MUCHAS GRACIAS A TODOS POR SUS COMENTARIOS, LES AGRADEZCO MUCHO Y ME HACE MUY FELIZ QUE LES ESTE GUSTANDO LA ADAPTACION, LES DEJO EL CUARTO CAPITULO.

TITULO: TE LLEVO EN LA SANGRE

HISTORIA ORIGINAL: SOLIN

ADAPTACION: BLUEMOON

CAPITULO IV

Candy seguía convencida de que mis miembros inferiores volverían a su estado normal a su debido tiempo. Me recordaba una y otra vez que incluso las personas con daños más severos se recuperaban completamente tras cierto tiempo, ella no sólo me acompañaba a las sesio nes de fisioterapia, sino que participaba en ellas. Esto era algo que me incomodaba ya que lo que yo necesitaba era que creyera en mí, no su participación, la cual me hacía sentir vulnerable.

-¡Devuélveme el teléfono!

Candy solo meneaba la cabeza y el movimiento de su pelo reflejando la luz capturo mi atención. Me pregunté como sería acariciar su pelo... el cual era más hermoso que los rayos del sol.

-¡Van tres llamadas en quince minutos! -Candy frunció el ceño como una profesora regañando a un alumno que acaba de encontrar pasando notitas en clase-. -¡No vas a conseguir andar de nuevo hablando por teléfono!

- Candy tiene razón, señor Grandchester. Necesita concentrarse en el tratamiento -añadió valientemente mi fisioterapeuta.

Mi pequeña y él se sonrieron con gesto conspirador y mi presión arterial subió varios puntos. Se suponía que aquel musculoso pelinegro con un par de gafas era el mejor fisioterapeuta de Nueva York, aun así yo hubiera podido tumbarlo de un solo golpe.

-No responderías al teléfono en medio de un negocio importante, ¿verdad? -preguntó Candy.

-No estoy negociando nada. Estoy aquí sentado, aburridísimo -dije, señalando al fisioterapeuta-, mientras él me retuerce la pierna hasta que empiece a funcionar por sí sola como por arte de magia.

-No es cuestión de magia. Es cuestión de trabajo y siempre creí que el trabajo no te asustaba -añadió ella.

-¡Demonios! ¡Yo, Terruce Grandchester, asustado del trabajo! Hay que estar loco para creer algo así.

-¡Bien! Me alegra oírte decir eso. Entonces entenderás por qué no se te permite usar el teléfono durante la sesión.

-Al menos deja que ponga el contestador -así podría acabar la llamada que había interrumpido y después desconectar el teléfono, ya que insistía tanto.

Ella se cruzó de brazos.

-Ya lo he hecho yo. Asume que no te voy a devolver el teléfono.

Le lancé la misma mirada que hacía que los directores de otras empresas huyeran despavoridos en busca de refugio, pero ella permaneció allí, inmóvil, con los brazos cruzados. Me volví al fisioterapeuta y le dije:

-Dame algo que hacer.

El hombre se sobresaltó ante mi tono de voz haciéndome sentir una leve oleada de satisfacción al ver que, a diferencia de Candy, había conseguido intimidar al fisioterapeuta.

Llamé suavemente a la puerta de Terry, pero ninguna voz me respondió. Había tomado la costumbre de llegar después del desayuno y quedarme durante la sesión de terapia matinal. Tal vez ya hubieran bajado a Terry a la sala de tratamiento... Llegaba algo tarde porque me había quedado dormida; el día anterior había sido agotador y me había acostado tarde.

Había ido y vuelto a Massachusetts en el día para recoger mis cosas del apartamento de la universidad, del que me habían echado. Mi presentimiento de que el jefe de departamento no sería comprensivo con mi ausencia se había cumplido, pero por fin había encontrado algo por lo cual estar agradecida por el desastre que siguió a la muerte de mi padre.

Cuando mi madrastra vendió la casa, tiró todo lo que no quiso conservar y aquello significaba que mis pertenencias cabían con facilidad en mi coche y no tendría que pagar una bodega para guardar mis muebles.

Empujé la puerta de la habitación. No me importaba perderme la sesión; cada vez me resultaba más difícil de sobrellevar. El fisioterapeuta insistía en que Terry se pusiera pantalones cortos de deporte y una camiseta ajustada, lo que dejaba visible cada centímetro de su musculatura a mi obsesivo escrutinio. Me sentía como una colegiala admirando su increíble y escultural cuerpo.

No pasaría nada si pudiera animarlo objetivamente, pero no era el caso. Desde que era una niña supe que estaba enamorada de él, aunque este sentimiento era muy inocente, sin embargo a partir de los quince años fui consciente del deseo que Terruce despertaba en mi cuerpo y una parálisis temporal no iba a acabar con estos sentimientos. Me sentía como una amiga depravada.

Lo que vi al cruzar la puerta me dejó sin aliento. Terry se encontraba sentado a un lado de la cama, desnudo excepto por los bóxers más sexys que había visto nunca. Y de nuevo fui consciente de que él era el hombre importante para mí en todo el mundo.

