Capítulo 2



Sara desconectó la alarma de su automóvil y abrió el maletero. Fue allí cuando escuchó una voz decir su nombre y todo se desvaneció. Cuando despertó, se hallaba boca abajo en el barro, con una mano extendida.

No recordaba cómo había llegado hasta allí. Sólo sabía que le dolía todo el cuerpo y que algo muy pesado la aplastaba. El agua de la lluvia escurría bajo ella y se veía obligada a escupir de vez en cuando o si no se ahogaría. Tenía que salir de allí como fuese.

Con su mano libre y con las pocas fuerzas que le quedaban, se aferró a la tierra e intentó zafarse, pero el agua había humedecido todo el terreno y sólo quedaba un barrial blando e inconsistente del que afirmarse.

Intentó de nuevo, esta vez logró moverse unos centímetros, pero el dolor fue demasiado para sus sentidos y volvió quedar inconsciente. Pasó un minuto y volvió a despertar. El barro le llenaba la boca. Tosió y se juró a sí misma no volverse a dormir. Trató de mover una pierna, pero se dio cuenta de que un fierro le atravesaba la pantorrilla y que, a menos que levantaran lo que la aplastaba, no podría salir de allí. Decidió guardar energías hasta que alguien la encontrase

¡Dios, qué frío hacía! Sería tan fácil cerrar los ojos sólo por un instante ¡Pero no¡Debía volver a ver a Grissom antes!

- Grissom – dijo con apenas un hilo de voz.


Aquél era un día soleado. Un día casi veraniego. La mayoría de la gente estaría en la playa, pero no: ella, Sara Sidle, tenía que acudir a un seminario de entomología. Sus amigos de la Universidad le habían hasta rogado que fuera con ellos a divertirse un rato, sin embargo ella no tenía tiempo. Simplemente le atraía más la idea de saber sobre los insectos y así poder entender mejor lo que su mentor forense le explicaba. Prefería eso a quemarse en la playa y sentarse sin hacer nada.

Cuando entró a la sala no pudo menos que sorprenderse. Pensaba que el conferenciante iba a ser un hombre ya retirado a quien los insectos le cautivaban más por hobbie que por interés científico. No obstante, cuando vio que el tan mencionado "Dr. Grissom" era un hombre bastante atractivo, de ojos azules y no tan viejo como pensaba, consideró que los insectos ya no era un tema tan árido.

La curiosidad era algo inherente a ella y no pudo evitar, al final de la charla, ir a preguntarle un par de dudas. Él fue muy amable y agradeció su interés, ya que fue la única que parecía haber escuchado con atención durante toda su disertación. Por supuesto que también le alegró que fuese tan bella. La invitó a un café y siguieron charlando sobre bichos y nombres en latín.

Sin darse cuenta, habían caminado fuera del campus, hasta la casa de ella y ya era de noche. La conversación había fluido naturalmente. Y así, espontáneamente, ella lo había hecho pasar. Tan fácil como fue hablarle, fue besarle y amarle. Lo difícil fue su partida al día siguiente y resignarse a que sólo sería un enamoramiento casual. ¿Lo sería?

Sara estaba feliz de haberle conocido.


Grissom llegó hasta la casa de Natalie. Había un policía custodiando la escena, esperando la llegada de algún CSI. Las cintas amarillas tapiaban la puerta. Grissom mostró su credencial y se disponía a entrar, cuando el policía le detuvo

- Sr. Grissom, se me ha comunicado que Ud. está fuera de la investigación. No puedo permitirle entrar.

- Estoy fuera de la investigación, pero no del departamento.

- Así, es. Pero esta escena corresponde a la investigación.

- Si quiere eleve una queja al consejo. Yo dejaré en claro que fue mi propia decisión y que ignoré las órdenes del oficial – miró su uniforme- Lennox.

- Lo siento, no puedo dejarle pasar.

A Grissom le asaltaron unas ganas tremendas de golpearlo, pero sintió una voz femenina en su cabeza que le llamaba débilmente: Grissom

Es Sara ¡Aún vive!

Dirigiéndose nuevamente al policía, le suplicó

- Por favor, oficial. La persona que más me importa en la vida está a punto de morir. No puedo quedarme de brazos cruzados. Déjeme hacer mi trabajo y salvaremos a alguien más de la muerte.

