HOLA DE NUEVO, COMO LES HABIA PROMETIDO SUBIR EL CAPITULO RAPIDO, AQUI LES DEJO LA CONTINUACION DE ESTA ADAPTACION... AGRADECIENDO MUCHO SUS COMENTARIOS QUE ME HACEN LLEGAR... QUE TENGAN LINDO DOMINGO...
: : : YA SABEN TEXTOS EN CURSIVA ES NARRADO POR TERRYTO... JEJEJEE : : :
TITULO: TE LLEVO EN LA SANGRE
HISTORIA ORIGINAL: SOLIN
ADAPTACION: BLUEMOONBLUE.
CAPITULO XI
POV's Terry
Tiraba y tiraba en la máquina de remo con fuerza y frustración. Quería caminar, maldición. Quería hacerle el amor a mi esposa con todo mi cuerpo.
La noche anterior pensé que habría una posibilidad cuando mi miembro tuvo una erección a medias al empezar a tocarla, pero aquello no duró, lo cual me dejó una sensación odiosa de incapacidad sexual.
Esta mañana Candy había querido hablarme de sus emociones, pero yo no sé exactamente lo que siento. La necesito en mi vida como no había necesitado a Susana, pero mi incapacidad sexual restaba puntos a esta verdad e ignoraba si mi esposa lo sabía. Ella se había enfadado cuando no había sido capaz de decirle que la amaba, pero ¿no se daba cuenta de que lo que nosotros tenemos es más duradero que el ideal de amor romántico?
Ella se había entregado a mí, y yo a ella. En su momento, vendrían los niños. Había esperado poder concebirlos de forma natural, pero la repetición de esta mañana de la erección a medias de la noche anterior había puesto fin a mis esperanzas.
Quería que Candy quedara embarazada. Había pensado que la consumación del matrimonio la situaría definitivamente en su papel de esposa, pero aún notaba la inquietud que había en ella. Una vez que estuviera embarazada, no volvería a pensar en marcharse nunca más.
FIN POV's Terry
Cuando los padres de Terry llegaron de su viaje se encontraron con la doble noticia del accidente de su hijo y de que por fin había logrado sostenerse en las barras paralelas.
Eleonor abrazó y besó a Terry con todo su amor y orgullo de madre.
-Hijo mío, ¡tú consigues todo lo que te propones!
-No es que haya sido el logro del siglo -respondió él, mirándome de lado por haberlo dicho.
Sus padres estaban confundidos. Ambos habían alabado a Terry por ayudar a una mujer en apuros, pero, como era de esperar, Eleonor se emocionó al ver a su hijo en silla de ruedas. Había mencionado el logro de Terry para centrar la atención en los progresos que estaba haciendo y no en los resultados visibles del accidente.
-Está claro que dentro de muy poco tiempo volverás a andar -dije.
-Por supuesto que sí –contestó mi suegra.
Comprensivo con el orgullo masculino de su hijo, Richard Grandchester no dijo nada ante las buenas noticias.
-Mira cómo se impone ante él -comentó en su lugar. Nuestra querida Candy no es ninguna debilucha.
Los ojos de Richard le lanzaron un guiño aprobador a su hijo.
-¡Ay, ay, ay!... Aún no me puedo creer que mi hijo haya tenido el sentido común de casarse con nuestra hermosa niña-respondió emocionada Eleonor, sentándose en el sofá al lado de su marido, frente a Terry.
Richard, un hombre imponente, tanto como Terry, abrazó a la que era su mujer desde hacía más de treinta años.
-Tiene buen gusto como su padre.
Eleonor enrojeció y dio un golpecito a su marido en la mano.
-¡Oh!.
La risa masculina de Albert hizo que girara hacia él justo cuando le hacía un guiño a su padre.
-Yo diría que el gusto de Terry ha mejorado mucho en los últimos seis meses.
Su padre lo apoyo con un gesto.
-Sí... su corazón estaba más vacío que mi cuenta corriente después de que tu madre se fuera de compras en Corfú.
Todos rieron menos Terry.
-¿Quieres decir que no sé elegir a mis parejas?
Albert se encogió de hombros.
-Has mostrado mejor gusto eligiendo esposa, en mi opinión.
