MUCHAS GRACIAS A TODOS POR SUS COMENTARIOS, LES AGRADEZCO MUCHO Y ME HACE MUY FELIZ QUE LES ESTE GUSTANDO LA ADAPTACION, LES DEJO EL QUINTO CAPITULO.
TITULO: TE LLEVO EN LA SANGRE
HISTORIA ORIGINAL: SOLIN
ADAPTACION: BLUEMOON
CAPITULO V
-¡Terry! -el agudo grito procedente de la puerta me saco de mis sueños de sensualidad con una velocidad de vértigo.
Me aparté de los labios de Terry, rodando a un lado cuando él me soltó. Salté de la cama y me arreglé la ropa, roja de vergüenza.
-¡Asquerosa prostituta! - me gritó Susana mientras Terry se incorporaba.
Terry le gritó algo en gaélico, pero estaba tan ofuscada, que no entendí nada más que un comentario acerca de que no la esperaba tan pronto de vuelta en Nueva York. El resto de sus palabras hizo que Susana volteara a verme como un marinero borracho mirándome con evidente odio. Se abalanzó sobre la cama, taconeando fuertemente.
-¡Es obvio! ¡No toleraré este tipo de comportamiento, Terruce! ¿Me oyes?
Pensé que todo el personal médico debía haberla oído para entonces, pero no dije nada.
Justo antes de llegar a la cama, Susana se volvió encarándome.
-¿Crees que no me doy cuenta de lo que está pasando? No soy tan tonta como para creer que fue mi prometido quien empezó esto. Es evidente que te has lanzado sobre él en un intento desesperado de hacerte notar, pero nunca serás suficiente mujer para un hombre como él, incluso paralítico.
Cada una de sus palabras hirió mi vulnerable corazón. Sabía de sobra que no era el tipo de Terry, nunca lo había sido. Me sentía culpable por que Susana tenía razón: había sido yo quien se había lanzado sobre Terry besándolo cuando él sólo me estaba dando buenas noticias.
Por supuesto, nada de eso explicaba el que él me hubiera besado después, pero para un hombre tan varonil como Terry, esa podía ser una reacción automática.
Abrí la boca para pronunciar una disculpa, pero la modelo se giró y se dirigió al castaño.
-¡Oh mandas a esta mocosa arrastrada a la calle o me voy para siempre!
Me quede helada. Con esas opciones, ya sabía cuál sería su elección. Ya había pasado antes, cuando Susana se aseguró de que Terry no tuviera contacto conmigo hasta el punto de no dejarle ir al funeral de mi padre.
-¿Y bien, Terry? -dijo, arrugando los labios mientras lágrimas de cocodrilo afloraban a sus ojos.
-Ya sabes mi respuesta -replicó el inglés.
Aquellas fueron las últimas palabras que escuché antes de salir corriendo de la habitación tan rápidamente como mis temblorosas piernas pudieron hacerlo. Las mejillas me ardían por las lágrimas y aunque creí oír que Terry me llamaba, deseché la idea por fantasiosa.
Él ya había hecho su elección. Aunque desde el día anterior no tenía ningún lugar al cual ir, eso no me dolía ni la mitad que el modo en que Susana había conseguido apartarme definitivamente de la vida de Terry.
Me deje caer sobre la cama de mi habitación, aliviada de que Albert estuviera en una reunión de negocios en Inglaterra. Así podría recoger mis cosas y llorar en privado.
Me sentía como cuando murió mi padre: sola, perdida y dolida. Y ahora también humillada. El recuerdo de mi vergonzosa reacción con Terry me mortificaba. ¿Cómo podía haber sido tan tonta? Él probablemente pensaría que era una virgen ninfómana.
Gemí y enterré la cabeza en la almohada, pero eso no ayudó demasiado. Me había comportado como una completa idiota. El teléfono sonó, pero lo ignoré para dejarme caer más en la depresión. Probablemente serían las limpiadoras o algo así. O tal vez los médicos de Terry. Maldición. Me obligue a levantarme y tomar el teléfono justo en el momento en que dejó de sonar. No me daba pena haber perdido la llamada, realmente no quería hablar con nadie en este momento.
Al pensar que podían ser los médicos, otros pensa mientos vinieron a hundirme aún más. Si me iba, ¿quién iba a ocuparse de la rehabilitación de Terry? El fisioterapeuta, por más fuerte que fuese, se sentía intimidado por él e incluso Albert evitaba llevarle la contraria a su hermano en aquellos momentos. Es más había sido él quien había accedido a instalar la línea de internet en la habitación del hospital.
Terry no tendría a nadie a su lado que se preocupase por canalizar sus energías hacia su recuperación en lugar de hacia sus negocios.
Las lágrimas me ardían en los ojos. Había sido una tonta y por ello Terry tendría que sufrir. No era tan arrogante como para creer que él me necesitara a mí, pero... necesitaba a alguien que estuviese con él, y desde luego Susana no iba a hacerlo. Era demasiado egocéntrica como para preocuparse por los demás.
Me acurruqué en posición fetal y me concentré en dejar de llorar. Perdí la noción del tiempo que pasé en esa postura, pero en un momento dado me levanté y empecé a recoger mis cosas. El ruido de la puerta abriéndose me alertó de la vuelta de Albert. No esperaba que volviera de la reunión hasta el día siguiente, pero en algún momento tenía que enfrentarme a él y contarle todo acerca del ultimátum de Susana.
Salí a la salita de la suite y me detuve en seco, frotándome los ojos para asegurarme de que no le estaban jugando una mala broma.
-¡¿Por qué no respondiste al teléfono?! -preguntó Terry, furioso.
