Capítulo 3
Grissom manejaba lo más rápido que podía en una zona urbana y con lluvia. Sólo una vez antes, en toda su vida, se había sentido igual de desesperado. Sólo una vez y ahora. Y en ambas ocasiones había estado lloviendo.
- ¡Oh, Dios! – Grissom miraba por la ventana mientras el auxiliar buscaba frenéticamente la llave. Con una voz apenas audible le dijo
- Abra la puerta
Adam presionó el pedazo de cerámica con más fuerza sobre el cuello de Sara. El tiempo pareció detenerse.
- No puedo, no encuentro la llave correcta – dijo el empleado desesperado
- Sólo ábrala
Sara miró a Grissom. Parecía tan lejos de ella, siendo que estaba a sólo metros.
- Abra la puerta, por favor – su voz no delataba la verdadera angustia e impotencia que le apretaban la garganta.
Adam estaba completamente desquiciado. Amenazó a Sara
- No muevas un músculo. Te voy a triturar, perra. ¿Me oyes? No los mires.
Ella desvió la vista al suelo. De pronto, una enfermera apareció y se apoyó contra el vidrio.
- ¡Adam¡Espera! – le dijo
Adam se volvió a mirarla y perdió la poca cordura que le quedaba.
- ¡Tú¡Vete! – y apuntó el trozo de cerámica hacia la enfermera. Sara aprovechó el desliz y con el codo golpeó el pecho de Adam, lo que hizo que cayera hacia atrás y ella pudiese escapar. Abrió la puerta y corrió hasta el final del pasillo, ignorando a todos. Grissom la siguió atónito con la mirada, pero no se movió. El pánico le tenía completamente paralizado. Miró hacia la pequeña sala donde segundos antes Sara casi había muerto y vio que Adam se había cortado la garganta y la sangre chorreaba por su cuello.
La enfermera gritó algo pero él no la escuchó. Volvió a mirar a Sara nuevamente. Ella había dejado de correr y golpeó con ambas palmas la rejilla de la ventana. Las alarmas sonaban por todo el sitio… Y continuaba lloviendo.
Por unos segundos pensó que sería el fin. Que sus ojos, esos ojos pardos que le imploraban tras el vidrio, se cerrarían para siempre ¡Sara podría haber muerto! La epifanía de este pensamiento le golpeó como un rayo. Nunca pensó que sentiría esto por alguien. Nunca siquiera imaginó que la vida de otra persona, la vida de Sara, llegaría a ser más importante incluso que la suya misma. Fue en ese preciso instante en que se dio cuenta de lo cobarde que había sido con ella. De lo corto y precioso que era el tiempo que le quedaba y que ya no podía desperdiciarlo más con inseguridades. Ahora entendía a Sara cuando le había invitado a comer ¡Qué estúpido había sido¡Quizás cuánto daño le había inflingido aquel día sin saberlo!
Esa noche él se ofreció a llevarla hasta su casa. Aunque ella se rehusó en un principio, terminó aceptando. No podía negar que lo sucedido durante el día le había afectado y no se hallaba en el mejor estado de ánimo como para conducir. Él necesitaba hablar con ella. Decirle lo importante que era para él. En todo sentido.
- Sara – le dijo en la puerta de su casa - ¿puedo pasar un momento?
- Por supuesto – le respondió despreocupada. No se molestó en ofrecerle nada y se dirigió al baño. Apenas cerró la puerta se deshizo. Comenzó a llorar. Al principio trató de no hacer ruido para no alarmar a Grissom, pero no fue capaz de contenerse por mucho tiempo y ahora gemía ruidosamente.
- ¿Sara? – golpeó suavemente la puerta del baño - ¿Te encuentras bien?
Ella no contestó. Sintió náuseas y pronto le siguieron las arcadas. No le quedó otra opción que arrodillarse frente al inodoro y vomitar, mientras las lágrimas rodaban por su rostro.
Grissom no esperó. Abrió la puerta y se acuclilló a su lado. Puso una mano sobre su espalda y con la otra le retiró un mechón de pelo de la cara. No dijo nada, sólo acarició tiernamente su espalda con movimientos circulares. Le tomó una mano para que se apoyara. Ella la estrechó con fuerza.
Cuando se sintió mejor, él le ayudó a incorporarse. Todavía estaba medio mareada y casi se cae, pero él la alcanzó a sujetar.
- No me siento muy bien – fue lo único que ella pudo articular.
