HOLA DE NUEVA CUENTA: ANTES QUE NADA LES AGRADEZCO MUCHO LOS COMENTARIOS QUE ME HAN HECHO LLEGAR RESPECTO A LA ADAPTACION DE ESTA LINDA HISTORIA, SIN USTEDES ESTO NO SERIA POSIBLE... Y BUENO EL SEGUNDO ES PARA AGRADECER A UNA CHICA QUE ME DEJO UN REVIEW EN EL CAPI PASADO Y SE PUSO GUEST, QUE VIENE SIENDO INVITADA DONDE ME ACLARA QUE LA HISTORIA ORIGINAL ES DE UN LIBRO LLAMADO ENTRE EL AMOR Y EL DOLOR DE LA ESCRITORA LUCY MONROE... LA VERDAD DESCONOCIA QUE EXISTIERA ESA NOVELA, EN INTENTE DESCARGARLA PERO EL UNICO MEDIO DONDE ES POSIBLE, DESGRACIADAMENTE ESTA FUERA DE SERVICIO TEMPORALMENTE... ASI QUE AGREGARE UN CREDITO MAS EN CADA CAPITULO A PARTIR DE ESTE...
QUE DISFRUTEN EL CAPITULO Y NOS LEEMOS AL FINAL... MUCHAS GRACIAS POR TODO...
TITULO: TE LLEVO EN LA SANGRE (ENTRE EL AMOR Y EL DOLOR)
HISTORIA ORIGINAL: LUCY MONROE
1º ADAPTACION YAOI: SOLIN
ADAPTACION FANDOM CANDY CANDY: BLUEMOONBLUE.
CAPITULO XII
Me desperté, abrazando una almohada impregnada del aroma de Terry. Tenía la vaga impresión de que me había abrazado durante toda la noche. ¿Habría sido un sueño?
Terry era la única persona sentada a la mesa del desayuno cuando bajé y me senté frente a él.
-¿Dónde está todo el mundo?
-Mis padres están durmiendo y mi hermano está en una reunión.
-Está bien tener a tus padres en casa -dije sonriendo.
Su expresión de aprobación me hizo sentir un calor agradable por dentro.
-Están encantados de que al fin tengan el derecho de llamarte hija.
-A Eleonor no le gusta cómo celebramos nuestra boda –sonreí traviesa-. Tu madre quiere celebrarla con una gran ceremonia. Creo que Albert tenía razón en que les gustaría que tuviéramos una boda por todo lo alto.
-A ella le gustaría mucho presentarte ante todos nuestros amigos y conocidos como mi esposa. Está feliz y orgullosa de tenerte como nuera, ¿Te importa, pequeña? -su sonrisa me hacía derretirme como un bombón al sol.
-No. Cuando empezó a hacer planes ayer, me hizo pensar en qué haría mi madre si estuviera viva. Me sentí bien.
-Le dejaremos que haga las cosas a su manera.
Asentí y empecé a comer la fruta que acababan de servirme.
-Date prisa con el desayuno, tenemos una cita dentro de una hora.
-¿Una cita?
-Sí, con un especialista en fecundación-dijo él sin darle importancia.
-¿Por qué? -le faltaban sólo semanas si no días para poder caminar... ¿por qué pasar por un proceso de fecundación asistida entonces?
-Para que podamos empezar el proceso y puedas quedar embarazada-dijo, como si le hablara a una niña pequeña.
-Pero...
-¿Acaso esperabas que olvidara esa parte del trato?
A veces se ponía paranoico.
-No. Quiero tener un hijo tuyo.
-Entonces acábate el desayuno para que podamos ponernos en camino.
-Pero estás a punto de caminar-dije.
Una sombra cruzó sus zafiros ojos, pero desapareció enseguida.
-No hay garantías de eso, y quiero iniciar mi familia enseguida.
-De acuerdo.
Aún estaba intentando comprender el deseo de Terry de intentar una fecundación artificial, cuando entramos en el consultorio del doctor. Lo único en lo que podía pensar era que no se creía capaz de concebir a sus hijos de ningún otro modo. Odiaba pensar que él se atormentaba por eso, pero sabía poco de este asunto como para poder ayudarlo a superar sus miedos.
Tal vez debería hablar con Anthony.
-No será necesario realizar un procedimiento agresivo -dijo el doctor, atrayendo así mi atención. - Teniendo en cuenta que hace algún tiempo usted dejó una muestra de esperma en esta institución, será un procedimiento que no requiere hospitalización y es casi indoloro.