-No sabía que fueras tú -dije, tontamente.
Allí estaba él, en la suite. Aparte de la silla de ruedas, se parecía mucho a aquel fuerte hombre de negocios. Su pelo castaño y suelto brillaba y su traje Armani le quedaba perfecto.
-¡Huiste! -dijo él, casi intimidándome.
-Pensé que querías que me fuera -desde luego, su prometida quería-. ¿Dónde está Susana?
-Se ha ido -dijo él, sin la más mínima expresión en el rostro.
-¿Por mi culpa? – pregunté, muy afectada de que mi atrevido comportamiento le hubiera hecho perder a la mujer que amaba.
-Porque no permito que nadie me diga quiénes deben ser mis amigos.
Me mordí el labio hasta que note el sabor de la sangre.
-Siento haber saltado sobre ti de esa manera.
-Estabas contenta por las buenas noticias, igual que yo.
-Pero... -reuní todo el valor para pronunciar estas palabras- te besé.
-No es así como yo lo recuerdo, mi pequeña.
-Te... te ataqué.
-Te comportaste como la mujer cálida y apasiona da que eres, que enfrenta la inesperada cercanía física de un hombre que le atrae. No tienes nada de lo que avergonzarte.
-Pero... Susana...
-Se ha ido -repitió él, y sus palabras sonaron definitivas.
-¿Quieres decir, para siempre? ¿No le dijiste que no significaba nada? Ella ya sabía que la culpa era mía.
-Ella no desea atarse a un paralítico.
Sus palabras me golpearon como una explosión y me deje caer sobre las rodillas a los pies de Terry. Le tomé de las manos y las puse contra mi pecho.
-No estás paralítico. Esto es sólo temporal. ¿No se da cuenta? ¿Le has dicho que esta mañana sentías los pies?
-Lo que le he dicho no es asunto tuyo. Ella ha salido de mi vida, acéptalo como lo he hecho yo -dijo con firmeza.
-Yo... -me sentía tan culpable, que no sabía qué decir.
Él giró la cabeza y miró a través de la puerta abierta de mi habitación. La maleta al lado de la cama se lo decía todo.
-¿Ibas a marcharte, verdad? -por extraño que fuera, parecía más enfadado por este hecho que por la partida de Susana.
-Creía que era lo que querías.
-Pues no. ¿No te dije que quería que te quedaras?
-Sí, pero...
-No hay peros que valgan. Te quedas conmigo -¡qué arrogancia!
-Yo...
-No volverás a la universidad. Me lo prometiste.
-No podría aunque quisiera. Me han despedido –admití amargamente.
Entonces me di cuenta de dónde tenía las manos de él y las solté con la velocidad de un rayo al sentir que volvía a acosarlo. Terry me agarró posesivamente por la muñeca antes de que pudiera huir del todo y me colocó sobre su regazo, con las piernas colgando sobre sus firmes muslos.
-¿Te despidieron? -preguntó mirándome fijamente.
-Sí, así que soy libre como el viento -intenté sonreír ante mis perspectivas laborales. Conseguir la plaza de asistente de profesor universitario había sido una suerte que no pensaba que se volviera a repetir-. Me puedo quedar contigo tanto tiempo como quieras.
-¿Y Melanie?
El nombre de mi madrastra no calmó mis ánimos en absoluto. Melanie había dejado muy claro después de la muerte de mi padre que no tenía conmigo ningún lazo familiar o afectivo.
-Vendió la casa y casi todo lo que había adentro, dos meses después de la muerte de mi padre. Ahora está en crucero por la Costa Azul con uno de los antiguos alumnos de mi padre.
Los ojos de Terry se oscurecieron más aún.
-¿Vendió tu casa? ¿Dispuso de ese modo de las pertenencias de tu familia? -parecía indignado. Como miembro de una familia tan unida, le resultaba imposible comprender el desmantelamiento del hogar de la familia y todo lo que representaba. Los Grandchester vivían en la misma casa en Escocia desde hacía más de cien años.
-¿Dónde has vivido hasta ahora?
Cada vez me resultaba más difícil poder concentrarme estando sentada sobre él.
-¿Qué? ¡Oh!, en un piso que me dejaba la universidad.
-¿Cuánto tiempo te han dado para mudarte?
-Ayer fui a recoger mis cosas. Están en mi coche.
-¿No tienes dónde ir? -parecía que estuviera viviendo bajo un puente.
-No. Me quedaré aquí por ahora, pero ya encontraré algo cuando vuelvas a caminar y ya no me necesites como animadora.
-Eso es inaceptable.- yo solo le sonreí.
-No te preocupes por eso. Soy mayor y puedo cuidar de mí misma. Lo he hecho desde que fui a la universidad. Melanie nunca quiso que volviera a casa, ni siquiera en verano.
-No me sorprende que pasaras las vacaciones con mis padres.
-Tus padres son maravillosos, Terry.
-Sí, pero tú también eres muy especial mi pequeña... -me lo dijo frotando su nariz contra la mía.
Sus palabras y ese gesto me hicieron sonreír de nuevo.
-Gracias. Yo también creo que tú eres muy especial.
-¿Te parezco lo suficientemente especial como para casarte conmigo?
CONTINUARA…
LES PIDO MILLONES DE DISCULPAS POR LOS ERRORES QUE HAY EN LA GRAMATICA, YA QUE SALEN UNAS PALABRAS SEPARADAS QUE DEBEN DE IR JUNTAS, NO ES COSA MIA, LA PAGINA ASI LAS POSTEA… MUCHAS GRACIAS POR SU COMPRENSION… LES MANDO BESOS Y ABRAZOS! BAY BAY! XD
