometida. Quiero que le digas que deje de actuar así y que no pase tanto tiempo aquí en el hospital. No quiero tropezarme con ella a cada ins tante.

-¿Estás celosa? -pregunté, no del todo disgusta do, sobre todo teniendo en cuenta mi estado físico.

-Tal vez un poco -dijo arrugando los labios, con gesto experto.

-Hablaré con ella – le prometí

Candy entró a la habitación de Terry una hora des pués de despertarse. Era la primera vez desde hacía seis noches que dormía de un tirón. Albert había insistido en que se quedara en la habitación que había libre en su suite hasta que sus padres llegaran. La rubia le había estado agradecida, puesto que su presupuesto no le alcanzaba para pagar un hotel. Y no le gus taba la idea de dormir en su coche ni de malgastar sus pocos ahorros de esa manera.

Terry levantó la mirada, sonriendo.

Candy se detuvo a unos pocos pasos de la cama.

-Tienes mejor aspecto.

Y así era: su piel no estaba tan pálida y su mirada no se encontraba perdida.

-Pequeña, tenemos que hablar.

Terry ya se habría enterado de que no había querido marcharme de su lado; ¿sabía que lo amaba y me compa decía por ello?

Yo solo tragué saliva, intentando mantener la cabeza alta.

-Dime.

-Eres como una hermana para mí-. Trataba de ocultar el dolor que me causaban aquellas pala bras y permanecí en silencio.

-Te preocupas por mi estado de salud y eso es com prensible, pero, pequeña, no debes apartar a Susana de mí.

¿Acaso él pensaba que yo había apartado a su novia de su lado?, quise defenderme, pero hacerlo significaría decirle que Susana no había querido estar con él cuando había estado tan mal. Y me sentía incapaz de hacer eso. Le haría demasiado daño y su estado aún era muy débil.

-No quise dejar a tu novia a un lado. –le respondí.

-No creo que quisieras hacerlo. Eres demasiado buena como para hacer daño a alguien a propósito, pero debes ser más considerada en lo sucesivo, ¿de acuerdo?

Asentí con la cabeza, articulando las palabras a duras penas.

- Lo intentaré —prometí

- Susana no quiere que vengas a visitarme tan a me nudo.

-¿Y qué quieres tú Terry? -pregunté casi de sesperada.

-Yo quiero que mi prometida sea feliz. Estos son momentos duros para ella y no quiero darle más preo cupaciones.

Tampoco era un buen momento para él, pero Terry nunca se daba cuenta de sus propias necesidades y sólo quería proteger a aquellos a los que amaba.

- Albert me ha dicho que no has querido avisar a tus padres.

-No hay ninguna necesidad de estropearles las va caciones.

-Tu madre querría estar aquí.

-No quiero que me agobien -el tono de impaciencia de su voz me hizo sonreír.

-Me sorprende que no estés trabajando.

- Albert no ha querido traerme el ordenador portátil y el doctor ordenó que me quitaran el móvil anoche cuando me vio hablando con la oficina de Tokio.

-¿Qué hora era? -pregunté, bastante segura de saber la respuesta.

-¿Qué hora crees tú? Cuando abre la oficina.

Debían de ser las tres de la mañana. No me sorpren día que el doctor le hubiera quitado el teléfono móvil.

-Se supone que tienes que descansar. ¿Cómo vas a mejorar si no dejas que tu cuerpo se recupere? -dije, moviendo la cabeza de un lado a otro.

-¿Qué opciones tengo? -preguntó, indicando sus piernas inmóviles debajo de la manta.

Avance involuntariamente hasta colocarme al lado de la cama y puse mi mano al lado de la suya.

-No tienes opciones por ahora, pero te pondrás bien.

Su azulina mirada se cruzó con la mía mientras tomaba mi mano con la suya haciendo entrelazar nuestros dedos.

- Mi pequeña, tu siempre piensas de forma optimista-. Yo solo afirmaba, incapaz de hablar. El calor de su mano era un tormento tan dulce que no quería que las pala bras se entrometieran en aquello. -Yo también. Volveré a andar - dijo con tal arrogancia que, ¿cómo podía dejar de creerle?

-¿Cuándo te has limitado a andar, Terry?

Su mano libre me acarició la mejilla, y un gesto que no comprendí me atravesó el rostro. Yo solo me quede inmóvil, dejándome invadir por la deliciosa sensación que me producía su contacto. Pronto habría acabado y quería aprovechar cada instante de ello. Él entrecerró los ojos.

