MUCHISIMAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS, ME DA UN ENORME GUSTO QUE LES GUSTE, BUENO POCO A POCO SE IRA SAZONANDO MEJOR LA HISTORIA.

A VECES LA BOBALICONA DE SUSANA NOS SACARA DE QUISIO PERO POCO A POCO LA MANDARE A VOLAR... JAJAJJAA POR AQUELLAS QUE ME PIDIERON QUE LA ATROPELLARA UN BURRO.. JAJAJJAA...

CAPITULO III

Me encontraba en medio de un torbellino de colores mientras mis labios tocaban los de Terry por primera vez. Su boca era firme, cálida y tenía un sabor ligeramente picante. Me moría por dejar mis dedos correr su pelo, bajo la camisa de su pijama y por explorar el contorno de su pecho. Probablemente lo habría hecho si él no me hubiera sujetado firmemente de la muñeca. Mientras mi otra mano sujetaba la barandilla de la cama con una fuerza que desconocía que tenía.

Él se retiró y yo quede suspendi da en un mundo de sensaciones que aún no estaba pre parada para dejar. Mis ojos se abrieron lentamente y lo vi sonreírme.

-Gracias.

-¿Gracias? -¿por qué? ¿Por besarlo?

-Por quedarte -replicó, divertido.

Entonces me di cuenta. Había sido un beso de agradecimiento. Mientras yo me encontraba deseosa de volver a sentir nuevamente sus labios, él me sonreía como un hermano mayor indulgente, contento por haberse salido con la suya. Apenada me gire con rapidez haciendo que mi pelo se sacudiera con gracia.

-No... no hay problema. Llamaré a la universidad y les diré que no volveré en un tiempo.

Presentía que esta llamada no sería nada fácil de hacer, pero aunque significara perder mi trabajo no abandonaría a Terry. No mientras me necesitara.

Albert llegó con la cena y el castaño comió los deliciosos platos de pasta y verduras al vapor con devoción.

-Esto es una gran mejora comparado con la comida que hacen aquí.

-Podrías hacer que te trajeran la comida –replicó el rubio.

-He tenido muchas cosas de las que preocuparme -dijo Terry, encogiéndose de hombros.

Estaba seguro que sus principales preocupaciones serían los negocios y salir caminando del hospital.

-Una cosa que me preocupa es que Candy se quede en tu habitación de hotel. Eso no me gusta.

Albert miró a su hermano con interés.

-¿Por qué no?

-No es bueno para su reputación.

No pude evitar reírme ante esta afirmación.

-Terry, no seas anticuado. A nadie le importa si me quedo en la habitación de Albert.

-A mí me importa –me replicó, como sí eso fue ra lo único que importara.

-Bueno, tú no eres mi guardián. Yo no tengo dinero para pagarme una estancia prolongada en un hotel -es pecialmente si perdía mi trabajo.

-Yo lo pagaré.

-No, no lo harás -dijo, lanzándole una fría mirada.

-Además, no hay ninguna necesidad de ello -aña dió el mayor de los Grandchester-. En mi suite hay dos habitaciones, y ya que no quieres avisar a papá y mamá, la segunda se queda rá vacía si Candy no la ocupa.

Pensé que el argumento de Albert sería suficien te, pero por la expresión de Terry, estaba claro que no. Él me miraba de un modo que me hacía temblar.

-¿Permites que mi hermano se ocupe de tus necesidades y rechazas mi ayuda?

Yo solo contenía un gesto de desesperación.

-No es lo mismo. A Albert no le cuesta nada darme la habitación que le sobra en la suite.

-¿Crees que esa ridícula suma me importa en lo más mínimo?

-No, por supuesto que no -¿por qué estaba siendo tan irracional?—, pero ya estoy allí...

Me permití mirarlo a los ojos por primera vez en una hora. Me sentía una com pleta idiota después de aquel beso.

-No sé por qué estás tan preocupado, Terry. Mi nombre no aparece en las revistas del corazón y a nadie le importa con quién duermo- Quise tragarme mis palabras al ver su salvaje expresión.

-¿Has compartido la cama con un hombre alguna vez?

En su cara había más fuego que en la erupción del Vesubio que arrasó Pompeya.

-Eso no es asunto tuyo.

-No estoy de acuerdo con eso -parecía a punto de levantarse de la cama y zarandearme hasta sacarme una respuesta, y aún sabiendo que aquello no iba a ocurrir, un escalofrío me recorrió la espalda.