-Podemos agradecerle a Dios que se diera cuenta a tiempo -dijo Richard con la falta de tacto que sólo se le permite a un padre.
-¿O tal vez al conductor del coche? —preguntó Eleonor con expresión pensativa.
Me sobresalté ante sus palabras y la expresión de desagrado de Terry se hizo más evidente, pero su madre sacudió la cabeza con los ojos llenos de cariño y sabiduría.
-Las cosas pasan siempre por un motivo. Terry se curará, pero este accidente... ha impedido que cometiera un error con ese matrimonio -su expresión se tornó en desagrado-. Esa chica sólo se preocupaba por su ropa.
Miré a mi esposo, preocupada por su fría expresión.
-Susana es modelo, mamá, no bailarina de strip-tease.
Me mordí un labio. Terry estaba defendiéndola con demasiado fervor como para no seguir enamorado de ella. Intenté convencerme a mí misma de que era sólo el orgullo y que le costaba admitir sus errores, pero aún así aquello me dolía.
Eleonor arrugó los labios.
-En mi época, las chicas decentes no se desvestían delante de extraños ni se exhibían ante los demás casi desnudas. ¿Te imaginas a Candy haciendo algo así?
Terry me miró y yo aparte la mirada. Odiaba ser comparada con Susana.
-Soy demasiado bajita como para que me ofrezcan un contrato como modelo -le dije a Eleonor.
-No sé yo... Más bien creo que la lencería te sentaría mejor que a Susana y a todas esas modelos anoréxicas-dijo Albert con un tono realmente malvado-. Ya he visto lo bien que te sienta el traje de baño, tienes un cuerpo maravilloso.
Fue el turno de Eleonor de protestar.
-¡Albert! ¡No es apropiado que hagas esos comentarios acerca de tu cuñada!
El rubio solo se encogió de hombros.
-Si te he ofendido, lo siento -se giró hacia mí, mirándome travieso-. ¿Te he ofendido, pequeña?
Sacudí la cabeza, no sabiendo qué decir. Su comentario me había avergonzado, pero no me había enfadado. Sabía que me hablaba como a un hermano y así lo tome. Eran las bromas de un hermano mayor.
-Me has ofendido a mí -declaró Terry fríamente.
-No puedes decirlo en serio -respondió Albert-. Si te hubieras casado con Susana, habrías tenido que acostumbrarte a que este tipo de comentarios aparecieran en los periódicos, no sólo en palabras de tu hermano.
¿Qué intentaba Albert? ¿Quería sacar a Terry de sus casillas?
-Pero no me he casado con Susana, ¿O sí? -preguntó, con voz peligrosamente suave.
-No, y damos gracias por ello -añadió Richard, sin que ello ayudara a suavizar la ira de su hijo.
Aunque cambiaron de tema después de aquello, la hora siguiente que pasamos poniendo al día a los padres de Terry acerca de todo lo que había pasado, resultó muy tensa para mí. No podía olvidar cómo había defendido Terry a Susana.
Cuando la conversación se desvió al tema de los negocios, Eleonor me pidió que la acompañara para mostrarme todas las compras que había hecho en el viaje.
Inmediatamente pase las manos sobre una tela bordada.
-¡Es preciosa! Debieron tardar un año en hacerla -la seda color blanca perla estaba cubierta de lirios púrpura y hojas verdes entrelazadas como una hiedra.
Eleonor sonrió, contenta con su compra.
—La mujer que la hizo me dijo que había tardado meses en acabarla. Y esto sería perfecto para que a una mujer le confeccionaran un hermoso vestido de boda, ¿no te parece? -dijo, sacando una hermosa tela de organza blanca.
Me sentí enrojecer ante la indirecta.
-En el registro... Los Grandchester no se casan en sitios así, sin amigos ni sacerdote que bendiga la unión, ni regalos. Mi niña tú no merecías casarte así.
-Terry no quiso exponerse a las miradas curiosas de los invitados estando obligado a utilizar la silla de ruedas.
-Entonces tendría que haber esperado... casarse sin sus padres...-sacudió la cabeza en gesto de reprobación- Tenemos que planear una boda de verdad para cuando recupere la movilidad, una boda de ensueño, eso es lo que se merecen.