- Susana cree que estás enamorada de mí, pecosa.

-Yo... - decía desviando la mirada.

-Le he dicho que eres como una hermana pequeña para mí.

¿Cómo una hermana pequeña? Ya sabía que él me consideraba como tal, pero para mí, él no era un her mano mayor y mis sentidos estaban a punto de revelarse por el calor que su tacto provocaba en mi cuerpo.

-Me parece bien.

Él pasó su pulgar por mis labios haciéndome temblar de placer.

Sus ojos se volvieron más oscuros y depredadores.

-¿Tienes frío?

-No -susurré. ¿Por qué me tocaba de aquel modo?

-¿Qué está ocurriendo aquí? -la voz furiosa de Susana rompió la magia del momento haciéndome dar un salto hacia atrás.

Aunque había olvidado que teníamos las manos entrelaza das, pero él no me soltaba. Por más que intentaba soltarme no me dejaba. Terry solo miraba a Susana con gesto impenetrable.

-Estoy hablando con Candy. Ella no está tan ocu pada como otras y puede dedicarme más de cinco mi nutos.

En ese momento me di cuenta de dos cosas de inmediato: Susana estaba celosa y Terry lo sabía.

-He hablado con Candy acerca de dejarte tu sitio a mi lado, pero debes estar aquí para ocuparlo, querida.

El rostro de Susana se encendió y su mirada se quedó fija en nuestras manos entrelazadas.

-Tengo trabajo. Ya sabes que no puedo pasar todo el día en el hospital como lo hace tu mascota.

-Ella también tiene un trabajo, pero encuentra tiem po para venir.

Como Terry no se había molestado en protestar porque su noviecita me llamara «mascota», lo hice yo golpeando fuertemente su mano haciendo que me soltara...

-¡Yo no soy la mascota de nadie, Susana! ¡Soy una amiga y no había pensado que mis visitas a Terry pudie ran molestarte tanto!

La expresión de la modelo no cambió.

-¿Esperas que me crea eso después de cómo te has comportado a lo largo de la semana pasada? Albert me trata con condescendencia y sigue insistiendo en que tú te quedes en la suite de su hotel.

-¿Compartes la habitación con mi hermano? –me preguntó en tono reprobador.

-Hay dos habitaciones en la suite. Yo estoy usando una de ellas hasta que lleguen tus padres.

-No van a venir.

-Desde luego que no, si no les llamas.

-No es apropiado que te quedes con un hombre sol tero en su suite –me dijo ignorando mis protestas.

-Sería aún menos apropiado que durmiera en mi coche.

- Por favor, ahórrate los dramatismos -se burló Susana.

Quise abofetearla en ese momento, pero no soy una persona violenta, al menos no lo había sido hasta entonces. Tenía que haber una primera vez para todo.

-Dónde duerma no es asunto tuyo -dije con firmeza.

Susana me miró con desdén.

-Lo es cuando te aprovechas de la generosidad de la familia de mi prometido.

-Deja de hacerte la mala y ven aquí. Quiero mi beso de buenos días –le pidió Terry.

Él tampoco se había molestado en negar que me estuviera aprovechando de la situación, y me pareció que él opinaba de la misma manera que su pro metida. Me había dicho que no pasara tanto a verlo, pero le había llamado la atención a Susana por ser brusca conmigo. Eso era algo.

Con todo, tal vez fuera el momento de volver al trabajo. Llevaba poco tiempo en el puesto y aún no tenía derecho a vacaciones, y dado que Terry no era pariente mío, la administración de la universidad no consideraría mi ausencia como una emergencia fami liar. El jefe del departamento ya me había dicho, a modo de amenaza encubierta, que debía estar dando clase el lunes siguiente.

Susana estaba obedeciendo a Terry con un entusias mo fuera de lo común, así que me volví para darles más intimidad, pero el beso no acababa nunca. Finalmente, el dolor de ver al hombre al que amaba besando a esa mujer fue tan fuerte que salí de la habitación, seguro de que no notarían mi ausencia.

-Te dije que le gustabas – escuché decir a Susana antes de salir. Me sentía tan avergonzada. Había pasado tantos años guardando mi amor en secreto y ahora se burlaban así de mí. Estaba furiosa con Terry tam bién, por haberme utilizado para poner celosa a su novia. Todas aquellas caricias sólo habían sido para poner mosqueada a Susana. Era evidente que estaba tan disgustado por las fugaces visitas de su novia como Albert y yo misma.