Solo podía mirar a Albert pidiendo ayuda, pero él pare cía estar divirtiéndose demasiado con la conversa ción como para intervenir. Volví a mirar a Terry, pero su expresión no se había ablandado en ab soluto.

-De verdad, no quiero hablar de eso contigo.

-Dime el nombre de ese sujeto.

Cielos. ¿En qué momento mi silencio se había con vertido en un «sí»? ¿Y quién le daba derecho a someterme a este interrogatorio? Si Susana aún era virgen, yo bailaría desnuda en el último piso del Empire State.

-¿Me estás diciendo que Susana y tú no duermen juntos?

-Eso no está bajo discusión.

-Pues ahora lo esta.

-Estás rojo. Estás avergonzado, ¿verdad?- ¿Por qué molestarse en negarlo? Él sabría que esta ba mintiendo.

-Sí.

-Alguien con experiencia no se sentiría tan incó modo -dijo él, con un gesto complacido.

Esa fue la gota que colmó el vaso.

-¿Estás seguro de eso? Tal vez me haya acostado con montones de hombres. Tal vez ahora esté compar tiendo la cama con Albert y lo de la suite de dos habita ciones sea sólo una artimaña.

Me di cuenta de que me había dejado vencer por mi temperamento un segundo antes de que él explotara. El frío Señor de Negocios lanzó la mesita por tátil con su cena al otro lado de la habitación y empezó a gritarle a su hermano mayor.

Yo hablaba gaélico escocés con fluidez ya que la señora Grandchester me había enseñado, pero no enten día muchas de las palabras que estaban pronunciando, aunque podía adivinar que eran juramentos. El rostro sonriente de Albert estaba serio y sorprendido mientras intentaba convencer a hermano menor de que había sido una bro ma, pero la furia de Terry no disminuyó. Si hubiera sido capaz de moverse, su hermano estaría tumbado de es paldas en el suelo, no tenía ninguna duda de ello.

-¡Por Dios! - salte de la silla y me puse entre los dos -. ¡Cálmense! No he dicho que eso fuera verdad, era sólo una hipótesis.

Terry me tomó por la cintura y me encontré de re pente sentado en la cama a su lado. Él me sujetó la bar billa con una mano, obligándome a mirarlo.

-¿Te acuestas con mi hermano?

-No. Nunca he estado con ningún hombre -admití, pensando que la verdad era lo único que podía arreglar aquella situación.

-Pero me provocaste haciéndome creer que sí -dijo con una mirada iracunda.

Seguía sin comprender por qué aquello era tan importante. Tal vez él se sintiera responsable por mí de algún modo desde la muerte de mi padre, a pesar de que me hubiera ignorado durante todo el año anterior... tal vez lo sintiera así a pesar de todo.

-No te estaba provocando. Me has hecho avergon zarme y me he enfadado. La mayoría no son... -no podía pronunciar la palabra- bueno... a mi edad la mayoría de las chicas ya tienen experiencia.

-Pero tú no.

-No -admití con un suspiro. Si él se casaba con Susana, probablemente la cosa no cambiara nunca.- Él me acarició la cara. Después, apartó la mano.

-No debes avergonzarte de hablar de estas cosas conmigo.

¿Cómo podía evitar que hablar de eso me avergonza ra? Ni siquiera había admitido mi falta de experiencia ha blando con mis amigas en la universidad, pero como no quería presenciar otra explosión de ira, decidí callar. Me intente levantar, pero sus brazos alrededor de su cintura me lo impidieron.

-¿Terry?

-Eres muy inocente mi pecosa.

Hice una mueca. Eso ya estaba claro.

-Si has acabado de hacer el análisis de mi falta de vida amorosa, ¿podrías dejar que me levantara? Quiero volver al hotel.

Terry movía la mano descuidadamente por mi cintu ra, estaba a punto de enloquecerme o de entrar en un trance de lujuria.

-Te cambiarás a otra habitación.

-No -la firme negativa de Albert me sorprendió-. Esto es Nueva York, Terry, y no es aconsejable que Candy este sola en una habitación, incluso si es un ho tel con seguridad.

-Entonces mandaré a mi personal de seguridad para que vigilen su habitación.

La conversación se estaba haciendo cada vez más extraña. Albert meneó la cabeza en una decidida negativa.

-¿Cómo puede ser mejor para ella estar en la habi tación de un hotel con desconocidos que conmigo?

Me volví a mirar a Terry. Él estaba pensativo.

-Tal vez debamos hacer que Susana se traslade a la suite también.