Terry asintió con la cabeza.
El médico se giró hacia mí.
-Usted tendrá que someterse a una inseminación señora Grandchester.
Yo encontraba aquella conversación muy violenta. Él habló de las opciones, y me hizo preguntas acerca de mi ciclo de fertilidad para las que yo no tenía respuestas muy claras. Nunca había llevado un calendario como lo hacen muchas mujeres.
Después de la tercera pregunta sin respuesta, Terry suspiró.
-¿Prefieres que me vaya para que hables de estos detalles con el médico?
Me sentí enrojecer aún más.
-Sí –dije, pidiéndole comprensión con la mirada.
Su media sonrisa me indicó que sí me comprendía. Salió del despacho y cerró la puerta.
-Me sorprende que se haya marchado. Su marido es un hombre al que le gusta mantener el control y sus deseos de protección hacia usted son evidentes.
Él había pensado en mis sentimientos y al menos en aquello nuestra relación había avanzado. Sonreí complacida de que hubiera pensado que me resultaría embarazoso hablar de ciertas cosas delante de él.
-¿Qué me estaba diciendo de la inseminación? -deseaba acabar con aquello cuanto antes para volver con Terry.
-Es el procedimiento menos complicado para este tipo de tratamientos y no hay razón para estar nerviosos.
Asentí, animándolo a continuar. El doctor me explicó lo que necesitaba hacer para prepararme para el procedimiento y cómo llevar el control de mi temperatura corporal y otros indicadores fisiológicos que determinaran el momento óptimo para realizar la inseminación.
-Aunque es un procedimiento sencillo, puede ser algo doloroso. ¿Lo entiende, verdad? -dijo el doctor para acabar.
Asentí con la cabeza a pesar de que no entendía por qué tenía que doler. Hablar de aquellas cosas con un varón, aunque fueran un médico o mi marido, no me hacían sentir cómoda.
-Notará algo entre una incomodidad y dolores fuertes durante el procedimiento. Sólo un tres por ciento de las mujeres que se han sometido al tratamiento declaran haber sufrido más que dolores leves.
Aquello era más reconfortante, pero no se lo diría a Terry. Tal vez no me dejara someterme al procedimiento, y yo quería tener un hijo. Lo deseaba.
-No me preocupa -declaré.
-A veces se necesitan hasta seis intentos hasta con seguir la concepción- me explicó el medico.
Esperaba que Terry se hubiera recuperado para entonces, así que acepté.
Volvieron a llamar a mi esposo y el doctor nos dio toda la documentación necesaria para que estuviéramos informados. Miré los papeles y luego al doctor.
-¿Se supone que tengo que tomarme la temperatura todos los días?
-Sí. Y...
-No se preocupe. Leeré las instrucciones —interrumpí. No quería que él médico me explicara nada más delante de mi esposo. Ya lo había pasado bastante mal hablando sólo con el médico.
Salimos de la clínica después de pagar la cuenta y que a mi marido le extendieran su factura.
El día después de la cita, lo seguí hasta la sala de fisioterapia. Anthony no había llegado, pero Terry ya se había colocado en la máquina de remo y estaba entrenando con la misma concentración con que hacía todo en la vida.
Llené una botella con agua y la coloqué a su lado.
-Anthony me dijo que ayer diste unos pasos.
Me había ido de compras con Eleonor y no me había enterado de sus progresos hasta que Anthony y su esposa fueron a cenar. Había hablado con él a solas y, cuando lo mencionó, ignoró delicadamente mi sorpresa.
El que Terry no hubiera compartido sus progresos conmigo me dolía y me extrañaba. Ya que pensaba que habíamos avanzado en nuestra relación.
-Sí. ¿Se lo dirás a todo el mundo esta noche en la cena?
Me dijo con sarcasmo.
-Tus padres y tu hermano están interesados en tus progresos.
El hizo una mueca.
-Tienes razón, pequeña. Diles lo que quieras.
No podía evitar pensar si le dolería el esfuerzo que hizo el día anterior y haber obtenido dar unos pasos. Me mordí el labio al ver cómo él se esforzaba cada vez más.
-¿Estás seguro de que debes esforzarte tanto después de lo de ayer?
Su mandíbula se tensó y tardó un momento en responder.
-No necesito una enfermera, Candice.