Yo solo deje escapar un sonido que podía ser interpretado como un asentimiento y mi suegra pronto se perdió en un mar de planes de boda con todas las tradiciones y una bendición formal.
Se retiró diciéndome que tenía que hacer varias listas y pensar muchas cosas, y no tuve tiempo de replicar que, como novia, tenía que tener algo que decir en todo aquello. Si mi madre hubiera estado viva, habría hecho lo mismo que ella, sólo que hubiera llamado a Eleonor para pedirle consejo.
Me dirigí a la biblioteca e intenté olvidarme de todo leyendo un rato, pero lo que había pasado por la tarde no me dejaba tranquila. Aunque estaba muy aliviada de que los padres de Terry aprobaran nuestra boda, lo que me preocupaba es que su claro desprecio hacia Susana causara problemas con mi marido.
Mis temores se justificaron más tarde, cuando nos cambiamos para bajar a cenar. Me puse un traje de falda de seda color marrón con un collar con una piedra verde esmeralda en forma alargada que había heredado de mi madre, me maquillé de manera discreta y dejé suelto mi cabello cayendo sobre mi espalda.
Los ojos de Terry se oscurecieron al verme y después se tornaron helados.
-¿Quieres avivar la imagen que mis padres tienen de ti de una inocente mujer, querida! -dijo con un sarcasmo letal en la voz, y el apelativo cariñoso sonó a insulto esta vez.
Eché una mirada a mi ropa. No era muy distinta de los otros vestidos que me había puesto para cenar los días anteriores.
-No sé a qué te refieres.
Sus cejas oscuras se arquearon sorprendidas.
-¿Ah, no?
-No -respondí apretando los puños.
-Susana se quejó de cómo Albert y tú la hacían sentir mal cada vez que iba al hospital, y yo no le hice caso, pero después de lo que mi hermano y mis padres dijeron al mediodía, me pregunto si ella vio las cosas con más claridad que yo.
Recordé sus acusaciones. Me había sentido aliviada cuando Terry no se tomó en serio aquellas mentiras, pero me molestó terriblemente que volvieran a resurgir ahora, cuando ya había suficientes asuntos dolorosos en nuestro matrimonio. Por la expresión de su cara, mi esposo no iba a creerme fácilmente, pero tenía que intentarlo.
-Tal vez tu hermano no la aprecie, pero eso no significa que no la tratara con amabilidad mientras era tu prometida. Te respeta demasiado para hacer lo contrario.
-¿Eso crees? — Terry había avanzado hasta ponerse sólo a un paso de mí.
-Lo sé. Yo estaba allí, ¿no te acuerdas? -respondí, nerviosa por su cercanía.
-Sí, estabas allí, pero si ayudaste a mi hermano a quitarle a mi prometida su sitio a mi lado, no me lo dirás, ¿no?
La furia me inundó. ¿Cómo podía cuestionar mi integridad? Susana era peor que un dolor de muela y me negué a entrar en su juego.
-Yo no le quité nada a nadie, porque ella no estaba ahí en primer lugar. Cuando yo llegué al hospital, tu "prometida" -y recalqué bien esta palabra. -no estaba disponible. Se había marchado mientras tú estabas en coma a pesar de que los médicos le habían dicho que tener a las personas queridas cerca podía hacer que recuperaras la consciencia. Si no me crees, pregúntale a tu hermano.
-Albert ha dejado muy claras sus preferencias.
-¿Estás diciendo que te mentiría?
-¿Por ti? Estoy totalmente seguro.
-Eso es ridículo.
-¿Sí? Mi hermano no oculta su admiración por ti.
Lo mire a los ojos y allí vi ira y algo más.
-¡Estás celoso! -dije, sorprendida.
El señaló la silla y me miró:
-¿Es eso tan sorprendente?
Pues sí, lo era.
-¡No me casé con Albert! -nunca lo había deseado. Sólo a Terry.
-¡Y a pesar de todo, encuentras agradables sus cumplidos sobre tu cuerpo en traje de baño!
-¿Acaso tenía que haberme ofendido?- aunque la respuesta era obvia.
-¡No debes desear la admiración de otro hombre que no sea yo!