-Yo... tú... la puerta -era incapaz de hablar con co herencia.

Él giró la cabeza hacia mí y su mirada resultó revela dora. Estaba como hipnotizada.

-¿Terry? ¿Qué...?

-Te cuesta pronunciar una frase seguida, pequeña.

Solo pude afirmar con un movimiento de cabeza.

Su sonrisa se iluminó y sus ojos brillaron triunfales.

-Puedo sentir los dedos de los pies.

Tarde un momento en asimilar sus palabras, pero cuando lo hice cruce la habitación en un segundo y me abalancé sobre él, que cayó de espaldas con sus brazos rodeándome el cuello.

-¡Lo sabía! ¡Sabía que podrías hacerlo!

Su firme y masculino cuerpo se agitó entre risas bajo el mío.

-Mi pequeña mona pecosa, ¿esto lo he hecho yo o Dios?

Nuestras risas se entremezclaron.

-Un poquito cada uno, creo yo -dije, sonriendo-. ¿Cuándo ha ocurrido?

-Me desperté antes del amanecer con un cosquilleo en los pies. Según avanzaba la mañana, he recuperado la sensibilidad.

La emoción se mezclaba con el alivio y la satisfacción.

-¡Oh, Terry!

-No te pongas a llorar mi niña...

-Ni lo sueñes. ¡Estoy tan feliz! -dije, consi guiendo contener las lágrimas.

Después hice algo que no hubiera soñado siquiera si hubiera podido pensar con claridad. Lo besé.

Fue sólo un leve beso en la barbilla, pero una vez allí, mis labios no quisieron separarse de la cálida piel de Terry. Quería seguir besándolo, saborear su piel, re correr su cuello, y aunque sabía que tenía que alejarme, no podía hacerlo. Me dije que, después de un segundo más, me alejaría y lo dejaría vestirse.

Fue entonces que me di cuenta de dónde estaba y lo qué estaba haciendo. Terry apenas estaba vestido y yo estaba encima de él. Intente retroceder, pero mis piernas que daron abiertas contra su muslo. Quise apoyar las rodillas para retirarme, pero sólo conseguí que mi cuerpo estuviera en más íntimo contacto con su masculino cuerpo.

Me quede paralizada.

La fina tela de mi ropa no funcionaba como barrera para el calor del cuerpo de Terry y la estimulación erótica de sus piernas contra las mías. Sentía que enrojecía de pies a cabeza por el calor causado por la vergüenza y el placer físico.

- Terry, yo...

-Te has quedado de nuevo sin palabras, mi pecosa -dijo, divertido.

Me sentía como una pequeña niña, pero a la vez nunca me había sentido más consciente de mi sexualidad.

-Lo siento -murmuré, mientras de nuevo intentaba retirarme, pero dos fuertes manos me detuvieron por la cintura.

-No tienes nada que reprocharte. Tu excitación es igual a la mía.

Lo dudaba. Mientras que el podía sentirse excitado por la idea de volver a caminar, la mía estaba mezclada con una fuertes dosis de atracción sexual. Nuestros rostros estaban tan juntos que casi podían tocarse.

-¡Soy muy feliz, mi niña! –me dijo emocionado.

-Yo también –dije, intentando controlar mi respiración.

-Ya lo veo -dijo él, riendo.

-¿Sí? —pregunté tontamente, pensando en las mil posibilidades de colocar mi boca contra la de él.

Sus azules ojos llamearon cuando pareció darse cuenta de lo que estaba pensando.

-¿Han besado muchos hombres esta lujuriosa boquita?

-¿Qué? -¿acababa de preguntarme si había besado muchas veces? No podía entenderlo... Terry no podía estar interesado en mi historial de besos.

Cuando el castaño decidió descubrir por sí mismo mi nivel de experiencia, deje de pensar. Aunque estaba sobre él, sentí que sus labios me arrastraban y retenían, cautiva de una dominación masculina puramente instintiva.

Sentí una mano que me sujetaba de la nuca. Podría haberle dicho que no era necesario... si pudiera dejar de besarlo para decir algo.

Sus labios se movían con precisión y note que los míos se habían abierto sin que me diera cuenta. La lengua de Terry recorrió mis labios antes de hundirse en mi boca, compartiendo un beso íntimo que me había desagradado si alguien más lo hubiera intentado. Con él sentí una excitación que creía imposible y me dejó llevar por la sensación.

Con las manos explorè el pecho desnudo de él mientras mi lengua batallaba tímidamente con su agresiva masculinidad. Pronto, el mundo entero se redujo al cuerpo que había bajo el mío, su boca contra la mía y nuestros alientos unidos.

-¡Terry! -el agudo grito procedente de la puerta me saco de mis sueños de sensualidad con una velocidad de vértigo.

CONTINUARA…

PERDON SI ESTA CORTITO, EL VIERNES SUBO EL OTRO O SI SE PUEDE ANTES QUE MEJOR... BESOS Y ABRAZOS! XD