Rara vez me llamaba por mi nombre y estoy hablando de mi nombre real ya que Candy era el diminutivo, y esta vez no pude evitar pensar que no era un gesto de intimidad.
-No intento serlo.
-Entonces, ¿por qué estás aquí?
Buena pregunta. Al principio lo había acompañado para animarlo a prestar más atención a su rehabilitación, pero desde que estábamos en Escocia, se había concentrado en su deseo de caminar. Yo seguía asistiendo a las sesiones para pasar tiempo con él, porque el resto del día estaba ocupado con sus negocios. Y solo lo veía a la hora de cenar.
La mayoría de las noches ya me encontraba dormida cuando él subía a acostarse, y cuando no era así, el no deseaba hablar. Me hacía el amor, pero seguía negándose a que yo lo tocara. Me gustaba dormir entre sus brazos, pero me sentía rechazada cuando él no me dejaba tocarlo.
Aún no había logrado reunir el valor suficiente para hablar con Anthony, sentía que era una traición a la intimidad de Terry.
-Creía que te gustaba tenerme aquí -repliqué en voz baja-. Pero te dejaré para que sigas entrenando.
Me volví para marcharme.
-Candy
-¿Necesitas algo? -pregunté sin mirarlo.
-Me gusta que me acompañes.
Terry era demasiado educado como para decirme que lo dejara tranquilo. Probablemente llevaba días deseándolo, así que no le creí.
Intente parecer despreocupada.
-Buscaré a Eleonor y le preguntaré si hay algo que quiere que haga —al menos su madre estaba encantada presentándome ante sus amigos y conocidos como la esposa de su hijo.
-Querida.
-¿Qué? -tal vez me había equivocado y quería que me quedara.
-¿Te has tomado la temperatura esta mañana?
La pregunta me cayó encima como un jarro de agua fría. Lo único que parecía interesarle a Terry de mi era mi vientre.
-No.
-¿Por qué?
-Acabo de terminar mi periodo fértil. Me someteré al procedimiento en menos de tres semanas si mi cuerpo sigue el ciclo normal.
No esperé su reacción. Ya sabía lo que quería, un niño, y yo era indispensable para eso. Nada más. A veces, por la noche, cuando me acariciaba con una ternura que hacía que se me saltaran las lágrimas, me auto convencía de que realmente significaba algo para él. Pero no era así, y cuanto antes lo aceptara, antes dejaría de dolerme su indiferencia.
POV. Terry
Vi marcharse a Candy y quise llamarla de nuevo, pero ¿qué podía decirle? No me gustaba que ella tuviera que someterse a un tratamiento médico para poder tener a mi hijo, eso me hacía sentirme menos hombre. Además, tenerla como testigo mientras luchaba por volver a la normalidad cada vez se me hacía más difícil. Candy me trataba como a un inválido. Había pasado de reprocharme que no trabajara lo suficiente para mejorar a regañarme por esforzarme demasiado.
El único momento en que me sentía como su marido era cuando le hacía el amor por la noche. Entonces no importaba que no tuviera control sobre mis piernas. Ella respondía a mis caricias con tal pasión que pronto me volví adicto a los sonidos de placer que emitía, y al tacto de su cuerpo cuando se convulsionaba debido al placer. Era tan gratificante, que era como si encontrara mi propia satisfacción.
Según Anthony, esa podría ser la única gratificación que tuviera. Al final había decidido hablar con mi fisioterapeuta y le había confiado mis dudas acerca de recuperarme en esa área. Él me había dicho que, en la mayoría de los casos, la recuperación era total, pero que unos pocos hombres, aún después de haber recuperado la movilidad, eran incapaces de mantener una erección.
El miedo a estar en ese grupo me hizo ser brusco con Candy. Ella era mi esposa, mi complemento y la amaba. No sabía cuándo me había dado cuenta de ello, pero sabía que la había necesitado desde el momento en que la vi en la habitación del hospital en Nueva York.
Quería estar completo para ella, y eso significaba entregarme al máximo a la rehabilitación, esforzarme e intentar caminar aunque resultara humillante caer una y otra vez. No abandonaría mi empeño de estar completo para Candy, no sería derrotado.
FIN POV Terry
CONTINUARA...
WUAAAAAAAAAAAA YA LO DIJO EL MUY CINICO... AMA A LA PECAS!
NOS LEEMOS EL VIERNES.. BESOS Y ABRAZOS! XD