-¡No! -gritamos el rubio mayor y yo a la vez.- Terry enarcó las cejas intrigadas.

-¿Por qué les molesta eso?

¿Cómo podía decirle que no soporta ba a su prometida? me aclare la garganta, in tentando pensar en una forma delicada de decirle que me negaba rotundamente a compartir mi espacio vital con esa bruja egoísta.

- Candy me contó lo que Susana le dijo -dijo Albert, con una nota clara de desaprobación en la voz-. Los celos infundados de tu prometida eran la razón por la que Candy pensaba volver a su casa.

-¿Ahora intentas protegerla de mi prometida? -pre guntó-. ¿Están seguros de que no tienen nada que decirme?

Ya me había cansado del arrebato de sobreprotección de Terry. No era ninguna chica en apuros que necesitara protección; había vivido por mi cuenta, si no físicamente, sí emocionalmente, desde mucho an tes de la muerte de mi padre, o tal vez Terry pensara se riamente que quería casarme con el mayor de los hermanos Grandchester.

- Esto es ridículo. No voy a lanzarme sobre Albert al más mínimo descuido.

- Pero no puedes estar tan segura de que yo no lo haga -replicó el rubio con humor.

La mano del castaño sobre mi cintura se tensó.

-Tu humor está mal orientado.

- Al igual que tu mano, sobre todo teniendo en cuenta que estás comprometido con otra mujer -dijo Albert, provocador. Terry no retiró la mano y contestó.

Candy es casi de la familia.

-¿Sí? -preguntó Albert-. Lo dudaba.

-¡Yo estoy cansada de esta conversación! -golpeé a Terry en la mano. Este me soltó y pude levantarme. Con los brazos en jarras, me dirigí a él.

-Si quieres que me quede en Nueva York, será en la suite de Albert y los servicios de Susana como chaperona no serán necesarios. Incluso las solteronas vírgenes te nemos nuestros límites y los míos están por encima de los machitos arrogantes y primitivos que hablan de mí como si no estuviera delante.

- Terry es un tipo anticuado, pero yo soy un hom bre moderno y no veo nada de malo en que una chica de veintitrés años no se case -dijo Albert, con sonrisa calculadora.

-De acuerdo, «hombre moderno», llévame al hotel y me haré compañía a mí mismo. –le pedí en son de burla.

Terry masculló algo más sobre que me quedara en la habitación de Albert, pero al final acabó cediendo. No tenía elección. Yo lo quería lo suficiente como para arriesgar mi trabajo por él, pero eso no me convertía en un tapete.

Durante las dos semanas siguientes, me la pase regañando a Terry por trabajar mucho en su empresa y por no trabajar lo suficiente en las sesiones de fisioterapia. Protesté cuando hizo que le instalaran una línea de internet en la habitación del hospital privado al que se había trasladado. Ese mismo día él me había encontrado desenchufando el te léfono y pidiendo a una enfermera que se lo llevara, y no me arrepentía de mis acciones en lo absoluto.

Por otro lado Susana pasaba muy poco tiempo en el hospital y se negaba a asistir a las sesiones. Se había ido dos días antes a París a participar en un desfile de moda de otoño, y a Terry no le importó. A ningún hombre le gusta que lo vean indefenso, y así era como él se sentía cuando sus piernas se negaban a responderle.

Nadie podía culparlo por sentirse aliviado al ver marchar a su novia. Además parecía no estar dispuesto a soportar sus constantes comentarios despectivos hacia mí y había provo cado la ira de Susana en más de una ocasión por defen derme. Al parecer no iba permitir que nadie hablase mal de la chica que siempre había protegido como una hermana. La acti tud de la modelo frente a su estado de salud tampoco era de lo más satisfactoria; aunque decía que estaba segura de que volvería a caminar, sus ojos decían lo contrario.

Por mi parte yo estaba convenci da de que sus miembros inferiores volverían a su esta do normal a su debido tiempo. Así que le recordaba una y otra vez que incluso las personas con daños en la co lumna vertebral se recuperaban completamente tras cierto tiempo, como el médico les había dicho la pri mera semana. Además, yo no sólo asistía a las sesio nes de fisioterapia, sino que participaba en ellas. Él no me lo había agradecido. Al parecer no le gustaba mi participación.

CONTINUARA…

GRACIAS POR SUS MENSAJES QUE ME POSTEAN, CLARO QUE A TODOS LES HAGO LECTURA Y TOMO EN CUENTA SUS PETICIONES... NOS LEEMOS EL MIERCOLES! XD