-No deseo su admiración, pero eso no significa que si alguien me dice algo bonito le mande callar. ¡Él es mi hermano ahora!
-¡Y yo soy tu marido!
¿Cómo había empezado aquella tonta discusión?
-¿De verdad crees que aparté a Susana de ti para tenerte sólo para mí?
Sus sensuales labios hicieron una mueca.
-No. Lo dije porque estaba enfadado.
Recordé otro de sus ataques de celos y sonreí.
-Estabas celoso.
Él suspiró y admitió entre dientes:
-Sí.
Sonreí e hice algo que nunca había hecho. Me senté en su regazo y lo abracé para besarlo en la barbilla y recostar mi cabeza sobre su pecho.
-No lo estés. No tienes ningún motivo.
Sus brazos me rodearon en un abrazo tan fuerte, que casi resultaba doloroso. Luego aflojó un poco la presión, pero siguió abrazándome y frotando su mejilla contra mi pelo.
-Mi hermosa pequeña pecosa.
Así permanecimos durante varios minutos antes de bajar a cena.
POV's Terry
Entré en la habitación después de responder a unas llamadas internacionales y encontré a mi esposa durmiendo con las manos bajo la mejilla como una niña pequeña. Aún no me había recuperado del gesto tan espontáneo que tuvo al sentarse en mi regazo porque había significado mucho para mí. Me había sentido como si tuviera el mundo entero entre sus brazos, pero el sentimiento no había sido del todo placentero por la falta de independencia emocional que implicaba. Esto nunca me había pasado antes, y desde luego, no con Susana.
Me metí en la cama. Mi movilidad había mejorado mucho en la última semana, pero aún no podía caminar y las cosas que había considerado normales ahora se revelaban como acciones imposibles. En este momento deseé tener a Candy en mis brazos. Por fin lo conseguí, después de muchos esfuerzos.
Pero merecía la pena con tal de sentir su cuerpecito acurrucado contra el mío, tan confiado. Inmediatamente se abrazó a mí, como si hubiéramos dormido juntos durante años, y no sólo una noche. Tal vez ella lo hubiera soñado, como lo había hecho yo...
Hice un gesto de desagrado al recordar mi enfado unas pocas horas atrás. Acababa de descubrir que los celos, que nunca había sentido con Susana, podían ser un infierno. Nunca me había importado lo que llevara, Albert tenía razón, pero el pensar en cincuenta hombres mirando a Candy de ese modo me enfurecía. Le diría a mi madre que la convenciera para que dejara de bañarse en la piscina con otras personas a menos que estas fueran mi madre o yo, pero lograr que mi independiente esposa lo aceptara era otro asunto. Mi pecosa tenía un fondo muy tradicional, pero también era muy liberal en su modo de pensar y en sus actos.
Su manita estaba colocada contra mi pecho, y una de sus piernas se insinuaba por encima de mi muslo. Podía sentir la sensación del peso, pero tenía que tocarla con la mano para sentir la suavidad de su piel. Era algo enloquecedor.
¿Cuándo volvería a estar completo?
Coloqué una mano posesivamente sobre su trasero, manteniéndolo contra mí de un modo que hubiera debido causar alguna reacción en mi anatomía masculina, pero no lo hizo. ¿Volvería a sentirla cuando recuperara la movilidad?
El sabor metálico del miedo invadió mi boca. Ningún hombre quería ser medio hombre. No dejaría que Candy me tocara para que no descubriese mi falta de virilidad, aunque anhelaba dejar que sus manos recorrieran mi cuerpo de un modo que no había deseado con Susana ni con ninguna otra persona.
Una cosa era cierta: no la dejaría marchar.
FIN POV's Terry
CONTINUARA...
POCO A POCO SE VAN DANDO LOS SENTIMIENTOS DE TERRY, AUNQUE CLARO EL DEFENDER A SU EX PROMETIDA DEJO ALGUNAS DUDAS EN EL AIRE... SINCERAMENTE ¿QUE DIABLO SIENTE TERRY POR LA PECAS? Y MAS AUN.. ¿QUE SIENTE AUN POR LA TISICA DE SUSANA? ESO SE VERA MAS ADELANTE... LES MANDO BESOS Y ABRAZOS! BAY BAY!