- No te preocupes. Estoy aquí. – él sintió como ella se aferraba con mayor intensidad de su mano.
- Necesito sentarme.
Grissom ayudó a la ya desfalleciente Sara a llegar hasta la sala de estar. Allí la recostó sobre el sofá. Ella ya tenía los ojos cerrados. Él se sacó la chaqueta y se la colocó encima con mucho cuidado.
- ¿Necesitas algo? – le preguntó a Sara - ¿Quieres que te traiga un vaso de agua?
Ella no respondió. Él se levantó para traerle uno de todas maneras. Cuando pasó por el lado de Sara, ella le tomó la mano.
- No te vayas, por favor.
En voz baja le respondió
- No me iré. Te lo prometo. Sólo voy a la cocina. – la soltó con delicadeza.
Volvió con un vaso de agua, que dejó sobre la mesa de café y se sentó en el sillón junto al sofá. Estaba preocupado por ella. Nunca la había visto así. Sabía que para Sara esta situación era doblemente difícil. Ya el sólo hecho de entrar a una institución mental era todo un desafío para ella dados sus antecedentes familiares. Pero el ser amenazada de muerte por un psicótico era más de lo que ella podía soportar en un día. Y de lo que él podía soportar en toda su vida. Le admiraba. Sara era una mujer increíblemente fuerte.
Y con este pensamiento en la mente se durmió.
Grissom llegó a la bodega del departamento de policía. Dejó la SUV y caminó lo más rápido que pudo hasta la entrada. Golpeó la puerta metálica con fuerza. Ésta se entreabrió y un hombre de bigotes preguntó
- ¿Qué quiere?
- Laboratorio de Criminalística de Las Vegas. Necesito hacerle unas preguntas.
- ¿Preguntas¿A mí? Mire, si necesita algo sólo muestre la orden y…
- ¡Escúcheme! Alguien se llevó un automóvil de aquí sin la autorización requerida. ¡Si quiere defender su trasero abra la puerta! – Grissom nunca decía palabrotas. Pero nunca se desesperaba y actuaba por su cuenta, tampoco.
El hombre lo dejó pasar. Grissom estaba completamente empapado, pero no le importaba en lo más mínimo.
- ¿Quién ha estado de guardia hoy hace unas horas?
- Yo. He estado todo el día de turno. Mire, aquí nunca pasa nada. Si quiere encontrar criminales devuélvase a su laboratorio…
- Un Mustang rojo ha desaparecido. Alguien lo sacó de aquí.
- ¿Un Mustang rojo? Nunca ha habido un auto así en este lugar. Créame, lo recordaría – soltó una risa sin humor.
- Déjeme ver sus registros.
- Hombre, le digo que…
- ¡Déjeme verlos!
- Está bien, está bien. Voy por ellos.
Mientras el hombre se retiraba a su despacho, el teléfono de Grissom sonó. Era Warrick. Contestó.
- Grissom.
- Hey, Griss. Hablé con Nick y está de nuestro lado. Dijo que había revisado las cintas y que el cómplice no se distingue muy bien, pero definitivamente existe. Natalie no estaba sola. Archie pudo aclarar la imagen y sólo se ve que es un hombre de aproximadamente unos treinta años. El rasgo más distintivo son unos bigotes, pero podrían ser falsos… - Warrick hizo una pausa- ¿Grissom¿estás ahí?
El guardia de la bodega apuntaba a Grissom con un arma. Susurró con furia.
- ¡Contéstele¡Sin trucos!
Grissom, quien tenía las manos en alto, se llevó lentamente el auricular al oído y respondió
- Aquí estoy. Gracias por la información. Adiós.
- ¿Pero, Grissom¿Qué suce…
Grissom cortó el teléfono.
- ¡Tírelo¡Tire el teléfono al suelo!
Él obedeció. El hombre, sin dejar de apuntarle, se agachó a recogerlo. Lo abrió. Desvió la vista un segundo para apagarlo, pero fue suficiente para que Grissom aprovechara la oportunidad. Se abalanzó sobre él y tomó el cañón del arma con firmeza. Forcejearon. Ambos sabían que quien tuviese finalmente las manos sobre la culata, sería quien sobreviviría.
La pistola se disparó. Ambos se miraron. Ambos tenían sus abdómenes salpicados de sangre. Ambos tenían una expresión de mortal sorpresa en el rostro.
TBC