Nadie nunca le había rogado al oficial Lennox. Menos un superior.

- Está bien, adelante. Pero si me preguntan yo diré la verdad.

- No le pedí que mintiera. Gracias.

Grissom entró a las dependencias de Natalie. Estaba todo cubierto de dibujos y bocetos. Algunos del automóvil, pero la mayoría eran de la cara de Sara. Con los guantes puestos, tomó uno de los bosquejos y lo examinó. Estuvo un buen rato mirando el papel. No había nada extraño, pero el hecho de que Sara estuviese a punto de morir hacía que su imagen tuviera un excepcional poder magnético. Dejó el dibujo donde estaba y volvió a la realidad.

Si Natalie no podía conducir, si había raptado a Sara tan rápidamente y si había llevado un auto desde la bodega de la policía hasta el desierto… entonces tenía que tener un cómplice. Y eso era lo que Grissom estaba buscando, pero no encontraba nada.

En eso llegó Warrick a la escena.

- Grissom¿qué haces acá?

- Busco evidencias de un cómplice. Natalie no pudo haber hecho esto sola.

- Me refiero a por qué estás en la escena del crimen si Ecklie te dejó fuera.

- ¿Y qué quieres que haga, Warrick? No podemos buscarla en helicóptero porque con la lluvia es muy peligroso y Natalie no nos dirá nada. TENGO que encontrarla. Está viva allá afuera y nosotros aquí peleando por burocracia.

- Esto es personal para ti, Grissom. No puedes comprometer la evidencia, tú mismo lo dices todo el tiempo.

- Tienes razón. Pero este caso es una excepción.

- ¿Por qué?

- ¡Es Sara, maldición! – golpeó con el puño sobre la mesa. Un montón de papeles cayeron y dejaron al descubierto un teléfono. Grissom lo quedó mirando.

- Esto no estaba… - tomó el auricular y apretó el botón de rediscado.

- Servicio de Grúas y Remolques Smith¿En qué podemos ayudarlo? – abrió la boca en un gesto de asombro y miró a Warrick.

- Necesito saber si un Mustang rojo ha sido remolcado por Uds. durante esta semana y si es así, a dónde.

- Señor, no le podemos dar esa información…

- Si no me la da, conseguiré una orden. Por favor, coopere con la policía.

- Está bien, déjeme buscar. Un Mustang rojo… sí aquí hay uno. Su mismo departamento pidió que fuese trasladado desde la bodega hasta el desierto. El lugar dice "clasificado". La razón: reconstrucción de un crimen.

- ¡Maldición! – cortó Grissom.

- ¿Otro callejón sin salida?

- Warrick, necesito tu ayuda. Necesito las cintas de vigilancia del estacionamiento. Sara no se fue en su auto y Natalie no puede conducir. Tiene que ser el cómplice quien las llevó a ambas a la escena.

- Grissom, lo que me pides puede costarme el puesto.

- Lo sé. Sólo dime sí o no.

- Está bien. Pero tendré que quitárselas a Nick. No va a estar muy contento.

Pero Grissom ya se había ido en dirección a la bodega del departamento de policía.

- Vamos, Sara. Espérame. Sólo aguanta unos minutos más.


Sara luchaba contra las imperiosas ganas de dormir. Ya no sentía dolor. No sabía si eso era bueno o malo. La lluvia había amainado un poco o eso era lo que ella quería creer. La tierra bajo ella estaba cediendo y sintió que si no fuese por su pierna, hubiese podido deslizarse fuera.

Lo intentó una vez más. Con su único brazo libre se ayudó a salir

¡Lo había logrado! Ahora estaba completamente fuera de la cintura hacia arriba. Se giró un poco para ver qué era lo que la aplastaba

- ¡Un auto¡Dios¡Estoy bajo un auto!... jamás saldré de aquí.

Perdió toda esperanza y se puso a llorar. No quería morir así. Sola. No quería morir. Escuchó una voz: Vamos, Sara. Espérame. Sólo aguanta unos minutos más. Era Grissom. Por él había esperado más de diez años¡qué eran unos minutos más! Resistiría. Por él. Por los dos.

- Te amo… - y las lágrimas rodaron por sus mejillas.


TBC