-Los sentimientos de Candy por mí no son asunto tuyo - dijo Terry con enorme molestia la cual no intentó esconder.

Los besos de Susana no me habían hecho olvidar su agre sividad hacia Candy, algo que no iba a tolerar.

-Y no volverás a hablarle como lo has hecho cuan do has llegado. Su interés sincero por mí no tiene nada de ridículo.

La modelo abrió los ojos en un gesto de sorpresa.

-¿Cómo puedes decir eso? Los sentimientos que esa ofrecida tiene hacia ti desde luego que son asunto mío.

-Candy no supone ninguna amenaza para ti -pero cuando pronunciaba aquellas palabras me preguntaba si la habría besado, si Susana no hubiera entrado en ese momento. No me creía capaz de hacer algo tan deshon roso. Quería a la modelo, pero no había querido soltar la mano de Candy y la suavidad de sus hermosos labios me habían emocionado de un modo que no lo había hecho el largo beso de Susana.

-Es una pequeña idiota y me enfurece que no te des cuenta de ello –sus lágrimas no conse guían emocionarme como otras veces. Ella había pasado muy poco tiempo al lado de mi cama y sus protestas acerca de Candy simplemente no tenían sentido.

Candy no volvió a ver a Terry hasta el día siguiente, cuando entró a su habitación estaba hablando por un teléfono del hospital y te cleando en un ordenador portátil. Lo cual solo la hizo sonreír. Nada podía mantener a Terry apartado de sus negocios mucho tiempo. Él levantó la mirada y señaló una silla al lado de la cama para que se sentara hasta que acabara de hablar por teléfono.

La sombra bajo sus ojos le hacía parecer cansado, pero su pelo parecía más brillante y castaño aún, estaba limpio y peinado como de costumbre. Llevaba un pijama azul oscuro de seda que parecía recién estrenado. Probable mente lo fuera; aunque no me parecía que Terry fuera el tipo de hombre que dormía con pijama.

Cuando colgó apartó la mesita con el portátil a un lado.

-¿Has estado muy ocupada haciendo turismo? -pre guntó con voz cortante.

-¿Turismo? –respondí incrédula.

-No has venido a verme desde ayer por la mañana.

No tenía por qué hablarme con un tono tan acusador.

-Me dijiste que a Susana no le gustaba que viniera tan a menudo a verte.

-Eso no quiere decir que dejaras de venir del todo -sus ojos me miraban, reprobadores-. Podía haber vuel to a caer en coma y no te habrías enterado.

Estaba furioso y eso en el fondo, me encantaba. Era casi como si me hubiera echado de menos.

-Ya me tienes aquí -dije con suavidad-, además Albert me habría dicho si hubieras empeorado.

- Claro, Albert... cómo compartes habitación con él...

-No compartimos habitación -le examiné la cara buscando el motivo de aquel enfado- ¿te duele algo?

Él solo me dedico gélida mirada.

-Me han disparado y he sido atropellado por un co che conducido por un hombre que no podía ver su mano a un palmo de su nariz a plena luz del día. Por supuesto que me duele.- Su voz sonaba ultrajada y tuve que ocultar una mueca.

-No creo que aquel hombre esperara que cayeras delante de él.

- Cegatón –murmuró Terry con un gesto de disgusto.

-Albert dice que salvaste la vida de la mujer. Atra paron al ladrón y tenía una lista de antecedentes bas tante grande, la mayoría de asaltos violentos, y había matado a dos mujeres.

Albert también me había dicho que le mujer había acudido al hospital a darle las gracias a Terry, pero sus guardaespaldas tenían orden de no dejar pasar a nadie más que a su hermano, a Susana y a mí.

-No la dejaste darte las gracias.

-No necesito que me agradezcan lo que hice. Soy un hombre y no podía pasar a su lado y no hacer nada.

-Si te interesa mi opinión, eres más que un hombre normal -le sonreí- Eres un héroe.

Sus ojos sonrieron un poco.

-Susana cree que todo esto -señaló a sus piernas in móviles- es culpa mía.

Me levanté de un salto y puse mi mano so bre su brazo, en un gesto de protección.

-No, no debes pensar eso. Te comportaste como el mejor de los hombres y pagaste el precio, pero no de bes dejar que eso te impida hacerlo de nuevo.

Él me tomó la mano haciéndome recordar el día anterior, la maravillosa sensación de su tacto y el sentimiento de ser utilizado para darle celos a Susana. Así que aparte mi mano y di un paso hacia atrás.

-No voy a quedarme mucho tiempo más -dije rápidamente.

-¿Por qué? ¿Tienes una cita romántica con Albert? -preguntó, volviendo a enfadarse irracionalmente como antes.

-Me va a llevar a cenar, pero yo no lo llamaría una cita romántica.

-¿Estás ilusionándote con poner fin a tu soltería con mi hermano? Él no está listo para asentarse aún.

Yo solo apretaba los dientes con molestia.

-No me estoy ilusionando con nada, y mucho me nos con la idea de casarme. Vamos a ir a cenar, porque a él no le importa estar conmigo.

-A mí no me importa estar contigo -dijo, señalán dose al pecho con arrogancia—. Podrías cenar aquí con migo.

-¿Qué pasa? ¿Susana no puede liberarse un momen to de su ajetreada agenda de modelo para cenar conti go? –pregunté con amargura poco común en mí, aún enfadada por el modo en que él me había utilizado para poner celosa a esa mujer el día ante rior. Y el comentario acerca de mi soltería tampoco ha bía alentado mis sentimientos más caritativos.

-Mi prometida no es asunto tuyo.

Me sentí culpable. No había estado bien decir eso y sabía que toda esa ira sólo escondía mi dolor. Susana era una persona egoísta que no sabía anteponer los intereses de otra persona a los suyos. Terry estaba can sado y con dolor, no sabía si volvería a andar y yo me estaba comportando como una maldita también...

-Podría llamar a Albert y decirle que compre algo para cenar y que lo traiga aquí -ofrecí como pro puesta de paz.

-Yo le llamaré- decía mientras tomaba el teléfono.

-Le he dicho que te busque una habitación para ti sola.

-Te he oído, pero no será necesario. Sólo me voy a quedar una noche más. Estoy segura de que mi reputa ción y su virtud serán capaces de superar una prueba tan corta- Terry pareció disgustado.

-Yo no he dicho que fueras a atacarlo.

-¿Cómo si no lograría una solterona como yo llevar al fogoso Grandchester mayor al altar?

-¿Por qué has dicho que te quedarás sólo una noche más? -dijo ignorando mis provocadoras palabras.

-Voy a volver a casa mañana.

-¡¿Por qué vas a hacer eso?! ¡No estoy bien aún! ¡¿Acaso me ves preparado para irme de aquí?! -su voz sonaba como si estuviera a punto de explotar.

En realidad no podía imaginarme el motivo.

-No necesitas que me quede para tomarte de la mano. Tienes a Albert y a Susana, además a tu prometida no le gusta tenerme merodeando por aquí - no podía olvi dar aquello.

-No estuviste a mi lado durante cinco días enteros para complacer a Susana.

Él lo sabía. Probablemente había deducido lo mucho que lo quería, lo que me daba un motivo más para marcharme. Mi orgullo ya había quedado bastante dañado por los desagradables comentarios de su novia.

-Ya estás mejor.- Él me agarró por la muñeca, tirando de ella hacia la cama. Casi haciéndome daño.

-No estoy bien. No puedo caminar.

-Pero lo harás.- su frustración era evidente en el gesto de sus labios.

-Sí. Tú y yo lo creemos, pero mi hermano y mi pro metida tienen dudas sobre ello.

-Sólo tienes que demostrarles que se equivocan.

Él asintió con la cabeza. Su arrogante confianza en su recuperación me agradó.

-No deseo hacerlo solo —aquellas palabras pronun ciadas por Terry me sorprendieron tanto, que no pude responder-. Te necesito mi pequeña mona pecosa.

Casi me desmayó por la sorpresa que me produje ron sus palabras.

-¿Me necesitas? –pregunté en un murmullo ahoga do.

-Quédate -sonaba más como una orden arrogante que como una llamada de auxilio, pero sabía lo que le había costado decirlo y no podía negarme.

-De acuerdo.

Él sonrió y me atrajo hacia sí para darme un beso de agradecimiento, o al menos eso supuse que sería, pero Terry me besó en los labios, no en la mejilla, y en el momento en que nuestras bocas se encontraron, el resto del mundo dejó de existir para mí.

CONTINUARA…

MUCHISIMAS GRACIAS NOS LEEMOS EN EL SIGUIENTE CAPITULO! XD LES MANDO BESOS Y ABRAZOS!